FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

martes, 11 de marzo de 2014

Hoy, respeto y silencio.


Hoy hace nueve años de uno de los días más terribles de la historia reciente de España. Aquel día, tras el impacto y el horror tan próximo, me debatí entre no entender nada, o entenderlo todo demasiado.
Desde hace ya tiempo, y visto el devenir de los acontecimientos, me inclino por entender todo lo que pasó demasiado bien. Y eso me desazona. Aunque también sé que la historia pondrá las cosas en su sitio. Y eso me tranquiliza.
Pero lo que sigo sin entender, es la politización descarada del horror y el sufrimiento humano atroz y sin paliativos posibles. Politización que ha llegado a nuestros días de muchas formas; la más sangrante para mí, las dos asociaciones de víctimas. Dos. ¡Qué dos más doloroso!
No. Aquello no debió pasar jamás. Sobre aquello no se puede construir nada. Aquello no debería haberse utilizado nunca para nada, absolutamente para nada.
Aquello fue la injusticia absoluta, la desolación, la tristeza sin consuelo, la rabia… Ante aquello solo cabe un profundo respeto. Y para los creyentes la oración, aunque en golpes como aquel, la oración se quiebre, se haga silencio, ante el silencio de Dios.
Respeto y silencio. Todo lo demás sobra.


Esto escribí hace un año, cuando se cumplían nueve del 11 de marzo de 2004. Hoy, diez años después, una lucecita de esperanza: habrá, en parte, un solo acto de homenaje y recuerdo. El tiempo, la historia que no es más que tiempo reflexionado, parece que poquito a poco empieza a poner las cosas en su sitio. ¡Pero queda tanto todavía!
Hoy, y así me gustaría que fuera, respeto y silencio. Sólo respeto y silencio.

lunes, 10 de marzo de 2014

¿Por qué todos callan?


