FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Eso es de ser un "maleducao", señor Zidane.


Será que soy ya mayor. Será que estoy “chapao a la antigua”. Será que no me adapto a los nuevos tiempos, pero lo que oí ayer en la televisión, esperando al tiempo, me dio vergüenza y me cabreó. ¡Qué queréis que os diga!
El señor Zidane soltó públicamente, no sé en qué momento, si en una entrevista, en una rueda de prensa, o vete tú a saber cuándo, que la temporada, no sé cuál ni me importa, había sido la hostia. Y se quedó tan pancho.
Cuando cada noche, estoicamente soporto los deportes del telediario, para no perderme “El tiempo”, lógicamente no hago ningún caso, pero el exabrupto me sorprendió, y miré. Me salió del alma decirle, imbécil, más que imbécil.
En primer lugar me parece una expresión de mal gusto, basta, soez, pobre, desagradable. Una expresión perfectamente sustituible por otras muchas, muchísimas, que indican lo mismo pero de un modo más normal, más elegante. Precisamente el castellano es extremadamente rico para expresar con él cualquier pensamiento de un modo correcto.
En segundo lugar, veo una fuerte carga antieducativa. Para muchos niños y jóvenes, desgraciadamente a mi parecer, las gentes del fútbol son modelos a imitar. Si ese individuo, delante de toda España, dice semejante expresión, ¿por qué el chiquillo no va a poder usarla en el ámbito privado? ¡Qué más da que papás y profesores peleemos por que tengan un lenguaje correcto, adecuado a las circunstancias! El taco, la expresión soez tiene su momento cuando hemos perdido los estribos o el impacto nos descoloca. No antes, no en cualquier sitio.
Y en tercer y último lugar, la expresión es una blasfemia. Claro que, hoy en día, parece que ya no existen las blasfemias. Hace tiempo dejaron de sonar mal a demasiada gente. Pero sigue habiendo personas a las que las blasfemias les molestan, les hieren, y están en su derecho. ¿O no? Entre liarse a tiros por una caricatura de Mahoma y blasfemar públicamente, ante millones de personas, sin recato alguno, creo que hay un término medio. El del respeto que todos merecemos.
Pero bueno, es lo que hay. El endiosamiento de las gentes del fútbol, impulsado, no por el deporte en sí, sino por las ingentes cantidades de dinero que mueven, los ha elevado por encima del bien y del mal. Ya no tienen límites. Hace tiempo les dijeron que eran dioses, y se lo han creído. Pero no lo son.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Receta. Gazpacho manchego de la princesa Micomicona.

¡Con qué placer degustaría un gazpacho así, con su princesa Micomicona, el gallardo y gentil caballero!

Ya hace tiempo publiqué en el blog mi receta de gazpacho manchego. Tal y como sale siguiendo la receta está muy, pero que muy bueno, pero le he dado una vuelta más de tuerca al asunto. A la nueva receta le he llamado, gazpacho manchego de la princesa Micomicona, pues principesco y nobilísimo es el plato.
Los ingredientes son los mismos que en la receta anterior. Para 12 o 15 personas serían los siguientes:

Aceite de oliva.
1 pollo.
2 codornices.
1 conejo.
1 bote de tomate triturado de 1 Kg.
½ Kg. de rebollones o champiñones.
2 docenas de caracoles precocinados (optativo).
10 pastillas de caldo de carne.
2 docena de almendras.
2 cabezas de ajos.
1 bote de pebrella.
Perejil.
Laurel.
4 paquetes de torta de gazpacho.

