FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

martes, 14 de febrero de 2017

¡Feliz día de San Valentín!


Es curioso cómo tal día como hoy, San Valentín, el día de los enamorados, día muy comercial  por cierto, el icono que casi todos tenemos en la cabeza es el de Cupido. Ese niño, con los ojos vendados, y con su arco y sus flechas que va por ahí sembrando el amor y el desamor.
Como niño que es, es travieso, voluble, inconstante. No atiende a razones. Además lleva los ojos vendados. No ve lo que hace, ni le importa. Y su madre, Afrodita, está preocupada por él porque no crece, no madura…
Mucho menos conocido, su hermano, Anteros, nacido después, representado por un apuesto joven con alas de mariposa y larga cabellera, es serio, constante y responsable.
Anteros es el dios del amor correspondido, de la pasión inextinguible, del amor feliz. Cupido, el del enamoramiento banal, superficial, tan fogoso como pasajero. Hermanos de la misma madre, Afrodita, la diosa del amor y la belleza, y del mismo padre, Ares, el dios de la guerra. Hermanos bien diferentes.
Y como he dicho, me resulta curioso, y no sé hasta qué punto significativo, que es a Cupido al que todos tenemos en la cabeza, y no a  Anteros, a quien casi nadie conoce, cuando hablamos del amor.
¿A quién nos “vamos a encomendar” hoy, 14 de febrero? A Cupido o a Anteros. Todos pensamos en Cupido, pero ¿es el amor deseable? Parece ser que nuestra sociedad, hace ya mucho tiempo optó por Cupido. Es así y así nos va.
Pero yo hoy, os deseo a todos la “bendición” de Anteros.

¡Feliz día de San Valentín!

         Os invito a que veáis el siguiente vídeo, que  ha enviado Juan esta mañana a todos los compañeros y que va en la línea del comentario que he hecho sobre Cupido y Anteros. Si estás enamorado no te cases...aún.

domingo, 12 de febrero de 2017

Las grúas del puerto.

Me gusta contemplar desde la tranquilidad y la soledad de las montañas la ciudad abajo y a lo lejos. Contrasta la paz y el silencio de allá arriba con el ajetreo, las prisas, los agobios…, de allá abajo. En particular me gusta ver la silueta de las grúas del puerto, recortándose contra el mar, los barcos, fondeados fuera del puerto, esperando su turno…


sábado, 11 de febrero de 2017

Podían irse a Madagascar a cazar monas.


Hay cositas que no entiendo, y conste que lo intento. Una, el regreso a la escena política del señor Sánchez y otra, el circo que tiene montado el señor Iglesias. Y ambos gallitos con el mensaje de que si no ganan se van. Y tanto que podían irse, pero a Madagascar a cazar monas. Ya tardan.
En el caso de Pedrito, no entiendo cómo un señor que ha perdido todas las elecciones a las que ha concurrido, que ha roto su propio partido, que con su intolerancia ha tenido paralizado al país casi un año, que se ha negado desde el principio a hablar con el líder del partido que ha ganado las elecciones dos veces consecutivas y que tiene la confianza de un tercio de los ciudadanos, vuelve a presentarse para dirigir el socialismo en España. Mí no comprender, como diría un sioux en una película de John Wayne.
En el de Pablín, no entiendo cómo pretendía dirigir los “destinos de la patria” para salvarnos a todos de los terribles males que nos aquejan, y no está siendo capaz ni siquiera de mantener unido a su propio partido. El espectáculo, casi cómico, que están dando, recuerda mucho a las peleas de los niñatos gilipollas de un instituto (sólo a los niñatos gilipollas) por ver quién es el más popular. Mí no comprender tampoco.
Y otra cosa que mí no comprender es cómo el señor Sánchez no entiende que aún en el caso de que sus militantes lo eligieran, nada habríamos ganado, pues al gobierno no te llevan los militantes sino los votantes. Y cómo el partido del señor Iglesias, con el espectáculo que está dando, sigue siendo la segunda fuerza política, según las encuestas. No, esto tampoco lo entiendo.
Lo dicho. Piel roja no comprender a rostros pálidos. Por eso, y por el bien de todos, mejor harían, Pedrito y Pablín, ya que además son tan amigos, en irse a Madagascar a cazar monas. Al menos harían algo útil porque allí son plaga*. O a lo mejor no les parece políticamente correcto eso de cazar monas, y monos, también monos; no seamos sexistas.
Pero me temo que no caerá esa breva. Seguirán aquí, jugando con el destino de todos. Esperemos que la gente se dé cuenta y actúe en consecuencia.

