FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

lunes, 12 de junio de 2017

Me solidarizo con sus expresiones.

Cierto que vivimos en un mundo complejo y contradictorio. Mientas unas sociedades se radicalizan en la intolerancia más absoluta y cortan sin recato alguno el más mínimo atisbo de pluralismo, otras, la nuestra, se radicalizan también en un pluralismo sin límites. Cosas de la vida.
Este fin de semana, en Madrid, nos sorprendió en la mismísima Puerta del Sol, cerca del mediodía, con una temperatura superior a los 35º y en contra dirección, una expedición de individuos e individuas de lo más variopinto, pero que tenían en común dos cosas: una, ir en bici, la otra, hacerlo tal y como vinieron al mundo, exhibiendo, sin pudor ni recato alguno, toda su humana corporeidad.
Pusiéronse los móviles y las cámaras fotográficas en funcionamiento masivamente. La mía también, ¿qué queréis que os diga? Las expresiones del personal allí concentrado eran de lo más variadas, indiferencia, vergüenza, estupor, asombro, risa contenida o desatada, cachondeo, asco… Con el calor que hacía, sudaban copiosamente, el solo hecho de pensar en el contacto de sus partes bajas con el sillín de la bici resultaba poco menos que "asquerosito", al menos para la mayoría de los allí presentes, según los comentarios del atónito personal.
Y yo pensé en palabras como moderación, sentido común, equilibrio, discreción… mientras, un poco al tuntún, disparaba mi cámara, no sin cierto reparo, ya que bien sabía que eso era lo que su exhibicionismo buscaba y no quería complacerlo.
Mirando hoy las fotos del viaje, me he dado cuenta que hice una muy significativa y creo que divertida. Dos señoras y un chaval joven, dignamente vestidos, miraban con una expresión, que dejo que califiquéis vosotros, a uno de aquellos augustos y venerables ciudadanos, expresión con la que yo me identifico plenamente.
En fin. ¿Qué le vamos a hacer? Como dice la gente en el pueblo, "¿fará falta?"






sábado, 10 de junio de 2017

Un de los trenes tiene el semáforo en verde.


Un choque de trenes, y más si es  frontal, produce muchas víctimas. No sé si cuando los medios de comunicación ponen este símil refiriéndose al problema del independentismo catalán, son conscientes de esto.
La vía unilateral elegida por Puigdemont y los suyos conduce inevitablemente a un enfrentamiento institucional y social de consecuencias imprevisibles y, a buen seguro, con un número elevadísimo de víctimas. Y ya tiene fecha, el 1 de octubre.
Mi planteamiento es el siguiente. Romper un estado democráticamente establecido, a sabiendas del grave riesgo que esto entraña, y conociendo el impacto negativo que en la sociedad tendrá, apoyándose en una más que ajustada mayoría parlamentaria, es algo demencial, propio de los políticos más destructivos de la historia.
Quizá habría que recordarles a estos señores que su función, como la de todos los políticos, es servir al bienestar de todos los ciudadanos, de todos, antes que a los sueños, más que discutibles, de una mitad de ellos. Deberían entender que si ellos se sienten legitimados por el apoyo de una mitad, el estado se siente también legitimado por el apoyo de la otra mitad y además por una constitución democráticamente establecida.
Otra cosa bien diferente sería que el independentismo fuera una fuerza ampliamente mayoritaria. En modo alguno lo comparto, pero en este caso lo democrático sería, pienso yo, que España reconociera, con todo el dolor de corazón, que Cataluña no quisiera saber nada de ella, después de toda una historia en común, plena de luces y sombras, pero en común. Y tras este amargo reconocimiento consensuar una solución a lo que sí sería un problema real, pues sería un problema de la mayoría de la gente.
Pero no es el caso. Antes de lanzarse a este insensata aventura, los que desean una república catalana deben convencer a la mayoría de sus conciudadanos que eso sería bueno para todos, que sería lo justo, que sería lo necesario y conveniente. Y que se tomen todo el tiempo que les haga falta. Y cuando en unas futuras elecciones saliera un parlamento ampliamente independentista, el estado no tendría más remedio que asumirlo y obrar en consecuencia.
Pero por lo que veo no es el sentido común más elemental quien les asiste. No acierto a entender, por mucho que me caliento la cabeza, cómo van a donde quieren ir, de la manera que están yendo. Puedo entender, que no compartir, el destino de ese tren, pero no la forma de llegar a él, por una vía donde hay otro tren que viene en dirección contraria, y es el que tenía la señal en verde, por pura democracia.

viernes, 9 de junio de 2017

Ignacio Echeverría y el minuto de silencio...


