FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

lunes, 10 de febrero de 2020

"Na de na".


NOTA DE LA SEMANA: 3

Con un día de retraso, imposible antes, siento comunicar que hoy hemos empezado una semana de invierno que tiene de invierno solo eso, el nombre.
Ni frío, ni lluvia, ni viento… “Na de na”. Como máximo, nubes y brumas. Los vientos, falta tampoco nos hacen, pueden ser levantes que traigan humedad; del mal el menos.
Y poco más hay que decir. No toca, el tiempo de esta semana no toca. No tocan los 25 de hoy, ni que las máximas ronden e incluso superen los 20, y las mínimas no se atrevan a descolgarse mucho de los 10. ¡Estamos en febrero!
Mal, muy mal. Por las temperaturas absurdas y la ausencia de lluvia le pongo un 3 a esta semana. Y no le pongo un cero porque el viento no molestará, creo.

sábado, 8 de febrero de 2020

He tardado en sentarme a escribir...


He tardado en sentarme a escribir estas líneas porque no sé muy bien por dónde empezar. Por eso voy a hacerlo repitiendo el breve texto que publiqué ayer, antes de ir a la cena:

¡Qué incomparables encuentro tus designios,
Dios mío, qué inmenso es su conjunto!
Si me pongo a contarlos, son más que arena;
si los doy por terminados, aún me quedas Tú.

Rebosante de agradecimiento, desbordado por vuestras muestras de afecto, pensaba en aquel lejano día en el que entré al cole y me encontré con un 6º de EGB de 42 “cabrillas”, y toda una vida por delante. Y pensé en un tiempo más lejano aún, cuando intentaba madurar mi vocación; pero de esto hablaré en otra entrada.
Pensaba también en los 38 años que han pasado desde entonces, en las luces y en las sombras, en las largas jornadas de desierto, nunca solo, y en los muchos oasis del camino.
Y era tanto y tan hondo todo lo que quería deciros que cuando cogí el micro y empecé a hablar siguiendo un pequeño guion de unas pocas palabras, sabía que no iba a ser capaz de expresar todo lo que quería y de que me dejaría mucho en el tintero.
Y con ese sentimiento me he quedado.
Pero aquí entra el blog, que me permite compensar de algún modo esa sensación con la que sabía que me quedaría, hiciera lo que hiciera ayer por la noche.
Quiero volver a daros las gracias de todo corazón; de verdad. Quiero volver a pediros perdón por todo lo que no haya hecho bien; de verdad. Quiero repetiros, una vez más, que tanto compañeros como alumnos me habéis dado mucho más de lo que yo haya podido daros; de verdad. Quiero arroparos desde el fondo de mi alma con todo el apoyo y ánimo que sé que necesitáis, y más en los tiempos que corren; de verdad. Quiero que os cuidéis unos a otros como me habéis cuidado a mí; de verdad. Quiero que algún día podáis decir, como hoy os digo yo, que pese a todo y por encima de todo, volveríais a “gastar” vuestra vida en el cole, regalándola a “les cabretes conines” y no tan “conines”; de verdad.
Y digo de verdad porque cuando ayer os hablaba, cuando hoy os escribo, lo estoy haciendo con la más absoluta sinceridad. Desnudando el alma sin miedo. ¿Por qué ocultar los sentimientos cuando son ciertos y buenos? ¡Que vuelen libres, al sol y al aire!
Y por todo esto, porque puedo escribir estas líneas hoy después de todo y tanto, sé que debo compartir también con vosotros, compañeros del alma, alumnos de siempre, amigos, un hondo sentimiento de gratitud a Dios y de admiración por su presencia en mi vida.
Por esto repito por tercera vez en dos días,

¡Qué incomparables encuentro tus designios,
Dios mío, qué inmenso es su conjunto!
Si me pongo a contarlos, son más que arena;
si los doy por terminados, aún me quedas Tú.

¡Gracias y que Dios os bendiga!

viernes, 7 de febrero de 2020

¡Qué incomparables encuentro tus designios!


¡Qué incomparables encuentro tus designios,
Dios mío, qué inmenso es su conjunto!
Si me pongo a contarlos, son más que arena;
si los doy por terminados, aún me quedas tú.
Sal. 138, 17-18

jueves, 6 de febrero de 2020

Evocando aquella noche en Martinet.


Tengo el mal de bajura del que ya he hablado más de una vez en el blog. La causa, el tiempo que hace que no estoy en alta montaña; demasiado para mi gusto, desde el verano pasado. Y una pérfida faringitis, de la que ya me estoy recuperando, lo ha agravado.
Por eso me ha puesto a releer algunos textos que escribí hace años y que me resultan muy evocadores. Voy a compartir uno de un viaje al Pedraforca y el Cadí, al impresionante Pirineo oriental, como yo le llamo, oriental, no de otra forma. Las montañas no tienen fronteras, las fronteras nos las hemos inventado nosotros.

