FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

jueves, 22 de octubre de 2020

Parece ser que sí, que es mucho pedir.


 

No sé si alguien, con poder e influencia, ¡claro!, se estará planteando un problema del que oigo poco hablar pero que considero muy grave, el de la salud mental de la población. Me da la impresión de que no.

Hay un hecho. La inmensa mayoría de la gente lo está pasando mal o muy mal, y de estos, bastantes, extraordinariamente mal. Aunque no lo parezca. Y no se le ve el fin a esta historia.

Cada persona tiene una capacidad de aguantar los tiempos de vacas flacas, de sufrimiento, de mal rollo, por decirlo de modo coloquial, sobrepasada la cual, la salud mental empieza a deteriorarse; irritabilidad, agresividad, ansiedad, depresión…, y activación de patologías psicológicas o psiquiátricas latentes. Y esto se está haciendo muy largo. No olvidemos además que uno de los factores más estresantes ante cualquier situación de dolor o sufrimiento, del tipo que sea, es no conocer su fecha de caducidad, por decirlo de algún modo. Y otro, no tener ni tiempos ni espacios de desahogo para poder compensar, aunque sea a ratos, “lo mal que lo estamos pasando”.

Creo haber descrito con bastante claridad la situación que estamos viviendo. ¿Sería mucho pedir pues, que quienes deciden nuestras vidas y haciendas, dejaran de despellejarse yendo cada uno a la suya, e hicieran frente común ante el enemigo que nos está arruinando la vida? ¿Sería mucho pedir que los medios de comunicación dejaran de saturarnos con toda suerte de información excesiva, inoportuna y contradictoria? Esto mitigaría el deterioro de la salud mental de muchísima gente.

Parece ser que sí, que es mucho pedir.

Ni nuestros políticos, sobre todo los de alto rango, ni los medios de comunicación, están a la altura de las circunstancias. Más aún, están actuando con una irresponsabilidad y una ruindad rayanas en el delito. Los unos, aprovechando el río revuelto para “pescar” sus propios objetivos, entre los que destaca reventar al adversario. Los otros, colaborando en esa infame pesca en río revuelto y reventando la moral de la gente con su forma de informar, agravando lo mal que lo estamos pasando, con el único criterio de la audiencia.

Suponía yo, inocente de mí, que en una guerra, y esto lo es, el gobierno y la oposición hacen piña frente el enemigo, apareciendo ante los ciudadanos como una voz; y los medios de comunicación apoyan unánimemente esa voz, y cuidan la moral de la población, atendiendo, no sólo a su salud física, sino también a la mental.

Así se ganan las guerras.

¿Y aún nos preguntamos por qué España es uno de los países que más está sufriendo con la pandemia? 

miércoles, 21 de octubre de 2020

Sobre una roca del sendero.

Sobre una roca del sendero, poco después de levantar la niebla, bajo el sol de la mañana, vi esta pequeña telaraña, cubierta de gotitas de agua y muy cerca de un pequeño nido en forma de vasija.

No sé si es casualidad o es que la arañita que ha tejido su trampa vive junto a ella. Si es así, me hizo gracia pensar lo bien que se lo monta el bicho. De su casa al puesto de trabajo hay poca distancia, y eso es calidad de vida, incluso en el mundo de las arañas. O igual son dos bichitos distintos que viven en amigable vecindad. También eso está bien.

Cositas que te regala el monte si vas atento y con respeto.






martes, 20 de octubre de 2020

¿Por quién doblan las campanas?

 


Sucedió un día de estos que, casi a la vez, leí un tuit del papa Francisco y escuché un poema del poeta inglés John Donne que venían a decir lo mismo. Pronto me vino también a la mente una famosa frase de Terencio.

Hablaban los tres de una gran verdad, por cierto profundamente cristiana; una gran verdad que la desgraciada pandemia nos está recordando brutalmente cada día.

Nos dice el dramaturgo romano Terencio, desde el siglo II antes de Cristo.

Hombre soy: y nada de lo humano me es ajeno.

Y John Donne, desde el siglo XVII:

Ningún hombre es una isla entera por sí mismo. Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo. Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, tanto da si es un promontorio, o la casa de uno de tus amigos o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me debilita, porque me encuentro unido a la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti.

Y el papa Francisco, hace unos días:

Necesitamos desarrollar la conciencia de que hoy o nos salvamos todos, o no se salva nadie: la pobreza, la degradación, los sufrimientos de una zona de la tierra son caldo de cultivo de problemas que finalmente afectarán a todo el planeta.

