FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

martes, 28 de abril de 2026

¿Y los que quieren estudiar en paz?


No me resisto a escribir sobre una noticia que oí un día de estos. Hablaba de que ante la iniciativa de la Generalitat de Catalunya de poner mossos d´esquadra en los institutos más conflictivos, había habido una airada respuesta, con manifestación incluida, de algunos padres, alumnos y profesores.

Sinceramente, no lo entiendo.

Empezaré por los padres. Los que se oponen a esto, en primer lugar desconocen la realidad de un instituto hoy en día; hay que estar dentro para conocerla. Además parten de la base falsa de que la policía es represión. No, primero es servicio, y luego represión a quien lo hace mal. Portaba una madre la frase, “los alumnos son personas, no delincuentes”. Falsa también, porque los delincuentes también son personas, y el hecho de que haya alumnos delincuentes es innegable.

Siguiendo con los profesores tampoco lo entiendo. Desde luego no son todos. Si un instituto es conflictivo lo es en parte porque los profesores no han podido o no han sabido evitarlo. Y es muy comprensible, porque no es fácil, nada fácil. ¿Por qué se niegan a aceptar una ayuda que bien empleada y debidamente coordinada con el centro puede ser valiosísima? Es como el perro del hortelano, ni come ni deja comer.

Y acabando con los alumnos, es natural que para algunos, la presencia de la policía les complicaría mucho los trapicheos, las agresiones, los acosos y demás lindezas que están a la orden del día. Probablemente, los que van a estudiar de verdad, y desean paz y libertad, les parecerá muy bien, a no ser que les hayan llenado la cabeza de pajaritos.

Me sorprendió también que se hiciera hincapié en el asunto de la ratio. Claro que una disminución de la ratio aliviaría algo, pero no hay que engañarse, sería un alivio; no más. Las causas de la situación que ha llevado a planteamientos como este son mucho más profundas y complejas.

Si está aumentando la conflictividad en la educación es porque está aumentando la conflictividad en la sociedad. Familias desestructuradas, falta de valores, manipulación mediática, internet mal utilizado, pobreza y un sinfín más de causas que, debidamente entrelazadas, crean lo que tenemos. Por eso, reducir la ratio, y conste que me parece urgente y necesario, solo aliviaría algo.

El problema es mucho más hondo. Y acabo con el siguiente pensamiento, el que haya habido una respuesta como la que habido ante esta iniciativa es la prueba más clara de que sí hace falta en más de un instituto presencia policial, adecuada, coordinada, pero presencia policial.

No hemos de olvidar que es obligación de todo centro educativo del nivel que sea atender y proteger a todo el alumnado, sin excepción; a los que van bien, sacan buenas notas y quieren estudiar en paz, también.

domingo, 26 de abril de 2026

Levantes y temperaturas suaves.

Iniciaremos una semana donde reinarán los vientos de origen marítimo, este y sureste, flojos pero persistentes. Eso significa temperaturas suaves con tendencia al alza hasta situarse hacia el jueves en los 26 de máxima y los 14 de mínima, para volver a bajar hasta los 22-23 de máxima, quedándose ya en 14-15 las mínimas hasta el domingo. Mañana y pasado serán los días más frescos.

El cielo, tras un lunes totalmente despejado, tendrá nubosidad más o menos abundante el resto de la semana, pudiendo lloviznar, en principio el viernes, y quizá el sábado y domingo, pero eso aún queda lejos.

Y poco más. Abril se acabará desmintiendo ese refrán de “en abril aguas mil”, o ese otro de “marzo ventoso y abril lluvioso sacan a mayo florido y hermoso”. Han caído solo 12 litros y mucho tendría que cambiar la previsión para que de hoy al jueves lloviera algo. 


lunes, 20 de abril de 2026

La cruz volverá a la cumbre del Aneto.

 

El 6 de agosto del año pasado fue repuesta en la cima. Pude verlo desde muy cerca.

He esperado unos días para escribir algo sobre lo ocurrido con la cruz del Aneto porque no quería hacerlo con los sentimientos que me causó conocer la noticia. He querido serenarme un poco.

