FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

martes, 8 de noviembre de 2016

Trump, triste fruto de la crisis, como otro que yo me sé.


La crisis que a tanta gente le ha hecho daño, y mucho daño, y el cabreo consiguiente contra el sistema es, en mi opinión, quien ha llevado a Trump casi a las puertas de la Casa Blanca. Esperemos que no entre, desde luego.
Pero es que, aquí, nos ha pasado lo mismo. Aquí ha sido la crisis la que ha provocado el nacimiento de cierto partido y su fulminante ascensión. ¿De qué partido hablo? Adivina adivinanza.
Son lo mismo, aunque aparentemente sean justo lo contrario. Pero son lo mismo. Hoy, cuando he oído a uno de sus jóvenes líderes decir en el congreso que ojalá gane Clinton, le he dicho, (a la tele, claro), ¡pero si Trump y vosotros sois iguales!
Es el populismo que surge siempre que las cosas no se hacen como deberían hacerse. Es el castigo a la irresponsabilidad y el mal hacer de los que gobiernan y también de los que se oponen a los que gobiernan. El castigo a su patética incapacidad de entenderse.
Esperemos que ni allí ni aquí lleguen al poder semejantes individuos, pero quizá sea bueno que existan, aunque sea para recordarnos a todos, especialmente a los que mandan, que hay que hacer bien las cosas.
¡Ojalá nos levantemos con la primera presidente de los EEUU!

lunes, 7 de noviembre de 2016

Comida en Casas del Río.

El río Cabriel a su paso por Casas del Río, cerca de la noria del siglo XVIII que sigue funcionando.

Andaba yo un día de estos por esta tierra nuestra, cuando llegué a la hora de comer a Casas del Río, aldea de Requena situada a orillas del Cabriel, situada en un entorno precioso.
Entré en el bar, donde se come bien y a buen precio, aunque con un considerable barullo, al menos en aquel momento. Sería alrededor de la una y media.
El local, pequeño, sencillo y agradable, estaba atestado. En una mesa, cuatro señores, ya entrados en años, jugaban al dominó aporreando la mesa con las fichas como debe ser, con ruidosa contundencia. En otra, contigua, otros cuatro parroquianos, estos de mediana edad, jugaban al truc o algo parecido, pues a juicio de un observador aquello ni era truc ni era nada. Otros dos o tres observadores miraban a los del dominó y a los de las cartas alternativamente, comentando lo que en cada momento consideraban oportuno. Todo esto a voz en grito, claro.
En una mesa situada junto a la ventana, tres niños de unos diez o doce años, posiblemente hijos de los allí reunidos, permanecían en riguroso silencio atentos a sus móviles. Y en un rinconcito, bajo la escalera que sube al piso superior, una forestala (se dirá así en gilicastellano ¿no?), comía ensimismada.
Yo en otra mesa, ya no había ninguna más libre, comía un plato de lomo chuletero con pisto casero bien bueno, acompañado de una cerveza de barril, como a mí me gusta. Y disfrutaba del momento y de la comida.
Y por encima de todos, la tele emitía un programa sobre la situación política actual en el que aparecían, uno tras otro, los protagonistas del asunto, dando sus fundadas opiniones y emitiendo sus certeros análisis. Nadie les hacía puñetero caso.
Me llamó la atención el contraste. Me gustó. Y cuando se hizo la hora de comer, y la gente fue yéndose, yo ya estaba con el carajillito, descubrí que la tele estaba puesta a todo volumen, pero claro, el vocerío del personal la hacía inaudible del todo.
Y pensé, ¡qué bonita lección! La voz del pueblo soberano por encima de la palabra vacía, del discurso manipulador, de la caja tonta, del sucio juego político.
Quizá quienes quieran dedicarse a gestionar lo público, antes de liarse a salvarnos de sus enemigos, que no de los nuestros, deberían comer en baretes así, que los hay por toda España. Y ver, con sus propios ojos, lo que de verdad le importa a la gente. Pero de incógnito claro, y calladitos.
En fin, seguí mi camino satisfecho y divertido, pensando que, en cuando pudiera, compartiría la bonita experiencia y el pensamiento que a causa de ella me vino a la mente.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Receta. Espárragos con tomate.