*Eso de que las monas y los monos son plaga en Madagascar me lo he inventado, pero ha sido por exigencias del guion. Como otros se inventan otras cosas por exigencias de otros guiones.

viernes, 10 de febrero de 2017

Necesitamos más que nunca a la filosofía.


Les insisto a mis alumnos de filosofía que para poco sirve estudiarla si no son capaces de aplicarla a sus vidas. Porque, aunque aparentemente eso de la filosofía es de lo más abstracto, y para muchos, de lo más inútil, es quizá, y así se lo digo, la asignatura más práctica de todas las que tienen en cuarto de secundaria.
Y más hoy en día. Es imprescindible que se paren a pensar. Es imprescindible que piensen porque, como también les digo, si ellos no piensan otros pensarán por ellos. Y entonces, aunque no lo sepan, se convertirán en títeres que se creen libres. Serán como esos ordenadores “zombies” que controla alguien, sin que su auténtico dueño sea ni lejanamente consciente de ello.
Lo difícil es que sean capaces de afrontar la asignatura como algo más que una asignatura. Que no sea aprobar lo que les mueva sino aprender, saber, entender e intentar actuar en consecuencia llevándolo después a sus vidas.
Mi planteamiento es claro. Si yo veo que de verdad se enteran y eso se ve en su participación, en su actitud en la clase, en su forma de vivirla, en su capacidad de trasladar a su experiencia personal a Aristóteles, Descartes, Kant, Sartre…, estaremos en el camino correcto. Y entonces, no me harán falta ni los exámenes. Ya tienen un diez.
Si no es así, si simplemente son como más “nenes güenos y trabajadores”, pero no van más allá, todo será más normal, digamos más estándar. Entonces sí harán falta exámenes, porque será la única forma que yo tenga de saber si al menos aprenden algo, aun sabiendo que para poco les va a servir. Cubriremos todos el expediente, ellos y yo, pero no se habrá producido verdaderamente el acto docente.
Está claro que son muchísimas las variables que intervienen en esto, y muchas de ellas difícilmente controlables, pero si al menos tenemos todos claro el objetivo, alumnos y profesor, ya hemos dado un paso importante. Sabemos a dónde queremos llegar. Queda andar el camino.
Y aunque esto es aplicable para todas las asignaturas, veo que en el caso de la filosofía es especialmente urgente. No importante, que lo es para todas. Urgente. Porque como he dicho al principio, es imprescindible que piensen y más en los tiempos que corren.
Hay demasiada gente pensando por nosotros para salvarnos, dicen, de “los otros”, que son los malos. Rompiendo la democracia en nombre de la democracia. Maniatando la libertad en nombre de la libertad. Prometiendo paraísos que serán para unos pocos…
Necesitamos más que nunca a la filosofía.

martes, 7 de febrero de 2017

El silencio de las campanas.


