FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Gracias, tío Benito.


Estoy seguro de que el tío Benito no sólo lo entenderá, sino que además le parecerá genial que haya escrito estas líneas unos días después de que nos dejara para irse a la casa del Padre. Hubiera querido escribirlas en el momento en que me enteré, pero estaba de convivencias con primero y luego con  segundo de Secundaria. Sí, ¡Claro que le parecerá bien! “Estava amb els xiquets.”
Cuando hace ya 33 años vine al pueblo, fue el tío Benito una de las primeras personas que destacaron con nombre propio entre las muchas que poco a poco se fueron perfilando y enlazándose de una u otra forma a la andadura de mi vida.
Me llamó la atención su gran capacidad de trabajo, su constante disponibilidad, su humildad. Ese estar siempre al servicio de la parroquia de un modo tan eficaz como discreto.
Lo recuerdo en las misas del Junior, los domingos, organizando, poniendo orden. Lo veo en la procesión del Cristo, de aquí para allá, para que todo transcurriera bien, sin cortes, sin parones. Sé de su entrega a la reconstrucción del teatro Cervantes, a la creación del campamento de Siete Aguas y a su mantenimiento…
Su vida ha sido, de verdad, una vida de entrega desde la discreción y el silencio, era hombre de pocas palabras y mucho trabajo. Serio pero con esa sonrisa suya, cuando había que sonreir, que tanto me gustaba. El tío Benito me daba seguridad, me inspiraba confianza.
Entregado en cuerpo y alma a su parroquia, a su comunidad parroquial, le tocó también sufrir el “destierro”, tuvo que cruzar un desierto para llegar a la Tierra Prometida desde donde ahora ya goza de la plenitud, de la vida para siempre. Una vida que, ya aquí, entre nosotros, tuvo pleno sentido y anunciaba en su entrega a los demás esa otra vida que ya no tiene límites.
Hará un par de años, tuvimos Isabel y yo un privilegio que lamentamos no poder retener en una fotografía. Lo pensamos tarde y, en cualquier caso, quizá hubiera sido irrespetuoso. Era primavera avanzada, hacía ya calorcillo, y pasamos con el coche por la plaza. Serían las cuatro de la tarde y no había nadie, excepto el tío Benito, sentado en los escalones de la iglesia, pegadito a la pared. Parecía ausente, como si no mirara afuera, sino adentro, muy adentro. No nos vio. A nosotros se nos quedó la imagen que conservo absolutamente nítida en la memoria. Y ese recuerdo es un privilegio. Significaba tanto aquella escena. Era tan…tan hermosa. Tan llena de sentido.
Esa es la imagen con la que quiero recordar al tío Benito. Sentado junto a su querida parroquia, esperando en paz ese último paso de su vida entre nosotros, que le ha abierto ya las puertas al abrazo del Padre.
En el nombre de mucha gente y en el nuestro, ¡gracias tío Benito!

martes, 8 de diciembre de 2015

"¡Y yo pa que quiero saver istoria!"