Y es esta la razón de por qué, más allá de cuestiones biológicas, no hay manera de quitarnos la pandemia de encima. Porque me atrevo a decir que, si todos tuviéramos esto claro y hubiéramos actuado en consecuencia, ya estaría controlada.

La insolidaridad de un mundo cosméticamente solidario, sólo cosméticamente, y las hondas desigualdades sociales, tanto en nuestra sociedad como entre las distintas naciones, hacen imposible controlar al bicho.

La pandemia se ha extendido y se ha hecho fuerte porque ha aprovechado nuestro punto débil, nuestro talón de Aquiles, que no es más que nuestra falta de principios morales y de educación con mayúsculas.

En una sociedad moral, no amoral o inmoral, donde todos vivieran en condiciones dignas, y donde además la educación hubiera dado a todos los ciudadanos unos principios morales sólidos, los mismos que habrían permitido establecer la justicia en esa sociedad, la pandemia habría sido un breve episodio sin grandes consecuencias.

El verdadero caldo de cultivo en el que se multiplica y propaga el virus, es una repulsiva pócima compuesta por la injusticia social, la insolidaridad, el egoísmo, la irresponsabilidad… El caldo de cultivo en el que estamos acostumbrados a vivir y que ahora se nos ha hecho inhabitable. Pero no tenemos otro.

En el pecado está la penitencia.

Si hubiéramos entendido a tiempo que nada humano me es ajeno; que cuando doblan las campanas también doblan por mí; y que aquí, o nos salvamos todos o no se salva nadie, otro gallo cantaría. Y también me atrevo a decir que, aunque lo están pagando justos por pecadores, es tristemente cierto que tenemos lo que merecemos.

 

Bárbara no nos traerá nada.


Alex no nos trajo nada de nada; Bárbara tampoco nos traerá nada, con lo que acabaremos este octubre con tres miserables litritos de agua. El mes de octubre más seco desde el año 1999, en el que instalé un pluviómetro en casa.

Ya sé que esto no le importa a casi nadie, mientras haya agua en el grifo. Pero es que hay más agua de la que hablar fuera de la de los grifos. Los montes están secos a rabiar y los embalses van bajando de nivel día tras día. Pero como he dicho, mientras haya agua en el grifo…

Está siendo malo este otoño. Por muchas cosas; por esto también. ¡Qué bien vendrían varios días de lluvias mansas pero constantes! ¡Qué bueno sería que cuando llegara el frío encontrara los montes húmedos, la tierra mullida…!

Pero no. De momento no se ve, ni siquiera a largo plazo, que vaya a llover. Necesitaríamos que Clement, la próxima borrasca, entrara por el golfo de Cádiz y no por Galicia, que ya tiene bastante agua. Pero la tal Clement hará lo que le dé la gana, y como las borrascas no tienen misericordia por las tierras de las que se olvida la lluvia, ni sentido de la justicia, pues igual pasamos otra vez la mano por la pared.

Acabo con la cierta y odiosa frase de moda, es lo que hay.

domingo, 18 de octubre de 2020

Imágenes de una excursión.

Andar por caminos solitarios, sin ver a nadie en todo el día, rodeado de silencio y naturaleza es ejercicio físico, pero también espiritual. Mientras avanzo por caminos y senderos, contemplo, pienso, me integro en el entorno que parece ignorarme, o hacerme suyo, no sé. En cualquier caso siempre queda algo que va mucho más allá de lo que puedan recordarnos las fotos,

Comparto algunas de una reciente excursión.

Los chopos en otoño dan su inconfundible nota de color.

Y los servales.

En un recodo del camino me encuentro con corzo, que se aleja sin mucha prisa.

Estas bonitas flores secas me acompañan durante varios kilómetros a ambos lados del camino.

Las bayas de los escaramujos destacan con su rojo intenso y brillante.

Y llegando al pueblo un bosquecete de coníferas me recuerdan otros bosques.


Semana poca gracia.

            NOTA DE LA SEMANA: 3

A la marcha que vamos, este mes de octubre será el más seco del siglo, de lo que llevamos de siglo, al menos en el pluviómetro de mi casa. Porque esta semana que empezamos, rica en nubes, será, una vez más, pobre en lluvia. De momento parece que tan solo el jueves, con mucha suerte, podría lloviznar o llover muy poquito.

Vientos variables, flojos en general, temperaturas al alza, oscilando entre los 15 y los 25, o incluso más, y mucha nube. O sea una semanita poca gracia, “sense chicha ni llimoná”. Quizá hacia el fin de semana vuelvan a bajar las temperaturas.