Alguien, más de uno, claro, la ha segado con una radial y la ha despeñado. Tras su restauración llevaba solo unos meses en la cima. Esa cruz tiene un profundo significado para mí. Cualquiera que me siga más o menos en el blog, o que me conozca lo sabe. No hay más que teclear en el buscador las palabras cruz y Aneto y saldrán todas las entradas que hacen referencia a ella.

La última vez que la vi se elevaba sobre el valle llevada por un helicóptero de la Guardia Civil para reponerla en la cima tras su restauración. Y yo estaba allí viéndolo, sin esperarlo. También la llevé a hombros por Benasque, todo un honor. Isabel llegó hasta ella en su primera ascensión pirenaica, el Aneto. Y he visto más de una vez a gente abrazarla, y hasta llorar de alegría por lo que ese gesto significaba en sus vidas.

Sinceramente, la noticia me causo primero estupor, luego ira, una profunda ira, y rabia, e indignación, y odio. Me da miedo pensar que si tuviera delante a quienes lo hicieron y estuviera en mis manos desgraciarlos para siempre es posible que lo hiciera. Sí, en caliente es posible que lo hiciera. .Por esto he tardado en escribir.

Lo que siento ahora, y por eso escribo ya, es algo bien diferente. Tristeza y lástima. Tristeza que comparto con miles y miles de personas en cuyas vidas esa cruz tiene un hermoso lugar. Y lástima por la gente que lo ha hecho. Solo una triste amalgama de rencor, ignorancia, fanatismo, prejuicios, falta de respeto y otros muchos turbios sentimientos es la fuerza siniestra que impulsa a hacer algo así. Y eso me da lástima porque no son más que pobre gente que está en el mundo sin conocer para nada lo que de verdad puede dar sentido a sus vidas. Son enfermos de odio que dan pena y necesitan ayuda, porque el odio hace daño sobre todo a quien lo tiene. .

La cruz volverá a la cumbre, en lo más alto de mis queridos Pirineos, bajo el cielo de Aragón. Tardará en hacerlo pero lo hará. Y si vuelven a segarla, volverá de nuevo. Es la resistencia ante el fanatismo y la intolerancia el arma más eficaz que tenemos.

Sí, la cruz volverá a su sitio, a los 3404 metros del Aneto. Y quizá alguno de los que han hecho esta infamia, y muchos de los que se habrán alegrado por ello, algún día entenderán que a quien de verdad han hecho daño ha sido a ellos mismos.


domingo, 19 de abril de 2026

Primavera tranquila y calentita.

Tenemos por delante una semana muy tranquila. Temperaturas suaves pero cálidas o muy cálidas para la época en las horas centrales del día, llegando incluso a los 28 grados o más, y no bajando de los 12 o 13 por la noche. Vientos flojos del este o sureste, cielos despejados o con nubes más bien de adorno que de otra cosa, y poco más.

Tierra adentro sí pueden formarse núcleos tormentosos algunos días pero muy difícilmente llegarían hasta aquí. Como hoy, en que una serie de tormentas están regando el interior norte, pero allí se quedan.

Podemos hablar pues de una semana de calma primaveral, y calentita para estar en abril. El verano nos hace ya guiños. Llegaré y sabréis lo que es bueno, parece que nos quiera decir.


Progreso y progresistas.


A la hora de comunicarnos las personas es muy importante conocer el significado de las palabras que utilizamos. El no conocerlo o, peor aún, conocerlo parcialmente es motivo de confusiones y si lo hacemos deliberadamente una forma de manipulación intolerable.

Viene esto a cuento de la palabra progreso y progresista, sustantivo y adjetivo que de entrada suenan muy bien y se ven como algo siempre positivo, algo bueno, algo deseable.

Y es verdad, el progreso es positivo, bueno y deseable. Pero ahora viene la pregunta. ¿Qué decimos cuando hablamos de progreso y progresistas? ¿Qué significan exactamente estas palabras? ¿Qué queremos decir cuando hablamos de progreso en educación, en sanidad, en medio ambiente, en migración, en justicia, en cultura…?

