FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

martes, 28 de febrero de 2017

Como un elefante en una cacharrería.


Hay que reconocer que la televisión tiene inevitablemente una fuerte dosis de perversión desde el momento en que convierte todo en un espectáculo cuyo criterio último es la cota de audiencia. Esto es un hecho.
Verdad es que la tele también tiene su lado positivo. Ciertos informativos, no todos, los partes meteorológicos, muchos documentales, el buen cine…Pero junto a esto y bien mezclado, con apariencia de un todo, hay una ingente cantidad de basura. Y es necesario tener criterio, y “otras cosas que hacer” para apagarla cuando toca y no acabar engullidos.
Por eso tengo muy claro que la televisión, por pura ética, hay terrenos en los que no debería entrar, pues el riesgo de hacer mucho, muchísimo daño es inaceptable. Pero claro, si ven un filón de sustanciosa audiencia, que es dinero, como buitres sobre un cadáver, ahí van a dejarse caer, con toda su parafernalia deslumbrante.
El problema del acoso escolar (no nos hace ninguna falta la palabrita inglesa) es lo suficientemente serio, complejo, importante y doloroso como para hacer de él un programa de televisión. Un programa de televisión que como todos es, ante todo, un espectáculo buscando audiencia. Y eso, espectáculo y audiencia, es lo último que necesita la educación para abordar esta tristísima e injusta realidad. La aproximación a la solución, porque solución no hay, va por otros caminos.
Me gustaría equivocarme, de verdad, y que este nuevo invento que empieza a emitirse un día de estos, al menos no haga daño, pero lo dudo mucho. El efecto puede ser como si entrara un elefante en una cacharrería, como dice el refrán.
Pero bueno, en una sociedad democrática y libre, tenemos que convivir con los que haciendo uso de esa libertad más allá de toda ética, nos complican la vida a todos dejando además un triste rastro que luego no reconocen como suyo. Del mismo modo que la sociedad no reconoce en la miseria y la vergüenza del acoso escolar su propia miseria y su propia vergüenza reflejada en los niños y en los jóvenes.

viernes, 24 de febrero de 2017

Las bandas desaceleradoras y sus daños colaterales.


