FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

jueves, 6 de junio de 2013

Juan XXIII. "Zas, en toda la boca".


Sólo un breve comentario sobre el cincuenta aniversario de la muerte de Juan XXIII, que fue el pasado 3 de junio.
Yo era muy pequeñito, tenía 7 años, pero guardo un recuerdo muy personal y curioso del acontecimiento, porque en el colegio de monjitas al que iba, un día, rezamos por el Papa que estaba en “su última agonía”. Esa fue la frase que no entendí, y que me anduvo rondando en la cabeza hasta que se lo dije a mis padres y me la explicaron. Es, probablemente, de los recuerdos más antiguos de mi infancia.
Pasaría tiempo hasta que tuve conciencia de quién fue y qué hizo Juan XXIII. Y conforme ha ido pasando ese tiempo, ha ido creciendo para mí la grandeza de aquel hombre que rompiendo esquemas dio un paso adelante de consecuencias inmensas: el Concilio Vaticano II.
Me gusta pensar que un "Papa de transición", en su breve pontificado, en contra de todas las previsiones, cambió la historia de la Iglesia, y como consecuencia, en muchos aspectos, del mundo. A fin de cuentas es lo que hizo Jesús. En tres años, contra todas las previsiones cambió la historia de la humanidad.
“Zas en toda la boca”, como diría Sheldon Cooper. (Es una buena serie). “Zas en toda la boca” a comentaristas, periodistas, contertulios, analistas y demás fauna creadora, ¿manipuladora?, de opinión, demasiadas veces falta de humildad y demasiado pagada de sí misma. 
Y es que, el Espíritu, sopla donde quiere y cuando quiere. Eso está “guay”.

miércoles, 5 de junio de 2013

La Gran Ruta del Bisaurín. Desierto calizo. Junio de 2012.

Fue el 15 de junio de 2012, hace ahora casi un año, cuando nos fuimos Rubén, Juancho y yo, después de muchos años, otra vez juntos, a los Pirineos y ¡cómo no! en plan de montaña.
El valle elegido fue Hecho, ideal por sus cumbres, por sus bosques y por su hostelería, cosa ésta también importante ya a ciertas edades; hablo por mí, que era el “güelete” de la expedición.
Acampamos en el camping “Borda Bisaltico”, excelente en todos los sentidos, y el sábado 16, con un día espléndido, muy temprano, iniciamos una larga travesía, que nos permitió conocer y disfrutar una amplia zona del valle.
La excursión fue larga, 12 horas. Subimos 2160 metros de desnivel, (según mi GPS) y bajamos otros tantos; recorrimos 23 Km; coronamos un total de 12 cimas, la más alta el Bisaurín, el gigante de la región, de 2670 metros.
Solos todo el día, excepto en el Bisaurín, ¡claro!, gozamos muchísimo de aquel paisaje duro y espectacular; de encadenar cima tras cima; de ver cómo el Pirineo crecía a nuestro alrededor; del esfuerzo continuado, recompensado en cada momento; de un día azul; de la primavera humilde pero bellísima de la alta montaña…
Y luego, al final de la jornada, también disfrutamos de una buena ducha, una cena extraordinaria en el bar de Arturo, y de una noche serena en la tienda, como antes, como “cuando éramos jóvenes”…
Había muy poca nieve, por lo que el recorrido no presentó dificultades especiales. Ahora, eso sí, exigió una buena forma física y buen sentido de la orientación, o un GPS sabiendo usarlo, lógicamente. Con nieve, como estará este año, será otro cantar. Crampones y piolet necesarios y quizá cuerda, para asegurar en algún tramo.
Sí, es una extraordinaria excursión, ¿verdad? Y sabréis, imagino, por qué os la recuerdo ahora; porque cuando tienes hambre y sabes que vas a comer pronto, no molesta ver cómo se acaba de hacer la paella.

Hasta pronto, chavalotes.

Notas varias.