Nadie lo sabe realmente; además para cada persona puede tener, y tiene de hecho, un significado diferente. Y esto nos lleva a la conclusión de que en realidad son hoy en día palabras vacías de contenido, o sea que  significan todo y nada a la vez. Solo son bonitas y suenan bien porque designan algo deseable, pero ese algo deseable es humo, nada tangible, nada concreto ni evaluable. Y por supuesto nada consensuado a nivel social.

Apropiarse de una palabra así usándola como bandera de una ideología es a todas luces una vergonzosa y hasta burda manipulación que bloquea el verdadero progreso, al que solo se llega a través del diálogo y el consenso.

Se puede admitir que exista una ideología llamada izquierdas, término este más que discutible hoy en día, pero identificarlo con progreso, progresistas, es una falacia, una falsedad que no resistiría un mínimo análisis semántico serio y objetivo.

El hecho de hablar de derechas e izquierdas es una simplificación de la realidad falsa y maniquea, pero muy útil para manipular a la ciudadanía y alcanzar o mantenerse en el poder, impidiendo así el verdadero progreso social. Pero el identificar izquierdas con progreso y progresistas, es el colmo de la manipulación porque son las tres palabras vacías de contenido, huecas, que para nada describen la rica y compleja realidad social.

Estoy convencido que la gran mayoría de los ciudadanos, sobre los temas más importantes y candentes que vivimos en estos momentos, pensarían lo mismo o muy parecido, y si les preguntáramos luego si son de derechas o de izquierdas se decantarán a un lado o al otro por partes iguales.

Y ahí estaría el progreso de verdad. En lo que pensarían si les fuera posible pensar en libertad, sin el corsé lamentable, y trasnochado de derechas fascistas e izquierdas progresistas.

Pero como dice la triste y odiosa frasecita, es lo que hay. Sí, es lo que hay. Una inmensa mentira, una gigantesca construcción donde nada es lo que parece. Y donde la verdadera comunicación es imposible.

domingo, 12 de abril de 2026

Del fresquito al calorcito en unos días.

Como veréis ni con veinticuatro horas de antelación es fácil de predecir con exactitud el tiempo en primavera. El viernes parecía que la lluvia cesaría a mediodía del domingo. Pues no, se ha echado todo el día lloviendo, poco pero lloviendo, y así estará casi toda la noche y madrugada.

Lo que sí parece seguro es que mañana, día de san Vicente, lucirá el sol, entre nubes, pero lucirá. Y las temperaturas mínimas serán un poco más bajas y las máximas algo más altas. El vientecillo, del noroeste, nos dará sensación de fresquito, incluso frío.

Y en el resto de la semana, salvo sorpresas, tendremos un progresivo aumento de las temperaturas, tanto mínimas como máximas pasando de los 10-20 de mañana a las 14-26 del domingo. El viento será flojo, del noroeste hasta miércoles, rotando a sureste a partir del jueves. Y el cielo, con pocas nubes y mucho sol.

En resumen, semana primaveral que empezará con restos de invierno para acabar con indicios de verano.


viernes, 10 de abril de 2026

Actualización fin de semana del 11-12 de abril de 2026.

Mucho se está hablando de este fin de semana: frío, lluvia, vuelve el invierno…  No creo que por aquí sea para tanto. En otras partes sí, aquí no.

Es cierto que bajarán las temperaturas máximas, de los 26 de hoy a los 19 del domingo, aunque las mínimas variarán poco, rondando los 13 o 14 los dos días. Y la lluvia, que no parece que será muy abundante, se concentrará entre la noche del sábado y la mañana del domingo.

Lo que sí parece que pasará, y está bien que pase, es que se limpiará la atmósfera de la fea calima que tenemos ya hace días y se normalizarán las temperaturas excesivas de estos días.

Esto es lo que se ve hoy.


martes, 7 de abril de 2026

Carrusel de temperaturas.

Una semana curiosa la que empezó ayer, sobre todo en cuanto a las temperaturas. Suaves para empezar, entre 10-11 y 20-23. Subidón el miércoles y jueves situándose entre 12-13 y 26-27. Nuevo descenso a partir del viernes normalizándose otra vez, situándose entre 11-12 y 20-21, algo más frescas que ayer y hoy.

