FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

jueves, 28 de febrero de 2013

8 de la tarde del 28 de febrero de 2013.


Ahora, en estos momentos, a las ocho de la tarde del veintiocho de febrero del 2013, Benedicto XVI, deja de ser Papa.
Y se ha ido dando muchas veces las gracias, y diciéndonos que ya no es más que un peregrino que va a recorrer el camino que le quede en esta tierra, en oración y en meditación por la Iglesia y el mundo.
No tengo, no tenemos nadie, perspectiva histórica para entender y apreciar cabalmente la profundidad de lo que está sucediendo, ni las consecuencias que tendrá, pero estoy convencido que las tendrá, y buenas, entre otras muchas cosas que ahora se nos escapan, porque Joseph Ratzinger, con su decisión, ha puesto el dedo en una de las llagas más sangrantes de nuestro mundo: la del poder, la autoridad no ejercida como servicio, que es lo único que la legitima. El poder pese a quien pese, caiga quien caiga, más allá de lo razonable, más allá de lo soportable.
No es una rendición, no. Es un acto de suprema coherencia. La autoridad como  servicio a los demás. Y si ese servicio no puede ser ya el que los demás necesitan, por las limitaciones humanas reconocidas y asumidas, humildemente me retiro; es lo que nos ha dicho, es lo que ha hecho.
Gracias Santidad. 

martes, 26 de febrero de 2013

Cartas a Laura I


Hola Laura:

            Sé que mientras te escribo estas líneas es posible que estés trabajando en el hospital, y estarás trabajando en un hospital, porque resulta que eres médico.
¿Sabes cuándo me di cuenta de eso realmente? Pues cuando hace algún tiempo, estando pachucha Isabel, llamé para hacerle una pregunta a tu padre, mi hermano,  acerca de su “pachuchez”, y me dijiste que no estaba. Iba a colgar, cuando me dije ¡rayos cebolleros!, si Laura también es médico, y entonces te hice la pregunta a ti, y me respondiste. Ya ves; hasta ese momento, lo sabía pero no lo sabía. Fue un momento muy especial.
Ha sido la historia de tu vocación una historia bonita, muy bonita. Una historia en la que coherencia ha sido la palabra clave. Ilusión, trabajo, esfuerzo, sacrificio, también, pero sobre todo coherencia.
Has hecho lo que mucha gente no hace. Desear algo y poner los medios para conseguirlo. Así de sencillo, así de difícil. Pensamiento, palabra y obra en la misma línea. ¡Si vieras lo cansado que estoy de repetir esto, una y mil veces, en mi quehacer cotidiano! ¡y los líos que me ha traído hacerlo! Recuerdo aquella mamá que se enfadó mucho conmigo porque le dije delante de su niño, que era ridículo hablar de la universidad mientras “el nene” siguiera suspendiéndolo casi todo, simplemente por pasarse el día haciendo el imbécil. ¡Huy, cómo se enfadó! Me dijo que estaba cortándole las alas a su hijo, hundiéndolo en la miseria, cuando lo que hacía era intentar sacarlo de ella. En fin, gajes del oficio.
Volvamos a la luz. La palabra coherencia, Laura, debería estar en tu escudo heráldico el día en que te lo hagas. Y la coherencia, que te ha llevado a donde tú querías ir, deberá seguir siendo uno de los faros de tu vida.
Y para acabar, te diré otra cosa. La coherencia da paz, nos dignifica. Y en un trabajo como el tuyo… ¡jo! qué difícil te será a veces, pero qué hermoso.
Hasta otra.

            Un besito, de Isabel y Jesús.

domingo, 24 de febrero de 2013

Pedraforca. Febrero de 1986.


