FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

martes, 1 de septiembre de 2015

Aciertos y esperanza de más aciertos.


Uno de septiembre. Empieza un nuevo curso. Y hay cambios, cambios, a mi juicio, positivos. Y hay esperanzas, al menos de momento hay esperanzas.
En primer lugar, muy bien por atrasar el inicio del curso, dejándolo como estaba antes de la “ocurrencia” del curso pasado. Los cambios en el calendario escolar son algo muy serio por las consecuencias que tienen en muchísimos ámbitos.
En segundo lugar, muy bien también por eliminar las pruebas diagnósticas. Estoy de acuerdo con “controles de calidad en el sistema educativo”, pero no como estas pruebas los planteaban.
Hasta aquí bien. Ahora falta que devuelvan lo antes posible los exámenes de septiembre a todos esos alumnos que, aunque sean minoría, los necesitan. ¿Lo harán? Espero que sí. Sería una buena cosa.
Y sería ya maravilloso que las nuevas autoridades educativas fueran capaces de superar ese anticlericalismo trasnochado e injusto hoy, respetando el acceso voluntario del alumnado a la asignatura de religión, aunque sólo sea como conocimiento de un elemento cultural imprescindible para entender nuestro mundo y nuestra historia.
Y el colmo de lo maravilloso, por acumulación de maravillas, sería que permitieran la coexistencia en la escuela de nuestras dos lenguas, dos lenguas hermanas tan hermosas, no cayendo en el triste error de hacer con el castellano lo que en otros tiempos se hizo con el valenciano.
Desde luego que hay muchas más teclas que apretar para que la educación suene bien, pero por algo se empieza, y toda piedra hace pared ¿no? Además, pedir es gratis, y soñar más.

lunes, 31 de agosto de 2015

Hoy he visto la Vuelta Ciclista a España.

Mira por donde hoy he visto la Vuelta Ciclista a España, en vivo y en directo. Y no precisamente por voluntad propia, pues el ciclismo es un deporte, como me pasa con otros muchos, que me interesa bastante poco, o sea nada. Pero como tengo claro que debe haber en el mundo para todos los gustos, pues me parece muy bien que exista el ciclismo y haya gente que le guste. ¡Faltaba más!
Salíamos Isabel y yo poco antes de las dos de la tarde del Nuevo Centro y un desaforado concierto de pitos de guardias nos ha alertado de que algo pasaba. Nos han parado en un semáforo y enseguida han empezado a pasar una incontable cantidad de guardias civiles en motos y coches. Isabel ha caído en la cuenta enseguida, ¡la vuelta! ¡Menos mal que era la vuelta! Si no, qué susto.
Me he dicho, ¡rayos, mil rayos! Menos mal que no he comprado la ensaladilla rusa que iba a comprar, porque esto irá para largo. He parado el motor y hemos bajado del coche. El termómetro de la calle marcaba 35ºC que, junto a la humedad que había en el ambiente, daba una sensación térmica de vete tú a saber cuántos graditos.
Seguían pasando vehículos de la Benemérita,  algunos coches con bicis arriba y otros de diversos medios de comunicación. Pronto, al concierto de los pitos de los municipales se le ha unido el de los que, atascados por doquier, sin saber qué pasaba, hacían sonar sus claxons.
El ambiente era agradabilísimo. Seguían pasando “beneméritos”, coches con bicis, prensa, radio, tele... El concierto, a ratos, se intensificaba. El sol aplastaba, y entonces me he protegido con un paraguas de sus efectos sobre mi cabeza y todo mi ser. Isabel, más adelantada, preparaba el móvil para grabar el paso de los ciclistas que no llegaban. Ha pasado un helicóptero. Nada, aún no vienen.
Y en un determinado momento se ha oído, ya están ahí, ya están ahí, y zas, el pelotón muy compacto, en un suspiro, ha pasado silencioso ante nosotros. Unos grababan con sus móviles, otros aplaudían y animaban y otros, ansiosos por salir de allí se metían raudos en sus coches.
Y así ha sido mi experiencia con la Vuelta Ciclista a España, experiencia de la que me quedo con dos observaciones. La primera, es de mucho mérito pedalear con la que caía. La segunda, había más guardias civiles que ciclistas, ¿por qué? No me molesta, pero ¿por qué?
¡Ah! y otra cosita. También he visto el Tour. Hace muchos años, estando en el Pirineo, bajé a Jaca a ver el final de una etapa que aquel año era allí. Le hacía ilusión a la gente con la que iba.
O sea que puedo decir que he visto con mis propios ojos, la Vuelta Ciclista a España y el Tour de Francia. ¡Qué,qué! 

