Pues
sí, tal y como dije en la anterior entrada, como el invierno no hay manera de
que venga a nosotros, nos hemos ido nosotros a buscarlo a él, a los Pirineos,
¡claro! Allí sí va todos los años.
Y vaya
si lo hemos encontrado. Y en el valle de Pineta, ni más ni menos, a los pies
del Monte Perdido.
Ahí
van unas primeras fotos. En cuanto tenga tiempo de hacer una selección, he
hecho 800, las subiré a Picasa.
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Desde la ventana de la habitación. |
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Una farola con sombrero. |
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Ermita de la Virgen de Pineta. |
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El río Cinca, recién nacido. |
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El bosque de hayas de Pineta. |
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El parador de Pineta, donde estábamos alojados, desde la orilla opuesta del río Cinca. |
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Isabel camina abriendo huella por el bosque. |
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De los árboles, caía a veces la nieve que ya no podían soportar, con un rumor sordo. |
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Tejado y chimenea de un refugio en la linde del bosque. |
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Por la tarde empezó a despejar. Vista de las paredes de Pineta desde Espierba. |
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Las impresionantes paredes de Pineta desde Espierba, ya más claras. |
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Iglesia de Espierba. |
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Al atardecer subí a un alto y vi caer la noche sobre el valle nevado. |
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El domingo estaban así las paredes frente a la habitación. |
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Y así. Con teleobjetivo, claro. |
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En la mañana del domingo. El río y el circo de Pineta. |
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Luego fuimos a Gistaín. Cima de la Punta Llerga. |
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Y cima de la Aguja de Lavasar. |
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Otra del Cotiella desde Gistaín. |
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Y otra. ¡Una pasada! |
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