FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

martes, 1 de enero de 2019

¿Dónde están el vídeo y el texto?



Quería que la primera entrada del año fuera el texto del primer anuncio que emitió la primera cadena tras las campanadas. Fue agradable e inesperada sorpresa que lo primero que viéramos no fuera algo comercial, sino una cierto y justo reconocimiento de todo lo bueno que tenemos en España, que no es poco.
No ha habido manera de encontrar ni el vídeo ni el texto. Quiero pensar que soy torpe con internet, que lo soy. No quiero pensar que sea un vídeo incómodo para demasiada gente que ejerce su poder en la sombra y que va a ser pronto discretamente olvidado.
Por esto, si alguien lo encuentra, tanto el vídeo como el texto, agradecería me enviaseis el enlace. Yo me quedo con la frustración de no haberlo podido encontrar, y compartirlo desde el blog con quienes lo visteis, y con quienes no lo visteis. Y con las esperanza de ser muy torpe en internet, torpeza que me encantaría fuera la causa de no haber podido cumplir mi deseo.

¡Feliz año!

María López me ha enviado, en un comentario en el blog, el enlace que comparto a continuación. Por otros medios me ha llegado también el enlace. Gracias a todos. Prefiero que sea así; que sea yo un  tontín con esto de internet. 

lunes, 31 de diciembre de 2018

¡Feliz dos mil diecinueve! ¡Feliza dos mila diecinueva!



Desde la inclusividad inclusiva y los empoderamientos empoderantes y cooperativos, os deseamos a todos, todas y todes un feliz año nuevo, una feliza aña nueva. Y que, como decía la canción, el canciono, tengáis vosotros, vosotras y vosotres salud, dinero y amor; y una mente muy abierta, un mento muy abierto, muy tolerante, muy toleranta, y con mucho talante, mucha talanta, para soportar las inauditas cotas, inauditos cotos, de incultura, macaquez y estupidez a las que, a los que, están llegando con el lenguaje, la lenguaja, entre otras cosas, otros cosos, los nuevos salvadores de la patria, del patrio.

¡Feliz 2019 d.C.!

jueves, 27 de diciembre de 2018

Resulta que me parezco a Brad Pitt.


Resulta que me parezco a Brad Pitt en una cosita. Sí, como os lo cuento. Los dos tenemos prosopagnosia. Es decir, a los dos nos cuesta reconocer las caras de las personas. Y los dos habremos ofendido a más de una por este motivo, muy a pesar nuestro.
Y es una lástima, porque puestos a parecerme en algo, podía parecerme en otras cosas. Pero bueno, es lo que hay.
Esto de la prosopagnosia es una enfermedad considerada rara y provocada, según dicen los expertos, por una lesión cerebral. No sé si en realidad es mi caso, pero lo que sí es verdad es que desde siempre las caras de las personas con las que no tengo una relación cotidiana y frecuente se me desdibujan, y me cuesta identificarlas.
Esto se agrava en el caso de antiguos alumnos que con el paso del tiempo han cambiado, o de padres con los que he tenido frecuente relación pero he dejado de verlos en un momento determinado. Y la consecuencia inevitable parece un acto de desprecio, soberbia, mala educación, o vete tú a saber qué, por mi parte. Y me sabe mal.
También me ha creado situaciones un tanto cómicas. Como cuando andando por la calle Mayor vi a una señora con un bebé en el carrito. Crucé a la acera donde estaba y le dije algo así como “¡Hola! ¿Cómo ha ido la cosa? ¡Ay, qué bonico!” Ella me contestó, “disculpe, no le conozco”. Y dije, “¡Ah, pues entonces yo tampoco, perdone!” Evidentemente me la confundí con una mamá que  estaba en avanzado estado de gestación, con la que había hablado largamente hacía un par de semanas.
O cuando en un centro comercial se me acerca un dependiente, sonriente, amable, expansivo y me dice, “¡Hola Jesús! ¡Cuánto tiempo!” Yo le miro, hago un supremo esfuerzo de identificación y concluyo, “¡Juan!”, a lo que él responde, “ma, Juanma”. Y yo digo, “sí claro, Juanma”. Y aunque puse cara de conocerle no tenía ni idea de quien era; mas vino en mi auxilio una pregunta, “¿aún estás en el cole?” Se hace la luz en mi cerebro, antiguo alumno. ¡Ojalá tuviera la capacidad de saber a quién tenía delante! Y salgo del atolladero intentando no hacer ningún daño.
O cuando entro en un restaurante y en la mesa contigua hay un matrimonio con un chaval. Les saludo con la corrección con la que se saluda a los perfectos desconocidos. Sólo al acabar la cena, cuando ya nos vamos a ir, caigo en la cuenta de que el chaval, que ya se ha ido, es un antiguo alumno, y sus padres, un matrimonio con el que he tenido frecuente relación. Les deseo entonces feliz Navidad con la mejor de mis sonrisas, para compensar.
Y como estas muchas, muchas situaciones. Situaciones que a veces tienen su punto de gracia, pero que en el fondo me fastidian porque pueden molestar y no me gusta molestar a nadie.
¿Soy un despistado? ¿Soy tonto? O es que, como Brad Pitt tengo prosopagnosia. No lo sé. En cualquier caso, aprovecho el blog para decir públicamente que si alguien se ha sentido ofendido por sentirse ignorado, por haberle negado un saludo, por haber pasado de él, sepa que ha sido por este problema que tengo, se llame como se llame. Y conste que me da rabia y me pesa.
Pero bueno, todos tenemos teclitas, ¿verdad? Brad Pitt también. ¡Ya ves!

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Fue un inesperado y bonito regalo.



