FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

martes, 3 de diciembre de 2013

Receta. Olla de San Eloy.

San Eloy, orfebre. Siglo VII.

         El pasado 1 de diciembre preparé para una comida familiar, una ollita que a juicio de los comensales salió muy buena. Aquí está la receta, para que no se me olvide y para quien quiera probarla. Como era el día de San Eloy, decidí bautizarla como olla de San Eloy.

Ingredientes para 10 personas.

Dos huesos de ternera.
Un rabo de cerdo.
1/4 de gallina.
6 alitas de pollo.
200 gr. de tocino.
3 pelotas.
3 morcillas de cebolla.
Medio repollo.
6 zanahorias.
1 bolsa de acelgas troceadas.
2 ramas de apio.
2 nabos.
2 puerros.
1 bote de garbanzos.
½ Kg.de arroz.
8 pastillas de caldo de carne.
Pimienta negra en polvo y sal.

            Utilícese un recipiente donde se trabaje a gusto, amplio. Sofríanse todos los huesos y la carne con calma y paz espiritual, removiendo con frecuencia. Cuando ya estén sofrititos, sáquense y resérvense las pelotas, las de la olla, y llénese el recipiente de agua añadiendo entonces las hortalizas, las verduras, las pastillas de caldo y la pimienta. Déjese cocer el conjunto una hora. Añádanse entonces los garbanzos y las pelotas y déjense pasar un par de horas más aproximadamente.
            Cuando el caldo vaya adquiriendo consistencia y esté muy, pero que muy bueno, añádase el arroz y vigilando y removiendo de vez en cuando con suavidad, déjense pasar los veinte minutos preceptivos que este cereal exige.
            ¡Y ya está! Un ratito reposando y a comer. ¡Buenísimo!

NOTA.
Estas ollas las suelo hacer con leña. No obstante, con un buen fuego de gas sale también muy bueno.

domingo, 1 de diciembre de 2013

11 frente a 200. Hazlo noticia.


Es noticia, sí señor, es noticia o debería serlo, aunque no lo diga nadie y aunque a un elevado porcentaje de la población le importe un  bledo, o dos, o diez bledos, me da igual. Pero es noticia.
Noticia triste, lamentable, con consecuencias que, al menos de momento, no sufrimos desde la seguridad de nuestras casas y el confort tan cómodo como artificial de los centros comerciales.
Ha acabado el otoño meteorológico, el astronómico acabará de aquí unos veinte días, y aquí en Ribarroja, y en muchos pueblos de esta zona de la Comunidad Valenciana, ha llovido tan solo 11 litros. La medía de estos tres meses, por estas tierras es de 199,6 litros.
Sí señor, sí. Un otoño con 11 litros. Ha llovido algo más en el interior y al norte y al sur, aunque tampoco mucho. Donde sí ha llovido, como siempre, ha sido al sur de la provincia de Valencia y al norte de la de Alicante. Pero aquí, tan solo 11 miserables y ridículos litros en todo el otoño.
Por nuestros montes, polvorientos, el romero, el tomillo, el esparto, las chumberas van secándose poco a poco, en silencio. Es triste de ver.
Y no hay esperanza. Los partes a medio y largo plazo siguen sin dar lluvias, y por si fuera poco, otra vez ese viento horrible, ya casi cotidiano, nos señaló ayer tarde, una vez más, el camino del desierto.
Dirán que son ciclos naturales, que tenemos reservas de agua, que no pasa nada, que está todo bajo control.
No lo sé. De verdad que no lo sé. Sólo sé que necesito que llueva de una puñetera vez, que lo necesita Isabel que sueña con el sonido de la lluvia en el patio, y los animales, y los árboles, y las plantas y hasta el mismo aire que respiramos…La vida necesita que llueva.
Pero esto no es noticia. Sí, 11 frente a 200. Medido en el pluviómetro de mi casa. Pero esto no es noticia... ¡Claro que lo es! Aunque no sirva para nada, al menos sé consciente y haz conscientes a los demás. Pásala. Hazla noticia. 11 frente a 200.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Voy a echar de menos Canal 9.


