FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

martes, 9 de febrero de 2016

¡Es sólo un desahogo!

Son las 23´55 del martes, 9 de febrero. Estamos a 18 grados, sopla un poniente de mil demonios que empezó el domingo pasado y no sabemos cuándo acabará, hace casi 100 días que no llueve…

¡Es sólo un desahogo!

Preparándose la cena.

Lo pequeño es también muy digno de ser contemplado. Sentarse un buen rato cerca de una araña, y ver cómo se prepara dos “bocadillos” para la cena, es todo un espectáculo. Mi camarita, aunque pequeña, me permitió fotografiar los preparativos del bicho en cuestión. Bicho precioso, por cierto.


lunes, 8 de febrero de 2016

Acción de gracias por la esperanza.


Es la esperanza lo que quedaba esta tarde en pie, como ha dicho Juan, como un puntito de luz. Un puntito de luz de esos tan débiles, tan lejanos, que parecen perderse en la nada, apagarse.
He llegado a casa después del entierro de Federico, un padre de familia del colegio, y he buscado en uno de esos libros que yo llamo de cabecera, el texto que a continuación comparto, porque me apetecía leerlo, porque necesitaba leerlo. Y lo comparto por si a alguien le sirve.
A mí sí me sirve, sobre todo esos versos que dicen hasta que, la tarde final de nuestra cita, salga Jesús a nuestro encuentro, y conozcamos a quien, sin verlo, ya le amamos, y vayamos con él hasta la meta, donde la fe ya es gozo… y estos otros nos dejaste una herencia pura, incorruptible, que tú nos reservas para el día en que abriremos los ojos, sorprendidos por la luz y el color de tu regalo, igual que un niño al que despiertan para enseñarle el juguete preferido…
Leedlo completo, si queréis.

Te damos gracias, Dios,
Padre de nuestro hermano y amigo Jesucristo,
Padre también de todos nosotros,
que por la resurrección gloriosa de Jesús de entre los muertos,
nos hiciste nacer de nuevo a la esperanza,
viva
como una rosa abierta,
como un primer amor,
como una espontánea carcajada.

Nos dejaste una herencia pura, incorruptible,
que no se agota
como el dinero, la finca o las acciones,
y que tú nos reservas para el día
en que abriremos los ojos,
sorprendidos por la luz y el color de tu regalo,
igual que un niño al que despiertan
para enseñarle el juguete preferido.

Por eso la alegría más joven nos rebosa
por los ojos y los labios del alma,
en medio de las pruebas de la vida,
en medio de la duda, de la lucha,
del silencio difícil o de la desnuda soledad.

Porque así también te sentimos cercano
te queremos,
así también te agradecemos,
recordando
lo que Jesús hizo un día por nosotros,
lo que nos haces tú
por medio de los hombres,
por medio de las cosas.

Hasta que,
la tarde final de nuestra cita,
salga Jesús a nuestro encuentro y conozcamos
a quien, sin verlo, ya le amamos,
y vayamos con él hasta la meta,
donde la fe ya es gozo, compartiendo
unas indefinibles vacaciones,
como nunca pudieron anunciarnos
las mejores agencias de turismo.

Al que los profetas anunciaron,
abriéndonos camino a las promesas,
esperamos nosotros sin cansancio,
con los lomos ceñidos, dispuestos a la marcha,
aguardando la hora del combate,
atentos al silbato de partida.

Un tiempo creímos, ignorantes,
que estábamos situados sin remedio
en el puesto inseguro de la feria del mundo,
consumiendo poco a poco
la despensa de los años.

Te damos gracias,
porque tú nos libraste del  miedo y del vacío,
del dulce engaño de creer que todo está resuelto,
no con oro ni plata,
ni con estafa alguna,
sino por medio de Jesús,
con su ardiente palabra,
con su sangre preciosa,
con su recia promesa de victoria
que los vientos actuales de la historia repiten por el mundo.

El texto es de Víctor Manuel Arbeloa, del libro Cantos de fiesta y lucha.

domingo, 7 de febrero de 2016

No son buenas noticias las que os traigo hoy.