No tienes ganas o tiempo de cocinar, pero quieres comer o cenar algo de caliente. Pues aquí hay una receta para estas circunstancias. Rápida, fácil, barata y sana.

Ingredientes.

1 bote de espárragos blancos medianos.
Tomate frito.
Queso rallado.
Sal y pimienta.

          Deposítense con ternura los espárragos en una fuente de tal modo que la cubran toda y no queden unos encima de otros; que estén juntos pero no revueltos. Cúbranse con el tomate frito, sin excesos, pero bien cubiertos. Añádase el queso rallado por encima, con generosidad. Espolvoréese todo con sal y pimienta e introdúzcase en el horno a 250º durante 10 minutos. 
           Listo para comer. A mí me gusta mezclarlo todo bien mezcladito, aunque comerlos de uno en uno, con su tomatito y su quesito, también está muy bien.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Menos que en el desierto.


¡Cómo deseamos Isabel y yo un sábado de esos de lluvia! De esos de antes, un día de aquellos que llovía sin parar horas y horas…
Pero no. Llueve en toda España, nevará en las montañas, y aquí viento, viento, y más viento. Hoy caliente y seco. A partir de mañana, más fresco, pero igual de seco. Y luego seguirá el lunes, el martes, el miércoles… Como más, alguna llovizna.
El monte necesita agua, los campos necesitan agua, las personas necesitamos agua, pero no va a llover. Ni a corto ni a medio plazo. Cuando cesen los vientos, entrará el anticiclón. Y seguirá sin llover.
¿Sabéis que en lo que llevamos de año ha llovido menos que en el desierto? La media de precipitaciones anuales en el clima desértico es de 200 litros. Aquí, en el pluviómetro de mi casa, he recogido, a fecha de hoy, 189 litros.
¿Quién habla del buen tiempo que hace por estas tierras? Sólo alguien absolutamente ajeno a la naturaleza y profundamente egocéntrico puede decir que esto es buen tiempo.
Es el peor de los tiempos posibles. Esta sequía, ya larga, a la que no se ve el fin, es una catástrofe medioambiental en toda regla. Pero, ¿a quién le importa?

jueves, 3 de noviembre de 2016

Eso es lo que nos ha dicho mi papá.


Este lunes pasado estábamos, Isabel y yo, cenando con unos amigos en La Eliana, en una terracita con sus estufitas, la mar de a gusto. El interior del establecimiento, donde, por cierto, se come muy bien, estaba lleno.
De repente, una jauría compuesta por seis niños de edades comprendidas, más o menos, entre los cinco y los siete años, emergieron tumultuosamente del interior del bar, donde apaciblemente cenaban sus progenitores, y empezaron a dar la murga.
Ne era una murga normalita, no. Gritos excesivos a todas luces, carreras, revoloteos por entre las mesas, hasta llegaron a meterse debajo de una en la que cenaban tres chavales. Además interrumpían el paso a los camareros que tenían que esquivarlos como podían.
Sus amantísimos padres cenaban, como he dicho, apaciblemente,  aunque hay que decir en honor a la verdad que uno de ellos, siempre muy sonriente, se asomaba de vez en cuando, y parece ser que con amor y misericordia pedagógica les decía algo que no surtía efecto alguno.
En un momento determinado, uno de los chavales de la mesa contigua, harto del escándalo, les dijo a los chiquillos claramente que estaban molestando, y que no gritaran tanto. El mayorcito de los niños, muy mono él y lleno de rulitos (su cabeza, se entiende) le contestó, “eso es lo que nos ha dicho mi papá” y siguió a lo suyo, sin que la advertencia sirviera para nada.
Sus papás seguían cenando pacíficamente, dentro. Nosotros, aguantando a sus retoños fuera.
Molestaban los niños, y molestaba la actitud de los padres. ¿Qué hacer? Los niños, caso no hacían a nadie. Soltarles un sopapo, aunque apetecía, no procedía. Decírselo a los papás era peligroso. Nos quedaba pedir ayuda a los camareros, y eso es lo que hicieron los vecinos de mesa, lo que obtuvo por nuestra parte signos muy explícitos de que nos solidarizábamos con ellos, de que les apoyábamos, de que estábamos también bastante hartos de los chiquillos.
Sus papás seguían cenando pacíficamente dentro. Nosotros, aguantando a sus retoños fuera.
Algo debió decirles el camarero porque, al momento, salió el papá sonriente e introdujo a los niños en el local. Pero a quien molestaron entonces fue a ellos, pues se pusieron en la puerta, y aunque amablemente les pedían que se apartaran, lo hacían un momento, y volvían a la susodicha puerta complicándoles bastante la faena.
Nosotros, al menos, ya  los teníamos algo más lejos y a ratos. Algo es algo. Por fin, con gran parsimonia, las tres parejas de progenitores, seguidos por sus retoños, salieron del bar y nos dejaron, a todos, en paz, y se perdieron en la noche “elianera” envueltos en un aura de civismo y buen hacer pedagógico.
¿Y sabéis qué pensé? ¡Ay, pobres de los maestros que tengan que bregar cada día con semejante chiquillería y poner encima buena cara a sus impresentables papas! Porque fueron ellos, los papás, los que nos molestaron. Los niños, después de todo eran eso, niños, niños sin límites.
Eso no se paga con dinero.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