Deposítese en una olla a presión, de 8 a 10 litros, toda la carne debidamente troceada, el laurel y las pastillas de caldo. Llénese de agua lo máximo posible y cuézase durante tres cuartos de hora desde que nos avise la válvula con su piiiiii, fffffff,ssssss,piiiiiiii.
Cuando se pueda abrir la olla sin que acontezca un cataclismo culinario, y se pueda manipular la carne sin quemarse los dedos, desmenúcese toda ella y resérvese. Apártese el hígado del conejo. El caldo resérvese también.
A continuación, en un caldero de dimensiones adecuadas, sofríase con aceite de oliva los rebollones o champiñones, el tomate y los ajos, y cuando ya esté bien sofritito, añádase la carne que teníamos reservada. Désele a todo varias vueltas para que se mezcle bien, y enseguida viértase el caldo al que se le añadirán los caracoles.
Déjese cocer todo, a fuego medio, una media hora larga. Luego añádanse los trozos de torta y remuévase todo bien. ¡Ojo a partir de ahora! Si se reduce demasiado el caldo, añádase más agua y en cualquier caso remuévase con frecuencia para que no se pegue.
Después de unos cinco minutos espárzase por encima del hervor una salsa hecha con el hígado del conejo, dos o tres ajos, las almendras y el perejil, todo bien picadito y disuelto en dos o tres cucharadas de caldo. Sígase removiendo y cuézase unos diez minutos más como máximo. Y ya está.
La pebrella yo la pongo en dos momentos. Primero al echar el caldo, dos cucharadas soperas, y luego, al echar la torta, otras dos.
El que salga caldoso o espesito va con gustos. A mí me gusta espesito. Esto se controla vigilando y rectificando, si es menester, la cantidad de caldo al echar la torta, ya  que absorbe mucho, aunque es mejor no tener que hacerlo.
Como habréis visto la primera parte la hago con olla a presión y con gas. La segunda, si es posible, prefiero hacerla con fuego de leña en un recipiente ancho para poder trabajar más cómodamente. Pero también se podría hacer con gas.
Y a comer a gusto. Hecho el gazpacho de esta manera, es como dicen por aquí, “figa mos”. No hay que preocuparse más que de disfrutar del plato y del buen vino que debe acompañarle. Y de la compañía, ¡claro!

¡Que aproveche!


NOTA: La Princesa Micomicona es un personaje del Quijote inventado por el cura, el barbero y Dorotea para hacer regresar al Quijote a su pueblo e intentar que entre razón. Pienso que el bueno de don Quijote, si invitara a gazpacho a la susodicha princesa, le haría un gazpacho como éste, ya que, haciéndolo de este modo, no se vería obligada a separar la carne del hueso, tosca tarea ésta, pues ya lo habrían hecho por ella.

sábado, 17 de diciembre de 2016

Una cadena de solidaridad.


Pasó el otro día, y fue uno de esos momentos que te reconcilian con la humanidad. Un momento fugaz que surgió de un modo tan natural, tan espontáneo, que casi me da miedo describirlo por si, sin querer, lo estropeo de algún modo. Pero os lo voy a contar porque tampoco me parece justo disfrutarlo yo solo.
Andaba por el monte con un grupo de unos cincuenta chavalillos y chavalillas de unos doce o trece años. Junto a mí, iba alguien a quien sabíamos todos que la marcha de doce kilómetros le estaba costando más que a los demás, pero que la estaba haciendo con un esfuerzo, un valor y una alegría, admirables.
Llegados a un punto en que el camino se hacía escarpado, les dije que esperaran para adelantarme, ojearlo, y asegurarme de que era factible pasar por allí. Y lo era, así que les di paso.
Había que ascender un terraplén entre grandes bloques de roca. Enseguida me acordé de mi admirable acompañante que se había quedado, abajo, en el grupo. No tuve tiempo de bajar a ayudarle. Sus compañeros, de un modo rápido, sin que mediara orden alguna por mi parte, formaron un camino por el que ascendió sin ninguna dificultad, de brazo en brazo, de mano en mano, arropada por espontáneas palabras de ánimo.
Desde donde yo estaba la imagen era preciosa, conmovedora. Veía una cadena de solidaridad por la que el grupo se afianzaba como grupo. Yo les había dicho antes de salir, "vamos a andar, juntos, apoyándonos unos a otros, no dejando que nadie se sienta solo." Y lo estaban haciendo de un modo tan natural, tan elegante, tan rotundo... Y sé que no por obediencia al “profe”, no, sino por algo mucho más importante, mucho más profundo, mucho más hermoso. Además, no le dieron al magnífico gesto ninguna importancia. Habían hecho lo que tocaba hacer.
Cierto que les cuesta callar, atienden a días, y a veces hacen tonterías. Después de todo, cada uno es hijo de su padre y de su madre, y algunos llevan ya pesadas mochilas en el camino de su vida. Pero son capaces de hacer cosas tan grandes como éstas sin que nadie se las pida, sin que nadie se lo organice, sin deseo de espectáculo, ni de gratificación alguna. Simplemente porque es mi compañero, mi compañera y ahora me necesita.
Y como me necesita, ahí estoy yo, ahí estamos nosotros, ahí está el grupo. 

