FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Parece que lloverá un día de estos.

Parece ser, es un parecer, no más, que por fin, alguno de estos próximos días puede llover por estos lares, y parece ser también que se acerca el frío, o sea que ya llega el buen tiempo, porque en noviembre el buen tiempo es frío y lluvioso.
¡Ay el egocentrismo de los terrícolas! Lo que es bueno para mí es lo bueno. No, no, no es eso. Ahora lo bueno para el campo, para los bosques (los que quedan), para los animales, para la atmósfera, para el mundo en el que vivimos y del que vivimos es que llueva y haga frío, aunque a mí me moleste, aunque me fastidie los planes del fin de semana; sería buenísimo que estuviera días lloviendo, y haciendo frío, y nevando en las montañas.
Pues eso, ojalá que vengan de una vez la lluvia y el frío. La naturaleza lo merece, porque pese al terrible otoño de mal tiempo que estamos sufriendo sigue resistiendo humildemente hermosa. ¡Cómo estaría si hubiésemos tenido buen tiempo!
Ved algunas fotos hechas esta semana en la Sierra Calderona.

Por estas tierras el monte siempre está verde, pero ahora seco, muy seco.
Hoja de parra con sus colores otoñales.
Colores que destacan en el verde.
La luna, en cuarto creciente asoma sobre las copas de los pinos.
El olivo, siempre verde. Símbolo de nuestra cultura.
La flor de la pitera, ya seca, se recorta contra un azul limpio, constante, excesivo...
Las hojas de un roble solitario vestidas de otoño.
La luz del cielo enciende las hojas.
Hojas que ya muertas, caen a una balsa contigua, casi vacía, formando un bonito tapiz.
Un chopo, ya casi desnudo, entre los pinos.
La rotunda copa de un pino muy verde, el cielo azul...
Y cuando el día va cayendo, una leve bruma cubre las llanuras habitadas por los hombres; desde abajo no las vemos.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Canal 9. Pena y vergüenza.


Es realmente una vergüenza lo que está pasando con Canal 9. Una vergüenza y una pena. Pero lo que más vergüenza y pena me está dando es el espectacular carnaval, la impresionante orgía de demagogia, cinismo y manipulación que se ha montado. De verdad que es una auténtica orgía, pero de las buenas.
Primero, el gobierno valenciano tomando una decisión que, desde mi punto de vista, y reconociendo que me faltan datos, suena a “calentón” y no a decisión estudiada y meditada, y además defendida con argumentos demagógicos: no se puede dar a elegir entre escuelas, hospitales y televisión. Esa no es la cuestión. La cuestión sería, por qué se permitió que Canal 9 acabara siendo una empresa económicamente inviable, por ejemplo.
Segundo, la oposición, cual buitres, abalanzándose sobre un gobierno que gestiona, mejor o peor, la infame herencia que ha recibido de ellos mismos. Ahora que la gente está indignada, es momento de rapiñar votos sea como sea defendiendo henchidos en valencianía, lo que tantas veces han denostado. Es tan fácil ahora llevarse a la gente al huerto… ¡Es de un cinismo inaudito!
Tercero, los trabajadores de televisión valenciana erigiéndose en baluartes y defensores de la lengua y cultura valencianas, cuando lo que están defendiendo es su puesto de trabajo, y punto; y ¡ojo! que esto me parece muy legítimo. Pero que no mezclen churras con merinas. Que dejen a la lengua y la cultura en paz. Eso es manipulación, y ellos pueden. Son la herramienta manipuladora por excelencia, junto con la prensa.
Ah, y eso sí: todo el mundo rasgándose las vestiduras, muy rasgadas, rasgadísimas. ¡Venga ya!
Ante este espectáculo lamentable, grotesco, la única respuesta que se me ocurre es el silencio. Como decimos en educación, ignorar las conductas no deseadas. A ver si de una vez se dan cuenta que están haciendo todos el ridículo...y mucho daño.
Y por cierto, que alguien me explique cómo se les ocurre gastarse un pastón cambiando el logotipo por otro, bastante feo por cierto, un mes antes del cerrojazo. “Mi no comprender”.
Y ahora, me callo.

martes, 5 de noviembre de 2013

En homenaje a Luis Cernuda.


