FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

domingo, 8 de junio de 2014

Fin de semana en Torla.

Recién llegaditos de los Pirineos comparto algunas fotos de un viaje de fin de semana bien aprovechado.
El viernes, tormenta y “chopada” ¡un placer!, el sábado una larga ruta por montañas tan impresionantes como solitarias y el domingo una ascensión breve pero espectacular.
El hotel Villa Russell en Torla entrañable y agradabilísimo, las cenas en el restaurante El Duende, exquisitas.

En Bujaruelo nos pilla y nos chopa la tormenta. ¡Una delicia!
Desde el Mondeniero, bonita y desconocida montaña, el macizo del Vignemale.
El Monte Perdido, totalmente nevado.
Un grupo de sarrios sobre una roca en el barranco del Zebollar.
Las murallas de Ordesa desde el Barranco del Zebollar.
El verde nuevo de las hayas y el de los abetos en las laderas de Mondeniero.
Bosques y murallas de Ordesa desde el camino del Zebollar.
La iglesia de Torla.
Lirios en el valle de Tena. Sandinies.
La Peña Telera desde el camino a la Punta Puyalde, en Sandinies. Valle de Tena.

jueves, 5 de junio de 2014

El Contemplado, de Pedro Salinas.


Cenando el otro día con unos amigos, acabamos hablando de literatura, y compartiendo algunos de esos textos que, sin saber muy bien por qué, o sí, nos sabíamos de memoria.
Entonces Isabel nos recitó ese precioso poema de Pedro Salinas titulado El Contemplado, que ahora comparto en esta entrada. Leedlo despacio.

De mirarte tanto y tanto,
del horizonte a la arena,
despacio,
del caracol al celaje,
brillo a brillo, pasmo a pasmo,
te he dado nombre; los ojos
te lo encontraron, mirándote.

Por las noches,
soñando que te miraba,
al abrigo de los párpados
maduró, sin yo saberlo,
este nombre tan redondo
que hoy me descendió a los labios.
Y lo dicen asombrados
de lo tarde que lo dicen.

¡Si era fatal el llamártelo!
¡Si antes de la voz, ya estaba
en el silencio tan claro!
¡Si tú has sido para mí,
desde el día
que mis ojos te estrenaron,
el contemplado, el constante
Contemplado.

El mar. Ése es el contemplado. A mí, la montaña me atrapó de muy joven y a ella sigo siéndole fiel, pero el mar siempre me ha atraído poderosamente, igual que el desierto. Sí, si tuviéramos los mortales tres vidas, dedicaría una a la montaña, me pilló primero y lo estoy haciendo en la medida que puedo, otra al mar y otra al desierto. Pero solo hay una. En fin, ¡qué le vamos a hacer!
Y pensando en este poema, veo que estas tres vidas mías tienen en común eso que Pedro Salinas siente frente al mar. El gozo de la contemplación.
Contemplación que empieza casi sin darte cuenta, de tanto mirar, “del horizonte a la arena”; que va introduciéndose hondo en tu vida, hasta en los sueños, “al abrigo de los párpados”; y que acaba, inevitablemente, en la plena conciencia de que desde siempre, esa palabra, esa realidad, ha estado ahí, incluso sin tú saberlo, “Si antes de la voz, ya estaba en el silencio tan claro”.
Porque contemplar es abrirse a lo contemplado desde lo más hondo de uno mismo y llenarse así de lo que antes de ser contemplado quedaba fuera, era simplemente objeto. Contemplar la inmensidad del mar, la grandeza de una cordillera, la magnífica soledad del desierto, es dejarse envolver por tanta belleza desde lo más profundo del propio ser, transformando así esa inmensidad, esa grandeza, esa magnífica soledad en parte viva y vivificante de uno mismo.
No se puede contemplar si no es desde lo más hondo de nuestro yo. Y de esa unión, de ese encuentro íntimo y profundo surge el gozo que nos trasmite Pedro Salinas.
Otra cosa es mirar, admirar, ver, otear, observar…, eso es otra cosa.

miércoles, 4 de junio de 2014

Me parece profundamente antidemocrático.