Es una escena frecuente. Un vehículo de emergencias, con prisa y sirena, reduciendo la velocidad cada vez que pasa por un "saltito", y hay tantos... Voy a hablar de esos "saltitos" a los que tengo una profunda antipatía y que, dicho sea de paso, deben tener una muy dudosa legalidad aunque son legales. Me refiero a esos obstáculos que proliferan por las calzadas y a los que llaman normalmente bandas desaceleradoras o pasos sobreelevados.
Estoy totalmente en contra de este invento, pero absolutamente a favor de que se controle la velocidad de los vehículos. Pero de otra forma. Debe haber otras formas. Hay otras formas.
Yo soy uno de esos conductores que trata de cumplir escrupulosamente las normas de tráfico, lo que me ha costado más de un susto y bastantes pitadas e insultos. Si pone máxima 50, yo a 50, aunque sea irracional y hasta peligrosa la limitación. Hay así muchos tramos en nuestras carreteras. Pero claro, soy muy consciente de que formo parte de una aplastada minoría que tiene el tratamiento social de gilipollas y el galardón de mantener todos los puntos del carnet.
La gran mayoría de conductores se pasa por el forro muchas normas, especialmente las limitaciones de velocidad que, aunque como ya he dicho son a veces absurdas y hasta peligrosas, otras muchas veces son necesarias y están muy bien puestas.
Y a esta gente, que son mayoría, hay que pararle los pies, por supuesto, porque son un peligro real al volante, como lo son los que beben, los que se drogan o los que hablan por el móvil sin manos libres.
Campañas de concienciación. Muy bien. Controles. Cuantos más mejor. Sanciones duras, “amargantes”. Tristemente necesarias. Pero no obstáculos en la carretera, ¡no!
¿Y por qué no los quiero? Porque son una de las imágenes más claras que conozco de la incoherencia y el despropósito. Porque es incoherente que una sociedad que se jacta de atender a los ciudadanos, a todos, más allá de sus limitaciones y peculiaridades físicas o psíquicas, ponga trabas, materialmente trabas, cuando estos ciudadanos necesitan una atención urgente. Estoy hablando de ambulancias, bomberos, policía o cualquier vehículo privado que vaya haciendo sonar el claxon insistentemente, con un pañuelo blanco en la ventanilla.
Es entonces, cuando la desgracia nos iguala haciéndonos débiles, cuando esta forma de protegernos a todos atenta directamente contra unos pocos, justamente contra los más necesitados en ese momento. Daños colaterales le llaman ahora a eso. Y lo asumimos tan tranquilamente.
Un ictus, un infarto, una lesión medular o un simple brazo roto, han de pasar por la cruz de reducir velocidad, cuando a veces, en ella puede estar la diferencia entre la vida y la muerte, y soportar el “golpecito”. Daños colaterales. Un incendio, donde la rápida intervención de los bomberos es fundamental, se hace grande, porque hay que reducir velocidad. Daños colaterales. Un grave altercado, un robo, cualquier delito que requiera la rápida intervención de la policía, convierte a las bandas desaceleradoras en eficaz aliado del delincuente. Daños colaterales.
No es moralmente asumible. Lo que no entiendo es cómo no hay un movimiento ciudadano más fuerte contra esta incoherente majadería. O sí lo entiendo, es cuestión de “pasta” como siempre. La “puta pela”. Es la forma más barata de que los que no tienen conciencia del riesgo de la velocidad y piensan que eso a mí no me pasa, se comporten como toca. Hay otras formas, desde luego, pero más caras, mucho más caras.
Entonces digámoslo claro con un ejemplo.  Sin bandas desaceleradoras tendríamos vente muertos por exceso de velocidad. Con ellas, ocho por la tardanza de los vehículos de emergencias. Nos ahorramos doce. Es rentable. Esos ocho son daños colaterales… Claro que para evitar esos ocho, habría que invertir equis euros… No vale la pena.
Este es el planteamiento. No veo otro. Por eso le tengo tanta manía a este invento estúpido. Porque es intrínsecamente inmoral. Perverso en sí mismo. Porque evidencia, demasiado impúdicamente, el poco valor que le damos, cuando hay dinero por el medio, a la vida humana.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Caminaremos sin norte...