¡Gracias chavales!

viernes, 16 de diciembre de 2016

Ya está aquí.


Ya ha venido, ya está aquí, la venían anunciando. La gota fría, según los periodistas, la DANA (depresión aislada en niveles altos) según los meteorólogos, ha irrumpido con una tormenta. ¿Hasta cuándo se quedará con nosotros? Unos mapas dicen que hasta el domingo, otros que hasta el lunes.
El agua baja por la calle, ahora vacía, hacia el río, suena en el tejado, canta en los canalones. De vez en cuando un relámpago, luego, pronto, el trueno. La tenemos arriba. De momento llueve bien.
La verdad es que impresiona. Está poniéndose el sol en los momentos en que escribo estas líneas pero ya es de noche. La noche severa de las grandes lluvias que tanto daño han hecho por estas tierras, tanto daño como los largos períodos sin ver el agua. Así es nuestro clima.
Hasta principios de noviembre no habíamos alcanzado este año ni la media de lo que llueve en los desiertos. Luego cayeron 104 litros. Ahora vuelve a llover en serio. Es bueno, es necesario, pero cuidado, esto puede hacernos daño.
Se intensifica la precipitación en este momento. Otro relámpago, el trueno. La calle de parte a parte. La luz que hace amago de irse. Voy a dejar el ordenador, por si acaso. Voy a ver llover. Y a esperar que la bendición de la lluvia no sea, esta vez, una maldición.

jueves, 15 de diciembre de 2016

De camino por la rambla.


Voy a compartir el texto que les he preparado y leído a un grupo de alumnos de 2º de ESO que se han ido hoy de convivencia, por si a alguien puede resultarle útil.

No es aún el Camino de Santiago, pero es un camino. No vamos andar más de cien kilómetros, vamos a andar doce. A medio día ya habremos llegado a la casa donde estaremos calentitos, tendremos nuestra habitación, nuestra comida, donde nos encontraremos de nuevo cómodos. Donde si llueve no nos mojaremos.
Pero primero vamos a andar. Vamos a ir por la rambla Castellana hasta nuestro destino. Hará frío, hay nubes y el sol de diciembre calienta poco. Pero como os he dicho, vamos a andar, juntos, apoyándonos unos a otros, no dejando que nadie se sienta solo. Los más rápidos han de esperar a los más lentos. Y los más lentos han de esforzarse por ir más rápidos.
Y os preguntaréis, ¿por qué hacemos esto? Porque queremos que empecéis a pensar en serio en vuestra vida, y queremos ayudaros a hacerlo. Queremos que os deis cuenta de que la vida es como un camino que hay que recorrer y que, como todos los caminos, tiene momentos bonitos y momentos menos bonitos, momentos de cansancio y momentos en que nos encontramos fuertes y nos comeríamos el mundo.
También queremos que os deis cuenta de que no estáis solos en ese camino, de que lo andáis con otros, vuestra familia, los “profes”, los compañeros, los amigos. Y que cuanto más conozcáis y respetéis a esa gente que anda con vosotros, más fácil os será andarlo.
Dios, a lo largo de la historia, nos ha dicho a los hombres que nos quiere caminando. Se lo dijo a Abraham, se lo dijo a Moisés y al pueblo de Israel, el mismo Jesús anduvo muchos caminos y, a veces, la noche le pillaba en descampado y, como él mismo nos dijo, no tenía ni una piedra donde reposar su cabeza.
¿Podíamos haber ido a la casa directamente en el autobús? ¡Claro que sí! Pero entonces no experimentaríamos el camino. Queremos que os lo paséis bien y pasarlo bien con vosotros. Nos da igual si os cansáis, nos da igual cansarnos. Venceremos al frío andando. Hablaremos todos con todos. Veremos un cauce seco que, posiblemente, este próximo fin de semana sea un caudaloso río.
Habremos andado un camino. ¡Ojalá entendamos lo que significa eso! ¡Ojalá seamos capaces de trasladarlo a nuestra vida! ¡Ojalá escuchemos siempre la voz de Dios diciéndonos, como a Abraham, “Sal de tu casa, de la casa de tus padres y vete a la tierra que yo te mostraré”.
Porque todos estamos llamados a habitar una tierra que mana leche y miel, donde habita la justicia, donde ya no hay muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Ése es nuestro destino. Y la vida, nuestra vida, el camino que nos conduce allí.
¡Feliz camino!