Es característica común a todos los totalitarismos, del signo que sean, silenciar voces, prohibir lenguajes. Silenciar las voces discordantes, prohibir los lenguajes de los que no son de mi cuerda.
Y esto es lo que está pasando con las campanas. Porque prohibir el tañido de las campanas es prohibir un lenguaje milenario que forma parte de nuestra cultura; que está integrado en nuestro medio ambiente, sea urbano o rural, desde hace cientos y cientos de años.
Y si a alguien le molesta, en primer lugar habría que decirle que la campana y el campanario estaban ahí mucho antes que él se pusiera a vivir allí. También habría que decirle que no son las campanas lo que le molesta sino lo que ellas significan, y eso ya es harina de otro costal. Y además, con mucho respeto, por no ponernos a su altura, habría que decirle que es su intolerancia y su rencor, su triste incapacidad de superar de una vez por todas la historia, lo que le ha llevado a denunciar ante el ayuntamiento un lenguaje muy querido para mucha gente.
Y el ayuntamiento, interpretando la ley al pie de la letra, silencia las campanas con unos argumentos tan demagógicos como cínicos. Tampoco ellos acaban de superar la historia. El triste revanchismo histórico, sigue actuando en forma de un anticlericalismo que confunde cultura y religión, y con el afán de poner “las cosas en su sitio”, dan al traste con elementos culturales que teniendo origen religioso han rebasado ampliamente los límites de la religión. Con medidas como éstas, no atacan tanto a la religión como a la cultura.
Son como los talibanes que destruyen obras de arte valiosísimas en nombre de su dios. El arte también es un lenguaje, como las campanas. Nuestros talibanes no pueden destruirlas, pero si pueden prohibir que hablen, en nombre de "su dios".
Yo he vivido muchos años a escasos metros de un campanario, y las campanas entraron a formar parte de mi vida. Nunca me molestaron, pero claro, yo no soy anticlerical, soy creyente. Y este es el quid de la cuestión.
No nos engañemos. El problema no es un vecino, o dos o treinta, o los que sean. El problema no son los decibelios. El problema es, y ya lo he dicho muchas veces, la triste incapacidad de superar la historia de algunos de nuestros gobernantes y de demasiados ciudadanos. Y eso me da rabia, me da pena, me da miedo.
Sé que tarde o pronto volverán a sonar las campanas. Sean laicas o religiosas. En una sociedad libre deben sonar las campanas. Es un lenguaje, un antiguo, rico y hermoso lenguaje que el sectarismo de unos pocos no podrá silenciar indefinidamente.
Con esta esperanza, quiero acabar dando la palabra a Miguel Delibes. Es un bonito texto, escrito en su libro El Camino. Es la mejor descripción que conozco de lo que son las campanas..

Es expresivo y cambiante el lenguaje de las campanas; su vibración es capaz de acentos hondos y graves y livianos y agudos y sombríos. Nunca las campanas dicen lo mismo. Y nunca lo que dicen lo dicen de la misma manera. Daniel, el Mochuelo, acostumbraba a dar forma a su corazón por el tañido de las campanas. Sabía que el repique del día de la Patrona sonaba a cohetes y a júbilo y a estupor desproporcionado e irreflexivo. El corazón se le redondeaba, entonces, a impulsos de un sentimiento de alegría completo y armónico. Al concluir los bombardeos, durante la guerra, las campanas también repicaban alegres, mas con un deje de reserva, precavido y reticente. Había que tener cuidado. Otras veces, los tañidos eran sordos, opacos, oscuros y huecos como el día que enterraron a Germán, el Tiñoso, por ejemplo. Todo el valle, entonces, se llenaba hasta impregnarse de los tañidos sordos, opacos, oscuros y huecos de las campanas parroquiales. Y el frío de sus vibraciones pasaba a los estratos de la tierra y a las raíces de las plantas y a la médula de los huesos de los hombres y al corazón de los niños. Y el corazón de Daniel, el Mochuelo, se tornaba mollar y maleable — blando como el plomo derretido— bajo el solemne tañir de las campanas. Estaba lloviznando y tras don José,…


¿Cómo quieren callar la voz de las campanas? ¿Cómo se atreven?

lunes, 6 de febrero de 2017

El aburrimiento, de Rafael Alberti.


El aburrimiento es un estado del ser de los que más me molestan. Tengo claro que cuando alguien se aburre es porque está perdiendo el tiempo, y a mí nunca me ha gustado perderlo porque me aburro, y además porque no es verdad eso de que hay más días que longanizas. Hay muuuuuchas, muchíííísimas más longanizas que días. Es ése un refrán tonto.
Siempre que me he aburrido ha sido por hacer cosas y estar en situaciones en contra de mi voluntad. Cuando he sido libre jamás me he aburrido. Y puedo estar horas sin hacer nada y sin aburrirme, por ejemplo contemplando en la montaña…Porque contemplar ya es hacer algo, y algo muy, muy grande.
Pues bien, esta introducción sobre el aburrimiento y yo, viene a propósito de un curioso y divertido poema de Rafael Alberti, escrito en Roma, sobre el aburrimiento, sobre un aburrimiento mortal.
Lo comparto y lo dedico a todos aquellos que aun siendo libres de hacer lo que les venga en gana, se aburren. ¡Qué penita me dan! ¡Ojalá no se queden pegados a la caca y se mueran de puro aburrimiento! ¡Ojalá espabilen y vivan! Sí, ¡ojalá vivan!