El viento predominante será de origen marítimo casi toda la semana, el cielo, hasta el sábado, despejado o con nubes altas; y cubierto o muy cubierto el fin de semana, con posibilidad de lluvias que, de momento parece ser que no serán muy importantes.

Pero ojo, cuidadín. Hasta ayer mismo anunciaban lluvias muy importantes toda la semana que viene, lluvias que empezarían este sábado. Hoy se han volatilizado. ¿? Primavera mediterránea, difícil de predecir el tiempo que hará. Así que podría cambiar mucho lo que he dicho.


domingo, 5 de abril de 2026

¡¡¡Feliz Pascua!!!


 

Buenos días.¡¡¡Feliz Pascua!!!

Quiero compartir esta bonita mañana un largo texto del que guardo gratísimo recuerdo y que sigo leyendo todas las mañanas de Pascua. Era joven, muy joven, y celebrábamos en el Junior, en la parroquia donde estaba en Valencia, la resurrección del Señor. No dormíamos en toda la noche, y esperábamos la salida del sol con sueño, cansancio y alegría. Leíamos el Evangelio, textos como este y cantábamos con las guitarras.

El texto es de Víctor Manuel Arbeloa, sacerdote, político y escritor navarro. Está en su libro Cantos de fiesta y lucha, publicado en 1976.

Os invito a que lo leáis sin prisa, que os dejéis envolver por las palabras que, al menos a mí, me trasmiten el gozo de escuchar en el pregón pascual, “esta es la noche en que rotas las cadenas de la muerte Cristo asciende victorioso del abismo”.

 

PREGÓN PASCUAL EN FORMA DE HOMILÍA

Sobre Hechos 10, 34, 37-43 y Juan 20, 1-9

I

Amigos y compañeros del barrio de Echavacoiz, hermanos en la fe de Jesucristo:

Si yo tuviera una fe grande, una fe recia, como dicen que tenían nuestros ilustres antepasados, o si supiera que vosotros la teníais a prueba de cualquier desilusión, de cualquier desgaste de disgusto, de cualquier escándalo, más o menos farisaico, o de cualquier edad, y de cualquier cansancio de la vida, tocaría esta mañana la corneta o el tambor, como toca cuando hay bando de noticias importantes el formal y tan simpático alguacil de mi pueblo:

“Os anuncio un gran gozo –os diría con voz aguardentosa o cantarina–, una buena, una inmensa noticia, más importante que el cine de esta noche, o que el posible ligue de esta tarde, más importante aún que el «Mini» por que estáis ahorrando, que el traslado del piso, que el ingreso de Paco, o que el acierto de 13 en la quiniela”.

“¿Sabéis qué? Pues que Cristo, el Señor que había muerto, que el amigo colgado de tres clavos ha resucitado para siempre, es decir, en castellano: que Jesús, el Cristo, vive para siempre, que algo extraño y sublime sucedió tras su muerte que acabó con la muerte, le quitó el aguijón a la muerte, que el hombre no es un ser para la muerte, que la tumba tiene también su propia tumba, que Dios le arrancó del hoyo del olvido y la carroña, que la triste y hedionda corrupción no es definitiva, que podemos vivir, luchar, amar y enredarnos en los sueños, sin tanto miedo al camión oscuro, al cruel relámpago, al mazazo seco, al incendio súbito, al ahogo lento, al puñal maldito de la muerte”.

II

Nos lo ha dicho Pedro, el amigo de Jesús, cobarde e impetuoso, que, tras avergonzarse del Maestro, rompió a llorar como una Magdalena y se fue a predicar por todo el mundo que el Maestro vivía, y se dejó cortar por eso la cabeza. Nos lo ha dicho diciéndolo a Cornelio, un centurión romano en Cesarea, poco dado a creer en fábulas y cuentos: Jesús había estado cerca de ellos; al partir el pan y el vino de la cena, lo sintieron tan íntimo y activo, que hasta comió y bebió con ellos y enseguida se fueron por el mundo anunciando a las gentes asustadas –asustadas por tantas cosas que pasan los días y las noches– que él es el juez de vivos y de muertos, que suyos son la muerte y los infiernos, ya vacíos, suyo el perdón, la paz y la última alegría.