Momento en el que el rey Juan Carlos I firma la Constitución. Era el 27 de diciembre de 1978.
Le dijo el dulcísimo alumnuelo a su amantísimo profesor, “¡y yo pa que quiero saber istoria si no me sirbe pa na!”. Mirolo el profe, ya anciano, y tras una honda respiración, para coger fuerzas, le respondió, siéntate y te contaré unos pocos cuentecitos.
Sentose el alumnuelo y díjole el “profe” que, hace muchos años, hubo un reino que fue capaz de ganar una guerra contra un enemigo muy poderoso, a la vez que consiguió crear, en Cádiz,  unas reglas de juego, la constitución de 1812, para crear un reino nuevo y en paz. El rey Fernando VII, que podíamos decir que estaba “secuestrado”, juró acatar aquella constitución llamada por el pueblo “la Pepa” y, cuando acabó la guerra y regresó, fue recibido con todos los honores. Pero cuando se instaló en el trono, se desdijo de su juramento y persiguió con saña a aquellos que habían elaborado aquellas reglas y a los que las defendían. Él sabrá por qué, se creía por encima de la ley.
Tiempos difíciles sucedieron a aquellos, en los que unos se empeñaban en buscar acuerdos y otros en romperlos, hasta que un día de verano del año 1936, otros señor, en esta caso un militar, Francisco Franco, rompió también otra constitución, la de 1931, y en este caso estalló una guerra terrible, una guerra civil, que causo un millón de muertos, y un dolor tan grande y tan hondo que aún hoy perdura. Sí, él sabrá por qué, se creía también por encima de la ley.
Ahora, mi amantísimo alumnuelo, tenemos otras reglas del juego que mucho costó de elaborar, y que nos han permitido un largo período de paz y progreso en el que has nacido tú. Es la constitución de 1978, cuyo 36 aniversario celebramos el domingo. Pero piensa un poco, ¡oh dulcísimo alumnuelo!, y si eres capaz de fijarte en algo más que en tu ombligo, verás cómo hay gente ahora que también quiere romper esta constitución, pasando, una vez más, de lo que entre todos hemos acordado. Toman decisiones contrarias a ella o al margen de ella. Y eso no se debe hacer. La historia nos lo dice a gritos. Podemos cambiar la constitución, pero no romperla. ¿Entiendes? Nunca nos ha ido bien cuando la hemos roto. Y eso nos lo cuenta la historia.
¿Sabes una cosa Manolín? Sí, es importante la historia. Sí, es necesario saber historia, porque si no sabemos historia, la repetiremos. Y más te digo, saber historia en serio, porque hay quien la manipula, la cambia en su propio beneficio. Hay quien, él sabrá por qué, se cree por encima de la historia, por encima de la ley. Él sabrá por qué.
¡Ay Manolín! Qué peligroso es ese “¡y yo pa que quiero saber istoria si no me sirbe pa na!”.
¡Ay Manolín! Qué peligroso es creer que el saber estas cosas no te sirve de nada y luego, cuando cumplas los 18, creyendo que lo sabes todo, votar.
Y ahora, amantísimo alumnuelo Manolín, anda y vete a darle “patás” a la bola, que es lo que mejor “te se” da.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Los "palos" de Javier d´Ambrosio, en Valencia.

Hoy hemos ido a visitar, a la Ciudad de las Artes y las Ciencias, los “palos” o tótems, según él mismo los llama, de Javier.
Vino a casa a cenar un jueves, de mano de nuestro amigo José Ángel, y repitió, despidiéndose, antes de volverse a Nueva York, cocinándonos unos espaguetis en salsa marina, realmente exquisitos. Lo de la salsa marina se lo he puesto yo, pues el nombre con la que llamó a la citada salsa no lo recuerdo.
Pues bien, como ya he dicho, hemos ido a ver sus “palos” y quedaban, en aquel entorno, realmente muy bonitos.
Hoy, además, el cielo estaba de un gris blanquecino que acompañaba a los tonos claros de los monumentales edificios y, en medio de tanta blancor, destacaba los colores de Javier de un modo extraordinario, permitiendo hacer fotografías muy interesantes. La verdad es que me he vuelto majara haciendo fotos.
           Los “palos” estarán hasta mayo. Si vais a verlos, no olvidéis la cámara. Y no tardéis mucho, pues según él mismo me dijo, el vandalismo se encarga de deteriorar su obra en casi todas partes. ¡Ojalá aquí no sucediera! Sería bonito.





























sábado, 5 de diciembre de 2015

Parece un lugar lejano...


No hay que ir muy lejos para ver esto. Está a menos de cincuenta kilómetros de Ribarroja, hacia el oeste. Así estaba esta mañana: el pinar muy verde, el agua azul, el cielo algo gris y el ambiente un punto brumoso.
Es el embalse de Cortes de Pallás, desde una de las pistas forestales que llevan de la carretera de Cortes a Cofrentes.
Muy digno de contemplación, ¿verdad?

viernes, 4 de diciembre de 2015

¿A quién votaré en estas elecciones?