Hoy hace 50 años que murió en Méjico, Luis Cernuda. Murió de un infarto, y lo encontraron junto a la máquina de escribir, y un libro de Emilia Pardo Bazán en las manos. Había nacido 61 años antes en Sevilla, y se exilió en la guerra civil, no volviendo nunca a España.
Cernuda es uno de los grandes poetas del amor en lengua española, pero no sólo del amor, sino también del sufrimiento y la soledad.
Como homenaje en este 50 aniversario de su muerte os propongo uno de los poemas que más me impactaron cuando lo leí hace ya muchos años, poema que me sigue impresionando por lo directo, lo duro, lo tristísimo y a la vez, lo extraordinariamente bello que es.


Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.

Es el deseo de un hombre cansado de sufrir, cansado de violentarse a sí mismo, de negarse a sí mismo, cansado de no poder amar y saberse amado en plenitud y libertad. Y ese cansancio profundo, esencial, radical, le lleva a la única posible salida, a la muerte, a reposar por fin libre de deseo, libre de amor, “en los vastos jardines sin aurora donde habite el olvido”.
 Y este sufrimiento suyo se hace literatura con mayúsculas. Es lo que más me impresiona de Luis Cernuda, la pavorosa autenticidad de su poesía. Es el saber que éste, como otros muchos poemas suyos, arranca de lo más hondo de su vida. Sus palabras expresan sentimientos reales, no son palabras bonitas, que lo son, no son juegos literarios. A través de su magnífica obra vemos a un hombre que vivió con honestidad y bebió hasta el fondo el cáliz que le tocó en suerte.
 Por esta autenticidad, por el valor testimonial de lo que escribió, Luis Cernuda me ha merecido siempre un profundo respeto; por eso cada vez que me acerco a sus poemas, lo hago sabiendo que estoy entrando en el centro mismo del corazón de un hombre. Descanse en paz Don Luis Cernuda.

Sigue haciendo calor, mucho calor...

Sigue haciendo calor, mucho calor, sigue sin llover y no hay perspectivas de que lo haga ni a corto ni a medio plazo. Ya ha pasado septiembre, octubre, estamos en noviembre…; desde el punto de vista de nuestro medio ambiente está siendo el otoño más absurdo y desagradable del que tengo memoria. Nuestros montes necesitan agua, necesitan frío, y lo necesitan ya.
Pero nada es del todo malo, excepto Satanás. Estos extraños y agobiantes meses nos están regalando unos crepúsculos extraordinarios. Hace un rato, desde el río, se veían así las últimas luces del día, de un día más, seco y caliente como un diablo.






lunes, 4 de noviembre de 2013

Ideas para educar. 3.9 No exigirle lo que no somos capaces de hacer nosotros.


1.-CONOCER:
1.1 ¿Qué es realmente un niño?

2.-PREVENIR:
2.1 Desde la cuna.

3.-INTERVENIR:
3.1 Acuerdo total papá-mamá.
3.2 Control de la familia extensa.
3.3 Control de otros agentes educativos.
3.4 Coherencia en nosotros. Hacer lo que decimos.
3.5 Normas claras y concretas. Las precisas.
3.6 Hablar poco. “No comerle el coco”.
3.7 Ignorar conductas no deseadas. Reforzar las deseadas.
3.8 No mostrar que controla nuestro estado de ánimo.
3.9 No exigirle lo que no somos capaces de hacer nosotros.
3.10 Valorar si vale la pena “entrar en combate”.

