FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

domingo, 13 de abril de 2014

Jesucristo Superstar en Ribarroja del Turia.


            Vinieron ayer sábado nuestros amigos de Valencia, como decimos Isabel y yo, a ver Jesucristo Superstar. Se quedaron sorprendidos. Les gustó. Y yo me sentí orgulloso del “cole” en el que llevo más de 30 años trabajando. Y eso es bueno. Sí; orgulloso de ese numeroso grupo de alumnos que tan bien lo hicieron.
Y agradecido a los “profes” implicados y entregados de cualquier forma durante tanto tiempo a la obra de la que estamos disfrutando. Agradecido, ¡cómo no! a los “pensadores” que han creado lo que hemos visto. Agradecido también a todos los que, desde fuera del colegio, han colaborado facilitando así que esto haya podido ser realidad.
            Les llamó especialmente la atención a mis amigos, el trabajo que supone el montar algo así. Muchas horas, ilusión, imaginación, problemas superados, coordinación… trabajo con mayúsculas. Trabajo duro pero gratificante. Trabajo de ése que puedes decir, misión cumplida, ahí está. Y descansar satisfecho. Y guardarlo para siempre como un bonito recuerdo.
            Disfrutad pues de estos días, del reconocimiento de vuestro trabajo, de la larga ovación del auditorio lleno y en pie, del cartel de ya no hay entradas para la última representación, hoy Domingo de Ramos. Lo merecéis. Y disfrutad también de la huella que una experiencia como ésta dejará en vuestra vida.

            ¡Gracias y enhorabuena!

sábado, 12 de abril de 2014

Un mentira y un error.

...pero a qué precio.
Por mi trabajo veo de muy cerca, muchas más veces de las que quisiera, las consecuencias de las separaciones de los padres en los niños y adolescentes. Y subrayo que muchas, muchísimas más veces de las que quisiera.
Y a la sombra de este espectáculo tan triste como cotidiano, he visto cómo han crecido una gran mentira y un lamentable error que, sabiamente conjugados, intentan convencernos de la cuadratura del círculo. Y con muchísima gente lo consiguen. Pero el círculo nunca será cuadrado por muchas vueltas que le demos o incluso aunque por ley así lo decretemos.
La gran mentira. Los niños no se enteran, lo han tomado bien, están contentos de tener dos casas, se han adaptado pronto… Mentira, mentira cochina. Los niños y adolescentes, cuando sus padres se separan, sufren siempre, tanto en el momento de la ruptura como en el proceso que ha llevado a ella y el que le sigue. Sufren. Y lo sé porque lo veo y me lo dicen. Y si en todo este proceso los papás, o sólo uno de ellos, no hace falta que sean los dos, no han tenido ni tienen el sentido común suficiente como para proteger al niño de sus luchas y desavenencias, el sufrimiento entra en el terreno de la tortura.
Pero claro, hemos de calmar nuestra conciencia y para ello, el querer creer que el niño se lo ha tomado bien o no se entera, nos es muy útil. Una mentira útil y piadosa para con nosotros mismos.
El lamentable error. El trivializar el hecho de la separación a fuerza de ser algo legal, y así debe ser, “progre”, de haberse convertido en algo habitual, cotidiano, normal. Como si algo por ser normal fuera necesariamente bueno. No. La separación es el fracaso de un proyecto de vida de dos personas que en algún momento fue hermoso, fracaso del que uno, a veces los dos, son responsables, fracaso con consecuencias importantes siempre, y más si hay niños por el medio. No es una tontería, no es una “modernez”. Es algo muy serio.
Y lógicamente, como no es fácil asumir fracasos, quitamos hierro al asunto y justificamos con mil argumentos lo que no es más que eso, un triste fracaso. Lo hacen muchos, no pasa nada, es por el bien de todos, se me acabó el amor, ya no es lo que era, la culpa la tiene ella, él, el suegro, los niños, su hermana, la crisis, el trabajo…
No. No me gusta ni lo que está pasando, ni cómo la sociedad lo está afrontando. ¡Claro que se puede llegar a la conveniencia o incluso necesidad de una separación! Puede haber mil motivos muy, pero que muy serios. Conozco casos. Pero sean cuales sean los motivos, si hemos llegado a tan triste situación, primero tengamos conciencia del daño que les hemos hecho, o que no hemos podido evitar a nuestros hijos e intentemos suavizar ese inevitable daño, y después superemos el fracaso que es en sí mismo la ruptura, reconociéndolo como tal. Y desde el honesto reconocimiento de esta dolorosa realidad, reconstruyamos entonces nuestra vida, pues a eso todos tenemos derecho, a levantarnos del suelo una y mil veces, pero sin negar puerilmente el suelo y cuidando a los que hemos arrastrado en nuestra caída más aún que a nosotros mismos.