Ciertamente Ignacio Echeverría merece todos los homenajes que se le están haciendo y se le puedan hacer. Es un héroe, y su acto de valentía y extrema dignidad merece respeto y memoria.
Y ese respeto y esa memoria no deben quedarse solo en homenajes, medallas y concentraciones. Ha de ir mucho más allá, ha de obligarnos a ser coherentes y a exigir coherencia a nuestros gobernantes asumiendo los riesgos y costes de esa coherencia.
Esta coherencia nuestra la merecen tanto Ignacio como el resto de las víctimas y no sólo de este atentado sino de todos los atentados que estamos sufriendo durante demasiado tiempo.
Cuando en el partido de clasificación para el mundial de Rusia entre Australia y Arabia Saudí, en Adelaida, los jugadores de la selección árabe se negaron a guardar el minuto de silencio por las víctimas del último atentado de Londres, permaneciendo los del banquillo, sentados en él, ese partido no se tenía que haber jugado. Y eso es coherencia.
No condenar un crimen y no ponernos sin ambages de parte de la víctima nos hace cómplices de él. Si además la justificación es tan irritante y peregrina como que “es una señal de respeto a los muertos que no pertenece a la cultura saudí”, el haberse celebrado ese partido clama al cielo. 
Los muertos que no pertenecen a mi cultura no merecen respeto, siendo además miembros de mi cultura quien les ha quitado la vida. Esto es lo que dicen que han dicho. Al más puro estilo nazi. Y repito, se celebró el partido, y esa infame selección seguirá en el mundial. O sea que el fútbol sí es intercultural pero el derecho a la vida y a la libertad,no.
No señor, no. El fútbol no está por encima de los derechos humanos más básicos. Por eso digo que ese partido no se debería haber jugado. Y que pase lo que tenga que pasar. Ese sería el verdadero homenaje a Ignacio Echevarría y a todos los que han sido vil y cobardemente asesinados por la locura del terror.
Es una edad oscura la que nos amenaza y no podemos seguir con este juego tonto de indignaciones más o menos sentidas y solidarizaciones sin consecuencias. Y las consecuencias deben ir más allá del abucheo que se produjo en el estadio. Negarse a jugar con cómplices de asesinos sería un primer paso, un paso de gran dignidad y profunda coherencia. Y la FIFA, entonces, tendría que tomar decisiones. Y no podría decir que el fútbol no entiende de política, porque no estoy hablando de política, sino, y lo digo una vez más, del derecho a la vida y a la libertad de todos los seres humanos. Y eso sí que está por encima de la política, y del fútbol.
Sí, ése sí sería un verdadero homenaje. 

jueves, 8 de junio de 2017

Cuando ser legal es un peligro.


Andaba el otro día por una autovía bien conocida por mí cuando la limitación de velocidad bajó a 80. Me aseguré,  mirando por el retrovisor, de que el cumplir la limitación no me supondría salir con Roberta (mi moto) por los aires pasando así al otro barrio de un modo prematuro, inesperado y súbito.
Bajé a 80 Km/h y todo el mundo empezó a pasarme, camiones incluidos. Y a mirarme. Y medité. Aquí algo falla. O yo soy un perfecto imbécil por respetar la limitación de velocidad, o los imbéciles son los que haciendo de su capa un sayo pasan olímpicamente de la señal de marras, o quien ha puesto ahí dicha señal es el imbécil.
Y claro, aunque el sentimiento me decía que el imbécil era yo, intenté que fuera la razón la que me aconsejara para discernir quién es el imbécil. Me hice entonces el siguiente planteamiento.
Las señales están para ser respetadas. Si una señal no es respetada masivamente, y más aún, si resulta más peligroso respetarla que no respetarla, no acierto a entender qué diablos hace ahí esa señal.
Me niego a aceptar que la casi totalidad de los conductores sea imbécil. Por lo tanto aquí hay sólo dos imbéciles. Uno, yo, por respetar algo sin sentido. Otro, quien puso ahí esa señal de máxima 80 y la mantiene cuando nadie la respeta, por innecesaria y peligrosa.
Ahora quedaba discernir entre los dos imbéciles quién era el más imbécil. ¿Quién puso la señal o quien insensatamente la respeta, o sea yo y algún que otro tontarra? Pero ese discernimiento lo dejo en manos de quien amablemente haya llegado a leer hasta aquí.
Y es que no sé a qué esperan para revisar las limitaciones de velocidad en nuestras carreteras, muchas de las cuales están obsoletas, siendo inadecuadas, difícilmente cumplibles y a veces muy peligrosas. Un ejemplo de esto está en la autovía Mudéjar, en el tramo entre Sagunto y Barracas. ¡Imposible respetar la señalización sin jugártela! ¡Imposible incluso el simple hecho de respetarla!
Pero bueno, es lo que hay. Dicen.

miércoles, 7 de junio de 2017

Primavera en las tierras altas.