Un helicóptero sobrevuela La Enforcadura.
La sierra del Cadi desde la cresta del Pedraforca.
Panorama al sur, hacia La Enforcadura.
Roca y nieve en la cresta.
Javi en la cresta. Al fondo la cima del Pollegó Superior, la más alta del macizo ,de 2506 metros.
De regreso, pudimos ver la montaña en todo su esplendor, mostrándonos el itinerario de ascensión.
El 22 de febrero de 1986, ascendí con Javi de Valencia,  y José Antonio, Juanba y Quique, unos amigos de Ribarroja, al Pedraforca. Es esta una montaña singular, muy característica, y al menos desde mi punto de vista, de una extraordinaria belleza. Es una montaña que embruja, que atrae poderosamente, que sorprende cuando la ves por primera vez, y que ya no se olvida.
La mejor época para subirla es cuando está nevada, siempre que la nieve esté en buenas condiciones, y no haya riesgo de avalanchas. En verano es más pesada por las fuertes pendientes pedregosas que hay que remontar. Si hace mucho frío, harán falta los crampones y por supuesto el piolet.
Dormimos en el refugio Lluis Estasen, situado en un entorno precioso, al pie de la espectacular cara norte de la montaña. La subimos y la bajamos por el mismo itinerario. Ascendimos directo al collado llamado Enforcadura, y desde allí, por la empinada pero sencilla canal que lleva a la cresta, alcanzamos fácilmente la cima.
Fue muy bonito ir abriendo huella, pues nadie había subido desde las últimas nevadas, y era todo nieve virgen. Esto le añade a las ascensiones invernales un toque muy especial.
Era sábado. Hizo muy buen tiempo. El domingo salió gris y frío; no era día de cimas. Pero el Pedraforca, tuvo el detalle de dejarse ver entero cuando ya nos volvíamos a casa. Parecía mentira que hubiésemos estado allá arriba.
De esto hace ahora 27 años y dos días.

NOTAS:
Para ver las fotos de la ascensión (diapositivas digitalizadas) pulsa el enlace: 
Pedraforca, febrero de 1986.

sábado, 23 de febrero de 2013

23 F, y yo en "la mili".


23 de febrero de 1981. Aquella tarde merendaba chocolate con pastas en casa de mi amigo Ramón. Estaba la radio puesta, y oímos en directo lo que sucedió en el congreso.
Nos asustamos, claro, pero el susto gordo me lo llevé yo por el hecho de que, por aquel entonces, estaba haciendo “la mili”, y justamente esos días estaba de permiso en casa.
Ahora lo recuerdo como si fuera una película, como si aquello no me hubiera pasado a mí. Pero me pasó.
Yo no quería hacer “la mili”, pero la alternativa podía ser la cárcel, y ¡claro! la hice. Y además hice “mili” de soldado, como tropas de intervención inmediata y con golpe de estado. ¡Perfecto! Ahora bien, en honor a la verdad he de decir, que el trato que recibí tanto de los compañeros como de los superiores, fue exquisito; y eso ayudó mucho a sobrellevar una “mili” difícil, con miedo, con acuartelamientos frecuentes, con muchas maniobras, muchas guardias, atentos siempre a las noticias de la radio, y eso sí, con memorables salidas a Madrid (estaba en El Goloso) con los compañeros, de las que guardo grata memoria.
Pero aquella noche, hace ahora 22 años, a estas horas, veía desde mi casa en Valencia, entrar los carros de combate por el puente de Ademuz, mientras escuchaba el escalofriante bando del Milans del Bosch, y veía el horror en la cara de mis padres, que ya sabían lo que era una guerra... Y ahora, su hijo era un soldado.
Cuando habló el Rey, en aquel breve pero inolvidable discurso, me acosté, aunque dormí poco y mal, como todos en casa, como en tantas casas…
Al día siguiente, fuimos a la manifestación por la democracia y la libertad, como millones de españoles, y acabamos cenando, felices, en el bar Ricardo.
Ahora, no puedo evitar entristecerme, al recordar aquella alegría, aquella ilusión por una sociedad nueva y mejor, por una España que ya no dolía, como decía Unamuno, sino que ilusionaba y lanzaba a un futuro prometedor, y ver 22 años después, a dónde hemos llegado. Es muy triste.
Pero por mal que lo hayan hecho, que lo han hecho; por sinvergüenzas que hayan sido, que lo han sido; por no estar a la altura de las circunstancias, que no han sabido estar; por ganas que tengamos muchos de hacer justicia por nuestra cuenta, que las tenemos… nunca, nunca el camino puede ser otra noche como aquella.
También en política, sólo se rompe la cadena del mal, devolviendo bien por mal. No nos queda otra. Por difícil que sea. 