Con ocasión de las últimas elecciones, escribí un decálogo que bien puede utilizarse a modo de tests de cara a las próximas. ¿Para qué sirve? Pues para saber a quien voy a votar, porque votar hay que votar. No hacerlo, y más en los tiempos que corren, me parece una irresponsabilidad mayúscula.
Hagamos el test, sin más preámbulos, a lo largo de la campaña recién estrenada. Es fácil. En una hoja como la de arriba, ponemos en un lado los partidos, y en el otro, lo que le pedimos a un partido para fiarnos de él. Luego puntuamos de 0 a 10 el cumplimiento de cada uno de los criterios que hayamos establecido. El partido que más puntos obtenga es al que votaré. Mis criterios, a día de hoy, planteados en forma de petición, siguen siendo los siguientes, por si os sirven.

1 Pido que su prioridad sea la justicia social, que supone trabajo, educación, sanidad para todos, no desde perspectivas ideológicas ya caducas, sino desde una gestión de lo público prudente e inteligente.
2 Pido que busque un pacto por la educación para que, dejando de utilizarla como herramienta política, lleguemos a un sistema educativo estable y duradero donde el trabajo de alumnos y docentes pueda dar sus frutos algún día.
3 Pido capacidad para superar la historia, que no olvidarla, de cerrar de una vez por todas, la vieja herida, la brecha entre las dos Españas que tanto dolor ha causado, y que tan rentable a algunos ha sido, ya demasiadas veces, para perjuicio de todos.
4 Pido que no reduzcan el saludable juego parlamentario a un intercambio de insultos y descalificaciones entre unos y otros. Pido que entiendan el debate no como algo que se gana o se pierde, sino como un instrumento para buscar el consenso y el bien del ciudadano.
5 Pido que en las campañas electorales, los partidos se limiten a exponer sus programas, a decirnos que harán si ganas las elecciones, y que dejen a los rivales en paz. El espectáculo habitual en las campañas parece una pelea ruin y pueril. Ridícula. Me da mucha vergüenza.
6 Pido que no utilicen la corrupción como arma política. No hay partidos corruptos. Hay personas corruptas en todos los partidos. Y aquel partido que dice que en su seno no los hay, miente. Que los localicen y los expulsen. Y punto. Porque en esto, quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.
7 Pido sensibilidad y tolerancia hacia “los otros”. Hacia las otras formas de pensar, de ser, de vivir. Pido empatía social, tener la capacidad de ponerse en la piel de quien no piensa como tú y encima no manda. Nadie tiene la verdad absoluta, ni el gobierno, ni la oposición, ni los partidos minoritarios. Nadie.
8 Pido un sentido de la realidad. En el mundo complejo y globalizado en el que estamos, hay cosas que no se pueden hacer, aunque serían buenas en principio, pero sus efectos secundarios serían catastróficos. La prudencia y el realismo son imprescindibles. Lo otro es populismo suicida. No hay que olvidar que a veces es peor el remedio que la enfermedad.
9 Pido la necesaria y urgente superación, de una puñetera vez, de las palabras derecha e izquierda. Son palabras vacías de contenido hoy en día, y seguir interpretando la realidad según esta clave, es pura manipulación. Me da también vergüenza cada vez que escucho esta hueca cantinela.
10 Pido que tenga respeto a las reglas del juego democrático. El respeto a la Constitución, y el estar abierto a la posibilidad de reformarla siempre que se obtenga la mayoría parlamentaria suficiente para hacerlo, lo veo fundamental.

Bueno, esto es lo que pienso. Conozco y respeto otras formas de pensar que se plasmarían en otros criterios, o en valoraciones distintas a las mías de los criterios arriba expuestos. Es normal ¿no? Si hay respeto, la diversidad, el pluralismo no asusta, enriquece. Pero sólo si hay respeto.

NOTA:
Y puestos a pedir, pediría una vez más una cosita, menos importante que las anteriores, pero al menos para mí, muy significativa. ¡Que no hagan el tonto con el lenguaje!

jueves, 3 de diciembre de 2015

La luz de allá arriba.