Voy a echar de menos “L’oratge” de Canal 9. Poco veo la “tele” pero, por poco que la vea, ya estaba de algún modo en el día a día, en lo cotidiano y ahora, como tanta gente, notaré el hueco. Sí, Canal 9, después de 24 años, ya está en negro. Tristeza, rabia, indignación… silencio.
Pero lo que no aguanto, lo que es una vergüenza y una desfachatez, es que ahora se paseen políticos de la oposición rasgándose las vestiduras, solidarizándose con los trabajadores y diciendo majaderías como que esto es un golpe de estado, un atentado contra la democracia, contra los valencianos, contra nuestra lengua, contra nuestra cultura… ¡Venga hombre!
Esto lo que no es, es un problema de derechas e izquierdas, como nada hoy en día;  no es un problema de ideologías ya obsoletas pero que siguen resultando rentables a políticos rastreros y oportunistas. Es un problema de gestión. Es el resultado de una mala gestión. De una gestión realizada sin análisis previo de la realidad; de una gestión basada en el despilfarro y la falta de ética; de una gestión con un corto horizonte de cuatro años como más, de una gestión a golpe de elecciones. No es un problema de derechas e izquierdas, no. ¡Ya está bien de marear a la gente! Es un problema económico y un conflicto laboral con consecuencias sociales como todos estos conflictos, pero en este caso, consecuencias sociales muy evidentes…y dolorosas.
Y que no me venga ahora, nadie ¡eh!, nadie, con la milonga de que la culpa la tienen unos y no otros. ¡Todos! Han sido todos. En este país, nadie, haya tenido o tenga poder, tiene derecho a tirar la primera piedra. Nadie está  libre de pecado.
Triste, lamentable, irritante ver a los trabajadores de Canal 9 yéndose al paro ¡Claro que sí! Pero ¿cuántos miles y miles de ciudadanos han recorrido ya el mismo camino? A ellos se les ha visto más, se han hecho ver y oír. Podían, y me parece muy bien que lo hayan hecho. Pero, ¿cuántos, sin voz, sin solidaridades, sin apoyos de ningún tipo han pasado por este calvario antes? Esto no es nuevo.
Ahora, lo que tocaría, lo que me devolvería la esperanza en un futuro mejor para esta sociedad nuestra, sería que todos asumieran su parte de responsabilidad, porque todos son responsables de que tengamos que vivir estos momentos tan tristes y lamentables, y juntos, digo juntos, buscaran el camino para salir de esta situación de una maldita vez, no sólo de la de Canal 9.
 Pero no. Lo importante es ganar votos, o mantener los que tengo, aunque no creo que ese haya sido el objetivo del gobierno valenciano al tomar esta decisión. Sí, lo importante es ganar votos, y mandar yo en vez de los otros, aunque nos vayamos todos al carajo.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Se tiene que ser imbécil.


Se tiene que ser imbécil, pero que muy imbécil, y mucho más si quien escribe es un periodista, es decir un profesional del lenguaje. Ahora resulta que los corredores de la maratón son “runners” y la fiesta de la paella la “Paella Party”. Hay que ser imbécil.
La lengua, cualquier lengua, es un bien precioso que hay que respetar y cuidar como cuida el buen jardinero sus plantas. La lengua, cualquier lengua, es historia, es cultura, es arte, es un preciso y precioso instrumento de comunicación.
Y me parece una vergüenza, un desprecio intolerable, devaluarla, ensuciarla, maltratarla, introduciendo innecesariamente palabras y expresiones foráneas cuando tenemos las nuestras con cientos de años de historia, de nuestra historia.
Cuando renunciamos a la palabra corredor y decimos “runner” estamos renunciando no solo a una palabra, sino a sus raíces, a su historia a través de los siglos.
 Corredor, del verbo latino “currere” y éste a su vez de la raíz indoeuropea “kers” forma parte de una amplia familia entre las que se encuentra, corredero, socorrer, correduría, corriente, recorrer, currículo… Tiene en el diccionario trece acepciones y forma parte de nueve locuciones. Y si vamos al verbo correr, tiene cuarenta y cinco acepciones y forma parte de cinco locuciones. Pues bien, este magnífico universo de historia y de cultura, al periodista parece ser que le importa un bledo, un triste bledo bananero. Y nos clava la palabrita de marras.
Y no contento con esto, en la misma página nos roba fiesta y en su lugar dice “party”. Fiesta, bonita palabra que nos ha llegado del latín “festa” casi sin variaciones y que disfruta de una amplia familia con palabras como festivo, feria, festival, festejar, festín, manifestar entre otras, que tiene nueve acepciones y forma parte de veintidós locuciones y expresiones. Pero a él, ¡qué más le da!
¿Entendéis ahora por qué digo que se tiene que ser imbécil? No hay derecho a que hagan esto con la lengua. Es incultura, ignorancia que genera más incultura y más ignorancia privando a la gente de un bien común que a nadie en particular pertenece porque es de todos.
Y además de ignorancia e incultura, complejo de inferioridad y estúpido esnobismo. Nada tiene que envidiar el castellano o español, que de ambas formas se denomina, al inglés o cualquier otro idioma. Señor periodista, respete una lengua que hunde sus raíces en Grecia y Roma y más allá, que tiene mil años de historia, que la hablan más de cuatrocientos cincuenta millones de personas y que tiene una literatura incomparable. Una lengua que es un tesoro precioso, y de la que cada palabra es una joya de ese tesoro que tenemos la obligación, y usted como profesional de la palabra más, de cuidar y respetar.
Así que haga el favor de decir que los corredores comerán gratis en la Fiesta de la Paella y no que los “runners” comerán gratis en la “Paella Party”. De verdad, se tiene que ser imbécil.

