FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

domingo, 2 de julio de 2023

Sigue la monotonía; y que siga.

Lo que se ve hoy es más de lo mismo, y que siga así. Una semana de verano normal, con mínimas de 21 o 22 y máximas de 31 o 32. Los vientos, de levante flojos, y el cielo despejado o con nubes inofensivas.

En cuanto a lluvias, no se ven, pero eso no significa que pueda escaparse alguna de las tormentas que se formarán por el interior y llegar, debilitada, hasta nosotros; quizá hoy mismo, lo que aumentaría la sensación de agobio al unirse calor y humedad alta o muy alta.

 Y poco más. Verano normalito, y como he dicho, que siga así.


viernes, 30 de junio de 2023

Ni exaltación, ni persecución. Normalización.


Una vez más la política nos ofrece lastimosos espectáculos convirtiéndose en una especie de circo siniestro y patético; da miedo y pena. En estos momentos uno de los protagonistas de la función circense es el colectivo LGTBI.

Yo esto lo tengo claro: ni exaltación, ni persecución. El camino es otro, la normalización. La exaltación ofende a unos, la persecución ofende a otros. La normalización no ofende a nadie, y si por ella alguien se ofende es que está fuera de juego.

Pienso que nadie tiene derecho a imponer a nadie una forma determinada de vivir. Sólo hay una línea roja, el respeto a todas las personas, a su vida, a su libertad y a su dignidad. Lo demás es cuestión de cada uno.

Esto, que yo veo tan sencillo no debe serlo, porque el tomate pre-electoral que han montado entre unos y otros es desquiciado y desquiciante. Parece ser que todos debemos situarnos en uno o en otro lado de la partida, y además radicalizándonos lo más posible para contrarrestar al oponente.

Ese no es el camino del progreso.

Y lo más curioso del asunto es que casi con seguridad la inmensa mayoría de los votantes tanto del PP como del PSOE lo que buscan y desean es la normalización. Es decir, la integración plena en la sociedad de este colectivo, sin necesidad de exaltaciones y, por supuesto, sin miedo a persecución alguna.

El problema, como siempre, es que en vez de buscarse y ponerse de acuerdo los políticos que representan a la mayoría de los ciudadanos, se apoyan en minorías radicales, más o menos estables, que acaban haciendo imposible el dialogo, llevándonos inevitablemente al enfrentamiento. Y por pura física, cuanto más se radicaliza un extremo, más se radicaliza el otro. Todo tiende al equilibrio, en la sociedad también.

Quizá tocaría decir ahora, de aquellos polvos vienen estos lodos.

Lo triste es que esto está sucediendo no solo en este asunto sino en todo, y eso no es bueno. Se está así alimentando la violencia utilizando el miedo como argumento. Mal camino. Nunca lleva a buen puerto.

Lástima que no aprendamos de la historia.

Actualización fin de semana del 1-2 de julio de 2023.

Poco hay que decir de este próximo fin de semana. Dos días igualitos, con un puntito más de calor el domingo. Cielos despejados y vientos de levante flojos. Podíamos decir, monotonía estival. Y que siga así. Ya firmaba yo para que fuera así todo el verano con alguna tormenta con mucha agua de vez en cuando.

jueves, 29 de junio de 2023

Bar Subordán. Te echamos de menos, Arturo.

Este es Arturo.

"El tiempo, inexorable como un cuchillo de acero sueco, avanzaba sin preocuparse de lo que sajaba". Con estas palabras del conde Russell, con cuya forma de vivir la montaña me identifico plenamente, empiezo esta entrada dedicada a un bar del Pirineo.

Sí, a un bar que ya cerró del que guardaré siempre gratísimos recuerdos. Porque una buena experiencia de montaña acaba siempre en un bar o en un restaurante. Allí es donde se celebra lo vivido, donde cristaliza la experiencia en una suerte de joya que se queda para siempre en el recuerdo.

Soy muy feliz en las cumbres, pero no menos después en el valle, alrededor de la mesa, comiendo o cenando y comentado los avatares de la jornada o las jornadas.

Hablo del bar Subordán, de Hecho, en el Pirineo occidental. Ya le dediqué una entrada (teclead en el buscador Subordán). La primera vez que fui era una noche tormentosa, fuera  llovía a cántaros, hablaban los parroquianos de los estragos que un oso había causado al rebaño de uno de ellos. Cenamos tan bien que a partir de entonces se convirtió en la base de operaciones cada vez que andábamos por aquel valle.

Nunca nos defraudó. Atención amable y natural, comida exquisita, precio increíble. No era muy grande y tenía una pequeña terracita rodeada de plantas que era una delicia. Puedo decir que allí he pasado momentos de intensa satisfacción, de bienestar, de auténtica y sencilla felicidad. Y no exagero.

