FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Ya está aquí.


Ya ha venido, ya está aquí, la venían anunciando. La gota fría, según los periodistas, la DANA (depresión aislada en niveles altos) según los meteorólogos, ha irrumpido con una tormenta. ¿Hasta cuándo se quedará con nosotros? Unos mapas dicen que hasta el domingo, otros que hasta el lunes.
El agua baja por la calle, ahora vacía, hacia el río, suena en el tejado, canta en los canalones. De vez en cuando un relámpago, luego, pronto, el trueno. La tenemos arriba. De momento llueve bien.
La verdad es que impresiona. Está poniéndose el sol en los momentos en que escribo estas líneas pero ya es de noche. La noche severa de las grandes lluvias que tanto daño han hecho por estas tierras, tanto daño como los largos períodos sin ver el agua. Así es nuestro clima.
Hasta principios de noviembre no habíamos alcanzado este año ni la media de lo que llueve en los desiertos. Luego cayeron 104 litros. Ahora vuelve a llover en serio. Es bueno, es necesario, pero cuidado, esto puede hacernos daño.
Se intensifica la precipitación en este momento. Otro relámpago, el trueno. La calle de parte a parte. La luz que hace amago de irse. Voy a dejar el ordenador, por si acaso. Voy a ver llover. Y a esperar que la bendición de la lluvia no sea, esta vez, una maldición.

jueves, 15 de diciembre de 2016

De camino por la rambla.


Voy a compartir el texto que les he preparado y leído a un grupo de alumnos de 2º de ESO que se han ido hoy de convivencia, por si a alguien puede resultarle útil.

No es aún el Camino de Santiago, pero es un camino. No vamos andar más de cien kilómetros, vamos a andar doce. A medio día ya habremos llegado a la casa donde estaremos calentitos, tendremos nuestra habitación, nuestra comida, donde nos encontraremos de nuevo cómodos. Donde si llueve no nos mojaremos.
Pero primero vamos a andar. Vamos a ir por la rambla Castellana hasta nuestro destino. Hará frío, hay nubes y el sol de diciembre calienta poco. Pero como os he dicho, vamos a andar, juntos, apoyándonos unos a otros, no dejando que nadie se sienta solo. Los más rápidos han de esperar a los más lentos. Y los más lentos han de esforzarse por ir más rápidos.
Y os preguntaréis, ¿por qué hacemos esto? Porque queremos que empecéis a pensar en serio en vuestra vida, y queremos ayudaros a hacerlo. Queremos que os deis cuenta de que la vida es como un camino que hay que recorrer y que, como todos los caminos, tiene momentos bonitos y momentos menos bonitos, momentos de cansancio y momentos en que nos encontramos fuertes y nos comeríamos el mundo.
También queremos que os deis cuenta de que no estáis solos en ese camino, de que lo andáis con otros, vuestra familia, los “profes”, los compañeros, los amigos. Y que cuanto más conozcáis y respetéis a esa gente que anda con vosotros, más fácil os será andarlo.
Dios, a lo largo de la historia, nos ha dicho a los hombres que nos quiere caminando. Se lo dijo a Abraham, se lo dijo a Moisés y al pueblo de Israel, el mismo Jesús anduvo muchos caminos y, a veces, la noche le pillaba en descampado y, como él mismo nos dijo, no tenía ni una piedra donde reposar su cabeza.
¿Podíamos haber ido a la casa directamente en el autobús? ¡Claro que sí! Pero entonces no experimentaríamos el camino. Queremos que os lo paséis bien y pasarlo bien con vosotros. Nos da igual si os cansáis, nos da igual cansarnos. Venceremos al frío andando. Hablaremos todos con todos. Veremos un cauce seco que, posiblemente, este próximo fin de semana sea un caudaloso río.
Habremos andado un camino. ¡Ojalá entendamos lo que significa eso! ¡Ojalá seamos capaces de trasladarlo a nuestra vida! ¡Ojalá escuchemos siempre la voz de Dios diciéndonos, como a Abraham, “Sal de tu casa, de la casa de tus padres y vete a la tierra que yo te mostraré”.
Porque todos estamos llamados a habitar una tierra que mana leche y miel, donde habita la justicia, donde ya no hay muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Ése es nuestro destino. Y la vida, nuestra vida, el camino que nos conduce allí.
¡Feliz camino!