Igual que cuando yo tengo una inquietud agradezco que me ayuden a sosegarla, me siento en la obligación moral de sosegar las inquietudes de los que me cuentan las suyas. Es lo justo, hacer a los demás lo que te gusta que te hagan a ti.
¿Qué libros nos podrías recomendar a los que "dejamos pasar" la asignatura, sin darle la importancia que tiene? Esta pregunta, formulada en facebook, a raíz de la entrada Necesitamos más que nunca la filosofía, me transmitió una noble y digna inquietud. Y pensé. Y vi que no era fácil la respuesta. No era posible una respuesta cerrada, una lista de libros, por ejemplo. ¿Qué hacer para que mi respuesta estuviera a la altura de la pregunta?
Y devanándome los sesos llegué a una conclusión. La filosofía no trata tanto de buscar respuestas como de hacerse preguntas. Porque la respuesta se acaba en sí misma y es estéril si no nos abre a nuevas preguntas. La esterilidad de las respuestas y la fecundidad de las preguntas. ¡Ay de aquel que cree tener todas las respuestas y ya no necesita hacerse preguntas! 
Hace mucho tiempo, Sócrates hacía preguntas a sus interlocutores para que cayeran en la cuenta de que sus respuestas no eran tan ciertas y claras como ellos pensaban, y así se hicieran nuevas preguntas que les acercaran más y más a la verdad. Y así, poco a poco y con dolor, como en un largo parto, llegaran a la sabiduría. Eso es la mayéutica, obstetricia, técnica de asistir en los partos, en griego. Ayudar a dar a luz, en traducción libre. Ayudar a ver la luz, traducción más libre aún, pero fiel al sentido último de lo que Sócrates hacía con sus discípulos. 
Porque la sabiduría es el fruto maduro de la filosofía. Dice el filósofo y escritor suizo del siglo XVIII, J.K. Lavater, "Si quieres ser sabio, aprende a interrogar razonablemente, a escuchar con atención, a responder serenamente y a callar cuando no tengas nada que decir". Comportamientos estos que sólo se entienden desde la humildad de saber que sabes muy poco, y que cuanto más sepas, más cuenta te darás de lo poco que sabes. Es la humildad del sabio.
Pues bien,¿cuál es la conclusión?¿Cuál es pues mi respuesta a la pregunta en cuestión? Abrir una nueva sección en el blog donde lanzaré preguntas, esbozaré respuestas dadas a lo largo de la historia por los grandes pensadores, y dejaré en manos de la reflexión personal, del diálogo aunque sea vía facebook, y del ancho mundo de internet, (que igual nos lleva a un libro de esos de papel, de los de toda la vida) la búsqueda de las respuestas que inevitablemente nos abrirán nuevas preguntas. 
La sección se llamará FILOSOFÍA. Sin miedo, sin complejos. Porque como ya he dicho, hacen falta filósofos, pues de lo contrario, la libertad, la justicia, la belleza, el bien, la verdad, dejarán de ser referencia, aunque sea lejana, de nuestra sociedad y caminaremos definitivamente sin sentido de la vida, sin conciencia de la historia, sin norte. Siempre ha pasado así. Desde que el hombre es hombre. 

martes, 21 de febrero de 2017

Así se ha puesto hoy el sol.

Así se ha puesto hoy el sol. La calima que estos días nos acompañará ya se anunciaba a poniente. Y luego, tras un crepúsculo gris, la noche. Frío, silencio y soledad en la montaña. ¿Y no te da miedo?, me dicen. No, son otras las cosas que me dan miedo.



lunes, 20 de febrero de 2017

Fin de semana en blanco y azul.

Fin de semana de contemplación en el Pirineo. Mucha nieve, cielo azul, muy azul, viento en calma… Una sencilla pero espléndida ascensión en soledad y silencio. Los amigos solos, allá arriba. ¡Qué más se puede pedir! Ha sido tan breve, pero tan diferente y tan intenso, que parece que haya sido un sueño. Sí, un sueño…

En la primera cima, el Tozal Blanco. Al fondo la sierra de Maristás y el macizo del Cotiella.

Legando a la segunda cima, el pico de la Ribareta de Comodoto. El macizo de Cotiella se ve entero.

Y el Monte Perdido muy cerca, el rey indiscutible de toda la región.

También sus vecinos,el Soum de Ramond y el Cilindro, arropándolo, se ven  muy buen desde la cima.

El circo de Pineta.

La Aguja de Lavasar desde Serveto, en el valle de Gistaín. Un buitre la sobrevuela.

jueves, 16 de febrero de 2017

¡Enhorabuena! don Leoncio Fernández.


Ha saltado la noticia hoy. Lo han dicho en la prensa y en la tele. La reproduzco tal y como aparecía en El Mundo. Lo lamentable es que sea noticia, lo que no debería serlo, lo que debería ser lo normal.

Una lección de humildad y respeto que estos chicos nunca olvidarán. La dirección del colegio Santa María del Pilar de Madrid ha anunciado en un comunicado que retira a su equipo de baloncesto masculino, Los Tigres, de la Copa Colegial de Madrid. El director del Santa María del Pilar, Leoncio Fernández, explicó a EL MUNDO que se llegó a esta decisión tras encontrar unos "memes ofensivos" subidos por algunos alumnos del colegio y miembros del equipo a las redes sociales dirigidos contra el equipo del colegio Obispo Perelló, la Furia Roja, tras un partido entre ambos en el que ganaron los del Santa María del Pilar. "Se habían traspasado las líneas rojas del respeto" declaró Fernández. Por ello la dirección del Santa María del Pilar ha pedido también a la asociación Baloncesto Colegial que declare ganador del partido al equipo del Obispo Perelló. Fernández explica que esta decisión "ha supuesto mucho dolor porque además era un grupo con muchas posibilidades" de ganar la copa. El director anunció "medidas disciplinarias" para los alumnos que crearon y difundieron aquellos memes.