Hace algún tiempo cerró temporalmente, volvió a abrir, pero ahora ya ha cerrado permanentemente. ¡Cómo echamos ya de menos nuestro querido y entrañable bar Subordán y a Arturo, que detrás de la barra o sirviendo mesas, se afanaba día tras día por atender a sus clientes. ¡Y cómo lo hacía!

No sé si se imaginará él como lo tenemos en nuestro recuerdo. Averiguaré por qué ha cerrado, pues era joven, y solo espero que sea por algo bueno. Esa gente que tanto bien hace a los demás con su duro trabajo, a veces no reconocido, merece que la vida les sonría, aunque a veces, tristemente no es así.

Y es que, como ya he dicho, hay una estrecha relación, al menos para mí, entre el esfuerzo, el riesgo, la incertidumbre, la contemplación, el hacer o no cima, y la celebración que cierra el día, o los días. Quien lo ha vivido lo sabe. Y a esas personas, como Arturo y su familia, que hacen posible esa celebración, les debemos mucho; estaremos siempre en deuda con ellos.

Hace algún tiempo fuimos al Pirineo con un amigo y su hijo adolescente un fin de semana. Ascendimos cuatro tresmiles en un bonito y duro día de montaña, y por la noche fuimos a celebrarlo a un restaurante (no era el Subordán, era otro valle). Recuerdo que cuando a este chaval, parco en palabras, le pusieron un chuletón delante, creo que sin darse cuenta respiró hondo y dijo para sí, aunque lo oímos todos, ¡jo, qué día!

Eso, ¡jo que día!

Quiero manifestar mi agradecimiento en este principio de verano a Arturo y a todos los que con su trabajo y su esfuerzo, en bares o restaurantes del Pirineo o fuera de él nos permiten decir, tras una excursión o una ascensión, ¡jo, qué día!

miércoles, 28 de junio de 2023

¿La respeto o no la respeto?


 

Resulta curioso cómo el hecho de respetar las normas puede traerte problemas y a veces graves. No me gusta saltármelas, no le veo la gracia; sólo si van contra mi conciencia soy capaz de hacerlo, pero solo si van contra mi conciencia. Y una señal de máximo 50 en un tramo donde es muy lógico que esté no va en contra de mi conciencia, desde luego.

Hablo de la carretera que va de aquí a La Pobla, poco después de la curva cerrada tras el puente. Yo voy por allí, y voy muchas veces, respetando siempre esa señal. En demasiadas ocasiones eso me ha generado problemas porque hay mucha gente que al ir yo a 50 se pone nerviosa, adelanta insensatamente, me hace ráfagas, me pita, hace aspavientos. Yo sigo pasando por allí a 50 o poco más.

Ayer mismo tuve otra aventurita por esta causa. Venía hacia el pueblo y cuando así lo indicaba la señal puse el coche a 50. Detrás, pegada a mí, iba una furgoneta con dos chavales; me parecieron jóvenes. En cuanto pudieron se me pusieron al lado, en el carril contrario, mirándome y haciendo gestos soeces. Luego me pasaron.

Entonces cometí un fallo. Les hice unas ráfagas porque me dio rabia su comportamiento. No es la primera vez que allí me pasan cosas como estas. Como respuesta redujeron la velocidad obligándome a frenar detrás de ellos, mientras el copiloto continuaba con los gestos soeces por la ventanilla.

Las palabras de Isabel diciéndome no te pongas a su altura, pasa, me ayudaron a no hacer alguna tontería, no sé cuál, que es lo que me pedía el cuerpo en ese momento. No merecía la pena seguirles tan estúpido juego porque aparte de peligroso nada bueno nos aportaba. Casi siempre la ignorancia es el mejor desprecio.

Satisfechos de su hazaña siguieron su camino.

Yo me quedé pensando. ¿Qué hacer pues? Si cumplo creo situaciones de peligro como ya he dicho, y encima tengo que aguantar a multitud de gilipollas que me montan numeritos. Mal pues. Si no cumplo voy contra mi forma de ser y de actuar, y encima me pueden multar. Mal también. ¿Qué hacer?

No es fácil, porque haga lo que haga mal hecho está.

Quizá la solución no está en mis manos sino en las de las autoridades competentes. Podría ser, por ejemplo, poner un radar de vez en cuando en ese tramito e hincharse a multas y el boca a boca haría el resto, o que quiten o cambien la limitación de velocidad.  Porque lo de menos son los numeritos que montan imbéciles como los de ayer, el verdadero problema es que algún día habrá alguna desgracia, y será paradójicamente “por culpa” de los que respetamos las señales.

martes, 27 de junio de 2023

Impacto insostenible en el Pirineo.


Cuando usamos la expresión “matar la gallina de los huevos de oro” nos referimos a que una fuente de riqueza se ha agotado debido a que ha sido explotada de una forma excesiva con el fin de obtener el máximo beneficio en el menor tiempo posible, como consecuencia de nuestra naturaleza avariciosa.