Mal otoño está siendo por aquí para las setas, porque el monte está tan seco que no es que no hay rebollones; es que no hay nada de nada, “setilmente” hablando. Y probablemente, como parece que llegará el frío antes que el agua, ya no saldrán este año. Quizá si el jueves lloviera bien por el interior…

Y poco más hay que decir de momento. Lo dicho, poca gracia, por eso le pongo un 3 y no más. Y el 3 lo tiene porque no hay ponientes fuertes, que ya es mucho.

sábado, 17 de octubre de 2020

Hoy hubiera cumplido cien años Miguel Delibes.


 

Hoy hubiera cumplido cien años Miguel Delibes. Valga esta entrada como humilde homenaje a este grandísimo escritor con cuyas obras he vivido momentos inolvidables como lector y como profesor de lengua.

Mucho en común tiene mi pensamiento y mi forma de entender la vida con él. Empezando por su fe, siempre se declaró cristiano y católico, fe que se puede ver, de un modo sutil pero cierto, a lo largo de muchas de sus obras.

También comparto su profunda preocupación por la naturaleza y el mundo rural, y su compromiso activo por defenderlos, lo que han hecho de él un modelo para mí de cómo, si de verdad los amamos, podemos desde nuestro lugar en el mundo, por humilde que sea, hacer algo por ellos; empezando por respetarlos. Y comparto plenamente con él su análisis de lo que está sucediendo.

Su capacidad para entender el mundo de los niños también me ha resultado asombrosa. Es capaz de pensar como ellos piensan, hablar como ellos hablan, sentir como ellos sienten, y trasmitirlo con un dominio de la lengua realmente admirable.

Así mismo me ha cautivado su sensibilidad ante el dolor humano, su manera delicada y respetuosa de acercarse a él, su forma contenida pero hondísima de expresarlo y compartirlo en sus obras.

Y su amor apasionado e incondicional por esa lengua, el castellano o español, que ha trabajado con mano de artista, y ha cuidado y defendido como un padre a su hijo. ¡Qué castellano más bonito, qué claro, qué limpio, qué rico! ¡Cuántas palabras he aprendido con él que utilizo ahora! Han sido como regalos que me ha hecho a lo largo del tiempo.

De su extensa obra, la cual he leído íntegramente, quiero hoy recordar tres libros especialmente significativos para mí. Un mundo que agoniza, pequeño librito que incluye su discurso de entrada en la RAE, y que es un clarividente análisis del deterioro de la naturaleza y del mundo rural en aras de un progreso mal entendido.

Recuerdo también Señora de rojo sobre fondo gris. Es el libro más conmovedor que he leído. Dedicado a su esposa, que falleció muchos años antes que él, me abrumó y emocionó hasta las lágrimas, por la delicadeza, la ternura, el amor en estado puro…, y la infinita tristeza que hay en sus páginas.

Y para acabar no puedo menos que hablar del libro que he leído más veces en mi vida, y que no me canso de leer, El camino. Algunas de mis mejores y más memorables clases han sido leyendo este libro. El silencio y la atención, manifestadas de un modo entrañable en las caritas de mis alumnos, no se me olvidarán jamás. Y el día en que acabábamos el libro, confieso sin vergüenza, que se me hacía un nudo en la garganta; nudo que sabía compartido con muchos de ellos, cuando leía, solemne y pausadamente los últimos párrafos. Y estallaban después en un aplauso impresionante.

—¡Mochuelo!

Se arrojó de la cama, exaltado, y se asomó a la carretera. Allí abajo, sobre el asfalto, con una cantarilla vacía en la mano, estaba la Uca-uca. Le brillaban los ojos de una manera extraña.

—Mochuelo, ¿sabes? Voy a La Cullera a por la leche. No te podré decir adiós en la estación.

Daniel, el Mochuelo, al escuchar la voz grave y dulce de la niña, notó que algo muy íntimo se le desgarraba dentro del pecho. La niña hacía pendulear la cacharra de la leche sin cesar de mirarle. Sus trenzas brillaban al sol.

—Adiós, Uca-uca —dijo el Mochuelo. Y su voz tenía unos trémolos inusitados.

—Mochuelo, ¿te acordarás de mí?

Daniel apoyó los codos en el alféizar y se sujetó la cabeza con las manos. Le daba mucha vergüenza decir aquello, pero era ésta su última oportunidad.

—Uca-uca... —dijo, al fin—. No dejes a la Guindilla que te quite las pecas, ¿me oyes? ¡No quiero que te las quite!

Y se retiró de la ventana violentamente, porque sabía que iba a llorar y no quería que la Uca-uca le viese. Y cuando empezó a vestirse le invadió una sensación muy vívida y clara de que tomaba un camino distinto del que el Señor le había marcado. Y lloró, al fin.

 

Gracias don Miguel, por su vida y por su obra.