Hay fotos que me parece bonitas, y no sé muy bien por qué. Como esta, que hice hace poco en un pueblecito minúsculo, no muy lejano. Quizá sea por su simplicidad. El árbol en otoño, el cielo muy azul de fondo, y una farola de las de toda la vida.
Recuerdo también los ecos secretos del silencio; la transparencia helada del vacío cristalino. Ese mundo se recoge en mí, más presente que el real, más vivo que la vida misma. Y me llena. Y me rodea. Y me protege.
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.
jueves, 22 de octubre de 2020
Parece ser que sí, que es mucho pedir.
No sé si alguien, con poder e
influencia, ¡claro!, se estará planteando un problema del que oigo poco hablar
pero que considero muy grave, el de la salud mental de la población. Me da la
impresión de que no.
Hay un hecho. La inmensa mayoría de
la gente lo está pasando mal o muy mal, y de estos, bastantes,
extraordinariamente mal. Aunque no lo parezca. Y no se le ve el fin a esta
historia.
Cada persona tiene una capacidad de aguantar los tiempos de vacas flacas, de sufrimiento, de mal rollo, por decirlo de modo coloquial, sobrepasada la cual, la salud mental empieza a deteriorarse; irritabilidad,
agresividad, ansiedad, depresión…, y activación de patologías psicológicas o
psiquiátricas latentes. Y esto se está haciendo muy largo. No olvidemos además que uno de los factores más
estresantes ante cualquier situación de dolor o sufrimiento, del tipo que sea,
es no conocer su fecha de caducidad, por decirlo de algún modo. Y otro, no
tener ni tiempos ni espacios de desahogo para poder compensar, aunque sea a
ratos, “lo mal que lo estamos pasando”.
Creo haber descrito con bastante claridad
la situación que estamos viviendo. ¿Sería mucho pedir pues, que quienes deciden
nuestras vidas y haciendas, dejaran de despellejarse yendo cada uno a la suya,
e hicieran frente común ante el enemigo que nos está arruinando la vida? ¿Sería
mucho pedir que los medios de comunicación dejaran de saturarnos con toda
suerte de información excesiva, inoportuna y contradictoria? Esto mitigaría el
deterioro de la salud mental de muchísima gente.
Parece ser que sí, que es mucho pedir.
Ni nuestros políticos, sobre todo los
de alto rango, ni los medios de comunicación, están a la altura de las
circunstancias. Más aún, están actuando con una irresponsabilidad y una ruindad
rayanas en el delito. Los unos, aprovechando el río revuelto para “pescar” sus
propios objetivos, entre los que destaca reventar al adversario. Los otros,
colaborando en esa infame pesca en río revuelto y reventando la moral de la
gente con su forma de informar, agravando lo mal que lo estamos pasando, con el
único criterio de la audiencia.
Suponía yo, inocente de mí, que en
una guerra, y esto lo es, el gobierno y la oposición hacen piña frente el
enemigo, apareciendo ante los ciudadanos como una voz; y los medios de
comunicación apoyan unánimemente esa voz, y cuidan la moral de la población, atendiendo,
no sólo a su salud física, sino también a la mental.
Así se ganan las guerras.
¿Y aún nos preguntamos por qué España es uno de los países que más está sufriendo con la pandemia?
miércoles, 21 de octubre de 2020
Sobre una roca del sendero.
Sobre
una roca del sendero, poco después de levantar la niebla, bajo el sol de la
mañana, vi esta pequeña telaraña, cubierta de gotitas de agua y muy cerca de un
pequeño nido en forma de vasija.
No sé
si es casualidad o es que la arañita que ha tejido su trampa vive junto a ella.
Si es así, me hizo gracia pensar lo bien que se lo monta el bicho. De su casa
al puesto de trabajo hay poca distancia, y eso es calidad de vida, incluso en
el mundo de las arañas. O igual son dos bichitos distintos que viven en
amigable vecindad. También eso está bien.
Cositas
que te regala el monte si vas atento y con respeto.
martes, 20 de octubre de 2020
¿Por quién doblan las campanas?
Sucedió
un día de estos que, casi a la vez, leí un tuit del papa Francisco y escuché un
poema del poeta inglés John Donne que venían a decir lo mismo. Pronto me vino
también a la mente una famosa frase de Terencio.
Hablaban
los tres de una gran verdad, por cierto profundamente cristiana; una gran
verdad que la desgraciada pandemia nos está recordando brutalmente cada día.
Nos
dice el dramaturgo romano Terencio, desde el siglo II antes de Cristo.
Hombre
soy: y nada de lo humano me es ajeno.
Y John
Donne, desde el siglo XVII:
Ningún
hombre es una isla entera por sí mismo. Cada hombre es una pieza del
continente, una parte del todo. Si el mar se lleva una porción de tierra, toda
Europa queda disminuida, tanto da si es un promontorio, o la casa de uno de tus
amigos o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me debilita, porque me
encuentro unido a la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las
campanas: doblan por ti.
Y el
papa Francisco, hace unos días:
Necesitamos
desarrollar la conciencia de que hoy o nos salvamos todos, o no se salva nadie:
la pobreza, la degradación, los sufrimientos de una zona de la tierra son caldo
de cultivo de problemas que finalmente afectarán a todo el planeta.