¿Qué hacemos con los deberes escolares?


Cierto es que el tema de los deberes escolares debe ser analizado a fondo. De esto no me cabe ninguna duda. Y del objetivo que este análisis debe alcanzar tampoco: la conciliación del aprendizaje que el niño realiza en el cole, con el no menos importante al que accede a través del tiempo libre y del juego.
Porque los chavales deben tener tiempo para jugar y tiempo para estudiar. Tiene que saber qué es el tiempo libre en el que hago lo que quiero, y el tiempo en el que he de hacer lo que debo, aunque no me apetezca; de ahí viene la palabra deberes.
En esto casi todos estaremos de acuerdo, pero en cómo llegar a conseguirlo estarán las discrepancias, y hondas discrepancias. Es necesario pues un debate, pero este debate debe darse en las instituciones educativas, y más en concreto en los centros. Y debe ser sereno y con datos objetivos en las manos. Y pensando en los alumnos. Repito, pensando en los alumnos.
La presión mediática contra los deberes escolares dando voz a políticos, expertos, empresas, familias etc. sólo debería servir para hacer que las comunidades educativas se planteen el asunto y punto. Porque los intereses extraños que en ocasiones, no siempre, hay detrás de estas personas son simplemente inconfesables de puro pérfidos, o estúpidos por falta de conocimiento de la realidad escolar.
Intereses estos que, desde luego, no son los del niño y nuestra obligación es protegerlos de ellos hasta donde nos dejen, que no es mucho.
Y hemos de protegerlos de ciertos políticos que, bien sabido es, han convertido hace ya mucho tiempo la educación en pura ideología, adulterando la pedagogía hasta el punto de despojarla de lo poco que, ya de por sí, tiene de ciencia.
Y hemos de protegerlos de los expertos de despacho y conferencia que dicen lo que hay que hacer desde hermosas teorías pero que nunca, o quizá sólo alguna que otra vez, se han enfrentado a alumnos de carne y hueso.
Y hemos de protegerlos de empresas de toda índole que ven en el tiempo libre del niño, por eso lo reclaman, una potencial fuente de ingresos, un terreno donde sembrar sus servicios, sus inventos, para montarse sus negocios.
Y hemos de protegerlos, a veces, lamentablemente, de sus propios padres que no les dedican el tiempo que necesitan, pero ni con los deberes ni con nada, porque no pueden o porque no quieren.
Y hemos de protegerlos también de nosotros mismos que a veces, por cansancio, por hartazgo, por falta de empatía, por no organizarnos bien, acaban de hacer en casa lo que bien podían haber hecho en clase.
Y en fin, también hemos de protegerlos de ellos mismos, que por la edad que tienen y el mundo en el que viven, no gozan ni de lejos de la madurez necesaria para aprovechar el tiempo, ya mucho, que dedican a estar en el colegio.
Por todo esto, porque está mezclado el trigo con la cizaña, el problema de los deberes escolares no se va a resolver con imposiciones políticas unilaterales, ni con una huelga de padres, ni con la campaña de Ikea, ni con la abnegada labor de una madre que se líe a recoger firmas contra ellos. No, todo esto, sabiamente manipulado además por los medios de comunicación, no va a contribuir a resolver el problema. Pero sí puede y debe servir para forzar a las comunidades educativas a que se planteen el asunto y le den una respuesta seria y coherente por el bien de sus alumnos.
Creo que, hecha la llamada de atención, debemos dejar a los centros en paz, deben dejarnos en paz. Sí, que nos dejen hacer nuestro trabajo. Y si alguien tiene que intervenir, ha de ser la autoridad educativa tras escuchar y valorar las propuestas de los que día a día estamos en la "trinchera", propuestas para cuya elaboración hemos de buscar los intereses legítimos y separarlos de los falsos, de los que tienen gato encerrado. Y ciertamente es muy posible que esta intervención tenga que darse.
Lo demás es bullicio, debate estéril, vocerío que aturde, intrusismo profesional, manipulación mediática… Y cuando esto sucede en educación, las primeras víctimas son siempre los alumnos.