Y habrá que decir ahora también que la marcha la han hecho muy bien, se lo han pasado en grande y ha habido muy bonitos gestos de solidaridad y compañerismo.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Rosa y azul. El "digno" combate de la señora Oltra.


Una de las cosas que más me ha irritado siempre de la denominada, más bien autodenominada, izquierda progresista, es su pavorosa superficialidad y su amor por las “posturitas” políticamente correctas. ¡Cuánto daño han hecho y siguen haciendo al verdadero socialismo y al auténtico progreso!
Recientemente me sorprendió la señora Oltra anunciando una especie de cruzada contra el rosa y el azul. Había que erradicar la identificación entre el color rosa y lo femenino, y el azul y lo masculino. Había que acabar con las princesas rosa y los príncipes azules. No sé muy bien por qué, pero parece ser que eso atentaba contra la igualdad entre el hombre y la mujer. Además era un arquetipo sexista que provocaba graves perturbaciones mentales en los niños, ¿y habría que decir también niñas?, lo que luego derivaba en atroces discriminaciones hacia las féminas y otros males semejantes.
¿Qué queréis que os diga? Me pareció el planteamiento tan ridículo, tan pueril, tan de imagen hueca, que me sonrojé. Me dio vergüenza ajena. Me supo mal que, una vez más, dieran carnaza a quienes siguen pensando, aunque sea en su fuero interno, que el lugar de la mujer es la cocina y su actitud, la sumisión. Estas tonterías les dan motivos para reafirmarse en sus erróneos planteamientos y, hablando en plata, descojonarse de ellos, y con razón.
Veo dos errores garrafales en este planteamiento de la señora vicepresidenta. El primero es ignorar la naturaleza y el segundo, quedarse en la corteza del asunto.
Respecto al primero, creo que en ese afán de igualdad, caen en un igualitarismo tan tonto que da risa. El hombre y la mujer son diferentes física y psicológicamente. ¡A Dios gracias! Pero esa diferencia, natural e inevitable, no puede jamás justificar la superioridad de uno sobre el otro. Diferentes pero con igual dignidad, con los mismos derechos.
Esta es la clave. Derechos y dignidad idénticos, pero cada persona con su lugar propio en el continuo entre la masculinidad y la feminidad. Y si en ese continuo, por cuestiones biológicas o culturales, o ambas, las niñas prefieren el rosa y los niños el azul, las niñas las muñecas y los niños los camiones, ¿qué más da? Conozco niños que juegan con muñecas y niñas con balones. Pues muy bien, ¿qué pasa? No son estas cuestiones propias de la vicepresidente de la Generalitat por muy consellera de igualdad y políticas inclusivas que sea.
Sin embargo, y éste es el segundo error, sí es asunto de tan dilecta señora, trabajar discreta pero eficazmente para lograr la igualdad de oportunidades entre el hombre y la mujer en el acceso al mundo laboral y a los cargos de responsabilidad, sin apoyarse en una vergonzosa ley de paridad. Sí es asunto suyo trabajar por la igualdad de salario en el desempeño de la misma tarea. También debe esforzarse por lograr la eliminación del sexismo en la educación, en el deporte, en la publicidad, en el ocio y la fiesta. Es tarea suya la plena conciliación de la maternidad con el trabajo, la lucha contra la violencia en la pareja, tanto psicológica como física y en ambos sentidos, y otras muchas cuestiones necesarias y todavía pendientes. Y nada de esto es superficial.
Pero el que los príncipes sean azules o a motas fucsia y las princesas color de rosa o con guirnaldas caqui, no creo que sea cuestión de importancia, ni siquiera que esté en la base de futuros comportamientos no deseables. Es una “posturita” más, es andarse por las ramas, es coger el rábano por las hojas.
Es, creo humildemente, hacer un flaco servicio a la seria, urgente y necesaria lucha por la plena dignidad de la mujer y por su absoluta igualdad con el hombre, asumiendo, eso sí, las naturales y hermosas diferencias entre unas y otros.