El derecho a rendirse.


           La competición, la victoria, los triunfadores, el podium, el reconocimiento, los aplausos… ¡qué placer! Es este el motor que nos mueve muchas veces en nuestra vida, a veces sin darnos cuenta, otras de un modo muy explícito. En el deporte, evidentemente, pero también en nuestra vida laboral y social, la búsqueda del éxito es el fuego que alimenta la lucha que esta búsqueda nos exige.
            Y me parece muy bien. Lo veo algo muy humano y muy respetable. Incluso diría que necesario para el progreso personal y social.
            Otra cosa es saber qué va a ser para mí triunfar, y qué armas voy a utilizar en la inevitable lucha para ello. Esto ya es harina de otro costal; pero no voy a ir por aquí en este artículo.
            Me encamino por otra senda. La de la derrota, la del fracaso, la del que tras larga y dura pelea, dice “ya no más, me rindo”, “¡basta ya!”.
            Esto es lo que reivindico en este artículo: el derecho a rendirse. Y lo reivindico frente a los discursos bonitos y las frases lapidarias que, con ese toque de adolescencia perpetua, nos dicen ¡rendirse, jamás!
Pienso que cuando alguien ha entregado, durante largos años, lo mejor de sí mismo, en una lucha por conseguir algo legítimo, y cuando, quizá ya cerca de la meta (en ocasiones el triunfo es simplemente llegar a la meta), exhausto, cansado de la rudeza del combate, sigue recibiendo golpes, y se encuentra ya sin fuerzas para aguantar uno más, ya sin fuerzas, y se rinde, debe ser respetado. Porque no es cobardía. Es reconocimiento de sus propias limitaciones. Reconocimiento de su propia fragilidad.
Y esto, debe ser respetado. Y tanto más respetado si las armas utilizadas en el combate han sido las debidas, y la meta por la que se ha peleado era poder acabar en paz el camino iniciado muchos años atrás. Y el podium, algún que otro “gracias” sincero. No más.
Pero ¿sabéis lo que pienso? Que aunque el éxito nos alegra, no nos lleva necesariamente a la felicidad, y aunque al rendirnos, la derrota, nos entristece, es a menudo un camino hacia la Luz; es, en cristiano, un camino a la Cruz.
Y llegados aquí, al margen ya del camino, habiendo tirado la toalla, en la soledad de la derrota, acompañado por los pocos que acompañan al vencido, sólo quedará decir despacio, con R. Tagore:  ¡no sea yo tan cobarde, Señor, que quiera tu misericordia en mi triunfo, sino tu mano apretada en mi fracaso!
Tristeza sí, pero tristeza preñada de esperanza. Esperanza de nuevos caminos, nuevos combates. Porque, después de todo, la única pelea en la que no podemos rendirnos jamás es la de la vida. 

miércoles, 20 de febrero de 2013

Feliz cumpleaños, Isabel.


