FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Desolación.


             Hoy arde Valencia en fiestas. El fuego purificador para acabar el invierno, para abrir las puertas a la vida. El fuego devastador que arrasa esa vida, cerrando las puertas a la primavera...
             Esos montes estuvieron antaño cubiertos por densos pinares. Ahora, los troncos, muertos, esperan a orillas del camino a ser retirados...
             Yo lo conocí verde. Ya nunca lo veré como fue. Contemplad la desolación.

lunes, 17 de marzo de 2014

Tú nunca tienes razón, y yo soy mejor que tú.


Aprovechando estos días de descanso para, entre otros placeres, charlar apaciblemente con los amigos, acabamos ayer hablando, fíjate qué cosas, de la incoherencia que a modo de placenta nos envuelve. Luego así salen los partos que salen, claro.
Y hablábamos de que uno de los problemas que tiene nuestra sociedad, es la grave incoherencia moral que supone el que, determinados comportamientos muy reprobables en el ámbito personal y social, sean habituales y lo que es peor públicos, en el ámbito político.
Hay dos que nos parecían especialmente vergonzosos. Uno es el del permanente enfrentamiento gobierno y oposición. Otro el del confuso juego de las autonomías con el poder central y entre sí.
Nadie tacharía de comportamiento maduro y adecuado el de una persona o grupo que sistemáticamente hiciera la contra a otra persona o grupo, imposibilitando el acuerdo sistemáticamente. Diríamos que no están bien de la cabeza, que tienen celos, envidias, diríamos que tienen comportamientos infantiles…y más cosas, muchas más cosas a cada cual peor, y probablemente tendríamos razón. Sin embargo, es eso lo que, desde que se acabaron los tiempos del consenso, están haciendo gobierno y oposición. No se trata de lo mejor para la sociedad, para el país, sino de lo contrario de lo que el gobierno de turno diga y haga, buscando siempre lo que nos separa, minimizando lo que pueda unirnos, no vayan a confundirnos con los otros. Es ese mecanismo típico del adolescente de hacer la contra a los demás para afianzar mi propia identidad. En el adolescente está bien, es lo que toca, pero en el adolescente, no más.
Por otra parte, hablábamos también del espectáculo feo de las autonomías, que elevan sin rebozo alguno la insolidaridad, incluso a la categoría de ley si hace falta; es bochornoso. Yo soy más y mejor que tú, más trabajador, más rico, más ”guay”; ¿por qué tengo que cargar contigo que eres indolente cuando no perro, vago, maleante y además pobre?, ¿cuántas veces hemos oído un discurso autonómico basado en la conciencia de superioridad y la insolidaridad? No podemos marcar diferencias respecto a los demás desde la prepotencia y un ya caduco, aunque siempre peligroso, orgullo de raza, ahora diríamos etnia, ¿no? No podemos decir, como yo soy mejor, no tengo por qué cargar contigo, apáñatelas. Esto llevado al terreno personal o social estaría muy, pero que muy mal visto. Y con razón.
Lo más curioso del asunto es que luego, en los planes de estudio, en los discursos oficiales, en los medios de comunicación, las palabras acuerdo, consenso, igualdad, solidaridad, brillan a modo de amuletos sagrados a los que todo el mundo rinde pleitesía. Y aquí está el problema. Incoherencia radical entre lo que se predica con palabras y lo que en la práctica, en el ámbito político, se hace día a día. Y además se hace sin disimulo, sin vergüenza, como si los principios morales que orientan la vida privada y social nada tuvieran que ver con los que rigen en la vida política.
Y esto nos pareció grave, muy grave.

domingo, 16 de marzo de 2014

Evocando un atardecer tras la tormenta...




Evocando un atardecer tras la tormenta, en julio del 86, en la Valleta de la Escaleta, cuando por allí no pasaba nadie…, acaso algún francés…

Había llovido todo el día. Por la tarde, un vientecillo frío revolvió las nubes dejando ver un cielo incierto que doró la caída del sol.
Momentos para estirar las piernas, preparar la cena e incluso cenar, si aguanta el tiempo.
El río baja fuerte, bravo, precipitándose justo delante de nosotros por una cascada y pasando bajo un curioso puente natural, para volver a descansar en suaves meandros en un llano inferior.
La hierba y las rocas mojadas nos hacen cenar de pie, casi como si contempláramos respetuosamente la luminosa despedida de un día gris.
La noche, húmeda y fría nos lleva pronto al saco seco y calentito…
De nuevo la lluvia sobre las lonas de las tiendas, suaves ráfagas de viento suenan en el Coll de Toro, el recio rumor del río se integra imperceptiblemente en nuestro sueño…

sábado, 15 de marzo de 2014

A Vicente Tortosa Biosca en el día de la "Plantá".