Esta mañana desde la Sierra Calderona.
En la sierra Calderona esta mañana.
“No són bones notícies les que vos porte hui. Fa molta falta que ploga. La sequera ja s’allarga massa temps. Els llauradors estan desesperats (amb motius) per la falta de pluja i les previsons donen una situació de vents de ponent que sabem que comença demà, però no acabem de vore quan acaba…”
Así rezaba ayer oratgenet. En castellano, no son buenas noticias las que os traigo hoy. Hace mucha falta que llueva. La sequía ya se alarga demasiado tiempo. Los labradores están desesperados (con motivos) por la falta de lluvia y las previsiones dan una situación de viento de poniente que sabemos que comienza mañana, pero no acabamos de ver cuando acaba…”
Dicen, esta noche ha llovido. Sí, 4 décimas en mi pluviómetro. En el interior, quizá algo más. En suma nada, una ridiculez. Pero el poniente sí ha llegado hoy puntual. Mañana y pasado se reforzará alcanzado una fuerza de 4/5, el miércoles y jueves seguirá con fuerza 3/4, y después seguirá, seguirá…Del agua, ni esperanzas.
Hoy, 97 días sin lluvia. Para ser exactos, con un litro y 4 décimas. Muchos de ponientes, mejor no contarlos. Es lo que hay.
Y ahora pregunto, ¿es la “Consellería” de Agricultura, Medio Ambiente, Cambio Climático y Desarrollo Rural, consciente de la situación del campo y los montes y está tomando medidas? No lo sé. A las preguntas que les he formulado a través de la web oficial ,y que he publicado en este blog, no me han contestado. Igual lo he hecho mal. Pero da igual, eso no significa nada. Yo no soy nadie. Y con que hagan lo que toca, aunque “no me contesten”, me da igual. Lo que importa es que hagan lo que deben.
En fin. Ya llevamos noventa y siete días sin lluvia. Y vuelve el poniente días, y días, y días…

jueves, 4 de febrero de 2016

Fuerte y libre.

Todos los años me pasa que, por estas fechas, palmo arriba, palmo abajo, cojo una faringitis que me deja “espachurrao”. Suele coincidir también que es una época de mucho trabajo y no siempre fácil. Esta combinación, cuando se da, y se está dando, pesa.
Por eso, buscando protección y paz acudo, entre otros cobijos, a las montañas literariamente hablando, pues como he dicho, no estoy para muchas roscas. Y ojeando esta tarde, junto al fuego, un antiguo y bonito libro titulado El Aneto y sus hombres, de Jean Escudier, publicado en 1972, he leído estas líneas que voy a compartir.
Son de mi venerado maestro, el Conde Russell, y como siempre, mi identificación con sus experiencias y sentimientos es total.
Yo también subí solo al Aneto, el 20 de julio de 1984. Fue mi primera ascensión al techo de los Pirineos. También “he huido” en medio de la ventisca o de la tormenta muchas veces y he sentido la exaltación que produce sentirte vivo en medio de la naturaleza salvaje y desatada.
Pero no quiero hablar más yo. Veamos qué le pasa al Conde y escuchémoslo.
A las 11 de la mañana del 9 de agosto de 1871, llega al Aneto. Escribe en el libro de la cima, “Conde H. Russell (4ª vez) Subido aquí solo. Tiempo horrible. Tengo hambre. He subido por la parte alta del glaciar. Nieva, intensa niebla, ¡oh preciosa brújula mía! ¿Qué haría yo sin ti? ¡Cuánta soledad! ¡Nadie!
La tormenta está a punto de estallar. El viento le azota. Graniza. Sale raudo hacia la Renclusa. Ese descenso va a describirlo después así.
"Solo entre la niebla, con kilómetros de nieve alrededor mío, abismos debajo de los pies, el trueno y el granizo sobre mi cabeza, sentía estremecerse el cuerpo; pero el alma crece, se eleva, y se siente más poderosa que la tempestad y la electricidad…El hombre se siente más fuerte que la naturaleza".
Y no sólo eso. Aún más añado yo, el hombre se siente libre, porque en esas circunstancias, lo único que importa es lo que de verdad es importante, y eso libera. Fuerte y libre. Sé que el señor Conde haría suyas estas palabras mías.
Por eso ahora, desde mi debilidad “faringítica” y desde las preocupaciones, agobios y tensiones cotidianas, me gusta ver al Conde fuerte y libre, volando sobre el glaciar, me gusta verme a mí, fuerte y libre, allá en nuestras montañas.
          Y eso me llena, me rodea, me protege…


El Aneto, el 26 de agosto de 2014.
La cima del Aneto, con su mítica cruz. Un día os hablaré de ella.
El famoso Paso de Mahoma, más imponente que difícil.
De regreso las nubes lo cubrieron. Pero tuvimos buen día, no como Russell.

martes, 2 de febrero de 2016

Tres meses. Un litro. Y sigue.



