Recuerdo también los ecos secretos del silencio; la transparencia helada del vacío cristalino. Ese mundo se recoge en mí, más presente que el real, más vivo que la vida misma. Y me llena. Y me rodea. Y me protege.
FRASES PARA PENSAR.
SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.
Cervantes en el Quijote.
viernes, 9 de septiembre de 2016
miércoles, 7 de septiembre de 2016
Que desde el abrazo de Dios nos dé esperanza a todos.
Puedo
decir que no llegué a conocerla aunque la tuve en la lista de 1º C todo el
curso pasado. Sólo un día disfruté de su presencia en clase de lengua, y
recuerdo que fue muy participativa.
Ahora
está ya en la Casa del Padre, feliz para siempre, libre, inmensamente libre de
cualquier atadura, de cualquier limitación, de cualquier dolor. Es nuestra fe.
Queda
aquí el hueco, el vacío, en todos aquellos que pelearon codo con codo, con Carla,
contra la enfermedad, a lo largo de su corta vida. Y la pregunta ¿por qué? El
misterio de la muerte, el misterio de la Cruz, y la esperanza, a menudo
difícil, angustiosa, dura, de que ése, precisamente ése es el camino, el único
camino a la Vida.
En
situaciones y momentos como éstos, pienso que lo mejor es el silencio y la
oración, pero me costaba no decir nada en el blog en recuerdo de Carla.
Que
desde el abrazo de Dios, nos dé esperanza a todos, y ayude mucho, sobre todo, a
los que más llorarán su ausencia.
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| ¿EL MISTERIO MÁS GRANDE? LA MUERTE. |
martes, 6 de septiembre de 2016
Desgraciado y malnacido.
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Ayer
pensaba qué adjetivos podría dedicarles a quien o a quienes han provocado el
desastre de Jávea, y pensé justamente en los dos con los que esta mañana Ximo
Puig, el “president de la Generalitat” lo ha calificado: malnacido y
desgraciado. Espero que lo detengan o los detengan y que todo el peso de la ley
y más, si es posible, caiga sobre él o ellos.
Pero un
desastre así no sucede sólo porque haya entre nosotros gente, mala, enferma o
imbécil, que la hay, sino porque hace ya demasiado tiempo que esto del medio
ambiente lo estamos haciendo mal, por muy de moda que esté.
Parquecitos
naturales (abandonados), días del árbol (insuficientes), campañas de
concienciación (escasas) no sirven para nada, si no hay una gestión integral y
no politizada de la naturaleza en la que vivimos.
En el
tema concreto del fuego veo serias deficiencias en la prevención, vigilancia,
intervención y gestión de las consecuencias.
Prevención.
Hay que mantener limpio el monte, accesibles los caminos y pistas. Incluso determinadas
zonas, especialmente vulnerables, deberían cerrarse en períodos críticos. Es necesario
prohibir actividades de riesgo, como quemas agrícolas, por ejemplo, cuando ello
suponga el más mínimo peligro.
Vigilancia.
Nuestros montes están solitarios, abandonados a su suerte casi continuamente.
Vigilancia terrestre y aérea (por qué no desde satélites) que debe
incrementarse en períodos críticos. Equipos de voluntarios. ¿Por qué no?
Intervención.
Una vez se detecta el fuego la intervención ha de ser inmediata. Y la primera
actuación debería hacerse desde los propios pueblos afectados. ¿Por qué no
crear brigadas de voluntarios locales para una primera actuación mientras llega
“el séptimo de caballería”?
Consecuencias.
Debería endurecerse la legislación. No pienso que sea descabellado considerar
el hecho de provocar un incendio forestal un crimen contra la humanidad, aunque
no entrañe peligro directo para las personas. Y en lo referente al monte afectado, debe
ser prioritaria su regeneración.