El tío Vicente, ya mayor.
Quien me conoce sabe que no soy muy fallero. Me gusta el ambiente de Valencia en fallas, la música, el olor a pólvora, las “mascletás”, los monumentos…, pero no soy lo que se dice fallero, aunque eso no quiere decir que no me sienta orgulloso de la fiesta.
Pero en mi familia sí hubo un gran fallero. Mi tío Vicente. Él si fue fallero y de los grandes. Artista notable, Maestro Mayor del Gremio, comprometido con su tierra, su lengua y la fiesta de la fallas, así como con su pueblo, “La Font de la Figuera”, dejó huella por allí por donde pasó, una huella que el tiempo va limpiando de maleza y haciendo brillar en toda su grandeza.
Hoy, día de la “Plantá”, recuerdo lo nervioso que estaba siempre tal día como hoy, quiero recordarle y rendirle un pequeñito homenaje, publicando tres fotos de una de las fallas que hizo, no sé en que año,  que más recuerdo. Era la de la avenida Barón de Cárcer, la avenida del oeste de toda la vida, y la figura principal, un monumental Moisés con las tablas de ley.
Sirvan estas fotos como recuerdo y sencillo homenaje a Vicente Tortosa Biosca, artista y “fontí”. Así es como sé que quiso ser recordado.

El Moisés todavía en el taller.
Otra vista del Moisés en el taller.
La falla ya montada en la Avenida del Oeste.


viernes, 14 de marzo de 2014

El cocido de mi madre está más "güeno" que el de la tuya. ¡Ja!


Me enteré hace poco de un nuevo programa de la tele, que me llevó a la siguiente reflexión, que comparto con quien quiera leerla.
 Yo nunca he sido competitivo, creo. No le acabo de encontrar la gracia a eso de que los míos o yo seamos más listos, más guapos, más fuertes y la tengamos…más larga que los otros o el otro. No sé por qué, pero esto no me va.
En todo caso, entiendo la competición, en el terreno del deporte, como juego que en su justa medida puede ser sano y educativo, pero no más. Un juego que a veces mueve millones y levanta pasiones, pero que en el fondo no es más que eso, un juego más o menos bonito.
La única competición que sí entiendo y que no veo como juego sino como algo más, es la competición contra uno mismo. El afán de superación, el ir más rápido, llegar más alto, ser más fuerte que yo mismo ayer, sí que pienso que es mucho más que un juego. Es una forma de vida digna, respetable y admirable. Y si como consecuencia de superarme a mí mismo, “gano” a otros, ¡genial! Entonces sí, sí que le veo sentido al asunto. Mi verdadero adversario soy yo, mi entrenamiento es para vencerme a mí. El vencer a otros es…divertido, secundario, intrascendente.
Esto, como he dicho, en el terreno del deporte. Fuera de él, la competición la veo, a menudo, no siempre, absurda, en muchas ocasiones ridícula, como ridículos resultan esos niños que se lían a golpes y empujones para ser los primeros en la fila.
Pero un terreno donde la competición me resultó desagradable desde el primer momento, fue el de la cocina. Y veo que como se ha puesto de moda va a más. De hecho, ahora ya no se trata de ver quién es el mejor cocinero, sino qué madre fue mejor cocinera. Ya no peleo por mí, sino por la madre que me parió, lo cual añadirá más morbo porque quizá remueva antiguos traumas infantiles, complejos de Edipo y cosas por el estilo…¡El cocido de mi madre es más “güeno” que el cocido de la tuya!¡Ahhhhhhh! ¡Jamás! responde el otro, herido en lo más hondo de su tierna infancia. Y se apresura a meter en la olla hirviente las pelotas, el nabo y los demás ingredientes debidamente troceados.
Sé que todo esto le gusta a mucha gente, pero yo no lo soporto. ¡No lo entiendo! A mí siempre me ha gustado la cocina. Y me ha gustado porque me relaja, es creativa y me permite agasajar a mis amigos y comer bien, cosa que me gusta sobremanera. De hecho, en este blog tengo una sección dedicada a recetas.
Pero lo que nunca se me ocurrirá es plantearme que mi mis recetas sean mejores o peores que otras. Son diferentes, y mi única pretensión, cuando cocino, es que el plato me salga cada vez mejor y que las personas con quienes lo comparto queden satisfechas; a lo sumo que me digan ¡qué bueno te ha salido! Y que yo lo disfrute también.
Pero bueno, es lo que hay. Desde que los americanos, como siempre, se inventaron el “master chef” ese, la competición ha entrado de lleno en el mundo de la cocina. Hasta a los niños han pringado. ¡Lástima! No creo que ninguno de los grandes cocineros haya llegado a serlo por hacer mejores croquetas que sus vecinos, sino por hacer cada vez mejores croquetas, por hacer cada vez mejores sus croquetas.
Es como yo, humildemente, lo veo. Y sé que mi forma de verlo no es ni la única, ni la mejor, ni la más inteligente, ni la mas sabia…Es sólo una forma de verlo. La mía. ¡Que no estoy compitiendo!

jueves, 13 de marzo de 2014

¡Bendita lluvia!