1ª. Aquí a continuación hay unas pocas fotos. Si quieres ver más, pulsa La Gran Ruta del Bisaurín.
2ª. Si quieres el track está en wiquiloc. Pulsa Bisaurín. Junio de 2012.
3ª. Si quieres la web del camping Borda Bisaltico, encantador, pulsa Borda Bisaltico.

El refugio de Lizara desde las crestas del Bisaurín.
Midí d´Ossau desde el Bisaurín. A la derecha el Palas.
Secus y Castillo de Acher con sus colores rojizos característicos.
La norte del Bisaurín y el Alto de Fetas a la izquierda, desde el Puntal de Secus.
Foya de Agüerri, ya en el descenso.
El barranco de Agüerri por donde volvimos al refugio.
Juancho y Rubén ante la cara sur del Bisaurín, por la mañana.
Rubén y Juancho en la cima del Bisaurín.
Espectacular cara este del Bisaurín desde el Alto de Fetas. Descendimos por la canal que se ve al centro.

domingo, 2 de junio de 2013

Receta.Caracoles en salsa.



Me gustan todos los bichos con “corfa” sean del mar o de la tierra y tengan la pinta que tengan, porque hay que reconocer que algunos son feos de narices. Los caracoles, que también me gustan mucho, son sin embargo un bicho simpatiquísimo, y la mar de mono, al menos desde mi punto de vista.
Aquí os pongo una sencilla receta de caracoles en salsa, inspirada en parte, en los caracoles buenísimos que hace mi madre.

Ingredientes para 2,3 o 4 personas, según lo caracolívoros que sean los comensales.

1 Kg. de caracoles gordos ya cocidos (congelados, o mejor sin congelar)
1 bote de tomate triturado.
1 cebolla picada.
El jamón que entra en un bacadillo de jamón.
5 o 6 rodajas de longaniza seca.
5 o 6 rodajas de chorizo.
Aceite de oliva.
Pimienta en polvo.
3 pastillas de caldo de carne.
2 ó 3 hojas de laurel.
2 ó 3 clavos.
Un vasito de coñac.
Mucha hierbabuena, en rama o de botecito.
           
            Sofríase la cebolla triturada, junto al jamón troceadito y las rodajas de longaniza seca y chorizo. Añádase el tomate un poco después, pues se fríe antes, y remuévase todo de vez en cuando para que no se pegue. Fuego medio.
         Cuando esté todo en su punto, añádase un vaso de agua y el vasito de coñac, y enseguida los caracoles. Remuévanse bien y cúbranse después con agua.
            Añádase en este momento, el laurel, los clavos, las pastillas de carne y la pimienta, y déjese cocer a fuego medio.
            Cuando veamos que va reduciendo el caldo, añádase la hierbabuena. A mí me gustan con mucha hierbabuena. Y sígase cociendo y vigilando hasta que el caldito espese a nuestro gusto.

            ¡Y a disfrutar de estos bichitos tan simpáticos… y tan buenos! Yo los acompaño con mucho pan, para el “suquito”, y cerveza bien fría.

viernes, 31 de mayo de 2013

A propósito de las pruebas diagnósticas.