Y una
última consideración. Para que el medio ambiente sea sostenible debe ser
económicamente rentable. No puede ser una especie de inmenso parque para uso y
disfrute de los urbanitas el fin de semana. Eso no hay economía, por potente
que sea, que lo pueda mantener. Pienso que el camino es una gestión pública y
privada, sabiamente conjugadas y debidamente controladas por la administración,
imaginación, creatividad y voluntad auténtica de dejar a las generaciones
venideras una naturaleza viva, digna de ser vivida.
Y
juntos, porque es la casa común. Y en ello nos la vida, la nuestra y la de los
que vengan detrás, aunque no lo parezca.
Mis
más profundas condolencias al pueblo de Jávea.
domingo, 4 de septiembre de 2016
Como hace 75 años...
Santa Teresa de Calcuta.
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Hoy ha
sido un día grande para la Iglesia. En Roma, el papa Francisco ha canonizado a
la madre Teresa de Calcuta, que ya había beatificado Juan Pablo II. Una mujer pequeñita
y muy grande, una mujer buena por amor.
Buena
por amor. Leyendo algunos de sus pensamientos y viendo su ingente obra he
llegado a esa conclusión. Las personas no somos buenas y entonces amamos. Es el
revés, el amar nos hace buenos. Y no hay que calentarse la cabeza
preguntándonos por qué amamos. Hay que dejarse llevar por el amor que no sólo
es un sentimiento, sino, y sobre todo, un acto libre de la voluntad.
Pero,
¿de dónde arranca todo? Dice santa Teresa de Calcuta, “El fruto del silencio es
la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El
fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz.”
Del
silencio, arranca del silencio. Y acaba en la paz que da una vida de servicio a
los demás por amor, porque dice también “si no se vive para los demás, la vida
carece de sentido” y advierte a alguien que no he podido saber quién era, y
cuyo trabajo estaba centrado en el servicio a los demás “no dejes que falsas
metas de la vida (dinero, poder, placer, estudio) los conviertan en esclavos y
los hagan perder el auténtico sentido de la vida.”
Recuerdo
una anécdota que escuché hace tiempo y que en alguna ocasión he contado a mis
alumnos. Una persona importante, no sé si actriz o algo así, estaba visitando
un hospital del tercer mundo y se paró ante una monja que curaba con escasos
medios las terribles heridas de un enfermo. Le dijo,"hermana, ni por todo el
oro del mundo podría hacer yo eso que está haciendo usted"; a lo que esta
respondió, "ni yo tampoco."
Y es
que curaba por amor. Es el amor lo que nos hace buenos, y libres, y alegres, y
felices. Lo único que puede dar sentido pleno a nuestra vida. Evangelio en
estado puro. Y esto es así para quien sea el que vive de este modo, aunque no conozca el Evangelio.
Y Agnes
Gonxha Bojaxhiu vivió su vida desde el amor, como lo hacía aquella monja humilde y anónima. Por eso hoy es santa
Teresa de Calcuta, como santa será, aunque nadie lo sepamos, aquella mujer que
no hacía aquellas curas ni por todo el oro del mundo.
viernes, 2 de septiembre de 2016
Vamos a achicharrarnos en el calor y en la estupidez.
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Pensaba
esta tarde que hay dos cosas que no dependen de mí en absoluto, que nada tienen
que ver entre sí, pero que me alegrarían la vida.
Una de
ellas es que esta noche tuviéramos gobierno y para ello sólo haría falta que el
señor Sánchez tuviera algo de sentido democrático, lo que le llevaría a
abstenerse, desatascar al país y hacer una buena oposición durante cuatro años
de tal modo que para entonces hasta me apeteciera votarle. Creo que eso sería
bueno para todos. Lo demás me parecen mandangas y además una pavorosa
insensatez.
La
otra, que aflojara el calor de una puñetera vez y que lloviese, que falta hace.
Que lloviese mucho y bien. Aquí en Valencia, en los Pirineos, que también están secos, en todas
partes donde haga falta. Hace mucha falta el agua en España. Como un gobierno.
Pero
no. No tendremos gobierno y el calor no es que afloja, no; es que va a más.
Mañana 36, el domingo 40, el lunes 36, el martes 34… Y ni una gota a la vista.
Ni una.