Y Juan, otro testigo de la hora primera, casi un muchacho, amigo hasta el final, al pie de la agonía, nos cuenta emocionadamente su experiencia. Juan no es –nadie se engañe– un periodista reportero, ni un locutor de radio, ni un fotógrafo, ni se fue la mañana del domingo a rodar la película a la boca del sepulcro. No. Juan pretende decirnos otra cosa: no noticias, ni el cómo de las cosas, sino su hondísima verdad, la pulpa del mensaje, aquello que no es sola e infantil curiosidad, sino el sentido de la vida y la muerte de Jesús, que nutre nuestra vida y la levanta como un globo y limpia nuestra muerte del miedo y de la nada. La piedra del sepulcro está corrida, es decir: la muerte ha sido derrotada, se han quedado sus fauces sin la presa: le ha vencido la vida en primavera.

Nadie ha robado el cuerpo de Jesús ¿cómo hubieran podido los ladrones despojar el cadáver de las vendas y doblar el sudario? Jesús no sale atado de lienzos como Lázaro, que tiene el pobre que morir de nuevo. Jesús es el señor de la vida y de la muerte, libre ya de cualquier ligadura: viento suelto que todo lo revive, pájaro azul de la mañana, chorro de luz que nada ni a nadie se sujeta, música matinal que al mundo alegra, hijo de Dios, hijo del hombre, vida que agarrota a la muerte por sorpresa, palabra original y nunca repetida, que todo lo contiene, que a todos, por los siglos, nos enseña. Amor de madrugada que a todos nos despierta y nos remueve, con su sangre caliente todavía, con su abrazo de hermano, de padre, de esposo para siempre.

Juan ha comprendido bien esta mañana que el amor es más fuerte que la muerte, que no bastan las vendas y el sudario, ni el sepulcro vacío, que a Pedro le sorprenden, sino el encuentro gozoso con Jesús, la fe desnuda y deportiva, juvenil, en su reino.

III

Pero, amigos, no es tampoco la hora de engañarse, de volver otra vez a las andadas, de refugiarnos de nuevo en la vieja cantinela de un Dios con minúscula, de magia, poderoso hechicero, cómodo tapahuecos, santón de vela y oración apresurada, que nos libra de pensar y de creer, incluso de vivir, y que se encarga, tan bueno y complaciente, de ponernos un día de patitas en el cielo.

No. Dentro de un cuarto de hora, al salir de la misa, los chavales darán la misma murga que antes, y el rico –más o menos barato– pollo del domingo no se convertirá en plato de langosta. Seguirá la merluza a doscientas pesetas, y habrá que contentarse, a ser posible, con los ricos medallones rosados de merluza congelada. Las alubias, las rojas, estarán a sesenta, y la carne en picadillo a sólo cien pesetas kilo, a catorce cincuenta la leche después de tantas idas y venidas; la gasolina no sé, no tengo coche. Y el mínimo salario a doscientas veinticinco después de la subida, para que podamos llevar una vida lo más mínima posible, pensar lo mínimo, leer lo mínimo, tener una mínima cultura en honor de los máximos señores del mundo y del país.

La vida seguirá lo mismo que antes; tal vez volverá a subir otro quince por ciento y el salario –si hay suerte y con la ayuda de alguna huelga a tiempo y bien llevada– subirá tal vez hasta un once por ciento en todo caso. Se sentirán los enfermos igual de tristes solos cada tarde. Margarí perderá seguramente el novio, y Pedro no podrá casarse con Piluca que era el primer amor, ya en manos de otro. Las casas del llamado bloque Urdánoz nunca serán como las nuevas, escandalosamente caras, levantadas en el bonito Paseo Sarasate, donde viven y cobran ciertos hombres que oficialmente son nuestros hermanos. En fin, señoras mías que me escuchan, habrá que volver a ver qué dicen las revistas sobre las pecas, la piel de oca o las arrugas.

IV

Nada, nada habrá cambiado de repente. Porque la pascua, amigos, no es un timo, ni una varita mágica, ni una buena receta que da algún cura tonto –o muy listo, quizá, según se mire–, ni una oración con suerte a santa Rita.