A la vista está que uno se rasca cuando le pica, y cuando pasa algo gordo, grave, con consecuencias reales en las personas y nadie se rasca, es porque por gordo y grave que sea y por indeseables consecuencias que vaya a tener, al personal no le picaba, es decir, le importaba un bledo o incluso le daba gusto el picor.
No salgo de mi asombro cuando contemplo la respuesta social a la barbaridad injustificable de quitar en secundaria el mes de septiembre como la última opción para salvar el curso.
Las consecuencias de esta decisión son muchas y variadas. De ellas ya he hablado en otra entrada del blog que, curiosamente, se colocó en cabeza de entradas favoritas en un tiempo record y ahí permanece.
En esta entrada no voy a hablar tanto de las consecuencias, como de la respuesta social a una de estas consecuencias, para mí la más grave, la que afecta a los alumnos.
El quitar septiembre golpea directamente, no a las condiciones laborales de los profesores, que continúan palmo arriba, palmo abajo, como estaban, sino a los alumnos de secundaria. Alumnos que están en una edad crítica, en una sociedad confusa y contradictoria, y muchos de ellos, sufriendo las consecuencias de vivir en familias rotas, desestructuradas, ausentes de hecho por abusivas exigencias laborales o por discutibles priorizaciones  de sus padres en las que quedan los chavales relegados a un segundo o tercer plano.
Muchos de estos alumnos necesitaban ese balón de oxígeno que eran los dos meses de verano, porque lo que no se puede aprender en un curso, o al menos parte de ello, sí se puede aprender en dos meses, pero no en quince días, señores, no en quince días. Y que no me venga nadie con que “que se espabilen” porque si bien es cierto que algunos le "echan morro" al asunto, la gran mayoría de los que no acaban en junio, es por causas de las que no son ellos responsables o porque están pagando platos rotos de otros, de sus padres a menudo, del sistema educativo siempre.
Por esto, privarles a nuestros alumnos de ese derecho secular de los exámenes de septiembre es un despropósito y una cabronada de dimensiones cósmicas y ejercida de modo despótico e irracional precisamente contra los más débiles, contra los que más ayuda y oportunidades necesitan, contra los que están en una situación de mayor riesgo personal y exclusión social.
Y ante esto, el silencio y la indiferencia general. Nadie dice nada.
La oposición no dirá nada porque no le es rentable políticamente exigir al gobierno el regreso de septiembre, ya que se podría interpretar que defienden las “largas e inmerecidas”  vacaciones del profesorado.
Los “profes” que pensamos en los alumnos, nada podemos hacer como no sea manifestar nuestra radical disconformidad públicamente, pensando en ellos, aún sabiendo que muchos creerán que en el fondo lo que defendemos son otras cosas…
Los chavales no harán nada porque cuando salen a la calle, en estas edades, es por manipulación política pura y dura y ahora no actuarán los resortes convenientes para que esto suceda, porque no interesa, ya lo he dicho.
Los padres, las APA, ¿a qué esperan? De verdad, no sé a qué esperan. No sé si lo tienen claro, lo dudo. Además el proceso para que se movieran sería largo y azaroso. Primero tendrían que tener claro que las víctimas de este desacato son los chavales, que los “profes” nos quedamos igual con el invento, que los perjudicados son sus hijos, y que se dieran cuenta de eso estaría por ver. Segundo tendrían que vencer la insolidaridad interna que a buen seguro surgiría, “eso es problema de los que no estudian, que se apañen”. Tercero, los prejuicios entre las diversas APA, muchas politizadas hasta la vergüenza, otras más plurales y respetuosas despreciadas por las primeras, dificultarían un posible acuerdo.
Y los sindicatos, ¿qué van a hacer los sindicatos si todo el mundo calla y otorga por uno u otro deleznable motivo? Si en este triste asunto los políticos están de acuerdo, los padres en gran parte y en el fondo contentos (excepto los que tengan hijos “malos estudiantes”), los profesores “cogidos por los huevos” por la administración y divididos por cuestiones ideológicas (hay mucha politización en el profesorado) y la sociedad satisfecha, ¿qué van a hacer los sindicatos?
Así que por lo que veo, habremos dado un paso más en el deterioro del sistema educativo y en este caso en perjuicio de los más débiles, ante la indiferencia, cuando no el regocijo general, porque por fin trabajan los “profes” en julio. A los chavales, ¡que les den! Lo primero es lo primero.
Y por eso nadie se rasca. Porque no les pica, o incluso les da gusto el picor.
Pero a mi me duele y me enrabia y me indigna ver el daño que esta medida va a provocar en personas con nombres y apellidos de las que conozco sus limitaciones personales, sus vidas y su presente duro, y su lucha incierta a los doce, trece, catorce, quince años por intentar, a veces más solos que la una, viviendo en situaciones imposibles, pasar de curso, no perder a sus amigos y seguir “p´alante” sin saber a dónde, ni a veces por qué ni para qué.
Por todo ellos. Por el daño que haberles quitado septiembre va hacer a muchos alumnos, y sobre todo a los más débiles, pido como ciudadano o la retirada de la orden que elimina la convocatoria de septiembre o la destitución de la “Consellera” de Educación Mª José Catalá Verdet. Por pedir que no sea ¿verdad?
Como siempre nadie hará caso. Yo no soy nadie ni pinto nada; sólo hablo para quien quiera escuchar. Pero si estás de acuerdo con lo que he escrito, haz correr este artículo, compártelo. Yo sólo puedo publicarlo en mi blog y enviarlo, como haré, a la “Consellera” de Educación, que no lo leerá.
Luego haré todo lo posible por ayudar a mis alumnos a superar este nuevo obstáculo, este nuevo error, esta nueva e inmensa irresponsabilidad. Ellos, nuestros jóvenes, no merecen lo que entre todos les estamos haciendo, de ninguna manera se lo merecen.
Pero aquí no pasa nada. Nada de nada. Y cuando pasa algo, casi siempre es manipulación política fruto de estériles y caducos planteamientos ideológicos.

viernes, 7 de marzo de 2014

El hombre herido por otros hombres...


El hombre herido por otros hombres, cargado de errores, confuso por nunca acabar de entender, triste porque lo que es no es lo que hubiera querido que fuese, emprende el camino desde la luz turbia del llano hacia lo alto. Atraviesa bajo un cielo límpido y azul verdes pinares donde el aire empieza a ser más sutil, más ligero, pero le duelen las heridas, le agobian los errores, le aturde la confusión, le pesa la tristeza, y el caminar es lento y torpe. La mirada, cansada de mirar sin saber qué mira, cansada de mirar sin saber a quien mira, va levantándose del polvo del camino a la cumbre recortada en el azul. Y sigue subiendo. El aire cada vez más limpio. La atmósfera más transparente. Es más fácil andar por allí arriba. El llano turbio va quedando lejos, abajo.
Y al fin la cima. Y allí el hombre contempla. Se deja llenar de luz y de silencio. Y elevándose “por encima de los símbolos hasta la pura majestad de lo real, sobre el altar de la tierra entera” ora, y su oración dice: ¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu Santo Espíritu. Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso. Así dice, postrado en la soledad de la montaña el hombre herido, equivocado, confuso y triste. Y queda en silencio ante el cielo, el aire, la tierra, los ojos suavemente empañados por húmedo velo.
Luego escucha, en el silencio profundo escucha una voz firme, recia, antigua, una voz acogedora, amante, que le envuelve, le acaricia y le dice: un corazón quebrantado y humillado Yo no lo desprecio, y el hombre la repite saboreando cada sílaba, sintiéndose como el niño pequeño recogido del suelo por su padre, como el esposo abrazado sin reservas por la esposa amante.
Y entonces la herida duele menos, y siente el error perdonado, la confusión se va trocando en certeza, y la tristeza se disuelve como la nieve con la lluvia. Y respira hondo. Y se yergue gozoso en la cumbre. Y contempla libre el vasto horizonte. Y regresa al llano turbio, donde volverán a herirle, volverá a equivocarse, volverán a confundirle, volverá quizá la tristeza. Pero el hombre sabe que Él, un corazón quebrantado y humillado no lo desprecia. El hombre sabe que eso es verdad, porque Él se lo ha dicho allá arriba, en el límite de la tierra de los hombres. Y con la fuerza que le da esa certeza, la vida en los cenagosos pantanos del llano, sabe que puede seguir siendo Vida.