Uno de los errores más frecuentes en el que caemos los educadores, es exigir al niño un comportamiento que nosotros no seríamos capaces de tener ni de lejos. Esperamos de ellos lo que, siendo honrados, no esperamos de nosotros mismos.
Y esto, normalmente lo hacemos porque no nos paramos a pensarlo. Estamos en nuestro papel, y no nos planteamos ponernos en el suyo. Nos falla la empatía.
Y si lo hiciéramos con más frecuencia, diríamos menos tonterías y nuestra acción sería más educativa y eficaz. Y honesta.
Voy a poner un ejemplo. Vas por la carretera (imagina cuando pasas por delante de Masía de Traver) y pone máxima 60. Puedes hacer dos cosas. Una, saltarte la señal y seguir a 90. Ya no tienes autoridad moral para exigirle al niño que no se salte las normas, pero éste es un camino por el que no vamos a seguir en este artículo (Ver art. 3.4). Dos, poner el coche a 60. Bien, vale. Pero esto ¿lo haces por sentido de la responsabilidad, como buen ciudadano, o porque tienes miedo a la multa? La respuesta mayoritaria estará clara, ¿no?
Y ahora viene la conclusión. Si nosotros, adultos responsables (se supone), para cumplir las normas, incluso en algo en lo que nos puede ir la vida, necesitamos del miedo a la multa (miedo al castigo), ¿cómo esperamos de los niños que cumplan normas (hacer deberes, lavarse los dientes, arreglar la habitación…), normas en las que no les va ni la vida, ni nada de nada, por pura responsabilidad y amor al buen hacer?
Desde esta sencilla perspectiva creo que podemos calificar nuestro comportamiento de incongruente e incluso cínico. Pretendemos, con palabritas y “concienciación” que hagan lo que ni quieren, ni les apetece, ni les interesa, cuando nosotros, si no hubiera multas, si no hubiera inspectores, si no hubiera… y entonces nos volvemos locos, nos desesperamos.
Pero, ¡ojo!; antes incongruencias y cinismo que pensar palabras políticamente incorrectas, y mucho menos decirlas ¿no? porque la palabra miedo lo es, y mucho.
Pero hay que decirlo, y bien alto. El miedo es natural y necesario. Es el mecanismo primario que nos advierte que “por ahí” es peligroso ir. Y en educación tenemos que administrarlo, no eliminarlo, con sabiduría y prudencia, sin perder nunca de vista la dignidad y la libertad de los demás y la nuestra propia, que en esta lid deben prevalecer.
Por supuesto que yo desearía una sociedad en la que el miedo no fuera necesario. ¡Pues claro! Muchas veces cuando, en clase, mis alumnos hablan demasiado les digo: “a ver, chavales, no quiero que calléis ahora por miedo a que os deje sin recreo u os ponga faena doble. Quiero que calléis porque es importante esto que os voy a explicar y, si os despistáis, luego tendréis problemas”, por ejemplo. Y ellos, entonces, callan, callan un poquito, porque lo entienden, y también ellos quisieran que el mundo fuera así. Pero no, tarde o pronto hay que recordar que existen otros “procedimientos” menos agradables para conseguir que la clase, todos los días, vaya bien… han de tener miedo a esos “procedimientos”.
¿Cómo les voy a exigir que cumplan la norma de callar y atender en clase, por sentido de la responsabilidad y amor al saber, cuando muchos de sus padres, y a veces yo mismo, necesitamos del miedo a la multa para no ir a 150 por la autopista? Les exigimos a ellos, lo que no somos capaces de hacer nosotros.
El miedo es necesario para educar y para vivir. Hay que aceptarlo. Hay que asumirlo. No es bonito. No suena bien. Es triste. Pero es cierto. Es este un planteamiento ético, no estético, por eso no está de moda. Pensadlo, pensadlo sin prejuicios.

viernes, 1 de noviembre de 2013

No todo el oro reluce, ni es oro todo lo que reluce.