Sucedió el día del Concierto de Navidad. Entrábamos en el auditorio cuando un antiguo alumno, al que había saludado hacía un momento, se me acercó y me dijo que quería decirme algo.
Y fue un grandísimo regalo lo que me dijo. A él no le gustaba leer, y gracias a aquellas clases de lengua, ya muy lejanas, en las que entre otros leímos El Camino, de Miguel Delibes, se aficionó a la lectura; y hoy, muchos años después, sigue siendo un ávido lector de esos que, como a mí, le gustan los libros de papel, su tacto y su olor, y tenerlos en casa.
Y yo recibí aquella palabras de gratitud entre sorprendido y agradecido. No sé muy bien qué le dije, pero sí sé que intenté trasmitirle la alegría que con sus palabras me había dado. Y entré en el concierto.
Arropado por la música de la banda pensaba que hechos como estos justifican una vocación. Es lo más que a un profesor de lengua se le puede decir, el mayor regalo que se le puede hacer. Decirle que ha abierto a sus alumnos las puertas de la literatura, permitiéndoles entrar en un mundo tan inmenso como maravilloso, porque estoy convencido de que no se vive igual leyendo que sin leer. La literatura, si te toca, te transforma.
Además se añadía a mis pensamientos el momento actual de mi vida en el que determinadas circunstancias médicas me apartan temporalmente de entrar en el aula. Y queda ya muy poco para la jubilación.
Quiero pues agradecer de todo corazón, a mi antiguo alumno, sus palabras. Y a Miguel Delibes, y con él, a todos los que a través de mis clases han entrado en las vidas de mis alumnos, su obra. Porque yo, después de todo, lo único que he hecho es facilitar el encuentro de sus jóvenes vidas con las de los autores de los libros con los que hemos gozado juntos.
Sí, tengo en común con este buen hombre que me dio la alegría, y con muchos más, que de mil maneras diferentes también me lo han dicho, a Daniel el  Mochuelo; Germán el Tiñoso; Roque el Moñigo; don José, que era un gran santo; las Guindillas…
¡Y qué bonito ese eso!

martes, 25 de diciembre de 2018

Os anunciamos, hermanos, una buena noticia...



Quiero compartir esta mañana del 25 de diciembre el dibujo de un belén coloreado por mi madre, a sus 91 años, y algunos fragmentos del Pregón de Navidad que se lee al comienzo de la Misa del Gallo. Siempre me ha gustado mucho, y me ha llamado especialmente la atención la forma en que sitúa en la historia el nacimiento de Jesús.
Un hecho histórico sencillo, humilde, discreto, que da sentido al pasado, iluminándolo, y al futuro, colmándolo de esperanza.

Os anunciamos, hermanos, una buena noticia,
una gran alegría para todo el pueblo;
escuchadla con corazón gozoso:

Habían pasado miles y miles de años
desde que, al principio,
Dios creó el cielo y la tierra.

Miles y miles de años,
desde el momento en que Dios quiso
que apareciera en la tierra el hombre,
hecho a su imagen y semejanza.

Hacía unos 2.000 años que Abraham,
el padre de nuestra fe,
obediente a la voz de Dios,
se dirigió hacia una tierra desconocida
para dar origen al pueblo elegido.

Hacía unos 1.250 años que Moisés
hizo pasar a pie enjuto por el Mar Rojo
a los hijos de Abraham,
para que aquel pueblo,
liberado de la esclavitud del Faraón,
fuera imagen de la familia de los bautizados.

Hacía unos 1.000 años que David,
un sencillo pastor
que guardaba los rebaños de su padre Jesé,
fue ungido por el profeta Samuel,
como el gran rey de Israel.

Hacía unos 700 años que Israel,
que había reincidido continuamente
en las infidelidades de sus padres
y por no hacer caso de los mensajeros
que Dios le enviaba,
fue deportado por los caldeos a Babilonia.

Finalmente, durante la olimpíada 94,
el año 752 de la fundación de Roma,
el año 14 del reinado del emperador Augusto,
estando el mundo en paz,
hace 2018 años,
en Belén de Judá, pueblo humilde de Israel,
en un pesebre,
porque no tenía sitio en la posada,
de María virgen, esposa de José,
de la casa y familia de David,
nació Jesús.

Hermanos, alegraos, haced fiesta
y celebrad la mejor NOTICIA
de toda la historia de la humanidad.

domingo, 23 de diciembre de 2018

Una felicitación de las de toda la vida.



Ayer por la tarde, antes de salir para asistir al “Concert de Nadal” de la Unión Musical de Ribarroja, que por cierto, nos gustó mucho, encontramos una felicitación de Navidad que nos habían dejado en el buzón. De las de antes, de las de siempre.
Sabíamos quién era, pues no es el primer año, y normalmente es el único que nos felicita así las fiestas. Con una tarjeta metida en un sobre y firmada por los miembros de la familia.
Y me gustó, como todos los años, el gesto, el detalle. Por una parte porque ves que se acuerdan de ti, y por otra porque siento cierta nostalgia de algunas cosas que el paso del tiempo va dejando a un lado, para acabar hundiéndolas en el olvido.
No es que me parezca mal utilizar las redes sociales para felicitarnos mutuamente; yo de hecho lo hago. Pero reconozco que hacerlo de esta otra manera tiene algo que no tienen las redes. Y ese algo, me gusta.
Por eso, amigo, gracias por tu felicitación, por vuestra felicitación navideña de las de toda la vida. Yo, ya ves, te felicito a ti y a los tuyos desde el blog, desde facebook y desde twitter. ¡Qué cosas!

¡Feliz Navidad!