Y habrá que decir ahora también que la marcha la han hecho muy bien, se lo han pasado en grande y ha habido muy bonitos gestos de solidaridad y compañerismo.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Rosa y azul. El "digno" combate de la señora Oltra.


Una de las cosas que más me ha irritado siempre de la denominada, más bien autodenominada, izquierda progresista, es su pavorosa superficialidad y su amor por las “posturitas” políticamente correctas. ¡Cuánto daño han hecho y siguen haciendo al verdadero socialismo y al auténtico progreso!
Recientemente me sorprendió la señora Oltra anunciando una especie de cruzada contra el rosa y el azul. Había que erradicar la identificación entre el color rosa y lo femenino, y el azul y lo masculino. Había que acabar con las princesas rosa y los príncipes azules. No sé muy bien por qué, pero parece ser que eso atentaba contra la igualdad entre el hombre y la mujer. Además era un arquetipo sexista que provocaba graves perturbaciones mentales en los niños, ¿y habría que decir también niñas?, lo que luego derivaba en atroces discriminaciones hacia las féminas y otros males semejantes.
¿Qué queréis que os diga? Me pareció el planteamiento tan ridículo, tan pueril, tan de imagen hueca, que me sonrojé. Me dio vergüenza ajena. Me supo mal que, una vez más, dieran carnaza a quienes siguen pensando, aunque sea en su fuero interno, que el lugar de la mujer es la cocina y su actitud, la sumisión. Estas tonterías les dan motivos para reafirmarse en sus erróneos planteamientos y, hablando en plata, descojonarse de ellos, y con razón.
Veo dos errores garrafales en este planteamiento de la señora vicepresidenta. El primero es ignorar la naturaleza y el segundo, quedarse en la corteza del asunto.
Respecto al primero, creo que en ese afán de igualdad, caen en un igualitarismo tan tonto que da risa. El hombre y la mujer son diferentes física y psicológicamente. ¡A Dios gracias! Pero esa diferencia, natural e inevitable, no puede jamás justificar la superioridad de uno sobre el otro. Diferentes pero con igual dignidad, con los mismos derechos.
Esta es la clave. Derechos y dignidad idénticos, pero cada persona con su lugar propio en el continuo entre la masculinidad y la feminidad. Y si en ese continuo, por cuestiones biológicas o culturales, o ambas, las niñas prefieren el rosa y los niños el azul, las niñas las muñecas y los niños los camiones, ¿qué más da? Conozco niños que juegan con muñecas y niñas con balones. Pues muy bien, ¿qué pasa? No son estas cuestiones propias de la vicepresidente de la Generalitat por muy consellera de igualdad y políticas inclusivas que sea.
Sin embargo, y éste es el segundo error, sí es asunto de tan dilecta señora, trabajar discreta pero eficazmente para lograr la igualdad de oportunidades entre el hombre y la mujer en el acceso al mundo laboral y a los cargos de responsabilidad, sin apoyarse en una vergonzosa ley de paridad. Sí es asunto suyo trabajar por la igualdad de salario en el desempeño de la misma tarea. También debe esforzarse por lograr la eliminación del sexismo en la educación, en el deporte, en la publicidad, en el ocio y la fiesta. Es tarea suya la plena conciliación de la maternidad con el trabajo, la lucha contra la violencia en la pareja, tanto psicológica como física y en ambos sentidos, y otras muchas cuestiones necesarias y todavía pendientes. Y nada de esto es superficial.
Pero el que los príncipes sean azules o a motas fucsia y las princesas color de rosa o con guirnaldas caqui, no creo que sea cuestión de importancia, ni siquiera que esté en la base de futuros comportamientos no deseables. Es una “posturita” más, es andarse por las ramas, es coger el rábano por las hojas.
Es, creo humildemente, hacer un flaco servicio a la seria, urgente y necesaria lucha por la plena dignidad de la mujer y por su absoluta igualdad con el hombre, asumiendo, eso sí, las naturales y hermosas diferencias entre unas y otros.

El último plenilunio del otoño.

Ahí la tenéis. La luna de Valencia. Ayer, poco después de elevarse sobre el mar. Estaba en el Alt del Pi y hacía frío. No había nadie. La luna y yo. Y abajo, hacia el sur, oculta bajo las brumas, la ciudad.

En el momento de salir entre brumas.
Ya en el cielo, dueña de la noche. ¡Espléndida!