Porque Jesús ha muerto igual que cualquier hombre y hay que pasar, con él, por ese aro. El Cristo de la pascua, que vive junto al Padre, tiene aún y para siempre la marca de los clavos. La cruz seguirá siendo, desgraciadamente y para rato, el árbol donde el coche va a estrellarse cuando todos volvían tan contentos, la reja insoportable de los presos, la bala fratricida del fusil, el látigo legal o físico del amo, el sobre del despido, el número del código penal que nos condena.

Pero también, si somos fieles y sencillos, la bandera animosa, la dirección segura, la flecha de esperanza, el bastón de la vida con que Dios, nuestro amigo, nos conduce.

Seguimos caminando, amigos, compañeros. El reino no ha venido aún del todo: ¡también tenemos nosotros que traerlo! Sí, sí, sabemos que algún día encajará por fin lo que está desencajado, será explicable lo que ahora nadie explica, las cosas y personas estarán en su sitio y todo volverá a tener sentido.

¡Pero cuánto habrá llovido en el barrio para entonces, qué viejísimos serán los chicos de estos bancos!

V

Nuestras pobres alegrías entre tanto no son más que un estreno; nuestro amor, un besito tímido en la frente. Y del banquete, del que Jesús nos habla a cada paso, no tenemos aún más que unos pocos entremeses.

Lo demás iremos preparando uno a uno y día a día, todos juntos, lo más rápido posible, hasta que todos estemos borrachos por la fiesta –que Dios es más fuerte y generoso que el vino de Mañeru–, chiflados como novios, y locos de amistad y esperanza interminable en la mesa redonda y siempre puesta del reino de los cielos.

viernes, 3 de abril de 2026

Recuerdo de un Viernes Santo.


Uno de los recuerdos que todos los Viernes Santos me conmueve es el de la muerte de la mamá de Isabel; nunca me ha gustado llamarle suegra. No era tres de abril, era diecinueve, pero la fuerza de este día eclipsa para mí el cómputo del tiempo. ¡Qué más da el número en el calendario! Era Viernes Santo, y eso es lo que importa.

Llevaba días yéndose poco a poco, abrazándose a la vida cada vez con menos fuerza. Era la hora de los oficios y decidí ir a la iglesia, pues está muy cerca de su casa. Un momento después de acabar de leer el relato de la Pasión, me avisaron. Acababa de fallecer.

Parecía que había esperado a morir justo cuando en su parroquia rememorábamos la muerte de Jesús. Esa “casualidad” tuvo desde el primer momento un profundo impacto en mí, y sigue teniéndolo, hasta el punto de que estoy convencido de que todavía me queda mucho para acabar de desentrañar su significado más profundo en su vida y en las nuestras.

Como el de su entierro, que  fue el Domingo de Pascua. ¡Qué lujo para un cristiano! ¡Qué regalo para ella, irse así de este mundo! Como Jesús, su Cristo de los afligidos, muere el viernes. Pero ahí está el domingo, el Domingo de Pascua, también para Jesús y para ella. La Vida para siempre.

Fue un regalo, sí. Y un regalo merecido. Fue Isabel una mujer excepcional; de una fe recia, trabajadora, servicial y amable; respetuosa y discreta. Una vida de entrega a su familia y a su parroquia, a los demás. Un hijo pequeñito y su marido, Jesús, partieron antes que ella, pero su madurez personal y su fe, le permitieron seguir viviendo con una paz y una alegría que sonaban a Evangelio.

A mí me acogió desde el primer momento. Me sentí querido y respetado siempre. Y puedo decir que no tengo ni el más mínimo reproche que hacerle ni a ella, ni tampoco a su marido. Fue una bendición; fueron ellos dos, una bendición para Isabel, mi esposa y para mí.

Hoy, Viernes Santo, ese día en que parece que la muerte ha vencido, en un momento oscuro de la historia como el que estamos viviendo, como dice el papa León XIV, la vida y la muerte de personas como Isabel son una luz deslumbrante que nos recuerda que hay futuro, que tiene sentido existir, que lo mejor está por venir, que es  la Vida y no la muerte quien tiene la última palabra.

