FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

sábado, 25 de abril de 2020

Si la mañana no nos desvela...



Día 43 de confinamiento.

Buenos días:
Hoy comparto una frase del escritor y científico alemán, Goethe, con el deseo y la esperanza de que sus palabras caigan sobre nosotros como agua en tierra reseca.

Si la mañana no nos desvela para nuevas alegrías y, si por la noche no nos queda ninguna esperanza, ¿vale la pena vestirse y desnudarse?

viernes, 24 de abril de 2020

Siempre me han gustado los trenes.



Siempre me han gustado los trenes. Me cuentan que desde pequeñito, todos los años, pedía a sus Majestades, los Reyes Magos de Oriente, un tren.
Recuerdo uno, no sé si fue el primero, de plástico, amarillo y azul. Pero es un recuerdo de esos tan remoto que dudo si realmente aquel tren existió. 
Recuerdo también las visitas con mi abuelo Paco, que tenía una agencia de trasportes junto a la estación del Norte, a ver los trenes a los andenes y a subir a la pasarela que había sobre la playa de vías, a verlos entrar y salir. El sonido de aquellas locomotoras negras, enormes; el traqueteo de los vagones, el vapor y el humo; aquel olor característico a tren, a estación, a vía, son recuerdos de los más entrañables de mi vida.
Y el tren siguió presente en mi vida. En los viajes a Fuente la Higuera, el pueblo de mi abuela materna, como pasajero. Y en las vacaciones en el pueblo. ¡Cuántas veces íbamos a verlos pasar a la estación, o al túnel, el "tunelet", como le llamaban, pegados a la pared, justo a la salida, con mi padre!
Recuerdo cómo me latía el corazón cuando veíamos a la locomotora entrar en el túnel, y todo era ruido atronador, humo, vapor…, y la veíamos pasar muy cerca, enorme, soberbia, poderosa. Y detrás los vagones que íbamos contando a medida que pasaban.
Muchas veces poníamos monedas en los raíles y luego las recogíamos, casi lisas y más grandes. Las guardábamos como un tesoro.
Vi cómo empezaron a aparecer nuevas locomotoras más rápìdas, trenes más largos y vagones más modernos. Recuerdo larguísimos mercancías con dos locomotoras. ¡Qué fiesta verlos pasar! ¡Dos locomotoras!
Luego en La Cañada, el "trenet", que cogíamos en la Estación de Madera. Los veo todavía. Años y años de "trenet" para a ir a veranear, o bajar a Valencia de vez en cuando.
Fue con trenes como empecé a ir a Pirineos, y con un largo tren militar como me fui a la mili, en un inacabable viaje a Madrid, atravesando un paisaje totalmente nevado.
El tren de Ribarroja, que pasaba muy cerca de mi casa, es ya también recuerdo, y al fin el AVE, con el que he hecho algunos viajes, menos de los que quisiera.
Toda una vida de trenes. Desde aquellas locomotoras de vapor hasta el tren de alta velocidad. Toda una vida.
Pues bien, como me gustaban, en cuanto pude, ya de mayorcito, me hice una pequeña maqueta con un tren eléctrico de verdad. ¡Qué ilusión! Una locomotora, cuatro o cinco vagones y un circuito sencillito. Es la foto que encabeza esta entrada.
Pasó el tiempo, y mi amor por los trenes, enfrascado yo en otros amores, parecía serenarse, pero una noche, cenando Isabel y yo con unos amigos, se despertó súbitamente y me llevó a la aventura de construirme una maqueta en casa. Y eso hice.
Pero esto es tema de otra entrada.

Un libro. El camino.



A nadie que me conozca le debe extrañar que el segundo libro que he elegido sea El Camino, de Miguel Delibes. Es, sin duda, el libro que más veces he leído en mi vida.
Lo he leído muchas veces yo solo, reviviendo mi infancia con Daniel, Roque y Germán. Su pueblo son mis pueblos de niño, Llombay, Fuente la Higuera y La Cañada. Y me lo he pasado muy bien dejándome envolver por el recuerdo de aquellos tiempos.
Lo he leído también, curso tras curso, con mis alumnos. Y he sido profundamente feliz viendo cómo entraban en la vida de estos tres chiquillos, y cómo estos personajes entraban en la suya, como si fueran de carne y hueso.
Les enganchaba hasta el punto de que tenía que decirles que no leyeran en casa, que lo haríamos juntos en clase. Pero no me hacían caso, ¡qué bonito! Les daba igual leerlo dos veces. Y le contaban al que no lo había leído lo que iba a pasar.
Nos divertíamos, nos reíamos, nos sorprendíamos, nos emocionábamos. La intensidad emocional de aquellas lecturas en clase creaba en ocasiones momentos difíciles de sobrellevar. Y el final, siempre, siempre me costaba leerlo, porque inevitablemente se me hacía un nudo en la garganta que ellos anudaban más todavía con un fuerte y sentido aplauso cuando cerraba el libro.
En fin, si ya lo habéis leído podéis volver a leerlo, y si no, es toda una experiencia conocer a aquellos tres chiquillos de un pueblecito perdido, allá en el norte.