Quiero felicitarte en tu cumpleaños, hoy 20 de febrero, recordando y celebrando cuatro ascensiones muy significativas en tu vida y en la mía. Ahí van, por ti. Con el deseo de que sigas, muchos, muchos años gozando de esta entrañables tierra a la que tanto queremos.
21 de agosto de 1987. Aneto. Desde Remuñe a La Besurta. Tormenta guarecidos en el chiringuito. Vivac en el ibón del Salterillo. Llegada a la cima muy temprano. Tú y yo solos en lo más alto del Pirineo. Era tu primera ascensión pirenaica. Regreso por la vía normal, al final corriendo contra la tormenta llegamos a la tienda. Luego tres días de mal tiempo.
4 de agosto de 1991. Desde La Besurta, por Paderna, subimos al segundo pico de las Maladetas occidentales, y allí, en la cima, a 3220 metros, dormimos al raso. Era casi luna llena, y a esa altitud, la luz en plena noche era indescriptible. Creo que dormiste poco…Al amanecer me despertaste. Recuerdo que vimos muy juntos la salida del sol. Hacía frío. Fue sublime. Bajamos por Cregüeña a los Baños.
5 de agosto de 1992. Midí, d´Ossau. Sé que te resultaba increíble estar en la cumbre de esa montaña que te llamó nada más la conociste. Recuerdo la “pájara” que te cogido subiendo. Tus ganas de llegar arriba pese a sentirte mal. La emoción intensa de verte exhausta y feliz, allá en lo alto.
15 de agosto de 1994. Ya por la tarde te veo en la cima de la Pica Longa del Vignemale. Habíamos subido, cargados con mochila de marcha, por la diagonal de Cerbillona, atravesando inmensos acantilados sombríos para llegar a la luz del glaciar oriental. ¡Qué esfuerzo!¡qué voluntad!¡qué alegría! Quizá fue lo mas intenso de aquella memorable travesía de Panticosa a Pineta, a la que no ibas a venir…La pared, cuando la viste te pareció inaccesible. ¿Por dónde?¿cómo voy a subir allí? Y subiste, tomaste la iniciativa en el paso difícil, hiciste cima, y bajaste feliz por el glaciar.
Solo alguien que ha escuchado la voz de las montañas, que ha sentido su llamada, hace estas cosas. A mí, tan solo me cabe el honor de ser quien te dijo: ¡ve!, es posible.
¡Feliz cumpleaños!

Aneto, 3404 metros.
Maladeta occidental 2, 3220 metros.
Midi d´Ossau, 2884 metros.
Pica Longa del Vignemale, 3298 metros.

domingo, 17 de febrero de 2013

Ordesa. Bodas de oro.

Saliendo del parking.
Bosque de hayas.
Alud en el fondo del valle.
Llegando a las Gradas de Soaso.
La carta de mis alumnos.
El Circo de Soaso.

Tal día como hoy, hace 28 años estaba en el Pirineo, en mi viaje número 50, las "bodas de oro". Fui con Álvaro, un chaval de Alcoy que por entonces vivía en el pueblo, y un personaje misterioso, pues no logro recordar quién era; ni viéndolo en las fotos  lo reconozco. Si alguien lo identifica, agradecería que me lo dijera.
El lugar elegido fue el valle de Ordesa. El día fue cerrado y oscuro, pero no nevaba. Eso sí, hacía mucho frío. Llegamos con esquíes de travesía hasta el circo de Soaso, a través de un valle totalmente colmado de nieve y solos.
Allí, en aquel entorno soberbio, solitario, frío, aquel día, oscuro, recuerdo que me agaché y besé el suelo nevado. De eso sí me acuerdo perfectamente. Agradecí todo lo vivido hasta ese momento, y deseé con toda mi alma, seguir conociendo y recorriendo más y más las montañas; a menudo, el conocimiento es amor.
Después leí una bonita carta que mis alumnos, conocedores del evento, me habían escrito y firmado.
Mucho tiempo ha pasado desde entonces, muchas cosas han cambiado, pero después de ascender cientos y cientos de cimas, de recorrer valles, de gozar y de sufrir, más gozar, desde luego, hoy, casi 30 años después, sigo deseando, con más fuerza si cabe, seguir subiendo montañas.
Y es que como he dicho, el conocimiento, a menudo es amor, y el amor, si es auténtico, no tiene límites.

NOTA:
            Si quieres ver las pocas y vetustas fotos de aquel viaje, pulsa el enlace Ordesa. Bodas de oro. Y si reconoces al misterioso personaje dime quién es.