Se fue un Viernes Santo. Y el domingo, cuando dejamos sus restos mortales en el cementerio, ella, junto a Jesús, su marido, y José Mari, su hijito, desde el seno del Padre nos estaría viendo con sus ojos claros y esa sonrisa suya que no olvidaré nunca.

Fue Isabel amor, sencillo, doméstico, cotidiano, incondicional. Amor a su marido, sus hijos, sus amigos, su parroquia, su Cristo de los afligidos. Y quiso Él llevársela al amor inmenso, inabarcable, incomprensible de Dios, un Viernes Santo, a la hora de los oficios, como diciéndonos, “tranquilos, no temáis, se viene conmigo”. 


 

jueves, 2 de abril de 2026

El que se sienta más grande, debe ser un siervo.



                                         

 

El  18 de abril del año pasado, en una cárcel de Roma, el Jueves Santo,  lavó los pies a 12 reclusos. Antes pronunció esta breve homilía que hoy, Jueves Santo también, comparto a continuación. Tres días después partió a la Casa del Padre.

 

«Os saludo a todos y os doy las gracias por vuestra acogida.

Hace unos días recibí una bonita carta de un grupo de ustedes que no estarán aquí hoy, pero que han dicho cosas tan hermosas. Gracias por lo que escribieron. En esta oración estoy muy unido a todos: a los que están aquí y a los que no están.

Hemos escuchado lo que Jesús hizo en la Última Cena. Es interesante. El Evangelio dice: "Sabiendo Jesús que el Padre lo había puesto todo en sus manos", es decir, que Jesús tenía todo el poder, todo. Y entonces, comenzó a hacer este gesto de lavar los pies. Era un gesto de los esclavos de la época, porque no había asfalto en las calles y la gente, cuando llegaba a un lugar, tenía polvo en los pies; cuando llegaban a una casa para una visita o un almuerzo, estaban los esclavos que les lavaban los pies. Y Jesús hace este gesto: les lava los pies. Hizo un gesto como un esclavo: Él, que tenía todo el poder, Él, que era el Señor, hizo el gesto como un esclavo.

Y luego aconsejó a todos: "Haced este gesto entre vosotros", es decir, servíos unos a otros, sed hermanos en el servicio, no en la ambición de los que dominan al otro o de los que pisotean al otro, o de los que... no: servicio, servicio. ¿Necesitas algo, un servicio? Lo haré por ti. Esto es la hermandad. La fraternidad es humilde, siempre: está en servicio.

Y ahora yo voy a hacer este gesto -la Iglesia quiere que el obispo lo haga cada año, una vez al año, al menos el Jueves Santo- para imitar el gesto de Jesús y también para hacer el bien a sí mismo con el ejemplo, porque el obispo no es el más importante: el obispo debe ser el más servidor. Y cada uno de nosotros debe servir a los demás. Esta es la regla de Jesús y la regla del Evangelio: la regla del servicio, no de la dominación, de hacer el mal, de humillar a los demás. Servicio.

Una vez, cuando los apóstoles discutían entre sí; discutían "quién es el más importante entre nosotros", Jesús tomó a un niño y dijo: "El niño. Si vuestro corazón no es como el corazón de un niño, no seréis mis discípulos. Un corazón de niño, sencillo, humilde, pero servidor. Y ahí añade algo interesante que podemos conectar con este gesto de hoy. Dice: "Tengan cuidado: los líderes de las naciones dominan. Ellos dominan. No tiene que ser así entre ustedes. El más grande debe servir al más pequeño. El que se sienta más grande, debe ser un siervo". Nosotros también debemos ser servidores. Es verdad que hay problemas en la vida: discutimos entre nosotros... pero esto debe ser algo que pasa, algo temporal, porque en nuestros corazones debe haber siempre este amor de servir al otro, de estar al servicio del otro.

Y que este acto que haré hoy sea para todos nosotros un gesto que nos ayude a ser más servidores unos de otros, más amigos, más hermanos.... más hermanos en el servicio. Con estos sentimientos, continuamos la celebración con el lavado de los pies.