FICHA BIBLIOGRÁFICA
Delibes Setién, Miguel
El camino.
Editorial Destino.
Vigésimo primera edición en esta editorial. Barcelona 1994.
ISBN 84-233-1035-3.

En el corazón de todos los inviernos.



Día 42 de confinamiento.

Buenos días:
Hoy comparto una frase de Khalil Gibran, con el deseo y la esperanza de que sus palabras caigan sobre nosotros como agua en tierra reseca.

En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante, y detrás de cada noche, viene una aurora sonriente.

jueves, 23 de abril de 2020

Un libro. El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.



Todos deberíamos leer, al menos una vez en la vida, el Quijote. Lo que sucede, y lo entiendo, es que el castellano en el que Cervantes lo escribió nos resulta muy difícil de leer hoy en día. Además, hay algunos capítulos en los que nos costaría mucho entrar. Por eso, y considerando la importancia de leerlo, podemos acudir a adaptaciones, y las hay muy buenas.
Yo, sumándome a la iniciativa de compartir durante diez días la portada de libros que haya leído, a modo de sugerencia de lectura, ventana abierta en el encierro, empiezo con la adaptación del Quijote de Arturo Pérez Reverte.
Lo recomiendo muy encarecidamente, pues es una forma amena, divertida, a menudo triste, y conmovedora otras muchas veces, de leer esta obra inabarcable y maravillosa. De verdad que no os decepcionará. No os aburriréis, os hará reír, os saltarán las lágrimas, pararéis mil veces para releer una frase, un párrafo…
El único problema, y no es en realidad un problema, es que cuando entramos en el libro, descubrimos tal profundidad, tan inmensa riqueza, que pronto nos daremos cuenta de que cuando lo acabemos, habremos de volverlo a leer.
Pues eso, en el Día del Libro, propongo mi primer libro: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de don Miguel de Cervantes y Saavedra.

FICHA BIBLIOGRÁFICA.
Cervantes y Saavedra, Miguel.
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Adaptación de Arturo Pérez Reverte.
Ediciones de la Real Academia Española. Editorial Santillana.
Segunda edición. Diciembre de 2014. Madrid.
ISBN 978-84-680-2538-4

¡Feliz Día del Libro!


Es muy conocido el principio de Platero y yo: "Platero es pequeño, peludo, suave, tan blando por fuera…", pero muy pocos se saben el final. El primer final, porque después, Juan Ramón Jiménez añadió tres capítulos más; Platero de cartón,  A Platero en su tierra y La muy ilustre ciudad de Platero.
Pero el verdadero final, al menos para mí, es el capítulo 136, que en realidad forma con los tres que le preceden una unidad que culmina de modo admirable esta maravillosa obra.
Cuando después de trabajar en clase el libro durante varias sesiones, siempre con resultados sorprendentes, llegaba a este capítulo y se lo leía a mis alumnos, me sabía en un momento muy especial, de esos que justifican una vocación.
Les pedía silencio absoluto y mucha atención, y ambas cosas me las daban a manos llenas. Y empezaba a leer, o a hacer como que leía porque me lo sabía de memoria, mientras les miraba las caritas. Y he de confesar que me conmovía ver ese encuentro hondo y bello entre la literatura y mis alumnos.
Hoy, Día del Libro, quiero compartir este entrañable recuerdo que acabo de contaros; el capítulo 136, un capitulo lleno de esperanza; y una foto de mis Plateros, presidida, ¡cómo no! por el firmado por el mismísimo Juan Ramón Jiménez.
¡Feliz Día del libro!



Alzo mi voz a Dios gritando.



Día 41 de confinamiento.

Buenos días:
Hoy comparto unos versículos del salmo 76, con el deseo y la esperanza de que sus palabras caigan sobre nosotros como agua en tierra reseca.

Alzo mi voz a Dios gritando,
alzo mi voz a Dios para que me oiga.

En mi angustia te busco, Señor mío;
de noche extiendo las manos sin descanso,
y mi alma rehúsa el consuelo.
Cuando me acuerdo de Dios, gimo,
y meditando me siento desfallecer.

Sujetas los párpados de mis ojos,
y la agitación no me deja hablar.
Repaso los días antiguos,
recuerdo los años remotos;
de noche lo pienso en mis adentros,
y meditándolo me pregunto:

"¿Es que el Señor nos rechaza para siempre
y ya no volverá a favorecernos?
¿Se ha agotado ya su misericordia,
se ha terminado para siempre su promesa?
¿Es que Dios se ha olvidado de su bondad,
o la cólera cierra sus entrañas?"
Sal. 76, 1-8.