         Hace mucho tiempo que la educación en este país es una especie de circo absurdo, no hay quien lo entienda; ridículo, muchas veces da risa; y al fin patético, porque sobre todo, más que risa da pena, da muchísima pena.
Yo he visto desmoronarse un edificio que con sus defectos funcionaba. Que era mejorable, sí, pero no amenazaba ruina. Lo dinamitaron pedagogos imbéciles (según 1ª acepción del diccionario de la RAE), que no sabían lo que era un aula, junto a políticos miopes, cargados de prejuicios y ansiosos de revancha. Entramos así en la era de lo políticamente correcto, en el triunfo de la estética sobre la ética. En el reino de “es una idiotez, no es verdad pero... ¡y lo mono que queda!”.
Y ahora claro, resulta que esto es la debacle, que estamos a la cola de Europa, que es urgente hacer algo, y ¡huy, qué miedo! se ponen manos a la obra.
Ocurrencia tras ocurrencia, se les ocurre eso de las evaluaciones diagnósticas que, en sabia combinación con las evanescentes competencias básicas, pretenden detectar los centros que lo hacen mal y hacerles elaborar sesudos planes de mejora para que lo hagan mejor. ¡Ya!
Pero es que resulta que, siendo muy buena la idea de establecer controles en el sistema educativo externos a los centros, la aplicación de esta idea ha devenido en absurda e inútil. Absurda e inútil por varios motivos. Expongo algunos.
Primero. En lengua española, por ejemplo, la evaluación diagnóstica en un 2º de secundaria, consiste en una prueba estrictamente de comprensión y expresión verbal. Nada de literatura, nada de gramática, nada de teoría de la lengua. Y yo me digo, si esto es lo que han de saber hacer mis alumnos, no dedicaré la clase a otra cosa que no sea leer, comprender lo que leen y escribir más o menos correctamente; no será que no hay textos bonitos en castellano. Todo lo demás parece que sobra. Se supone que entenderán perfectamente lo que leen, y escribirán aceptablemente bien, pero nada más, no sabrán nada más. ¿Será esto la competencia lingüística?
Porque en este momento, y esto lo expongo en segundo lugar, los “profes” de a pie tenemos, por una parte el currículum oficial, por otra los libros de texto y por otra las competencias básicas que es lo que se supone que miden las pruebas diagnósticas. Concepto éste, el de competencia, tan interesante y cierto, como evanescente y estéril en la práctica, ya que no se han creado las estructuras administrativas y organizativas que lo sustenten, y cuyo único fruto por lo tanto, será, lo veo venir, un paso atrás más en el nivel educativo de nuestros alumnos, que cada vez sabrán menos, infinitamente menos. Aunque sean “muy competentes, básicamente”.
Tercero. Las susodichas pruebas las aplicamos y corregimos, según un diseño experimental, en muchos casos, en los centros. No tengo por qué dudar de la profesionalidad de los docentes, pero creo que por mucho diseño experimental que utilicen para validar datos, ¿qué queréis que os diga? No acabo de salir del huevo. Y si las pruebas no salen bien es trabajo, y un trabajo en el que casi nadie cree, pues aunque parecemos tontos, en realidad no lo somos. Es la nuestra, la actitud resignada de quien está harto de que le den por arriba y por abajo, por la derecha y por la izquierda. Pero no somos tontos. Nos enteramos.
Cuarto. Y también sé que al final, toda esta historia de las evaluaciones diagnósticas acabará en datos estadísticos que utilizarán los de siempre para demostrar vete tú a saber qué, manipulando lo que haya que manipular. La estadística es muy sufrida y engañosa. Muy manipulable. Exige una honestidad por parte de quien la utiliza que, ¡qué queréis que os diga!
En resumen. Yo defino el momento educativo de caótico, sin paliativos. Por un lado, el currículum oficial, por otro los libros de texto, por otro las competencias básicas, por otro el programa Ítaca, por otro las necesidades reales de los alumnos, por otro los “papis” no siempre colaboradores… y el “profe” en medio, mirando atónito, y preguntándose, “y ahora, qué hago”. La pruebas diagnósticas, que nadie sabe qué miden en realidad, ni para qué sirve lo que miden, nos indicarán el camino...; ¡ya!
¡Ay Señor, Señor! De verdad, veo el futuro negro, muy negro. ¡Pobres chiquillos!

jueves, 30 de mayo de 2013

Everest, 60 años.