De la tierra reseca brota la vida, no sé muy bien cómo.
Esta mañana, no sé muy bien a qué hora sería, un rumor, que hacía largo tiempo no escuchaba, me ha sacado de esa duermevela de quien está “pachucho” y harto de cama, pero aún no está bien para estar en otro sitio.
Isabel me ha dicho, llueve. Sí, era el repìqueteo sordo de la lluvia en la terraza y en el patio. Llovía, llovía con ganas, por fin. Me he dejado envolver por tan esperado y grato sonido, y pensando en nuestros campos, nuestros montes, nuestros pinares recibiendo la bendición del agua, me he sentido bien, a gusto y arrebujándome de nuevo entre las sábanas, me he dormido como un bendito.
Luego, en total sólo han caído 12 litros, pero buenos son. Al fin y al cabo, desde agosto, sólo en febrero llovió un día así; desde agosto, y estamos en marzo.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Menos mal que nos queda América.


Boquiabierto, patidifuso y “siempreconfuso” me he quedado cuando me he enterado que la canción que representará a España en el festival de Eurovisión es en el idioma de los hijos de la Gran Bretaña.
Hasta ahí bien, un desatino más de los medios de comunicación. A eso ya estamos acostumbrados. Eso sí, la Real Academia ha presentado tímidamente una breve y amable queja. ¡Qué menos!
Pero lo que me ha producido auténtico pasmo "tremens", son las justificaciones de RTVE, las de la cantante y las del periodista que escribe la noticia. ¡Vamos, que no tienen desperdicio!
A ver si os pasa lo mismo que a mí. ¡Cuidado con el pasmo "tremens" que afecta al aparato digestivo!
La cadena pública RTVE alega que eso del inglés es "una tendencia al alza", y que sólo han manifestado su inquietud el presidente de la Academia y algunos académicos. ¡Olé vuestros huevos! "Una tendencia al alza", sí señor, bonito argumento. Lo que no entiendo es la E de RTVE en este caso. Y otra cosa. Si semejante imbecilidad se le ocurriera decirla a las televisiones catalana, gallega o vasca (la valenciana ya no está) se la comerían cruda, cruda con patatas. Y tendrían razón. Las cadenas públicas tienen la obligación de cuidar y promover el idioma del país al que sirven, aunque haya otros "en alza". Además, ese argumento de que sólo han protestado unos pocos…Pasmadito me quedé.
La cantante, una murciana llamada Ruth, dice textualmente, “quiero que Europa nos entienda y que sepa que la juventud española está tan preparada para salir fuera y para ser competentes y número uno como todos los que están en las potencias europeas”. Eso de las potencias me llegó. Lo de salir fuera y ser competentes y número uno me emocionó... Sentí entonces convulsiones gástricas inmoderadas, fruto del pasmo creciente. ¿Se pueden decir más simpleces en menos palabras? O sea que para demostrar a Europa lo mucho que vale nuestra juventud, ha de salir ella cantando en inglés, renunciando a su propia lengua, uno de los idiomas más bellos de la tierra. Además, inglés a parte, la justificación que da la moza y la forma de darla, suelta un tufillo a “hija de la LOGSE” que “tira p´atrás”. Sí, sí emana cultura y competencia. Huele a número uno. Lo dicho, pasmo "tremens" con consecuencias gástricas.
Y al final, el periodista lo acaba de arreglar con una impresionante apología de lo que es falta de criterio. Dice, “un número mayoritario de las canciones participantes en los últimos años se interpretan en inglés”. ¡Claro! ¿Qué hacer pues? Lo que hacen todos. ¿Qué pensar? Lo que piensan todos. ¿Cómo hablar? Como hablan todos. Eso sí es tener criterio. Entonces... las consecuencias fueron gastrointestinales.
          Pues nada. Esto es lo que hay. ¡Pero qué vergüenza, qué vergüenza más grande! De verdad que me da vergüenza, no tanto el hecho, de por sí vergonzoso, sino las justificaciones a cada cual más necia y cretina. Menos mal que nos queda América. Allí, hay países donde en vez de stop, en las señales de tráfico pone alto. ¡Menos mal que nos queda América!