Me parece profundamente antidemocrático. No logro entenderlo por mucho que me devano los sesos. De verdad, no entiendo cómo hay quien pide ahora un referéndum para decidir si sigue la Monarquía o se instaura la III República. No lo entiendo. Y lo entiendo menos aún en boca de los que habitualmente se las dan de más demócratas.
Vamos a ver. Hay una Constitución, unas reglas del juego. Nadie dice que esta Constitución sea inamovible. Nada hay en la historia inamovible. Y esa Constitución puede ser reformada todo lo profundamente que el Parlamento decida, con la mayoría adecuada, lógicamente, mayoría que se obtendrá del voto libre de todos los ciudadanos, no saliendo a gritos a la calle y demás zarandajas.
No es necesario romper nada, ni gritar, ni crispar, ni ofender, ni mentir, ni manipular. Sólo hay que conseguir democráticamente y a través de las urnas la mayoría suficiente. Sólo así se puede cambiar la historia sin hacer daño a nadie, sin hacer daño a este país que tanto ha sufrido ya.
Y de esta forma se puede llegar a la república o seguir con la monarquía, porque es el pueblo quien tiene la última palabra, pero respetando las reglas del juego que democráticamente nos hemos dado. No rompiéndolas. No inventándonos ahora otras.
Personalmente, ya lo he dicho en la anterior entrada, estoy profundamente agradecido a la Monarquía en la que he vivido, en paz y libertad, desde mis 20 añitos hasta hoy. Pero no me siento monárquico, tampoco republicano, cuestión ésta más emocional que racional, pienso. Lo que sí me siento es demócrata y me sabría muy mal que por esta cuestión entre unos y otros reventemos la democracia.
¡Claro que se puede cambiar el modelo de estado!, pero jugando limpio, y pedir ahora un referéndum no es jugar limpio, como nos es jugar limpio decir, como ya se ha dicho, en plan disyuntiva, monarquía o democracia. No. Eso es inadmisible. Repugna sólo oírlo. Y repugna porque con ese planteamiento, lo que hacemos no es cargarnos la monarquía, es cargarnos la democracia.
En un eventual referéndum, ahora anticonstitucional, yo votaría monarquía, lo tengo clarísimo, porque eso sería votar por la democracia que, si se diere tal circunstancia, ya estaría reventada, supongo que en nombre de la libertad, como siempre.
Si llegamos a la III República porque el parlamento, respetando las reglas del juego, y tras la oportuna reforma de la Constitución, llega a proclamarla, aceptaré y hasta es posible que lo celebre, ¿por qué no? Aunque fuere por el placer de ir a Collioure a decírselo al bueno de Antonio Machado.

Este es el camino.

lunes, 2 de junio de 2014

El Rey abdica.

Nunca olvidaré esta imagen. No deberíamos olvidarla.
Hoy, 2 de junio de 2014 tengo que escribir, y tengo que hacerlo sobre lo que ya cualquiera puede imaginar. No será desde luego una sorpresa.
Un mes de noviembre muy frío, según siempre me han contado, nací yo en Valencia. A Franco aún le quedaban dos décadas de gobierno. Poco a poco fui haciéndome consciente de que vivía en una dictadura. En plena juventud, y ya en la universidad, gocé de los vientos de cambio que se avecinaban. Amigos, libros, música, asambleas, algunas carreras delante de “los grises”…
A los cinco días de cumplir los 20, Arias Navarro dijo su famoso “españoles, Franco ha muerto”. Y empezó a reinar Juan Carlos I. Y empezaron a sucederse acontecimientos ilusionantes jalonados de momentos terribles. Estaba yo en la Gran Vía de Fernando el Católico cuando Suárez legalizó el partido comunista, lo recuerdo como si fuera ahora, y disfrutábamos del sabor de la libertad. Y sufríamos el dolor y la rabia de los atentados terroristas de ETA o de la matanza de Atocha. Vivíamos la historia, nos la bebíamos a grandes sorbos.
El 23 F estaba yo haciendo lo mili en Madrid y de permiso en casa, mientras desde el comedor veía entrar por el puente de Ademuz los carros de combate… y la cara de infinita angustia de mis padres, que sabían lo que es la guerra.
Cuando esa noche, con el uniforme de Capitán General de los tres ejércitos y semblante muy serio, el Rey habló por la “tele”, tuve la clara conciencia no sólo de vivir otro momento histórico, hubo tantos, sino de estar participando activamente en ellos. Al día siguiente disfruté en la gran manifestación por la libertad, juntos, gentes de todas las ideologías. ¡Era tan bonito! Y sabíamos que el Rey había tenido mucho que ver en que esa noche acabáramos cenando, felices, en un bar del barrio, el bar Ricardo, brindando por la libertad y la democracia.
Yo le debo al Rey y a otros muchos que con él supieron estar a la altura de la historia, una juventud plena de ilusiones y esperanzas. La política entonces era trabajo, compromiso y fiesta.
Ha llovido mucho desde entonces. El Rey, como todos, ha cometido errores y ha sabido pedido perdón, cosa que otros no han hecho, pero sería de ser muy ciego no reconocer hoy, 39 años después de su coronación, que hay muchísimas más luces que sombras.
Creo que Juan Carlos I puede irse con la satisfacción del deber cumplido, y hoy por justicia, por respeto, por saber estar a la altura de los acontecimientos, por pura “elegancia torera” es día de agradecimiento. Y punto. 

domingo, 1 de junio de 2014

La cruz en la niebla.


Recordaba esta mañana, nuevamente soleada, aquel rato en el que estuvimos contemplando, Isabel, José Luis y yo, casi solos, aquella cruz clavada en un islote en el medio del lago envuelto en niebla.
Era una tarde de verano en el Gran San Bernardo, a 2473 metros, entre Italia y Suiza, y estábamos a tan solo dos grados sobre cero.

viernes, 30 de mayo de 2014

No matarás.


