FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

miércoles, 30 de septiembre de 2020

Así te necesito, de carne y hueso.


Hay un poema que siempre me ha gustado mucho, no solo por lo que dice sino por cómo lo dice. Está como himno en la liturgia de las horas y allí lo conocí hace mucho tiempo.

El otro día, releyéndolo, se me ocurrió buscar al autor. Es Alfonso Junco, escritor mejicano, que a buen seguro estará ahora poco menos que proscrito en España por los adalides de "su" libertad que nos gobiernan. Pero esto es harina de otro costal.

El poema dice así. Disfrutadlo.

 

Así: te necesito

de carne y hueso.

 

Te atisba el alma en el ciclón de estrellas,

tumulto y sinfonía de los cielos;

y, a zaga del arcano de la vida,

perfora el caos y sojuzga el tiempo,

y da contigo, Padre de las causas,

Motor primero.

 

Mas el frío conturba en los abismos,

y en los días de Dios amaga el vértigo.

¡Y un fuego vivo necesita el alma

y un asidero!

 

Hombre quisiste hacerme,

no desnuda inmaterialidad de pensamiento.

 

Soy una encarnación diminutiva;

el arte, resplandor que toma cuerpo:

la palabra es la carne de la idea:

¡encarnación es todo el universo!

¡Y el que puso esta ley en nuestra nada

hizo carne su verbo!

 

Así: tangible, humano,

fraterno.

 

Ungir tus pies, que buscan mi camino,

sentir tus manos en mis ojos ciegos,

hundirme, como Juan, en tu regazo,

y –Judas sin traición– darte mi beso.

 

Carne soy,

y de carne te quiero.

 

¡Caridad que viniste a mi indigencia,

qué bien sabes hablar en mi dialecto!

Así, sufriente, corporal, amigo,

¡cómo te entiendo!

 

¡Dulce locura de misericordia:

los dos de carne y hueso!

martes, 29 de septiembre de 2020

... y los valles se visten de mieses que aclaman y cantan.


Ya sé que mucha gente lo está pasando muy mal con la maldita pandemia, ¡y quién no!, ¿verdad? Y que la situación política es para exiliarse ya, porque vivir en un país donde la gran mayoría no se entera o no quiere enterarse de que cada día hay menos libertad y la democracia es más falsa, y de que otra vez, en nombre precisamente de la libertad y la democracia, nos llevan al abismo, es para exiliarse.

Todo esto lo sé. Quizá por eso, como tanta gente a lo largo de la historia, “me echo al monte”. Es mi refugio; en realidad siempre lo ha sido. Y porque es mi refugio sufro por él. Tampoco vienen días buenos para nuestros montes. Va a llegar antes el poniente que las lluvias. Y eso es muy malo. Una seria y larga “ponentá” se nos echa encima a partir del jueves. Lloverá, nevará, pero aquí aguantaremos el odioso ventarrón seco, primero caliente y luego más fresco, a saber hasta cuándo. Con todo lo que eso puede acarrear.

El viento seco, sobre una tierra húmeda, puede ser hasta bueno. Sobre el secarral que tenemos ahora es un castigo bíblico. Hace falta que llueva de verdad, porque el agua es vida. A veces se pasa, pero a la postre, es vida. Desde siempre.

Ya en la Biblia hay muchas referencias al agua como bendición de Dios. Siempre me ha gustado especialmente el salmo 65, en el que habla así de la lluvia.

 

Tú cuidas de la tierra, la riegas

  y la enriqueces sin medida;

  la acequia de Dios va llena de agua,

  preparas los trigales;

 

riegas los surcos, igualas los terrones,

  tu llovizna los deja mullidos,

  bendices sus brotes;

  coronas el año con tus bienes,

  las rodadas de tu carro rezuman abundancia;

 

rezuman los pastos del páramo,

  y las colinas se orlan de alegría;

  las praderas se cubren de rebaños,

  y los valles se visten de mieses,

  que aclaman y cantan.

 

Ojalá así sea en nuestra tierra. Que con la pandemia y sus consecuencias, y la situación política, ya tenemos bastante desgracia.

lunes, 28 de septiembre de 2020

El paisaje del cielo.

            A veces el paisaje no está en la tierra, sino en el cielo. Esto me pasó un día de estos en una excursión por el Javalambre. ¡Qué cielo puede disfrutar! ¡Qué cielo!











domingo, 27 de septiembre de 2020

Sin grandes cambios.

