FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

jueves, 24 de mayo de 2018

En una cueva de la sierra Calderona.



Cuenta la leyenda que en el siglo XV, en un pueblo de Valencia, la hija de cinco años de una familia adinerada vio, durante la misa, la imagen del niño Jesús en la hostia consagrada. Se confirmó el portento, y la niña creció en olor de santidad en el seno de su familia.
Llegada la edad casamentera el padre decidió darla por esposa a un rico labrador, y así unir fortunas. La joven quería ingresar en un convento y aunque la madre apoyó los deseos de su hija, el padre se opuso a ellos, y en aquellos tiempos mandaba el padre.
Ante esta situación, la joven, aprovechando que sus padres habían viajado a la ciudad, se cortó el pelo, se vistió de chico, y marchó a un monasterio que había en la montaña.
Pidió allí asilo, y los monjes, tomándola por un muchacho abandonado, se lo dieron. Pero ella, no queriendo vivir en la mentira, descubrió en confesión su verdadera condición.
El confesor no podía decir lo que sabía por el secreto de confesión, pero no podía tampoco permitir que una mujer viviera en la comunidad, así que optó por permitirle vivir en una cueva próxima y encargarle del rebaño del monasterio. Y así, como un pastorcillo, vivió unos años, dedicándose a la oración mientras apacentaba el rebaño.
Pero un día le dijo a su confesor que quería vivir más profundamente su fe, y que deseaba hacerlo como ermitaña, en una cueva situada en un alto risco que había descubierto en la montaña.
Y allí pasó cinco años, en soledad, dedicada a la oración y a la penitencia, hasta que la noche del 25 de junio de 1428, vieron en la cresta de la montaña un extraño resplandor. Allí vivía la ermitaña. Subieron y sintieron un aroma exquisito, y el cuerpo sin vida de la muchacha, con un halo resplandeciente orlando su cabeza, al pie de una tosca cruz de madera. Desveló entonces su verdadera identidad, y en ese momento, sin que nadie las tocase, se inició un volteo de campanas en el monasterio que duró toda la noche, hasta que al día siguiente la enterraron en la iglesia, momento éste en el que se rompieron las campanas y el volteo cesó.
Y esta es la leyenda. El pueblo es Moncada. El monasterio, la cartuja de Portaceli. La muchacha, la venerable Inés, Inés de Moncada. Y la cueva en la que vivió sus últimos años y murió, sigue estando en unos preciosos riscos de rodeno no muy lejos del monasterio. Si algún día vais por allí, respetad el silencio y la paz que en aquel rincón se respira; cuidad su belleza.
Ya hablé en el blog, el 20 de abril de este año, de la excursión en la que me encontré con la cueva. Después descubrí la bonita leyenda que os he contado. Porque no es un cuento, tampoco es historia, es leyenda, está en esa región mágica donde los hechos reales se funden con los pensamientos y los sentimientos de los hombres.

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