Desde hace ya muchos años, mi madre que ya ha estado
en verano por los Pirineos, hace con mi hermana un viajecito al valle de Arán,
a las puertas del otoño. Y cómo no, una visita a Lourdes.
Siempre viene encantada. Y es que, desde siempre le
han gustado mucho las montañas en general y los Pirineos en particular. Y cada
vez le gustan más, por lo que dice. Y se nota. Allí no tiene ningún mal. Está
feliz. Como Isabel, como yo.
Fue ella y mi padre los que, casi sin darse cuenta
nos “infectaron” con la afición al monte, a andar, a subir montañitas, al
principio, montañas más tarde.
Ellos empezaron, luego yo seguí una trayectoria
gradual: Calderona, 1000
metros ; Javalambre, 2000 metros ; Pirineos, 3000 metros y Alpes, 4000 metros . Y les
devolví los frutos en que se habían convertido las simientes que plantaron.
Y al igual que a mi y a mis hermanos, les deslumbró.
Por eso, cuando veo lo feliz que está allí, cómo un viaje tan largo se lo tiene
hecho, porque es a los Pirineos, ¡claro!, las ganas que tiene siempre de volver
allí, me siento muy, muy feliz.
Con sus 87 años dice que nació demasiado pronto.
Dice, si yo hubiera conocido esto cuando era joven, también habría subido esas
montañas tan altas a las que subís. ¡Es tan bonito!
Pues bien, comparto con el amable lector, la
satisfacción de ver disfrutar a mi madre en la misma tierra y bajo el mismo cielo
donde yo también soy feliz.
Con su permiso, podéis ver a continuación algunas
fotos del viaje del que ha regresado hoy.
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En Viella, ante el río Nere. |
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Ante el museo pirineísta de Luchon. |
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En el Mig Arán. |
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En Viella. Río Nere. |
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En el Port de la Bonaigua, a más de 2000 metros. |
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