miércoles, 9 de abril de 2014

Es una irresponsabilidad rayana con el delito.


En un centro de dos líneas, con las aulas bien llenas, se organiza una reunión de padres de alumnos de 3º de primaria a 4º de ESO, para tratar el tema del uso de las nuevas tecnologías con una especialista. Acuden siete personas.
Si descontamos los que por horario no han podido asistir, los que no se han enterado porque la citación se ha quedado en la mochila del chiquillo, los que a última hora han tenido un problema…, si descontamos a los que de verdad no han podido ir, que los hay, queda un número considerable de papás a los que esto de las nuevas tecnologías parece importarles un bledo.
Y aquí está el problema. Que no hay conciencia real de que de verdad hay un muy serio problema y de que quien lo está generando no es consciente de ello. La cuestión es que muchos de vosotros, papás, estáis, en este aspecto, actuando de un modo absolutamente insensato. Esto es lo que pasa. Y no os lo creéis.
Quiero ser claro. Nadie en su sano juicio le daría un cuchillo jamonero para que juegue con él, o una escopeta de caza cargada, o las llaves del coche para que vaya al “cole” a un niño o a un adolescente. Pero sí le dais un móvil con acceso a Internet y por lo tanto todo lo que eso supone, wassap, face-book, tuenty, you-tube…y os quedáis tan anchos. Les dais la llave a contenidos buenos y útiles pero también les abrís la puerta a la violencia, la discriminación, el acoso, el racismo, las amistades peligrosas, el sexo inadecuado a su edad, la pornografía…
Vamos a ver. ¿Es tan difícil entender que hay una edad para cada cosa, para el cuchillo, la escopeta, el coche, Internet y un aprendizaje necesario y previo para poder usar estas herramientas con seguridad y eficacia?
Los niños, los adolescentes, no deben tener móvil con acceso a la red y todo lo que ello conlleva, sin una formación previa y continua y un control paterno estricto y permanente.
Es peligroso. Es muy peligroso. Pierden la intimidad, generan adicción al aparatito, ven lo que no deben ver, juegan a lo que no hay que jugar, dan datos personales y familiares vete tú a saber a quién, se hacen daño en las redes sociales, y mucho, más del que os imagináis…
Y no me invento nada. Es una irresponsabilidad rayana con el delito el comprarle al niño, al adolescente, un móvil y permitir que lo use sin formación y sin control. Es una irresponsabilidad cuyas consecuencias pagarán, están pagando, primero ellos, luego vosotros, los papás, después los profesores que estamos hasta las narices del mal uso de Internet y de los móviles en particular…la sociedad entera está pagando y pagará, cada vez más caro, este desatino.
Y los pocos que de verdad veis la magnitud y gravedad del problema lo tenéis tan difícil... De verdad que lo tenéis difícil, lo sé. Pero no os rindáis. Formaos vosotros, pedid ayuda a especialistas, apoyaos en los que se toman esto en serio, que los hay. No os rindáis. Que por vosotros no quede.
Internet es una herramienta maravillosa, extremadamente útil, que está cambiando y cambiará el mundo pero, como pasa con cualquier herramienta, hay que aprender a usarla poco a poco y acompañar al aprendiz hasta que su madurez personal le permita utilizarla para su propio bien y el de los demás.
¡Y ojito con los móviles como regalo de Primera Comunión! ¡Miedo me da! Volveré sobre el tema.

lunes, 7 de abril de 2014

De Olocau a Gátova por el Pico Gorgo.