El último plenilunio del otoño.

Ahí la tenéis. La luna de Valencia. Ayer, poco después de elevarse sobre el mar. Estaba en el Alt del Pi y hacía frío. No había nadie. La luna y yo. Y abajo, hacia el sur, oculta bajo las brumas, la ciudad.

En el momento de salir entre brumas.
Ya en el cielo, dueña de la noche. ¡Espléndida!


domingo, 11 de diciembre de 2016

Cosas del Camino.


         Me lo ha contado Isabel y, con su venia, lo comparto, porque es bonito y además tiene un hondo significado. Os lo cuento.
Este año, el Camino, al ser diciembre, ha sido diferente. Y aunque ha hecho muy buen tiempo, había menos gente y menos establecimientos abiertos, por lo que los peregrinos que han ido encontrándose en el camino, han podido conocerse más, intimar más.
El destino era común, pero el lugar de donde cada uno había salido, bien diferente. Arlés y Saint Jean Pied de Port en Francia, Barcelona, el Somport... Caminos diferentes que confluían. También los lugares de origen eran variados, Andalucía, Aragón, Cataluña, Baleares, Madrid, Extremadura, y de más allá de los Pirineos, Francia, Corea, Japón, Irlanda, Australia…
A muchos de ellos les llamaban la atención ese grupo de chavalillos con sus profes. Se interesaban por ellos, se preocupaban, hablaban, escuchaban…
Cuando el viernes entraron todos juntos en la plaza del Obradoiro, cansados pero satisfechos, acompañados por las notas de una gaita que sonaba en el Arco de Palacio, les sorprendió verse envueltos por vítores, bravos y aplausos. Eran los peregrinos con los que habían coincidido en el camino, muchos de los cuales, de un modo espontáneo, se habían congregado para esperar a ese “cole” de Valencia.
Y la emoción del momento, de por sí grande, tuvo necesariamente que estallar en besos, abrazos, llanto de alegría, de esa alegría honda que quien prueba no olvida nunca.
No, nunca se olvidan momentos así. Pero no hay que quedarse en la emoción intensa y cierta, y muy respetable por humana, sino ir más allá y gozar del sentido profundo de la experiencia. Un grupo de personas, de distintas lenguas, culturas, edades, se encuentran en un momento de sus vidas, y se reconocen amigos, se reconocen hermanos y viven, aunque sea por un momento, la alegría de descubrir que a los seres humanos es mucho más lo que nos une que lo que nos separa, por mucho que el mal se empeñe en tratar de demostrarnos lo contrario.
Y dedicar la vida, cada uno desde su realidad cotidiana, a luchar contra ese mal, puede ser una hermosa y digna manera de estar en el mundo. Vivir así es posible.
Sí, con experiencias como éstas sabemos que es posible. Son como un destello de luz en la oscuridad. Como atisbar fugazmente el Reino de Dios. Debe ser algo así, pero con todos, a lo grande y para siempre.

sábado, 10 de diciembre de 2016

Estamos lejos de respetar los derechos humanos.