Lo
dicho. Ni gobierno, ni agua. Y a achicharrarnos toca en el calor y en la estupidez.¡Qué le vamos a hacer!
¡País!
Sería tan bonito que hiciera algo de fresquito, lloviera y se entendieran de una vez los señores políticos que juntos nos representan a la mayoría...
jueves, 1 de septiembre de 2016
Historia de la mamá enrollada.
Paseábamos
este verano por un bonito pueblo del Pirineo aragonés y llegamos a la plaza donde
un grupo de mozalbetes jugueteaban, charlaban de sus cosas y, los más,
toqueteaban sus móviles. Hasta ahí todo normal, incluso plácido y sosegado.
Además el aire era tibio, el cielo azul, nos esperaba una buena cena…
Más he
aquí que de repente escuché a una señora, bastante joven y deportivamente
peripuesta, que estaba frente a los chavales y a la que no había visto. Lo que
les dijo me produjo un auténtico subidón de adrenalina y unas intensas ganas de
irme hacia ella y soltarle un soberano sopapo, amén de decirle gilipollas,
caraculo y otras lindezas semejantes. Pero claro, eso hubiera roto la citada
placidez y el referido sosiego, y además me hubiera complicado la vida, pues
hoy por hoy no está bien visto que un caballero atice un sopapo a una
desconocida y más sin mediar palabra. Y a un desconocido tampoco, claro; Bueno, a nadie. Así
que me contuve, respiré hondo, y seguí mi camino.
Pero,
¿qué es lo que dijo la susodicha? Lo anoté para que no se me olvidara. Dijo a
los chavales: ¿Verdad que soy una madre muy enrollada? ¿A que vuestras madres
os lo ponen peor?
No
pude identificar quien era el hijo que tenía la inmensa desgracia de tener una
madre tan enrollada. ¡Pobrecito! Tampoco conocía a los padres que "se lo ponen
peor" a los hijos y que han de competir como pueden, y a menudo en contra de sus
principios, con semejantes enrollamientos maternales.
¡En
fin, nada podía hacer! Nadie me había dado vela en ese entierro, y además no
soy, aunque durante años he intentado serlo, un desenrollador de madres y
padres enrollados. Es decir, un DPME en castellano o un UPW (unwinding of
parents wound) en inglés.
(Es
que, en educación, este tipo de siglas se llevan mucho, y más si son en inglés.
Resulta mucho más innovador, deben pensar los innovadores)
Pero
bueno, volvamos al tema. En la paz de la tarde pirenaica no pude evitar pensar en todos esos papás y mamás
angustiados, con los que he trabajado durante años, porque ven rota la paz del
hogar y enrarecidas las relaciones con sus hijos por no dejarles ver un
programa que sus amigos ven; por no comprarles el móvil cuando todos los de la
clase ya lo tienen; por hacerles llegar a una hora a casa cuando los demás se
quedan aún de juerga; por tener que hacer una fiesta de cumpleaños absurda, por
descomunal, porque todos la hacen.
Y
estos papás sufren, y mucho, por culpa de la mamá enrollada que le dejó
contaminarse al niño con cualquier basura televisiva porque decía que le gustaba;
por culpa de la mamá enrollada que le compró el móvil mucho antes de que
le hiciera al niño ninguna falta porque le hacía ilusión; por culpa de la mamá enrollada que le dejó al retoño
llegar a casa cuando le apeteció, porque ya debía ser responsable; por culpa de la
mamá enrollada que montó ya hace tiempo una fiesta de cumpleaños “made in USA”
porque al niño le molaba semejante movida, y a ella también.
Y
aunque estas mamás y estos papás enrollados son minoría, se produce el
consabido efecto de la manzana podrida. Unos papás enrollados fuerzan el
enrollamiento de los que no se enrollan, de los desenrollados, de los que "se lo
ponen peor" a sus hijos.
¿A que
la mamá aquella se merecía el sopapo? Y si hubiera sido un papá, también. En sentido figurado, claro. No me vengan ahora con que estoy incitando a la violencia.
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