Y es
esta la razón de por qué, más allá de cuestiones biológicas, no hay manera de quitarnos
la pandemia de encima. Porque me atrevo a decir que, si todos tuviéramos esto
claro y hubiéramos actuado en consecuencia, ya estaría controlada.
La
insolidaridad de un mundo cosméticamente solidario, sólo cosméticamente, y las
hondas desigualdades sociales, tanto en nuestra sociedad como entre las
distintas naciones, hacen imposible controlar al bicho.
La
pandemia se ha extendido y se ha hecho fuerte porque ha aprovechado nuestro punto débil,
nuestro talón de Aquiles, que no es más que nuestra falta de principios morales
y de educación con mayúsculas.
En una
sociedad moral, no amoral o inmoral, donde todos vivieran en condiciones
dignas, y donde además la educación hubiera dado a todos los ciudadanos unos
principios morales sólidos, los mismos
que habrían permitido establecer la justicia en esa sociedad, la pandemia
habría sido un breve episodio sin grandes consecuencias.
El
verdadero caldo de cultivo en el que se multiplica y propaga el virus, es una
repulsiva pócima compuesta por la injusticia social, la insolidaridad, el
egoísmo, la irresponsabilidad… El caldo de cultivo en el que estamos
acostumbrados a vivir y que ahora se nos ha hecho inhabitable. Pero no tenemos
otro.
En el
pecado está la penitencia.
Si hubiéramos entendido a tiempo que nada humano me es ajeno; que cuando doblan las campanas también doblan por mí; y que aquí, o nos salvamos todos o no se salva nadie, otro gallo cantaría. Y también me atrevo a decir que, aunque lo están pagando justos por pecadores, es tristemente cierto que tenemos lo que merecemos.
Bárbara no nos traerá nada.
Alex
no nos trajo nada de nada; Bárbara tampoco nos traerá nada, con lo que
acabaremos este octubre con tres miserables litritos de agua. El mes de octubre
más seco desde el año 1999, en el que instalé un pluviómetro en casa.
Ya sé
que esto no le importa a casi nadie, mientras haya agua en el grifo. Pero es
que hay más agua de la que hablar fuera de la de los grifos. Los montes están
secos a rabiar y los embalses van bajando de nivel día tras día. Pero como he
dicho, mientras haya agua en el grifo…
Está siendo
malo este otoño. Por muchas cosas; por esto también. ¡Qué bien vendrían varios
días de lluvias mansas pero constantes! ¡Qué bueno sería que cuando llegara el
frío encontrara los montes húmedos, la tierra mullida…!
Pero
no. De momento no se ve, ni siquiera a largo plazo, que vaya a llover.
Necesitaríamos que Clement, la próxima borrasca, entrara por el golfo de Cádiz
y no por Galicia, que ya tiene bastante agua. Pero la tal Clement hará lo que
le dé la gana, y como las borrascas no tienen misericordia por las tierras de
las que se olvida la lluvia, ni sentido de la justicia, pues igual pasamos otra
vez la mano por la pared.
Acabo
con la cierta y odiosa frase de moda, es lo que hay.
domingo, 18 de octubre de 2020
Imágenes de una excursión.
Andar
por caminos solitarios, sin ver a nadie en todo el día, rodeado de silencio y
naturaleza es ejercicio físico, pero también espiritual. Mientras avanzo por
caminos y senderos, contemplo, pienso, me integro en el entorno que parece
ignorarme, o hacerme suyo, no sé. En cualquier caso siempre queda algo que va mucho más allá de lo que puedan recordarnos las fotos,
Comparto
algunas de una reciente excursión.
| Los chopos en otoño dan su inconfundible nota de color. |
| Y los servales. |
| En un recodo del camino me encuentro con corzo, que se aleja sin mucha prisa. |
| Estas bonitas flores secas me acompañan durante varios kilómetros a ambos lados del camino. |
| Las bayas de los escaramujos destacan con su rojo intenso y brillante. |
| Y llegando al pueblo un bosquecete de coníferas me recuerdan otros bosques. |
Semana poca gracia.
NOTA DE LA SEMANA: 3
A la
marcha que vamos, este mes de octubre será el más seco del siglo, de lo que
llevamos de siglo, al menos en el pluviómetro de mi casa. Porque esta semana
que empezamos, rica en nubes, será, una vez más, pobre en lluvia. De momento
parece que tan solo el jueves, con mucha suerte, podría lloviznar o llover muy
poquito.
Vientos
variables, flojos en general, temperaturas al alza, oscilando entre los 15 y
los 25, o incluso más, y mucha nube. O sea una semanita poca gracia, “sense
chicha ni llimoná”. Quizá hacia el fin de semana vuelvan a bajar las
temperaturas.
Mal
otoño está siendo por aquí para las setas, porque el monte está tan seco que no
es que no hay rebollones; es que no hay nada de nada, “setilmente” hablando. Y
probablemente, como parece que llegará el frío antes que el agua, ya no saldrán
este año. Quizá si el jueves lloviera bien por el interior…
Y poco
más hay que decir de momento. Lo dicho, poca gracia, por eso le pongo un 3 y no
más. Y el 3 lo tiene porque no hay ponientes fuertes, que ya es mucho.