martes, 1 de noviembre de 2016

El día de los que no vimos...


Nada que ver tiene lo que realmente celebramos hoy, con esa fiesta tonta y de mal gusto que lamentablemente se ha establecido ya entre nosotros. Mueve dinero y es divertida, dicen.
Los niños se divierten, los jóvenes tienen excusa para salir y pasarse un poquito o un muchito, de todo hay, los adultos tres cuartos de lo mismo, y algunos, además, se sacan unos euritos, pues nada, ¡a la fiesta!
Pero esto no es el problema. No es el problema que la gente se divierta, aunque sea tontamente, el problema es que se nos olvide lo que de verdad es esta fiesta.
Por eso quiero decirlo hoy. Que las calabazas, bien buenas ellas, las telarañas, los esqueletos, las brujas y demás parafernalia, no oculten que hoy es la fiesta de la gente buena, de las personas buenas que ya no están entre nosotros. El día de los buenos que no vimos y, de algún modo, el día de los buenos que no vemos.
Y eso sí es algo bonito, muy bonito. Y justo. Porque es justo que al menos un día al año nos acordemos de que ha habido, hay y habrá, personas que de un modo humilde, discreto, sencillo, han pasado por el mundo haciendo el bien. Y han sido tan discretos que ni nos hemos dado cuenta de su presencia entre nosotros.
Rindiéndoles hoy homenaje reconocemos su grandeza y reconocemos también nuestra incapacidad de ver los signos de la presencia de Dios entre los que nos rodean, quizá por estar llenos de nosotros mismos, y no ver mucho más allá de nuestras propias narices.
Siempre he pensado que las Bienaventuranzas, el evangelio de hoy, son las instrucciones precisas para ser santo. Sería un buen ejercicio meditarlas a fondo, no tanto como examen de conciencia, que también, sino como una forma de abrir los ojos y buscar a nuestro alrededor huellas de esas personas buenas que, en silencio, las hacen suyas cada día. Y agradecer su presencia entre nosotros.
Porque si hemos de estar atentos para detectar el mal, también lo hemos de estar para gozar del bien que nos rodea. Lo bueno, lo santo, lo hermoso, la felicidad, la vida.
Cuidemos, al menos los creyentes, que las majaderías “jalobuininas” no nos oculten  el verdadero sentido de la fiesta de Todos los Santos.
A continuación, las instrucciones que nos dio Jesús para ser felices, para ser santos.

"Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo:
Bienaventurados los que eligen ser pobres, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros."

 ¡Que acabéis de pasar un feliz día de todos los Santos!