Hay que currárselo un poquito pero te quedas a gusto. Ruta larga, alrededor de 30 km. y con un desnivel acumulado de 1144 metros, nos permite disfrutar de una espectacular zona de la sierra Calderona.
Es excursión de un día que se puede hacer saliendo de Olocau, tras almorzar, hacia las 10 de la mañana, llegando a Gátova a la  hora de comer. Después, por un camino diferente, también muy bonito, se regresa a Olocau a donde llegas alrededor de las 7 de la tarde.
A mí me costó cuatro horas y media cortas ir, subiendo el pico Gorgo, y cuatro volver. Sin prisas pero sin pausas, disfrutando del entorno, haciendo fotos, contemplando de vez en cuando el amplísimo horizonte o los pequeños detalles del camino, cogiendo espárragos...
La ruta es también bastante solitaria en casi todo su recorrido lo que, al menos para mi gusto, resulta un valor añadido a los que esta excursión en sí misma ya tiene.
Necesario buen calzado. Se puede ir en pantalón corto si hace calor, pues todo el camino son senderos o pistas, no te pinchas. Agua, importante, y ahora más, ya que las pocas fuentes que hay están secas.
En fin, una muy recomendable excursión para quien quiera acabar la jornada cansadito y contento, típica combinación que sella un buen día de montaña. La guinda, una buena cena.

A continuación tienes unas pocas fotos. Si quieres el track pulsa De Olocau a Gátova por el Gorgo.

Piteras recortándose contra el cielo azul, cerca de la Font de Sentig, en Olocau.
La flor de la murta.
Tomillo en flor sobre roca seca en una tierra seca.
El golfo de Valencia y el Motgó desde la cima del Gorgo.
Vértice geodésico en la cima del Gorgo.
Vista general de Gátova.
Fuente de quince caños en Gátova.
Molino restaurado cerca de Gátova.
Camino entre alcornoques en la ruta de regreso a Olocau.
Masía morisca de l´Olla, en la ruta de regreso a Olocau.
Brotes de higuera.
Cipreses llegando a Olocau.

domingo, 6 de abril de 2014

Aquella despedida de soltero en el restaurante Acueducto...


Entramos el sábado pasado a cenar a un acogedor y agradable restaurante junto al acueducto de Segovia mientras fuera llovía y hacia frío, todo un lujo, cuando muy amablemente, uno de los camareros nos aconsejó sentarnos en una mesa algo alejada de otra, ya preparada para una despedida de soltero, por si acaso…
Tanto la atención como la cena fueron exquisitas y el ambiente tranquilo, hasta que llegaron los de la despedida… y el ambiente siguió siendo tranquilo.
¡Qué gente más increíble! Eran unos doce o trece chavales bastante jóvenes que llevaban al novio empaquetado y unido a una silla también empaquetada. Cenaron pasándoselo muy bien, pero sin gritos ni estridencias. Seguimos cenando a gusto.
Cuando ya nos íbamos, algunos estaban en la puerta fumando. Seguía lloviendo. Isabel observó que llevaban un petardo. Ellos le dijeron que en toda despedida debía haber un petardo. Cuando Isabel pregunto, riéndose, si sólo llevaban uno, le dijeron que sí, pero que era gordo. Nos reímos más. Dijimos que éramos valencianos. Ellos que de Burgos, del Gamonal. En fin, una simpática conversación.
Nos despedimos deseándoles una buena fiesta y protegidos de la incesante lluvia por los paraguas, cruzamos camino del hotel, bajo el acueducto que, iluminado en la noche lluviosa, estaba precioso.
Y nos fuimos a dormir tan a gusto. Buena comida, buen precio, trato muy amable y una cena de despedida de soltero olé. Sí señor. En este país aún hay gente educada, que sabe estar, que no se cree el centro del mundo, que piensa en los otros, con los que se puede convivir.
Sí señor, bien por el restaurante Acueducto. Bien por aquellos burgaleses del Gamonal. 