Me aburro.
Me aburro.
Me aburro.
¡Cómo en Roma me aburro!
Más que nunca me aburro.
Estoy muy aburrido.
¡Qué aburrido estoy!
Quiero decir de todas las maneras
lo aburrido que estoy.
Todos ven en mi cara mi gran aburrimiento.
Innegable, señor.
Es indisimulable.
¿Está usted aburrido?
Me parece que está usted muy aburrido.
Dígame, ¿adónde va tan aburrido?
¿Que usted va a las iglesias con ese aburrimiento?
No es posible, señor, que vaya a las iglesias
con ese aburrimiento.
¿Que a los museos -dice- siendo tan aburrido?
¿Quién no siente en mi andar lo aburrido que estoy?
¡Qué aire de aburrimiento!
A la legua se ve su gran aburrimiento.
Mi gran aburrimiento.
Lo aburrido que estoy.
Y sin embargo… ¡Oooh!
He pisado una caca…
Acabo de pisar -¡santo Dios!- una caca…
Dicen que trae suerte el pisar una caca…
Que trae mucha suerte el pisar una caca…
¿Suerte, señores, suerte?
¿La suerte… la… la suerte?
Estoy pegado al suelo.
No puedo caminar.
Ahora sí que ya nunca volveré a caminar.
 Me aburro, ay, me aburro.
Más que nunca me aburro.
Muerto de aburrimiento.
No hablo más…
Me morí.

sábado, 4 de febrero de 2017

Santi Fernández Gegunde, ¡enhorabuena chaval!


Quería haber escrito esto antes, en cuanto me enteré. Porque creo que noticias como estas se dan pocas veces. ¡Y son tan bonitas! Sucedió en Galicia.
En un partido de fútbol de tercera división, un jugador renuncia a marcar un gol seguro, porque se ha percatado de que el portero se ha lesionado. Y tira el balón fuera.
Me vais a permitir una expresión basta, pero es la que me salió del alma cuando oí la noticia en la tele. ¡Olé tus huevos chaval! Eso es ser un hombre, un hombre de bien. Eso es jugar a fútbol con elegancia y clase. Muy bien Santi, tu gesto me llena de alegría y me inspira respeto y profunda admiración.
Yo no quiero hablar más. Cedo la palabra al periódico La Voz de Galicia, que en un articulito cuenta lo ocurrido con más detalles que yo y más sabiduría futbolística, sabiduría de la que yo carezco.

Cuando el gol no justifica los medios. El ariete del Compos renunció a marcar ante el Alondras al ver que el portero quedaba lesionado y tendido. M. G. REIGOSA.
31/01/2017 05:00 La voz de Galicia.
Hay una frase perversa que dice que «entre el honor y el dinero, lo segundo es lo primero». Pero también hay acciones, como la del compostelanista Santi Gegunde en Cangas, que la contradicen sin discusión. Le tocó escoger entre un gol manchado o una renuncia inmaculada. Y decidió que el fin del gol no justifica los medios. El Compos acabó ganando 2-4 al Alondras y, tras la elección de su ariete, puede presumir de que esa victoria llegó envuelta en la bandera del buen fútbol y la grandeza de la deportividad. El episodio del no gol es de los que merecen relieve porque reflejan, como muy pocos, la esencia de la deportividad. Santi Gegunde no dudó en ningún momento. Siempre está abierto el debate de si hay que echar el balón fuera o no cuando un jugador rival se queda lesionado. Porque a menudo no es fácil distinguir la frontera entre la realidad y la picaresca. Con frecuencia, lo que hay detrás es un intento de perder tiempo o confundir al rival para evitar un contragolpe. Pero siempre cabe apelar al sentido común. En el Municipal de Cangas, cerca ya del intermedio y con 0-1 en el marcador, hubo una jugada en la que el portero local, Martín, sale para tratar de anticiparse a Diego Rey. Cae en mala posición y queda tendido sobre el césped. Diego Rey no se percata y envía el balón a Santi Gegunde quien, con todo a favor, ni siguiera se gira para buscar la portería y echa la pelota fuera de banda. No quiso sacar ventaja de una acción desgraciada. El guardameta está ya en su domicilio, a la espera de que le baje la inflamación para realizar una resonancia magnética que determine el diagnóstico. Pero el pronóstico apunta a una grave lesión de rodilla.


Y yo quiero añadir que aún en el caso de que la lesión del portero hubiese sido una farsa, que no lo fue, la grandeza del gesto de Santi seguiría intacta. Más aún, sería más grande todavía, porque la honestidad y la buena gente brillan más ante la mezquindad y los sinvergüenzas. Como las espadas élficas ante los trols.