Hoy hace 68 años que fue aprobada solemnemente la Declaración Universal de Derechos Humanos. Una fecha importante, una celebración importante. Posiblemente es lo más digno que nos une a todos los seres humanos. Algo así como lo más alto, lo más bello, lo más justo que hemos sido capaces de consensuar entre todos los que habitamos el planeta tierra.
A la vista está que estamos aún muy lejos de que estos derechos sean respetados por todos. En muchas partes del mundo, el desprecio por ellos es mucho más que evidente, es hiriente, es de vergüenza.
Y llegados a este punto, nos vendrán a la mente mil situaciones en las que sucede esto, la mayoría vistas en el telediario, o leídas en la prensa, y que suceden lejos de aquí. Menos mal, lejos de aquí.
Pero no es así, porque aquí también se vulneran derechos humanos básicos. Podía citar muchos casos, pero me voy a centrar en dos que me llaman poderosamente la atención y en los que, parece ser, casi nadie cae en la cuenta, quizá por quedar a la sombra de otros más evidentes.
El derecho número tres, el derecho a la vida. El niño torero, enfermo de cáncer, tiene derecho a la vida, aunque le gusten los toros. Me indignó, me irritó profundamente esa gente que a través de la red pedía su muerte. Fueron unos pocos, pero estoy seguro de que hay más, bastantes más como ellos, pero no se atrevieron a decirlo en alto. El derecho a la vida del ser humano está por encima del derecho a la vida de cualquier animal. Y conste que respeto, a los animales y que estoy radicalmente en contra de causarles sufrimiento de modo gratuito. Pero la vida de ese niño está por encima de la de todos los toros del mundo. Y esto está en la Declaración Universal de Derechos Humanos. Sólo una mente enferma, emponzoñada por absurdas ideologías puede albergar semejante deseo, el de la muerte de un niño. Esos radicalismos ideológicos que, incluso cristalizan en determinados partidos políticos, atentan contra los derechos humanos. En este caso contra el derecho a la vida.
El derecho número diecinueve, el derecho a la libertad de expresión. Cierto que en tiempos de Franco no había libertad de expresión. El régimen la prohibía. Hoy es lo políticamente correcto lo que coarta, y cada vez más, esa libertad. Cada vez hay que pensar más y mejor lo que dices y dónde lo dices, porque aun diciéndolo con respeto, aun siendo cierto lo que dices, al menos desde tu punto de vista, hay demasiadas cosas que no puedes decir. Pero no ya sólo por el contenido de lo que dices, sino por cómo lo dices. Sí, incluso por la forma de hablar. Un día le dije a un amigo que por qué decía eso de compañeros y compañeras, amigos y amigas, padres y madres, cuando la RAE dice bien claro que es artificioso e innecesario. Me dijo que piensa que es una estupidez ridícula y farragosa, pero que no quiere líos. Esto también va contra los derechos humanos. Mi amigo, en su trabajo, no tenía, no tiene libertad de expresión.
Sesenta y ocho años que se promulgó y así seguimos. ¿Avances? Claro que sí, faltaba más. Pero aún queda mucho, mucho más de lo que pensamos. Hay que seguir caminando en esa dirección. Sin cansarnos.

viernes, 9 de diciembre de 2016

¡Benditos caminos!


Hoy han llegado a Santiago. Contentos, cansados, juntos. Han hecho cima, como diríamos en términos montañeros. A fin de cuentas, una cima es el final de un camino.
Y sé que en muchos, esa alegría de llegar, por fin, a la plaza, de ver la catedral, de sentirse entre amigos en ese momento, se habrá transformado en emoción, en emoción intensa, en esa emoción que es difícil ocultar, incluso disimular.
He llegado a muchas cimas en mi vida. Siempre es bonito, pero en algunas, he sentido también esa emoción difícil de controlar. Y esto me ha pasado, sobre todo, en esas que escondían toda una experiencia de vida detrás. Es entonces cuando el llegar a la cima da sentido a todo lo vivido anteriormente. Por eso uno se emociona. No tanto por la cima en sí, sino por todo lo que me ha llevado a ella, por todo lo que he llevado a ella. Por lo que significa en ese momento, por lo que ya significaba antes de partir.
Y esto es lo que les pasa cuando van al Camino y llegan a Santiago. Esto es lo que, una vez más, les ha pasado hoy. Cada uno con su vida, con sus ilusiones, con sus problemas, con sus incertidumbres, con sus alegrías y sus tristezas, con el cansancio físico del camino y con el otro cansancio, el de la vida, el de lo duro de la vida.
Y allí estás, en la cima, ante la catedral de Santiago de Compostela. Mirándolo todo un poco desde arriba, desde lejos. Mirándote a ti mismo muy adentro. Y codo a codo con los amigos que han compartido el Camino contigo. Amigos conocidos de toda la vida, amigos breves del Camino que quizás no hablen ni siquiera tu idioma, pero con los que te sabes ahí, en ese momento, en perfecta comunión.
¿Qué tendrá el Camino? ¿Qué tendrán las cimas? Son camino. ¿Qué tendrán los caminos? ¡Benditos caminos!

¡Enhorabuena!