Navafría. Hace 35 años.

Este pasado fin de semana estuvimos en Segovia. Aparte de disfrutar de la ciudad bajo la lluvia, todo un lujo, recordar a Machado y comer bien, tuve la oportunidad de hacer un viaje al pasado, un viaje 35 años atrás.
El año 1979, cuando aún estaba en el grupo Junior de San Miguel y San Sebastián, “el movi”, nos fuimos de campamento de Pascua a Navafría, un pueblecito del Guadarrama a media hora escasa de la ciudad.
No sé cómo fuimos a parar allí. El caso es que el Jueves Santo llegamos a un paraje precioso a tres kilómetros del pueblo. Un denso pinar, el suelo muy verde, un bravo torrente y un barracón de madera y piedra iban a ser nuestra casa durante 7 días.
Seríamos alrededor de 50 personas entre niños y monitores y el mayor, con 19 años, era yo, creo recordar. No llevábamos coche, íbamos a dormir en tienda y toda la infraestructura del campamento cabía en el autobús. ¡Imagináosla!
El viernes salió un día limpio y frío. Lo dedicamos a montar “las instalaciones”. Pero en la noche del viernes al sábado nos llegó la sorpresa en forma de un suave repiqueteo en las lonas de las tiendas que nos despertó a muchos. Nevaba, nevaba con ganas. A la mañana siguiente, más de 30 cm. de nieve habían trasformado el paisaje, que estaba increíble, pero la nevada nos había “esclafado el campamento”… Estaban hundidas casi todas las tiendas y el toldo de la cocina, sacos y ropa, mojados, objetos y utensilios perdidos en la nieve… Un cielo oscuro y un intenso frío acabaron de crear un espectáculo desolador.
Cuando íbamos a bajar al pueblo a pedir ayuda, los forestales se adelantaron. Llegaron con un todo terreno y una brigada y nos montaron en el barracón una estufa de gasoil que estuvo día y noche encendida,  y en un claro próximo que había en el bosque, nos  hicieron una enrome hoguera que también ardió día y noche hasta que nos fuimos.
De este modo, el campamento se convirtió en un auténtico ejercicio de supervivencia en plena naturaleza. Dormíamos en el barracón, calentitos, y de día paseábamos por el bosque, charlábamos junto al fuego y bajábamos al barete del pueblo del que guardo gratísimo recuerdo.
Pero aún iba a pasar algo más en ese campamento. La tarde del sábado, cuando nos disponíamos a preparar la celebración de la Vigilia Pascual, a una de las acampadas, hoy muy buena amiga mía, esposa de un no menos buen amigo, y madre de tres hermosos retoños ya bien “criaos”, le cogió una especie de patatús que interpretamos como un ataque al corazón. Le faltaba el aire y comprobamos que tenía una taquicardia salvaje.
Mientras unos monitores entretenían a los niños para que no se dieran cuenta y se asustaran y otros acompañaban a la enferma, un chaval y yo salimos corriendo hacia el pueblo para pedir ayuda. Recuerdo aún aquella carrera de noche, por la carretera nevada y con el miedo de no llegar a tiempo haciéndote sacar fuerzas de flaqueza.
A la entrada estaba el cuartel de la Guarda Civil. Entramos y nos dijeron que el único coche disponible estaba de servicio pero que le llamarían por radio aunque había ido lejos y las carreteras tenían mucha nieve. Tardaría. Continuamos hasta el pueblo, y al entrar en el bar vimos que estaban los forestales. ¡Qué cara nos verían que salieron corriendo con nosotros mientras les contábamos lo que pasaba!
Enseguida, sabían conducir por carreteras nevadas, estuvimos en el campamento. En el momento de arrancar el coche de vuelta a Navafría le cogió otra crisis. Recuerdo la nieve saltando a los lados, los faros iluminando el bosque, las ruedas derrapando en las curvas. Lo recuerdo como si lo viera ahora.
Al llegar, estaba el médico, al que había avisado la Guardia Civil, un grupo de vecinos y llegaba, también a toda velocidad, la patrulla que estaba de servicio.
El médico, tras un minucioso examen, no detectó patología cardiaca alguna aunque como no estaba claro del todo, nuestra buena amiga se quedó, acompañada, en el pueblo, en casa de un vecino que amablemente se ofreció a acogerla en su casa y al día siguiente regresó a Valencia. Nunca más ha vuelto mi buena amiga a tener un susto parecido, ni a dárnoslo.
Este recuerdo, bastante vívido en mi mente, me hace pensar cómo eran las cosas hace 35 años. Aquello eran campamentos, aquello eran aventuras, aquello cambiaba a las personas, aquello nos hacía crecer, aquello nos hacía sentir la vida intensamente.
Doy gracias a Dios por haber podido vivir aquellos tiempos y por haberme podido sumergir  unas pocas horas en el pasado, también en una mañana gris, lluviosa y fría de principios de primavera, 35 años después.