Hoy, 2 de febrero, hace exactamente tres meses que llovió en Ribarroja, en nuestra comarca, en muchas comarcas valencianas. Aquí, en el pueblo, en el pluviómetro de mi casa, cayeron 75 litros. Fue una buena tormenta. Y hasta hoy. Tres meses sin llover, aunque para ser exactos, en enero recogimos 0,9 litros una noche y 0,10 una mañana. Un litro en tres meses. Y las previsiones no anuncian agua, al menos a medio plazo. Hasta el 15 de febrero nada de nada. Luego, ni se sabe.
Añadamos a esto los vientos secos que nos visitan con demasiada frecuencia, y las temperaturas altísimas para la época.
El monte, el campo, vive una extraña primavera en pleno invierno. Los almendros están en flor mucho antes de lo debido, los espárragos se han adelantado meses, las aliagas ya hace tiempo que pintaron de amarillo las laderas soleadas, y las flores protegidas en lugares umbríos dan ya su nota de color.
Pero todo está terriblemente seco, polvoriento, las fuentes y charcas se agostan, y plagas como la procesionaria y el tomicus, amparadas por estas desastrosas condiciones, se extienden por doquier, dejando el monte cada vez más triste, más “roto”, más “sucio” y haciéndolo incluso peligroso de transitar.
Y estamos a 2 de febrero. ¿Os imagináis, si seguimos así, una primavera que entrará ya acabada? ¿Os imagináis después, un verano como los de aquí, largo, duro, despiadado?
Sé que gran parte de la población es urbanita y, o no salen al monte, o si salen lo hacen como si fueran a un estadio a donde van a batir sus propias marcas, a competir con otros, o a quemar adrenalina. Urbanitas a fin de cuentas. El monte en sí les importa un bledo. No a todos, lo sé, pero sí a muchos. Y ¡ojo! No critico, sólo expongo.
Sé que somos minoría “aplastada” los que queremos a nuestro entorno natural por sí mismo. Los que buscamos perdernos en senderos; trepar por paredes; gozar de las cimas; escuchar el silencio o el viento en los pinos, a los pájaros; oler el romero y el tomillo; o contemplar sin prisa las flores, las hojas en otoño, o el vuelo pausado de los buitres y las águilas.
Sé que somos pocos los que salimos temprano a disfrutar del amanecer en el campo, o esperamos a la noche, acurrucados junto a un pino, o en lo alto de una peña para, dejando a la vista perderse en las últimas luces del día, saludar a las estrellas. O intentamos cada mes, gozar del espectáculo de la luna llena saliendo por el mar  mientras el sol se oculta por poniente.
Sí, sé que somos pocos. Ni mejores ni peores. Pocos. Porque si fuéramos muchos, si mucha gente sintiera la preocupación que yo siento, algo pasaría. Si a mucha gente le importara de verdad la naturaleza en la que vivimos como me importa a mí, se notaría.
Nuestra “casa común” nos necesita. Vuelvo a pedir que la “consellería” actúe, se implique, diga públicamente que es consciente de lo que está pasando y qué va a hacer. Ya he dicho muchas veces en este blog, que deberían crear un gabinete de crisis que siguiera día a día lo que está sucediendo, silenciosa pero implacablemente, en nuestro medio ambiente, y gestionara una respuesta integral y eficaz.
¡Y que no me digan que esto es normal en este clima! Ya lo sé. Es normal, pero no es bueno, lo normal no tiene por qué ser bueno. Además, a esa nefasta normalidad, hemos de añadir nuestra intervención no siempre acertada y respetuosa. O nuestra no intervención, que suele ser peor.
En fin. Lo dicho. Somos pocos. Y mi voz es insignificante. Un litro en tres meses, y sigue, y vamos cara al verano…

lunes, 1 de febrero de 2016

Lo único bueno que tiene.


Son los atardeceres de lo poco bueno que tiene el poniente por estos lares. Ayer, nos regaló este viento un día caliente hasta el absurdo y malo, muy malo para el campo y los montes. Muy malo.
Por eso me dije, voy a disfrutar de lo poco bueno que tiene este odioso vientecillo, el crepúsculo. Me había molestado con el calor improcedente que nos trae y con la preocupación que siento siempre que sopla. Peo hay que reconocerlo, el crepúsculo fue realmente muy hermoso.
Y bajé al puente viejo, y mirad lo que pude contemplar.