Estaba acabando la “mili” y en un permiso, llevando por guía a Pep, un amigo que tuve en el cuartel que también era montañero, nos fuimos al Pedraforca.
 No conocíamos la montaña, y nos impresionó. Es espectacular. Dormimos solos en el refugio Lluis Estasen, pues el guarda, que era amigo suyo, le había dejado las llaves. Fue todo perfecto.
Hecha la cima, y celebrado el evento convenientemente en el refugio, por la noche, ¡qué recuerdo!, Pep nos acompañó al día siguiente hasta la carena del Cadí, y allí en lo alto, junto al Comabona, nos despedimos. Él regresó a Manresa, y nosotros, que teníamos más días, descendimos hacia al norte. Tras dormir esa noche en el refugio del Prat d´Aguiló, nos dirigimos a Martinet, donde llegamos al día siguiente, de noche cerrada.
Hacía mucho frío y los árboles estaban desnudos.
Allí, por teléfono, mis padres me dieron el alegrón; del cuartel me habían llamado y me alargaban el permiso hasta después de nochevieja.
Tengo grabado en mi mente el bar donde, absolutamente satisfecho y feliz, cenando con dos buenos amigos, brindamos por las cimas hechas y por hacer, por el permiso, por la juventud, por la vida…

¿Os podéis creer que si cierro los ojos aun veo aquel momento con absoluta nitidez? Aquel brindis en el bar, junto al Segre, por las cimas, por el permiso, por la juventud, por la vida...

NOTA: Si quieres leer la entrada sobre el mal de bajura pulsa en el buscador del blog la palabra bajura.

Mi amigo y yo en la cima del Pedraforca.

Descendiendo por la canal central.

En la carena del Cadí.

Contemplando la norte del Cadí.

Junto al fuego, en el refugio del Prat d´Aguiló.

Llegada a Martinet, poco antes de la noticia...


miércoles, 5 de febrero de 2020

Yo no sé muchas cosas, es verdad.


Escuchando hoy por la radio a uno de esos individuos que tienen muy claro quiénes son los buenos y los malos, y que además están convencidos de tener la altísima misión de salvarnos de nosotros mismos, hay muchos de esos, me ha venido a la cabeza aquel poema de León Felipe que cantábamos en mis años mozos con la ingenuidad y la ilusión de la juventud.
Y me he dado cuenta de que no ha perdido ni un ápice de actualidad, incluso diría que es más rabiosamente actual, rabiosamente.

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre...
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos...
y sé todos los cuentos.

Si queréis escuchar cómo lo cantaba Aguaviva pulsad Aguaviva.

lunes, 3 de febrero de 2020

Esto también es Valencia.


Tenemos paisajes en Valencia que nadie diría que son de Valencia. Nada de huertas, playas, ni siquiera pinares. Impresionantes farallones rocosos cuya contemplación nos traslada a otras regiones del mundo. Parajes solitarios, casi inexpugnables, ocultando rincones por donde no pasa nunca nadie…
Aquí tenéis la vertiente sur de la sierra del Ave o de Dos Aguas, cayendo desde sus casi 1000 metros hasta los 100 del Júcar cuyo cauce, encajonado, ni se ve. ¡Impresionante!



domingo, 2 de febrero de 2020

Semana de verano e invierno.


NOTA DE LA SEMANA: 7

Cuando el domingo pasado hablaba de que irían subiendo las temperaturas poco a poco, ni “jartodevino” me imaginaba que llegarían a donde han llegado; el verano en medio del invierno.
Y así vamos a empezar la semana, pero solo empezar, porque el miércoles empezarán a bajar hasta algo más normalito; tampoco frío, que nadie se asuste o se haga ilusiones. Mínimas rondando los cinco y máximas sin alcanzar los veinte pero acercándose. O sea, invierno mediterráneo, suavecito él.
El viento, más flojo que esta semana y variable, incluyendo calmas o incluso levantes, y el cielo “tutifruti”; desde cubierto, hasta despejado pasando por nubes altas, bajas, medias y brumas. No habrá dos días exactamente iguales.
De lluvia ni se sabe, aunque hay que reconocer que ahora no nos hace demasiada falta. Entre lo que llovió y la fusión de la nieve que está provocando el calor, hay agua.
¿Qué nota le pongo? Pues un siete. Será otra semana cómoda a la que no pongo más nota porque el calor con el que empieza, el martes llegaremos a los 27, me parece excesivo, fuera de lugar, absurdo…
Por cierto, la pasada no se merecía un ocho, porque el viento ha sido más fuerte de lo deseable, y el calor se ha pasado veinte pueblos.