Me preocupa lo que ha sucedido a raíz del asesinato de Isabel Carrasco, presidenta de la Diputación de León. No sé si os habéis dado cuenta, pero es preocupante.
Las pintadas en la pasarela donde fue tiroteada y rematada, los comentarios por internet apoyando el hecho y animando a extenderlo a otros, según ellos “asesinables”, la sensación extendida de que de algún modo se lo había ganado, pues no era buena persona, parece ser…El crimen justificado e incluso jaleado.
No sé, pero a mí me ha dejado un mal sabor de boca y la sensación de que algo estamos haciendo rematadamente mal para que el hecho de pegarle un tiro a una persona produzca a algunos satisfacción y así lo manifiesten y a la gran mayoría indiferencia porque…igual se lo había ganado, quedando la repulsa tan solo en el plano puramente institucional. Y me asusta además lo rápidamente que ha caído todo en el olvido, por eso lo recuerdo ahora.
La indignación, la rabia que nos produce la injusticia, el abuso de poder, el sentirnos avasallados, despreciados, ninguneados prende en nosotros la llama de la ira y en ocasiones el deseo de matar, deseo que perdería fuerza en cuanto fuera realmente posible su realización, al menos en la mayoría de las personas, pero que en todos está ahí agazapado, listo para saltar…si se dan las circunstancias propicias para que esto suceda.
Y aquí está el problema, que a veces esas circunstancias se producen. Y es entonces cuando resuena una voz antigua, que nos llega desde el principio de los tiempos, ¡no matarás! Un precepto antiquísimo, tan antiquísimo como desoído y vulnerado a lo largo de la historia.
Vulnerado sí, pero no trivializado, no convertido en vulgar espectáculo o en juego cotidiano como en lo que ahora lo hemos convertido.
Nos hemos acostumbrado a la violencia llevada hasta el límite del crimen, y jugamos con ella, disfrutamos con ella. Y nuestros niños crecen con ella como algo habitual, cotidiano e incluso divertido.
Y se nos olvida que todos llevamos dentro esa fuerza para matar. Y que es real. Sólo falta que la ira la azuce, y entonces, como perro rabioso, esa fuerza atacará. Y entonces a base de haber vivido rodeados de violencia, de haber jugado con ella durante tantos años, ese perro rabioso abrirá más fácilmente las puertas de su jaula.
Pienso que estamos jugando con fuego. Y nos quemaremos, porque las fuerzas del mal que desatan la ira, están ahí, ahí cerca, muy cerca.
Igual que no se juega con fuego en el bosque, no se juega con la muerte de nadie. No debe ser juego la muerte de un ser humano a manos de otro.
Dejemos eso, como máximo, para el buen cine, que siempre acabará dejando en el aire y en nuestra conciencia aquella lejana y terrible pregunta al asesino: ¿Dónde está tu hermano Abel?

miércoles, 28 de mayo de 2014

El mal de bajura existe. Yo lo padezco.

Contemplando desde el Pico de La Arista las Agujas de Ansabere podría estar 1000 años.
Hace ya mucho tiempo acuñé el término “mal de bajura” en contraposición con el mal de altura, término éste muy común en el ambiente montañero.
Yo, el mal de altura no lo he sentido nunca, aunque no he pasado de los 4810 metros del Mont Blanc; no sé si más arriba…
Pero sí he sentido y siento con mucha frecuencia lo que llamo el “mal de bajura”. Es una desagradable sensación mezcla de ansiedad, agobio, debilidad muscular, disminución del apetito, falta de tono vital, incluso dolores de cabeza y de cuello frecuentes…¡Vamos! Sensación de estar hecho una piltrafilla.
Me voy a las montañas y vuelvo nuevo; en un  tiempo récord me recompongo, todas las sensaciones desagradables se volatilizan, y se me nota hasta en la cara, según me dicen. Y ahora resulta que eso que me pasa está siendo estudiado por la medicina y le han puesto de nombre Trastorno por déficit de naturaleza. Resulta que va a ser verdad que el alejamiento del medio natural nos pone enfermos.
Yo, desde pequeño, recuerdo que siempre que podía me iba al monte; mis padres me lo facilitaron y además, como ya me gustaba leer, leía aventuras de Emilio Salgari o Julio Verne que casi siempre se desarrollaban en la naturaleza. Pronto los Pirineos me engancharon y me llenaron, y ya no me separé de ellos.
Por esto creo que al recibir toda la vida "altas dosis de naturaleza", estoy como “enganchado a ella” de tal manera que su ausencia me provoca una especie de síndrome de abstinencia que debe ser lo que han venido a llamar Trastorno por déficit de naturaleza.
Claro que quien más intensamente la vive, más sufre estos síntomas. Quien menos, los tiene más atenuados o difusos.
¡Es curioso! Ahora, mientras escribo estas líneas, truena, han caído unas gotas (pocas) y huele algo a tierra mojada; y así, los sinsabores de un día extraordinariamente desagradable casi hasta el final, se disuelven en esa otra forma de ver la vida que redescubro cada vez que me acerco a la naturaleza o que ella, como esta tarde, se acerca a mí.

 Nota: Si este nuevo concepto te interesa, tecléalo en google. Hay información interesante.