 NOTA DE LA SEMANA: 2

De entrada sigue sin llover, y ya toca. Pero no una tormentita, sino un temporal de levante de abundantes lluvias que no hagan daño, claro. Pero no; a seguir esperando.

Abrimos una semana con dos partes bien distintas. La primera, hasta el miércoles, con días agradables. Noches frescas, entre 12 y 15, y días donde las máximas no llegarán a los 30, y los vientos soplarán “de todo un poco”, y en general flojos. Pero a partir del jueves, vuelve el poniente y, aunque las mínimas seguirán igual, rondando los 15, las máximas superarán los 30 otra vez; y pueden no ser tan flojos. Mal rollo y poca gracia.

Queda la esperanza de que considerando que la atmósfera, en estas fechas suele estar alteradita y juguetona, se equivoquen las previsiones. ¡Quién sabe! De hecho, para el fin de semana próximo hay división de opiniones en los pronósticos.

      ¿La nota? Le pongo un 2 por eso de que las mínimas están donde deben, y aún es mucho, anunciándose ponientes y sin perspectivas de lluvias otoñales.

sábado, 26 de septiembre de 2020

Bienvenido, Pau.


 

Entre otras muchas cosas, la pandemia nos ha quitado libertad. La libertad de soñar sin miedo, de ir de aquí para allá a nuestro antojo, de estar juntos, de besarnos, de abrazarnos… Bueno, ya lo sabéis. Por eso, como bienvenida a nuestro quinto sobrino nieto, que ha nacido esta tarde, Isabel y yo le dedicamos esta conocida canción de Labordeta, con el deseo de que tenga una vida larga y feliz.

          ¡Bienvenido Pau, y que Dios te bendiga!

 Enlace a la canción.

Habrá un día

en que todos

al levantar la vista,

veremos una tierra

que ponga libertad.

 

Hermano, aquí mi mano,

será tuya mi frente,

y tu gesto de siempre

caerá sin levantar

huracanes de miedo

ante la libertad.

 

Haremos el camino

en un mismo trazado,

uniendo nuestros hombros

para así levantar

a aquellos que cayeron

gritando libertad.

 

Sonarán las campanas

desde los campanarios,

y los campos desiertos

volverán a granar

unas espigas altas

dispuestas para el pan.

 

Para un pan que en los siglos

nunca fue repartido

entre todos aquellos

que hicieron lo posible

por empujar la historia

hacia la libertad.

 

También será posible

que esa hermosa mañana

ni tú, ni yo, ni el otro

la lleguemos a ver;

pero habrá que forzarla

para que pueda ser.

 

Que sea como un viento

que arranque los matojos

surgiendo la verdad,

y limpie los caminos

de siglos de destrozos

contra la libertad.

De Ahillas a Alpuente.

Es esta una larga y bonita ruta de todo un día; y exigente, pues 35,16 kilómetros y un desnivel en ascenso de 595 metros, no son cualquier cosa. Pero es tan variada y espectacular que se hace corta. Además, en cada época del año es diferente. En verano, cuando más dura resulta por el calor, os solazaréis en dos fuentes de abundantes y frescas aguas, un arroyo inesperado, y los colores de los campos, las rocas, los chopos y los pinos. En invierno es parecido, pero más húmedo, y con las nieves del Javalambre como telón de fondo. Y en primavera y otoño es una increíble fiesta de colores.

Saldremos de la aldea de Ahillas*, donde en una pequeña bodega podréis comprar un muy buen vino. La pista, en buen estado, sale en dirección este, ascendiendo hasta llegar a otra que seguiremos a la izquierda en un paraje llamado Era Tare. Y andaremos y andaremos entre pinares y cultivos hasta llegar a una rambla que en otoño es un prodigio de color.

Cruzaremos la carretera que va de La Yesa a Chelva, pasando por Ahillas. A partir de ahí, el camino empieza a subir por una pendiente, a ratos fuerte, bordeando por el sur una montaña llamada El Cabezo. El panorama se dilata y las rocas, surgiendo entre pinos, cobran protagonismo, mientras atravesamos una cantera abandonada que nos regala extrañas formas, colores y texturas, fruto de la erosión en un terreno restaurado a medias.*

Tras la cantera sigue el buen camino hasta una fuente umbría y de frescas aguas donde podremos llenar cantimploras y descansar para reanudar el camino hacía Alpuente que ya habíamos visto hace tiempo, pero al que tardaremos en llegar. Las vistas son extensas y extrañas.