NOTAS: El texto entrecomillado es de Teilhard de Chardín, de su obra La misa sobre el mundo, y los textos en cursiva del salmo 50.

jueves, 6 de marzo de 2014

Tu mano apretada en mi fracaso.


Me dice R. Tagore hoy, 6 de marzo de 2014, a las puertas de la primavera…

No pida yo
nunca estar libre de peligros,
sino denuedo para afrontarlos.
No quiera yo que se apaguen mis dolores,
sino que sepa dominarlos mi corazón.
No busque yo amigos
por el campo de batalla de la vida
sino más fuerza en mí.
No anhele yo,
con afán temeroso, ser salvado
sino esperanza de conquistar,
paciente, mi libertad.
¡No sea yo tan cobarde, Señor,
que quiera tu misericordia en mi triunfo,
sino tu mano apretada en mi fracaso!

 ¡Tu mano, Señor, apretada en mi fracaso!

martes, 4 de marzo de 2014

Yo no soy yo. Soy este... Juan Ramón Jiménez.


Yo no soy yo.
Soy este
que va a mi lado sin yo verlo;
que, a veces, voy a ver,
y que, a veces, olvido.
El que calla, sereno, cuando hablo,
el que perdona, dulce, cuando odio,
el que pasea por donde no estoy,
el que quedará en pié cuando yo muera.

No sé en qué pensaba Juan Ramón Jiménez cuando escribió este breve y hermoso poema del que he leído muchas y variadas interpretaciones.
A mí personalmente, me llamó la atención desde la primera vez que lo leí, hace ya muchos años, y he pensado en él con relativa frecuencia, y así, poco a poco, he llegado a darle una interpretación personal que, igual nada que ver tiene con lo que el poeta quiso decir, pero ésa es precisamente unas de las grandezas de la literatura, que nos abre puertas que en ocasiones, el autor, no imaginó ni de lejos, o quizá sí…
Convirtiéndome yo en el “yo” del poema, lo leo en primera persona haciendo mías las palabras y entro en una dimensión diferente de mi vida, en una especie de doble fondo donde se esconde una persona más pura, más esencial que la que los demás ven, que la que yo mismo veo, siento, gozo y sufro. Una persona a la que mi yo cotidiano ignora con frecuencia, olvida; una persona que, más allá del trasiego constante de la vida, calla serena y se enfrenta al odio con el perdón; una persona que pasea libre por donde los compromisos, las costumbres, las presiones sociales, impiden que ni tan siquiera sueñe en acercarme; una persona que, después de todo, es el yo llamado a trascender, a permanecer, el yo esencial creado por la Vida y para la Vida.
Y desde esta perspectiva descubro un regalo que Juan Ramón Jiménez, quizás sin saberlo, ocultó entre las palabras del poema. Y ese regalo, es el descubrir que el sentido de una vida bien puede ser acercar lo más posible este yo superficial, público, circunstancial, al yo esencial, callado, sereno, dulce, amante, libre, infinitamente libre…y que permanecerá. Y más aún, ahondando más en el regalo, llego a la conclusión de que el amor, el de verdad, el que no se acaba, surge cuando las personas que se aman lo hacen desde este "yo" "que quedará en pie cuando yo muera".

lunes, 3 de marzo de 2014

¡Os lo voy a quitar todo!