Yo, esperando.
Se acercan.
Más cerca.
Encima mismo.
Ante mis narices.
Se van.

domingo, 30 de agosto de 2015

Cartas a Laura V

       

            Laura, Josep, hola:

Llovió mucho los días previos a la boda. Y aunque la lluvia, y más en verano, es una bendición, no tenía mucha gracia casarse lloviendo. Pero tal día como hoy, hace dos años, no llovió.
Guardamos Isabel y yo muy grato recuerdo de aquel treinta de agosto. ¡Hasta bailé y todo! Y ya sabes, Laura, que soy poco bailongo, aunque tu padre menos aún, ¿a que sí? De verdad, lo pasamos muy bien.
Hoy, en estas breves líneas, aparte de felicitaros por vuestro segundo aniversario, que dicho sea de paso, en dignísimo lugar estáis celebrando, queremos desearos que sigáis caminando juntos por esta vida muchos y largos años, y que no olvidéis que el secreto de una vida en común plena y gozosa radica en que tu felicidad esté en ver feliz a Josep y la suya en verte feliz a ti. Y que ambos os sepáis y os sintáis libres en esa entrega mutua.
¡Uy! Otra vez parezco un cura escribiendo un sermón de boda.
¡Bueno! A pasarlo bien.

Felicidades de parte de Isabel y Jesús.

Amanecer desde el Garbí.

Para reencontrarme, después de muchas y hermosas jornadas pirenaicas, con la tierra en la que nací y vivo, salí ayer sábado, con “la Roberta”, a ver amanecer en el Garbí.
El lugar es bien bonito. Hacía fresco y no había nadie. Y el sol salió como diría Antonio Machado, “bola de fuego entre dorada bruma a iluminar la tierra valentina”. Largo rato de contemplación y silencio, abrigado entre unas rocas, con la vista perdida en el cielo y el mar. Todo poesía, dice un amigo mío en estos casos.
Grabé en vídeo el momento mágico en que el sol apareció entre las nubes lejanas, y le he puesto música de Mozart. Son cuatro minutos. Si queréis verlo pulsad  amanecer desde el Garbí. A continuación hay algunas fotos.









sábado, 29 de agosto de 2015

La caca en la acera.

Sí, es una caca en la acera. Una caca de perro.
Aquí la podéis ver de cerca.
El chucho, cuyo tránsito intestinal parece correcto a la vista del regalo que dejó en la acera frente a nuestra casa, puede ser que fuera solo por el mundo. Mal. Los chuchos no deben ir sueltos y solos.
Pero el asunto es mucho peor si lo llevaba su amo de paseo. Y es lo más probable. En ese caso, aparte de la evidencia ya mencionada sobre el tránsito intestinal del can, hemos de añadir otra. El señor paseante es un  perfecto guarro, un cerdo mondo y lirondo. Esto también es evidente. Y el chucho, en ambos casos, inocente.
Y una cosa os digo. Si supiera quién es, recogería “la mina”, la metería en una cajita y debidamente empaquetada y con un lacito rosa, se la dejaría en la puerta de su casa, o mejor, se la enviaría por mensajería, también con el lacito.
Pero no lo sé. ¡Lastima!
¿Habrá alguna manera de meterle en el coco a la gente que no se puede ir por ahí “enmendando” las calles? ¡Es de un civismo tan elemental! Es, como tantas otras cosas, educación.

viernes, 28 de agosto de 2015

Sólo quito lo que sobra.

Allí estaba, en su pequeño taller, en Gistaín, con un amigo. Trabajaba la madera de boj, a la luz suave que entraba por una ventana orientada al sur, con sus manos y unas herramientas quizá heredadas de su padre o de su abuelo. Era mayor, muy mayor.
Entré con humildad y respeto, sabiéndome “extranjero” en aquel lugar dignificado por el trabajo humano, honesto y antiguo.
Me llamó la atención el cucharón que reposaba en un pequeño expositor y lo compré. Un largo y recio cucharón extraído a mano de un tronco de boj. Era ideal para remover mis guisos a leña y un buen recuerdo.
Cuando me lo entregó me dijo que era el último que le quedaba así, y que no sabía si podría hacer más porque “de la manera que estoy, ¿cómo voy a salir al monte a por la madera?” Realmente era muy mayor, se movía lento y torpe, pero sus manos, a la vista estaba, seguían siendo hábiles.
Y entonces valoré, más todavía de lo que ya valoraba, aquello que tenía en mis manos, y al hombre que me lo vendía. Era él el que salía a la montaña, buscaba el tronco adecuado, lo cortaba, y en su taller lo trabajaba hasta convertirlo en lo que él deseaba “quitando lo que sobra”, como él mismo nos dijo.
Toda una vida “quitando lo que sobra” en aquel rincón sencillo y humilde, una vida ya muy larga que vivía sus últimos veranos. Sí, quizá fuera éste el último cucharón que saliera de las manos de aquel hombre, y eso le dio todavía más valor del que ya tenía por el hecho de ser artesanía en estado puro. Era también testigo y recuerdo de un mundo que, queramos o no, se acaba.





jueves, 27 de agosto de 2015

Contemplando la tormenta.

Me gustan las tormentas. Y cuando puedo contemplarlas desde un lugar seguro, disfruto del espectáculo, desde mi pequeñez y mi insignificancia, de las fuerzas desatadas de la naturaleza. Siento entonces cómo la conciencia de esa pequeñez y esa insignificancia, me hace relativizar todo aquello que no es de verdad importante, y me siento entonces extrañamente libre.

Un rayo cae sobre el Balcón de Pineta.