¿Por qué no? Se le ve en paz.
El día de Todos los Santos, identificado popularmente con el recuerdo de los muertos y las visitas a los cementerios, tiene, creo yo, otra dimensión que normalmente no contemplamos, y que a mi me gusta mucho más porque la veo más honda, con consecuencias.
La Iglesia, hace ya muchos siglos, sí que la contempló, y pienso que fue precisamente esta dimensión la que le llevó a instituir esta fiesta.
¿A qué dimensión me refiero? La de hacer justicia a todos los olvidados, a todos los despreciados, a todos los “discretos”. La de dejar claro que, no es oro todo lo que reluce, ni todo el oro reluce. La de hacernos caer en la cuenta, de que ha habido y hay miles de personas, buenas, honestas, trabajadoras, abnegadas, con una capacidad de amor y entrega inauditas, y que viven y mueren en el más absoluto anonimato, quizá perseguidas, a menudo despreciadas, ninguneadas, olvidadas…¿olvidadas? ¡No! Hoy es su día.
Es ésta una antigua convicción de la Iglesia; la convicción de que hay mucha gente que ha vivido y vive el Evangelio con coherencia y valentía, pero con tal humildad y tan gran discreción, que casi nadie se ha enterado, ni se entera de su existencia. Sus vidas santas han estado ocultas en “el montón”, o a veces, incluso han sido vidas tachadas de raras, heterodoxas, demasiado diferentes, poco “ejemplares”, vidas para olvidar…
Y es que, habitualmente, los grandes para nosotros no suelen ser los grandes a los ojos de Dios. Y la Iglesia, aunque parezca mentira, esto siempre lo ha sabido.
Ojalá tengamos los ojos bien abiertos, para poder identificar a todos estos hombres y mujeres, estén o no ahora entre nosotros, y gozar de su vida y de su ejemplo. Para todos ellos, el día de Todos los Santos es un acto de justicia.

Receta. Tartiflette.

Un día de éstos, habiéndome regalado mi hermana un quesito Reblochon, que había comprado en el valle de Arán, decidí hacer "tartiflette" para cenar. 
        Este delicioso y contundente plato, lo descubrí en los Alpes, en Chamonix, al pie mismo del Mont Blanc y, bien merece un comentario previo a la receta.
En realidad no es un plato tradicional de la Saboya, pues fue inventado en los años 80 por el Sindicato Interprofesional del Reblochon, teniendo, eso sí, un éxito inmediato.
Hoy en día, en cualquier pueblo de aquella preciosa parte de Europa, podéis encontrar "tartiflette", e incluso "tartifletteries", que son establecimientos especializados en tan suculento manjar.
La única condición para disfrutarlo, que os guste el queso. Por lo demás, es muy fácil de elaborar.
A mí me sale bueno. Allí lo hacen muy bueno, y si lo tomas después de pasar un  buen día entre crestas, picos y glaciares, acompañado de una buena jarra de “bière pression”, en alguna de las deliciosas terracitas de Chamonix…revientas de puro placer.

Ingredientes para unas 4 personas:

1 Kg. de patatas.
200 g. de panceta ahumada.
250 g. de queso reblochon  (lo venden en Carrefour o en el Corte Inglés, por lo menos).
1 cebolla grande.
1 buen chorro de vino blanco seco.
3 o 4 cucharadas de aceite de oliva.
Sal y pimienta.

Cuézanse las patatas con piel, hasta que estén blanditas y “güenas” para comerse. Mientras, sofríase la cebolla picadita, junto con la panceta troceada a daditos pequeños.
Cuando las patatas estén en su punto, quíteseles la piel y córtense a rodajas de medio centímetro de espesor (no hace falta medir con regla cada trozo de patata). Después, deposítense en una fuente ocupándola toda, y sobre ellas, échese la cebolla y la panceta bien distribuidas. Luego, un buen chorro de vino, sal, pimienta y el queso reblochon cortado en láminas no muy gruesas, cubriéndolo todo.
Y para acabar, quince minutos al horno, precalentado, a una temperatura de unos 290º o 300º , para que se gratine.

          Puede ser plato único, acompañado de alguna ensaladita. Ha de comerse caliente, sin quemarse uno la lengua ni otras partes de la cavidad bucal, claro.
          Para beber, tanto una buena cerveza como el vino, se llevan muy bien con la "tartiflette". El agua, sin embargo, no, porque... daría un poco de penita.

           "Bon appétit" y "vive la France".

La "tartiflette" me traslada a la tierra brava en la que la descubrí. Nevada en julio, en Le Brévant,  2525 m.
Cordada a la que bien le puede apetecer una buena "tartiflette" cuando llegue al pueblo.
Una de las preciosas plazas de Chamonix. Toldos, terrazas y buena comida.
Esta ensalada con flores podría acompañar perfectamente a una" tartiflette". ¡Oh, la France mon amour!