NOTA: Utilizo la palabra imbécil según su primera acepción en el diccionario que es “alelado, escaso de razón”, no como insulto, ¡Dios me libre! Su etimología, además va en esa línea, “persona excesivamente joven, por lo tanto inexperta, que no necesita báculo, bastón”. Obsérvense las connotaciones negativas de no necesitar bastón, símbolo hoy de chochez, decrepitud e inutilidad y, por el contrario, símbolo de experiencia y sabiduría antaño.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

De maestro a maestro.

Esperaba tener más tiempo para, como te prometí, escribir algo en respuesta a esas palabras que me dedicaste en el “face book”. Pienso que es lo menos que podía hacer. Pero resulta que hoy es el día del maestro, y he pensado que es la ocasión adecuada para hacerlo porque, Salva, hoy es nuestro día. Ahora no somos maestro y alumno, somos maestros los dos. Es nuestro día. De maestro a maestro.
Y lo que quiero decirte es básicamente una cosa. Que esas palabras que escribiste en tu casa, allá en Ibiza, en la tranquilidad de la noche, bien podría haberlas escrito yo pero en sentido inverso.
Podría escribir "mis queridos alumnos" y sería verdad, de hecho lo es. Podría recordar, y lo hago muchas veces, esos momentos de mi juventud y vuestra infancia pasados juntos en clase dando lengua, o “reli”, o en el patio haciendo gimnasia, o saltando entre algarrobos, con cariño y nostalgia, como los recuerdas tú. Podría recordar una y mil palabras, confidencias, historias que compartisteis conmigo y que no olvidaré nunca.
Lo que quiero decirte Salva es que, si tú dices que yo dejé huella en ti, como en otros, no dejasteis menos huella vosotros en mí. Que si aprendisteis de mí, no menos aprendí yo de vosotros. Que si ahora recuerdas, recordáis, con cariño y nostalgia aquellos lejanos tiempos, yo también los recuerdo como algo muy entrañable.
Porque esto justamente es la educación, pienso. No es yo te doy y tú recibes. Eso, en todo caso, sería instrucción. Educación es caminar juntos, maestro y alumnos, haciéndonos personas mutuamente. Es que los alumnos beban del maestro y el maestro de sus alumnos. Que se apoyen mutuamente.
Y esto no son palabras bonitas. No. Creo firmemente que nosotros vivimos esta hermosa experiencia de caminar juntos. Y doy muchas gracias a Dios de que esta experiencia la haya podido seguir viviendo a lo largo de más de treinta años.
Sólo me queda una espinita clavada. Toda esa gente a la que, por un motivo o por otro, nunca pude llegar, esa gente con la que no pude caminar, o con la que caminé y un día perdí. Esa gente de la que no pude aprender todo lo que hubiera querido y a la que no pude enseñar todo lo que podía haber enseñado. Pienso que esto es inevitable. Pero a todos, unos y otros, les deseo una vida plena y feliz.
Y ahora, cuando la palabra jubilación empieza a ser algo más que una palabra, mirando atrás, veo que el trabajo al que he dedicado toda mi vida ha tenido y sigue teniendo sentido. Aunque las leyes sean absurdas, el sistema educativo caótico, la educación esté vergonzosamente politizada y la sociedad nos declare culpables de todo lo que les pase a los niños mientras no se demuestre lo contrario, aunque pase todo esto y más, cuando estoy en mi aula cara a cara con mis alumnos, entonces y sólo entonces cobra todo nuevamente sentido. Sólo entonces, Salva.
Ellos me siguen salvando del abismo de pensar que eso a lo que he dedicado la vida no tiene ni pies ni cabeza. ¿Ves como seguís dándome más de lo que yo os puedo dar? Y tú, con la bonita carta que me escribiste el otro día, te unes a ellos, a tantos con los que he caminado estos treinta años. Y a los de ahora que, cuando acabo la clase, a veces, me dicen "¿ya te vas?"; o a este chavalillo que el día antes de las vacaciones me dijo "te echaré de menos estas Navidades"; o a aquella niña que me preguntó antes de subir al autobús, tras las convivencias "¿por qué nos hemos de ir? ¡estamos tan bien aquí!".
Pues eso, Salva. Por tus recuerdos, por tus palabras que son presencia reconfortante, muchas gracias. Y un consejo: amárrate a tus alumnos, apóyate en ellos. En ellos está la única fuerza capaz de dar sentido a una profesión hoy imposible. Ellos la convierten cada día en vocación y le dan pleno sentido.