Esto es lo que dice el "señor Google" de la conocida expresión. Y eso es lo que están haciendo desde hace ya demasiado tiempo con los Pirineos. Están matando, y de mala manera, tan hermosa gallina.

Los que ya hemos entrado en lo que llamo el período “genario”, sexagenario, septuagenario, octogenario o nonagenario, y no sigo porque más allá llegan pocos, conocimos un Pirineo bien distinto.

Y fuimos precisamente los “genarios” los que dimos a conocer al mundo la existencia de esta gallina. Es humano compartir lo que nos hace felices; sería egoísta no hacerlo.

El problema surgió cuando gente de allí y de aquí descubrieron que esa gallina no solo daba carne, leche, madera…, sino unos huevos enormes de oro puro, llamados turismo. Y se lanzaron en masa a sacar cuantos más huevos de esos y en menos tiempo, mejor.

De esto ya hará algo más de un par de décadas, pero es que viendo que la situación se descontrolaba y la cordillera empezaba a saturarse, no solo no pararon, sino que siguieron haciendo publicidad como locos e inventando eventos de todo tipo, sobre todo deportivos, y multitud de variopintas actividades para atraer masas y masas; y esa es la palabra que hay que utilizar, masas, porque es lo que es.

Nadie ha medido el impacto sobre el medio ambiente, ni la calidad de la atención que se le da a la gente que acude a la llamada. Y parece ser que a nadie le interesa medirlo ni controlarlo. Lo único que están haciendo es aumentar el número de restricciones que afectan sobre todo a los que solo vamos a hacer montaña como toda la vida, silenciosa y discretamente. 

Estamos en peligro de extinción.

El Pirineo es una cordillera pequeña. No puede soportar, no es sostenible el impacto, sobre todo en verano, del turismo masivo. Me decía una camarero profesional, de los que saben bien su oficio, que lo pasaba mal porque le gusta atender bien a los clientes y muchas veces no puede hacerlo; dos y tres turnos para comer o cenar. No es servir una comida o una cena, es como echarle pienso al ganado, decía. El recepcionista de un hotel comentaba que una familia le había montado el pollo porque para bajar con el trenecito turístico que los había subido a un paraje no hace mucho tranquilo e idílico, habían hecho una cola de más de dos horas. Evidentemente no tiene la culpa el hotel. No hablo ya de los atascos en el Aneto, de las muchedumbres en Ordesa, o del número desorbitado de rescates diarios de la Guardia Civil.

Esto es matar la gallina de los huevos de oro. Y solo hay una manera de salvarla. Pararse a pensar, analizar y planificar anteponiendo el cuidado y la preservación de las montañas a otros intereses ajenos a ella y hasta contrarios. Contrarios no solo a la montaña, sino a los montañeses que acaban agobiados, los propios turistas, que son mal atendidos y los montañeros que están de hecho excluidos y olvidados.

Dice también el refrán, la avaricia rompe el saco. El saco se está rompiendo. ¿Pero quién va a decir basta? Me temo que nadie.

lunes, 26 de junio de 2023

Tiempo de adelfas.

Caminar por las ramblas, fuera de sendero, en esta época del año es todo un espectáculo, pues a las curiosas formaciones rocosas creadas a lo largo de milenios por el agua, a las playas de grava, a los pinares que suelen envolverlas se une la floración de las adelfas también conocidas en castellano y valenciano como baladre.

Es una planta tóxica, resistente a violentas inundaciones y a la sequía a la que controla creciendo en cursos intermitentes de agua. Llama la atención por el contraste entre el suelo rocoso o arenoso y seco, y sus verdes hojas y espléndida floración .También la vemos en autopistas y jardines dando una rotunda y llamativa nota de color.

Pero a mí, donde más me gusta verlas es en esas ramblas perdidas por el monte, sin caminos, por las que no pasa nadie, pues el avance es incómodo y a menudo con breves trepadas o destrepadas. Son auténticos jardines de roca y flores entre los pinares.

Un problema de estos ecosistemas es la basura, ya que mucha gente, desde siempre, las “ha confundido” con vertederos. Y siguen haciéndolo. Escombros, neveras, televisores, sofás, sillas, ruedas…, pueden aparecer de repente, tras una roca o un recodo, recordándonos la gran cantidad de cerdos que habitan entre nosotros.

El otro problema son los vehículos todo terreno, con o sin motor, que las utilizan como circuito haciendo un daño considerable tanto a la fauna y la flora, como al suelo.

En fin, es lo que tenemos.

A continuación comparto unas cuantas fotos de adelfas hechas hoy mismo, cuando el calor aún no apretaba y el aroma  del monte tras la tormenta de esta noche era una delicia. Las cuatro primeras, con la rambla en sombra, aún retenían agua; luego, al avanzar la mañana parecía que lo que retenían era la luz.