Mi más profunda admiración, mi solidaridad y mi respeto por este director. Estoy seguro que habrá sido una decisión difícil, que mucha gente no la habrá entendido. ¡Lástima siento por ellos!

¡Enhorabuena y gracias, don Leoncio!

miércoles, 15 de febrero de 2017

Ein weiser mensch kann seine meinung ändern. Der narr nie.


Ein weiser mensch kann seine meinung ändern. Der narr nie.  Esto decía Kant. Es decir, El sabio puede cambiar de opinión. El necio, nunca. La cabezonería, la obcecación, la rigidez mental, son signos de necedad. Y la RAE dice de necedad, cualidad de necio. Y de necio:
1. adj. Ignorante y que no sabe lo que podía o debía saber. U. t. c. s.
2. adj. Falto de inteligencia o de razón. U. t. c. s.
3. adj. Terco y porfiado en lo que hace o dice. U. t. c. s.
4. adj. Propio de la persona necia.
            No es mi intención insultar a nadie, sino compartir la sensación que tengo viendo el panorama social y político en el que nos movemos. Y la sensación de tener una clase política formada por una ingente cantidad de necios que además tienen gran parte de mi vida en sus manos. Y eso me da un miedo…
Ignorancia, falta de inteligencia, terquedad, son el pan nuestro de cada día cuando oyes muchas de sus declaraciones por la tele. Y un impresionante convencimiento de que yo y sólo yo, y los míos, claro, estamos en posesión absoluta de la verdad, y que nunca daremos el brazo a torcer. La más absoluta prueba de necedad que pueda darse.
 Lo que he escrito hasta aquí cualquier podría firmarlo. Todos estarán de acuerdo. Seguro. Y éste, justamente este es el problema. Porque todos, o casi todos, firmarían estas palabras pensando que los necios son los otros. Que ellos no. Son los otros los equivocados y los que han de cambiar de opinión. Yo soy el sabio.
La cuestión es muy simple. La verdad no es patrimonio de nadie, y solo a través del diálogo y del consenso, que nos puede llevar a cambiar de opinión, nos acercaremos a ella. Si una persona ve una montaña siempre y solamente desde su pueblo, no sabrá cómo es la montaña. Para saber cómo es, tendría que rodearla, acercarse, alejarse, subirla…Es decir, ponerse en lugar de los que la ven desde otras perspectivas. Y reconocer entonces que su conocimiento de “su” montaña era al menos incompleto.
Pero eso exige ser inteligente, sabio (que no es lo mismo), razonable, lo que le permitirá ser capaz de ponerse en lugar de los otros y aceptar que no soy el amo y señor de la única verdad, que lógicamente es la mía. Vamos, no ser un necio.
Ante estos individuos los ciudadanos deberíamos instalarnos un "neciómetro" para identificarlos y mantener las distancias adecuadas. El mío tiene dos alarmas básicas. Os las digo por si os sirven. Una se dispara haciendo “tiu,tiu,tiu…” y encendiendo una potente luz roja cuando alguien dice que el objetivo de su partido es cargarse a otro, bien sacándolo del gobierno, bien disolviéndolo en la oposición. La otra hace “piii,piii,piii,piii” y también enciende una luz roja y se dispara cuando alguien dice que hay que hablar con casi todos, pero no con todos.
Hay más indicadores que se pueden acoplar al neciómtero. El taller donde te lo instalan es una cadena con muchas sucursales y se llama Reflexión & sentido crítico S.A.