Ayuntamiento de Navafría, frente al bar, donde nos esperaba el médico y la guardia civil.
El torrente, que seguía llenando el bosque con su sonido, como entonces.
Isabel pasea ante el barracón donde aguantamos seis días. Se estaba bien.
Actualmente la zona es una concurrida área recreativa y el barracón, en verano, un bar.
La carretera que llevaba al pueblo.

martes, 1 de abril de 2014

No se puede dar perlas a los cerdos.

Andaba un día de estos por el cañón del Turia, en el bonito tramo entre lo que fue Domeño y Puente Alta, ya en Calles. El río discurre entre espectaculares paredes, rodeado de cañas y pinos.
En un punto del recorrido el camino cruza el río para continuar por la otra orilla, y justo allí hay un pequeño refugiete.
Pues bien. El refugio está, como tantos otros refugios, en un lamentable estado. Pintarrajeado por dentro y por fuera, sin cristales en las ventanas, con la puerta descerrajada…
Y ahora viene mi conclusión ante el espectáculo. Y es, que no se debe dar perlas a los cerdos. Pero la cuestión es que si todos fuéramos cerdos no habría problema, pero sucede que hay quien no es cerdo y por culpa de los cerdos se queda también sin perlas.
Yo no soy un cerdo, y me cabrea que haya tantos cerdos sueltos campando por ahí como si tal cosa, pisoteando las perlas que alguien ingenuamente en algún momento de optimismo nos dio. Y me entristece, viendo lo que pasa, el llegar a la conclusión de que no hay que gastar ni un euro más del erario público en perlitas como éstas, ni uno, porque para lo que hacen con ellas…
No entiendo, por mucho que me estruje el cerebro, a esos impresentables que dejan algo de todos hecho unos zorros y se van tan felices. Pero como están entre nosotros y veo que no van a menos, ni se puede hacer nada eficaz para controlarlos, (y que no me vengan con la mandanga de que es un tema educativo), sólo nos queda renunciar a las perlas.
En fin. No es un artículo optimista, pero es que me da una rabia esa gentuza que anda por el mundo dejando su huella porcina…
           Cerdos con derecho a voto. ¡Hay que joderse!

Ventana que tuvo cristales y ahora plásticos rotos.
Huella de que aquí hubo una cerradura.
El refugio. Se aprecian las paredes pintarrajeadas.
"Bonito y elegante" dibujo en el interior del refugio. Hay más, pero no quiero hacerles publicidad.