Esta foto no la he hecho yo, ¡ojalá! Es el Everest.
Pero he gozado de muchas otras montañas, que tienen en común, el alma: son también montañas.
Mola de Segart, Aneto, Mont Blanc, Everest...montañas.
Ayer, 29 de mayo de 2013, hizo 60 años que el neozelandés Sir Edmund Hillary y el sherpa nepalí Tenzing Norgay coronaron la cumbre del Everest, de 8848 metros.
El evento ha sido ampliamente difundido y celebrado en diferentes partes del mundo.
Es este un acontecimiento que para cualquier montañero tiene un significado especial. A mí personalmente me produce dos sentimientos diferentes.
Por una parte un sentimiento de nostalgia, aunque no sé si es la palabra adecuada, de lo que quizá podía haber sido y no será nunca. He amado las montañas desde que era muy niño, y soñado, ¡cómo no! con las cumbres más altas, con cordilleras vírgenes y lejanas. Luego la realidad te va llevando a tu sitio, y a lo más alto que he podido llegar y llegaré es a los 4807 metros del Mont Blanc. Cierto es también, que he realizado hasta hoy más de dos mil ascensiones entre Pirineos y Alpes. No me quejo, para nada me quejo, pero sé que es el mío un currículum humilde para alguien que ha amado y ama a las montañas como yo.
Por otra parte, un sentimiento de íntima satisfacción. De un profundo agradecimiento por todo lo que he vivido en las montañas y de un modo particular, en mis queridos Pirineos. Sí, me siento contento, satisfecho de todo lo que he gozado en límite mismo de la tierra de los hombres.
Hubiera querido llegar más alto, mas lejos, estar más tiempo, ¡claro! pero ¿cómo voy a quejarme después de haber podido realizar más de 2000 ascensiones, 2078 exactamente, a día de hoy?
Muchas de ellas han sido montañas humildes, otras importantes, conocidas. Hace ya mucho tiempo que eso me da igual. Lo que me llena no es contar luego a nadie a dónde he ido, sino el saber que he ido, y el haber gozado yendo.
Pienso que Hillary y Tenzing, en el techo del mundo, glorias mundanas aparte, que las tuvieron, gozarían también de haber ido allí, de haber estado allí. A ellos mi admiración y reconocimiento.

NOTA: Las fotos las he sacado de omicromo.com

martes, 28 de mayo de 2013

Ideas para educar. 3.7 Ignorar conductas no deseadas. Reforzar las deseadas.

Esto sí. Cuando haga el tonto, pasando, que es gerundio.


1.-CONOCER:
1.1 ¿Qué es realmente un niño?

2.-PREVENIR:
2.1 Desde la cuna.

3.-INTERVENIR:
3.1 Acuerdo total papá-mamá.
3.2 Control de la familia extensa.
3.3 Control de otros agentes educativos.
3.4 Coherencia en nosotros. Hacer lo que decimos.
3.5 Normas claras y concretas. Las precisas.
3.6 Hablar poco. “No comerle el coco”.
3.7 Ignorar conductas no deseadas. Reforzar las deseadas.
3.8 No mostrar que controla nuestro estado de ánimo.
3.9 No exigirle lo que no somos capaces de hacer nosotros.
3.10 Valorar si vale la pena “entrar en combate”.


