FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

martes, 20 de octubre de 2020

¿Por quién doblan las campanas?

 


Sucedió un día de estos que, casi a la vez, leí un tuit del papa Francisco y escuché un poema del poeta inglés John Donne que venían a decir lo mismo. Pronto me vino también a la mente una famosa frase de Terencio.

Hablaban los tres de una gran verdad, por cierto profundamente cristiana; una gran verdad que la desgraciada pandemia nos está recordando brutalmente cada día.

Nos dice el dramaturgo romano Terencio, desde el siglo II antes de Cristo.

Hombre soy: y nada de lo humano me es ajeno.

Y John Donne, desde el siglo XVII:

Ningún hombre es una isla entera por sí mismo. Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo. Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, tanto da si es un promontorio, o la casa de uno de tus amigos o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me debilita, porque me encuentro unido a la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti.

Y el papa Francisco, hace unos días:

Necesitamos desarrollar la conciencia de que hoy o nos salvamos todos, o no se salva nadie: la pobreza, la degradación, los sufrimientos de una zona de la tierra son caldo de cultivo de problemas que finalmente afectarán a todo el planeta.

Y es esta la razón de por qué, más allá de cuestiones biológicas, no hay manera de quitarnos la pandemia de encima. Porque me atrevo a decir que, si todos tuviéramos esto claro y hubiéramos actuado en consecuencia, ya estaría controlada.

La insolidaridad de un mundo cosméticamente solidario, sólo cosméticamente, y las hondas desigualdades sociales, tanto en nuestra sociedad como entre las distintas naciones, hacen imposible controlar al bicho.

La pandemia se ha extendido y se ha hecho fuerte porque ha aprovechado nuestro punto débil, nuestro talón de Aquiles, que no es más que nuestra falta de principios morales y de educación con mayúsculas.

En una sociedad moral, no amoral o inmoral, donde todos vivieran en condiciones dignas, y donde además la educación hubiera dado a todos los ciudadanos unos principios morales sólidos, los mismos que habrían permitido establecer la justicia en esa sociedad, la pandemia habría sido un breve episodio sin grandes consecuencias.

El verdadero caldo de cultivo en el que se multiplica y propaga el virus, es una repulsiva pócima compuesta por la injusticia social, la insolidaridad, el egoísmo, la irresponsabilidad… El caldo de cultivo en el que estamos acostumbrados a vivir y que ahora se nos ha hecho inhabitable. Pero no tenemos otro.

En el pecado está la penitencia.

Si hubiéramos entendido a tiempo que nada humano me es ajeno; que cuando doblan las campanas también doblan por mí; y que aquí, o nos salvamos todos o no se salva nadie, otro gallo cantaría. Y también me atrevo a decir que, aunque lo están pagando justos por pecadores, es tristemente cierto que tenemos lo que merecemos.

 

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