Pude darme un garbeo por la sierra el martes pasado, que me llevó, ya por la tarde, al “Alt del Pi”. El espectáculo desde allí era soberbio, sublime hacia el sur.
Disfruté de un  buen rato de contemplación. Eso me reconstruye. Pone un  poquito las cosas en su sitio otra vez. Me recuerda lo que de verdad es importante.
Aquí tenéis una foto. Añadidle la luz, que ninguna foto es capaz de captar, el frío y el silencio…



martes, 1 de diciembre de 2015

En la plaza, de Vicente Aleixandre. Es largo, ¿te atreves?


Es un poema largo. Ante él, te pueden pasar cuatro cosas.
Que ni lo leas. ¡Quién dedica tiempo a leer hoy un poema! Y además un poema largo. No es ocurrente, no es gracioso, no es viral en la red… Pues no lo leas. ¡Total "pa" qué!
Que lo leas y te deje indiferente. Que digas, pues bueno, pues vale. Que no te diga nada de nada. ¡Feliz tú si un poema así no está escrito para ti! Sigue a tu marcha.
Que tras leerlo sientas que el poeta te está diciendo algo, te indica un camino que recorriste en algún tiempo pasado, o que has de recorrer ahora, o quizá mañana. Y lo vas a hacer. Te recuerda que lo debes hacer, y quieres y puedes. Te habrá gustado leerlo. Lo releerás.
Que te toque hondo, que te toque donde más te duele, y no teniendo otro alivio, habrás encontrado en Vicente Aleixandre alguien que te entiende. Y la belleza de sus palabras será un bálsamo que apaciguará el dolor hondo por no poder hacer lo que dice que hagas. Porque no introducirás tus pies en la espuma, aún sabiendo que no es bueno quedarte en la orilla. Ya no puedes bajar a la plaza.

Hermoso es, hermosamente humilde y confiante, vivificador y profundo,
sentirse bajo el sol, entre los demás, impelido,
llevado, conducido, mezclado, rumorosamente arrastrado.

No es bueno
quedarse en la orilla
como el malecón o como el molusco que quiere calcáreamente imitar a la roca.
Sino que es puro y sereno arrasarse en la dicha
de fluir y perderse,
encontrándose en el movimiento con que el gran corazón de los hombres palpita extendido.

Como ese que vive ahí, ignoro en qué piso,
y le he visto bajar por unas escaleras
y adentrarse valientemente entre la multitud y perderse.
La gran masa pasaba. Pero era reconocible el diminuto corazón afluido.
Allí, ¿quién lo reconocería? Allí con esperanza, con resolución o con fe, con temeroso denuedo,
con silenciosa humildad, allí él también
transcurría.

Era una gran plaza abierta, y había olor de existencia.
Un olor a gran sol descubierto, a viento rizándolo,
un gran viento que sobre las cabezas pasaba su mano,
su gran mano que rozaba las frentes unidas y las reconfortaba.

Y era el serpear que se movía
como un único ser, no sé si desvalido, no sé si poderoso,
pero existente y perceptible, pero cubridor de la tierra.

Allí cada uno puede mirarse y puede alegrarse y puede reconocerse.
Cuando, en la tarde caldeada, solo en tu gabinete,
con los ojos extraños y la interrogación en la boca,
quisieras algo preguntar a tu imagen,

no te busques en el espejo,
en un extinto diálogo en que no te oyes.
Baja, baja despacio y búscate entre los otros.
Allí están todos, y tú entre ellos.
Oh, desnúdate y fúndete, y reconócete.

Entra despacio, como el bañista que, temeroso, con mucho amor y recelo al agua,
introduce primero sus pies en la espuma,
y siente el agua subirle, y ya se atreve, y casi ya se decide.
Y ahora con el agua en la cintura todavía no se confía.
Pero él extiende sus brazos, abre al fin sus dos brazos y se entrega completo.
Y allí fuerte se reconoce, y se crece y se lanza,
y avanza y levanta espumas, y salta y confía,
y hiende y late en las aguas vivas, y canta, y es joven.

Así, entra con pies desnudos. Entra en el hervor, en la plaza.
Entra en el torrente que te reclama y allí sé tú mismo.
¡Oh pequeño corazón diminuto, corazón que quiere latir
para ser él también el unánime corazón que le alcanza!


¿A cuál de las tres te apuntas? Porque a la primera, si has llegado aquí, no te has apuntado.