Cuando por aquí abajo el verano ya va enseñando sus colmillos calientes y resecos, en las tierras altas del interior la primavera está en todo su esplendor. Tan cerca y tan lejos. ¡Parece mentira lo que hace la altitud!
Esta semana he podido recorrer algunos parajes del Javalambre, estaban increíbles. Eran paisajes perfectos de los que costaba irse, aunque sabías que te ibas a otro igual o más perfecto todavía. Además, tras una semana de tiempo fresco y tormentas, el vigor de la primavera impresionaba.
También allí llegará el tórrido verano, y lo agostará casi todo, aunque será más breve que aquí abajo. Pero el martes pasado era el momento de disfrutar del presente. Y es lo que hice. Ahí van algunas fotos.














martes, 6 de junio de 2017

El Día Mundial del Medio Ambiente con Rosalía de Castro.


Ayer fue el Día Mundial del Medio Ambiente. Quiero sumarme a todos los que, de algún modo, lo han tenido presente compartiendo un bonito poema de Rosalía de Castro. El poema se titula Los Robles y está en su libro En las orillas del Sar.
El poema es largo. Transcribo a continuación un par de fragmentos que me parecen muy claros y expresivos, y que muestran la preocupación medioambiental de la gran poetisa gallega, aunque en su tiempo ni a ella misma se le habría ocurrido hablar de preocupación medioambiental. Pero el sentimiento, que comparto plenamente con ella, estaba, aunque se llamara de otra forma, o incluso aunque ni se le nombrara.

Bajo el hacha implacable, ¡cuán presto
en tierra cayeron
encinas y robles!;
y a los rayos del alba risueña,
¡qué calva aparece
la cima del monte!

Los que ayer fueron bosques y selvas
de agreste espesura,
donde envueltas en dulce misterio
al rayar el día
flotaban las brumas,
y brotaba la fuente serena
entre flores y musgos oculta,
hoy son áridas lomas que ostentan
deformes y negras
sus hondas cisuras.

Ya no entonan en ellas los pájaros
sus canciones de amor, ni se juntan
cuando mayo alborea en la fronda
que quedó de sus robles desnuda.
Sólo el viento al pasar trae el eco
del cuervo que grazna,
del lobo que aúlla.

Constata la deforestación de su tierra, y sus consecuencias para, un poco más adelante, decir:

Torna, roble, árbol patrio, a dar sombra
cariñosa a la escueta montaña
donde un tiempo la gaita guerrera105
alentó de los nuestros las almas
y compás hizo al eco monótono
del canto materno,
del viento y del agua,
que en las noches del invierno al infante
en su cuna de mimbre arrullaban.

Que tan bello apareces, ¡oh roble!
de este suelo en las cumbres gallardas
y en las suaves graciosas pendientes
donde umbrosas se extienden tus ramas,
como en rostro de pálida virgen
cabellera ondulante y dorada,
que en lluvia de rizos
acaricia la frente de nácar.

¡Torna presto a poblar nuestros bosques;
y que tornen contigo las hadas
que algún tiempo a tu sombra tejieron
del héroe gallego
las frescas guirnaldas!

Uniendo así naturaleza y cultura. Porque cuando agredimos a nuestro medio ambiente no sólo hay consecuencias ecológicas sino culturales. No es ajena a la naturaleza nuestra forma de ser personas, nuestra identidad cultural. 
Me parece un precioso poema con un significado muy profundo y de una actualidad absoluta. Y es que el pensamiento, cuando es grande, alto, hondo, y se convierte en literatura, rompe las barreras del tiempo y del espacio.
          Si queréis leerla completa podéis pulsar el siguiente enlace Los Robles. Rosalia de Castro.

lunes, 5 de junio de 2017

Cien años de soledad.


Así empieza Cien años de soledad:

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo…

Y así acaba:

Macondo era ya un pavoroso remolino de polvo y escombros centrifugado por la cólera del huracán bíblico, cuando Aureliano saltó once páginas para no perder el tiempo en hechos demasiado conocidos, y empezó a descifrar el instante que estaba viviendo, descifrándolo a medida que lo vivía, profetizándose a sí mismo en el acto de descifrar la última página de los pergaminos, como si se estuviera viendo en un espejo hablado. Entonces dio otro salto para anticiparse a las predicciones y averiguar la fecha y las circunstancias de su muerte. Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.

Entre medio, una magnífica novela, sumergirse en la cual me resultó una aventura apasionante. Lo pasé muy, muy bien leyéndola ya hace años, y espero volver a leerla un día de éstos. Los grandes libros no son nunca de una sola lectura. Cuanto más los lees más disfrutas porque siempre descubres en ellos nuevos horizontes.
Hoy, cuando se cumplen cincuenta años de la publicación en Buenos Aires de Cien años de soledad quiero agradecerle a Gabriel García Márquez toda su obra, pero de un modo especial esta inmensa novela, ya inscrita con letras de oro en la historia de la literatura.