Andaba yo comprando en un supermercado de La Eliana un día de estos, cuando vi cómo dos niños de unos cinco años, parecían gemelos, correteaban felices por los pasillos, dando graciosos gritos ululantes cuando se encontraban por sorpresa y sorteando hábilmente a la gente y a los carros que se interponían en su camino.
En un determinado momento escuche a la madre, joven y de muy buen ver, que dijo textualmente “ya estoy enfadada, os lo voy a quitar todo” y continuó con absoluta tranquilidad mirando las estanterías y cogiendo los productos que introducía en su carro. Mientras los chiquillos seguían correteando y gritando.
Para mi asombro, al poco tiempo volví a escuchar la misma frase “ya estoy enfadada, os lo voy a quitar todo” y los niños siguieron jugando y la madre comprando, al menos en apariencia, con absoluta tranquilidad.
En el rato que estuve, unos quince minutos, lo dijo siete veces, me tomé la molestia de contarlas, siete veces, y los “pitufos” siguieron pasándoselo en grande recorriendo de punta a punta el pequeño supermercado, amenizándolo con sus gritos y sus risas, mientras la madre seguía comprando tan tranquila.
Le hubiera dicho a la señora, ¡Cállese leñe, cállese! Porque no me molestaban los niños, sino esa especie de mantra absurdo “ya estoy enfadada, os lo voy a quitar todo” que a parte de no significar nada, era totalmente inoperante, porque en ningún momento pareció preocuparle de verdad el juego de los niños. ¿Por qué lo decía?
Y además, ¿les va a quitar todo, todo? ¿Qué les va quitar? En cualquier caso parece que la amenaza surtía poco efecto.
Los niños, a sus pocos añitos ya sabían que el enfado de la mama da igual y que el no atender a las advertencias de su progenitora no tiene consecuencia alguna, entre otras, porque la misma advertencia en sí es absurda.
Me hizo gracia imaginar a la mama enfadada quitándoselo todo a sus hijos al llegar a casa. Empezaría por los juguetes, luego seguiría por la ropa, la comida, el agua, el aire… ¡pero claro, eso iría contra los derechos humanos! ¿no? por lo que tendría que haberle dicho, que si hacía con sus hijos lo que estaba diciendo,  me vería obligado a denunciarla a los servicios de protección del menor, por lo menos, y de paso que si no lo hacía es que era tonta del culo, con todos los respetos.
Moraleja: En educación cuando hablemos actuemos y si no pensamos actuar, porque tenemos otras cosas que hacer, como comprar, por ejemplo, calladitos estamos mucho más monos y aquella señora lo estaba. Y otra moraleja, que lo que digamos tenga, por lo menos, sentido porque vamos, eso de “os lo voy a quitar todo” tiene narices. ¡Valiente majadería!

sábado, 1 de marzo de 2014

Receta. Bacalao en salsa.

Soy feo pero estoy bueno, y el rape es más feo que yo, ¿Vale?
Nos gusta mucho el pescado y comemos bastante. Por mi experiencia de comedor de pescado he llegado a la conclusión de que cuanto más feos, más buenos suelen estar. El bacalao es bastante feo, desde luego, pero está muy bueno aún con poco condimento. Esta es una receta de bacalao en salsa que me inventé el otro día y que salió buenísima.
Los ingredientes para dos o tres personas son los siguientes:

Media docena de lomos de bacalao congelados.
1 cebolla mediana.
1 cabeza de ajos.
2 zanahorias.
1 tomate triturado.
Media docena de langostinos.
Medio litro de vino blanco.
Aceite de oliva.
Pimienta negra molida.
Sal al gusto.

Córtese a trocitos la cebolla y las zanahorias y pélense los ajos. Póchese luego todo el “verde” junto, empezando por la zanahoria que tarda más, y siguiendo por los ajos, la cebolla y el tomate. Al introducir el tomate, introdúzcanse también los langostinos.
Cuando esté todo bien pochadito, retírense los langostinos y resérvense. Cójase entonces la verdura y bátase con la batidora hasta obtener una pasta uniforme. Resérvese también.
Ahora sofríanse, con cuidado de no romperlos, los lomos de bacalao. Cuando estén empezando a dorar, añádase el vino, la sal, la pimienta, las verduras batidas y los langostinos pelados y troceados. Remuévase todo con mucho cuidado parta no romper el bacalao, y déjese cocer unos diez minutos, quince a lo sumo.
Y se acabó. Está exquisito, que no significa que antes estuviera quisito y ahora no, sino que está muy bueno.
Para acompañar, cerveza o vino blanco fresquito.

¡Que aproveche!

NOTA:
Esta misma receta también se puede hacer con otros pescados como el rape o el salmón, por ejemplo.