            Si vuestro hijo de tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho… años cuando llegarais un día a casa por la tarde, él solito dejara la mochila del “cole” en su sitio; merendara dejando la cocina limpia y aseada, él solito también; luego hiciera los deberes, ¡cómo no! él solito; después, al acabarlos, estuviera jugando a su aire y luego guardara los juguetes en su sitio; se duchara antes de cenar y el baño quedara bastante bien y finalmente cenara lo que le pusierais en la mesa sin más historias, vosotros ¿qué harías? Pensadlo en serio.
            Hay quien me dice, cuando hago este planteamiento, que llevar al niño corriendo al psiquiatra. Pero, bromas aparte, me contestáis, frecuentemente sonriendo: “mis cosas, haría mis cosas”. Porque es verdad que siempre hay mucho que hacer.
Y sonreís porque ya estáis captando el planteamiento, cayendo en la cuenta de que lo hacemos exactamente al revés de cómo deberíamos hacerlo. Y así nos va.
¡Claro!, si el niño deja la mochila donde se le antoja, nos da la murga para merendar, para hacer los deberes, para jugar, para ducharse y finalmente para cenar, porque hoy no quiero tortilla, estamos toda la tarde encima de él; aunque sea riñendo, pero encima de él.
¿Qué conclusión saca el niño? Si lo hago bien, como dicen que lo he de hacer, pasan de mí. Si lo hago mal, como dicen que no lo he de hacer, están toda la tarde encima de mí. Y como el niño, por encima de todo, lo que necesita es que estemos con él, como sea, aunque sea riñendo, pero con él, pues ya sabe el camino. No es rentable ser “nene güeno”.
Y es que, si nos paramos a pensar, estamos más tiempo regañando, corrigiendo, advirtiendo que disfrutando. Porque cuando están de buenas, como están bien, pasamos de ellos. Con lo que a la postre, no los disfrutamos, los padecemos.
Sí, aquí está uno de los errores más graves y frecuentes en la educación; un error de consecuencias demoledoras si lo repetimos día tras día.
Hay que ignorar radicalmente, rotundamente, las conductas no deseadas. El único límite, su propia seguridad física. Y ¡ojo!, ignorar es ignorar de verdad, aunque nos duela. No hablarle, no mirarle, no hacerle ningún caso, haga lo que haga, aunque nos ponga nerviosos, aunque haya gente mirando, aunque nos de mucha penita, aunque nos pida perdón. Porque somos nosotros los que decidimos cuándo ignoramos y cuándo dejamos de ignorar, no él por tierno y melodramático que se nos ponga.
Y otra cosa. Cuando dejemos de ignorarle, porque así lo decidimos, sin moralinas, sin reflexiones sobre lo ocurrido. Normalicemos la situación como si no hubiera pasado nada. Como hizo Fray Luís de León, en el siglo XVI, cuando tras cinco años de cárcel continuó su clase en la Universidad de Salamanca con el aquel ya famoso “como decíamos ayer”.
Mirad, el niño, incluso el adolescente, a su manera, lo que quiere, lo que necesita, como el aire y como el agua, es a sus padres, a sus papás. Es triste que desde muy pequeñitos descubran que es más fácil y rápido conseguir esto haciendo el tonto, dando la vara, siendo “nene malo”, que siendo “nene güeno”. Y como a estas edades, y para ciertas personas a cualquier edad, el fin justifica los medios, pues ya está. Ya la hemos liado.

domingo, 26 de mayo de 2013

¿Será una glaciación? Por mí, encantado.


No es que venga una glaciación, ¡ojalá!, pero es que este invierno en los Pirineos ha sido excepcional, y la primavera está siendo más que excepcional.
Nieva, nieva, y sigue nevando. Hace un frío que pela. Sin embargo, los valles ya van entrando en primavera, una primavera tan bella como tímida, mientras las montañas, ¡ay las montañas!, siguen resplandecientes de invierno.
Aquí os pongo algunas fotos que he hecho este fin de semana en el valle de Tena. Podían estar hechas en lo más crudo del invierno. ¡Me encanta que sea así!, aunque hay que decir, en honor a la verdad, que allí, la gente está un poquito hasta las narices.

Vertiente sur de Peña Parda, en la sierra de Partacúa.
Cima Capullo, Peña Telera y Peña Parda mostrando su vía de acceso por la vertiente sur.
Ascendiendo al Pic d´Estremere, cerca del Portalet. Por la mañana, la nieve estaba muy dura.
Vértice Anayet y Anayet, como en pleno invierno.
Pic y Dent de Soques subiendo al Pic d´Estremere.
Mis banderitas de oración en la cima del Pic d´Estremere.
Mi amigo Jose, contempla las montañas de la vertiente este del valle d´Ossau.
El macizo del Vignemale. ¿Estamos acabando mayo? 
Pues sí. Mirad un roble en un  prado ya verde.
O los bosques de hayas, con su verde claro, en la primavera.