Feliz día del maestro.


                        Tu amigo Jesús.

¿Te encuentras?¿Te acuerdas? Caminamos juntos. Recibí más que os di. Como me sigue pasando ahora.

martes, 26 de noviembre de 2013

Ha sucedido algo muy grave...


Me contó una profesora que, hace algún tiempo, se dirigía al colegio cuando pasó frente a un comercio donde habitualmente quedan unos cuantos de sus alumnos para ir juntos al “cole”.
Ese día estaba sólo uno, los demás ya se habían ido, que le saludó anormalmente serio, muy extraño. Llamándole a la “profe” esto la atención le preguntó si le pasaba algo.
La respuesta fue terrible. Se echó a llorar desconsoladamente diciendo que había sucedido algo muy grave y que estaba esperando allí a que abrieran el comercio donde trabajaba su madre, para contárselo.
La “profe”, asustada, indagó por si podía ayudarle. Le preguntó si estaba solo en casa, a lo que respondió que no, que estaba con su padre. Esto le preocupó más todavía. ¿Le ha pasado algo a papá?¿te ha pasado algo con él? Y entonces el chaval, redoblando el llanto le dijo que se le había muerto… el hamster.
No sabiendo muy bien cómo abordar la situación, la profesora, tras acompañarle, como pudo, en el sentimiento, preguntó, ¿cuánto tiempo lo tenías? Respondió: seis años. Y el chiquillo tenía doce. Media vida. Para él, desde sus doce años, toda la vida.
Esta sencilla anécdota me recordó lo importante y necesario que es entender el dolor de los niños. Entender que lo que para nosotros puede ser algo banal, para ellos puedes ser algo muy grave, muy importante. Y actuar en consecuencia. Recordar que los niños también sufren de verdad, en ocasiones en proporción a sus años, y a veces lamentablemente, sin proporción alguna. Necesitan entonces de nuestro calor, nuestro respeto, nuestro cariño y nuestra comprensión.
Aquel chavalín esperaba que abrieran la tienda para ir a su mamá y abrazársele llorando porque se había muerto su hamster, al que seguro llamaría por su nombre, dándole a ella también, me imagino, un buen susto.

domingo, 24 de noviembre de 2013

En el concierto de Santa Cecilia.


Me gusta la música, y me gusta mucho, pero no he sido en absoluto agraciado con un “talento” musical; quien me conoce lo sabe. Quizá por eso me resulta impresionante y me produce gran admiración cuando veo y escucho a una orquesta o a una banda.
Me parece prodigioso el hecho de que de la unión de individualidades diversas surja algo absolutamente armónico y además hermoso. Y me parece increíble que existan personas que puedan conocer y entender toda esa diversidad y sean capaces de con ella crear un todo.
Cuando ayer, en el concierto de Santa Cecilia, te veía, batuta en mano, dirigir a la banda de tu pueblo, a tu banda, envuelto por la música que nos regalabais, se me agolpaban recuerdos, emociones, pensamientos…
Recordaba a aquel grupo de chiquillos y chiquillas de 6º de EGB que, hace ya más de 30 años, me fueron enseñando a ser maestro, y a ti Pascual, entre ellos.
Sentía esa satisfacción serena, y muy importante cuando uno ya se va haciendo mayor de verdad, que produce el saber que muchos de aquellos lejanos alumnos son ahora próximos amigos; o amigos lejanos, pero no por el tiempo, sino por el espacio o las circunstancias, a veces tristes…
Y pensaba cómo la vida, cada una de nuestras vidas, se parece mucho a un concierto del que somos el director. Cómo, al igual que tú con tu banda, hemos de intentar sacar de la diversidad, a veces atroz, una unidad que tenga sentido, y que sea bella, si es posible.
Cuando aquel chiquillo de hace 30 años, hoy compañero y amigo, se daba, ayer sábado, a la música, creándola y a la vez dejándose arrastrar por ella, veía a un director al frente de su banda, entregándose en cuerpo y alma a la hermosa tarea de regalarnos un bonito concierto de Santa Cecilia, y veía también a un hombre, entregándose más allá de su cuerpo y de su alma, a la también hermosa e inmensa tarea de hacer de su vida otro magnífico concierto.

¡Enhorabuena y gracias, a la banda y a ti!