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Cervantes en el Quijote.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Receta. Tartiflette.

Un día de éstos, habiéndome regalado mi hermana un quesito Reblochon, que había comprado en el valle de Arán, decidí hacer "tartiflette" para cenar. 
        Este delicioso y contundente plato, lo descubrí en los Alpes, en Chamonix, al pie mismo del Mont Blanc y, bien merece un comentario previo a la receta.
En realidad no es un plato tradicional de la Saboya, pues fue inventado en los años 80 por el Sindicato Interprofesional del Reblochon, teniendo, eso sí, un éxito inmediato.
Hoy en día, en cualquier pueblo de aquella preciosa parte de Europa, podéis encontrar "tartiflette", e incluso "tartifletteries", que son establecimientos especializados en tan suculento manjar.
La única condición para disfrutarlo, que os guste el queso. Por lo demás, es muy fácil de elaborar.
A mí me sale bueno. Allí lo hacen muy bueno, y si lo tomas después de pasar un  buen día entre crestas, picos y glaciares, acompañado de una buena jarra de “bière pression”, en alguna de las deliciosas terracitas de Chamonix…revientas de puro placer.

Ingredientes para unas 4 personas:

1 Kg. de patatas.
200 g. de panceta ahumada.
250 g. de queso reblochon  (lo venden en Carrefour o en el Corte Inglés, por lo menos).
1 cebolla grande.
1 buen chorro de vino blanco seco.
3 o 4 cucharadas de aceite de oliva.
Sal y pimienta.

Cuézanse las patatas con piel, hasta que estén blanditas y “güenas” para comerse. Mientras, sofríase la cebolla picadita, junto con la panceta troceada a daditos pequeños.
Cuando las patatas estén en su punto, quíteseles la piel y córtense a rodajas de medio centímetro de espesor (no hace falta medir con regla cada trozo de patata). Después, deposítense en una fuente ocupándola toda, y sobre ellas, échese la cebolla y la panceta bien distribuidas. Luego, un buen chorro de vino, sal, pimienta y el queso reblochon cortado en láminas no muy gruesas, cubriéndolo todo.
Y para acabar, quince minutos al horno, precalentado, a una temperatura de unos 290º o 300º , para que se gratine.

          Puede ser plato único, acompañado de alguna ensaladita. Ha de comerse caliente, sin quemarse uno la lengua ni otras partes de la cavidad bucal, claro.
          Para beber, tanto una buena cerveza como el vino, se llevan muy bien con la "tartiflette". El agua, sin embargo, no, porque... daría un poco de penita.

           "Bon appétit" y "vive la France".

La "tartiflette" me traslada a la tierra brava en la que la descubrí. Nevada en julio, en Le Brévant,  2525 m.
Cordada a la que bien le puede apetecer una buena "tartiflette" cuando llegue al pueblo.
Una de las preciosas plazas de Chamonix. Toldos, terrazas y buena comida.
Esta ensalada con flores podría acompañar perfectamente a una" tartiflette". ¡Oh, la France mon amour!

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