Y cuando nos parezca tener el pueblo al alcance la mano, un profundo barranco nos obligará a alejarnos de él para llegar a la aldea de Las Eras, que cruzaremos bordeando un sonoro torrente y por la que llegaremos a la carretera que nos llevará enseguida a Alpuente. Buen sitio para comer, previa reserva si es fin de semana.

Tras la comida atravesaremos el pueblo, muy digno de ser visitado detenidamente, y saldremos a una cruz elevada ante un paisaje inmenso y soberbio. Junto a ella arranca el camino que, tras varios desvíos y pasando por hermosos rincones, nos llevará al impresionante barranco de Arquela; amplio, cubierto de pinares y cultivos y con un arroyo que lo cruza íntegramente, con pequeños rápidos y alguna que otra cascada. Y a mitad de su recorrido, otra fuente y una buena sombra nos invitarán a un agradable descanso.

Seguimos avanzando hasta que el barranco, ante nosotros, empieza a estrecharse, lo cruzamos y tomamos una buena pista que en fuerte subida nos devolverá a Ahillas. Esta última subida, cuando ya llevas más de treinta kilómetros a la espala se hace de notar.

Siempre que he hecho esta magnífica excursión he salido tempranito para llegar a Alpuente a la hora de comer. También se puede no comer en el pueblo y hacer un tentempié en cada fuente.

Las fotos que comparto a continuación son de primavera. Las de otoño podéis imaginarlas, o mejor, hacedlas vosotros mismos.

*Ahillas: La ruta más rápida es Liria, Chelva y Ahillas. 67 kilómetros.

*La última vez que hice esta excursión, el camino en la zona de la cantera estaba en obras. No sé si para arreglarlo, pues estaba muy mal, o para reabrir la explotación. En este último caso, imagino que no cortarán el camino.




Camino después de Era Tare.

El Cabezo.

Panorama al sur bordeando El Cabezo.

Paredes de El Cabezo.

Alpuente.

Fuente antes de Alpuente.

Camino hacia Alpuente.

Arroyo de Las Eras.

Las Eras.

Alpuente.

Cruz a la salida de Alpuente.

Camino de Arquela.

Paredes del barranco de Arquela.

Pinares, cultivos y chopos camino de Arquela.

Cascada en el barranco de Arquela.

Camino en el barranco de Arquela.

Cerca de Ahillas.

Espadaña de la iglesia de Ahillas.

En la fuente de Ahillas.

Fuente de Ahillas.


viernes, 25 de septiembre de 2020

A modo de homenaje.


 

Nos dijo al despedirnos la dueña del hotel, parece que estemos bien, ¿verdad?, pero no estamos bien, no estamos bien. Y yo le contesté, es cierto, no estamos bien; nos amarramos a lo que podemos, pero no estamos bien.

Hablo del hotel de un pueblecito del Pirineo al que, desde hace tiempo, vamos todos los años con un grupo de amigos y al que este año fuimos nosotros dos solos.

Eran los últimos días de agosto y habían conseguido pasar el verano sin un solo contagio, pero sólo ellos sabían del esfuerzo, de la tensión, del estrés permanente, del miedo constante y de la sonrisa en la boca.

Y de la incertidumbre. Normalmente cerraban tras el puente del Pilar, pero este año na sabían cuando cerrarían. Abrían en Semana Santa, pero este año lo hicieron el 1 de julio.

Y otro hostelero, amigo, cuando nos fuimos, nos dijo a distancia, os daría un abrazo, os daría un abrazo, pero tengo miedo. Y estaba como nunca lo había visto, cansado, tenso, triste… También estaba acabando un verano de lleno total, sobre todo en agosto, sin un solo contagio. Pero sólo ellos sabían lo que les había costado.

Quiero con estas líneas rendir homenaje a todos los que han hecho posible un verano limpio, en el Pirineo lo ha sido, en uno de los frentes más difíciles de todos, el de la hostelería y restauración. Puedo dar fe de que han acabado agotados, extenuados.

Ahora, a ellos, les llega un tiempo algo más tranquilo, y se reaviva el infierno en otros frentes, entre los que destaco el educativo del que quiero hablar en una próxima entrada. Y es que esto es una guerra en la que, como en todas las guerras, hay héroes y cobardes; hay traidores y desertores, hay quien habla del sexo de los ángeles en el Cuartel General, y quien pelea en la trinchera, entre el barro y el frío.

No, no estamos bien. Aun yendo todo bien, no estamos bien. Y esta es la verdad, porque en una guerra nadie en su sano juicio está bien.