FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

martes, 3 de junio de 2025

Un pequeño panal.

Andando por esos montes me encontré un día de estos con este pequeño panal colgado de un tronco, tan cerca del sendero que no creo que dure mucho tiempo, porque cualquier gilipollas lo arrancará y disculpad el palabro, para llevárselo de recuerdo a casa, o alguno de estos vehículo sin motor (también con él) que proliferan descontroladamente, se lo llevará por delante.

Estuve un rato contemplándolo. Por lo que he podido averiguar era un panal de abejas jóvenes que en ese momento estarían en su faena entre las flores de esta primavera. El panal era también nuevo, pues aún no había adquirido los tonos dorados que adquieren por el trabajo en ellos de las abejas.

Era precioso. La perfección de su estructura, el blanco de la cera nueva, la forma en que colgaba del tronco, me maravillaron. Y el imaginar al pequeño enjambre construir aquello, más.

En fin, una vez más, que me quiten lo “bailao”. Yo lo pude disfrutar. Ahora ya no creo que esté. Pero no pasa nada, estamos todos muy concienciados con eso del medio ambiente y la sostenibilidad es siempre nuestro criterio de actuación. ¿A que sí?







lunes, 2 de junio de 2025

Los justos, un poema de Borges.


 

Siempre me ha gustado fijarme en lo pequeño, en lo discreto, en lo que pasa desapercibido. Desde la flor que nace en una grieta del asfalto, o las gotas de rocío en una telaraña, hasta la persona en la que casi nadie repara pero está ahí, y nada sería igual sin ella, aunque ni se note ni se lo digan.

Ciertamente hay muchas piedras angulares desechadas por los arquitectos. Lo que ocurre es que la sorpresa de reparar en ellas suele regalar más alegría a quien cae en la cuenta de su presencia entre nosotros que a ellas mismas. Porque les enriquece la vida y les amplia horizontes. Es el merecido premio de quien más allá de sí mismo, ha sido capaz de encontrar en lo otro y en los otros esas pinceladas de dignidad, belleza y grandeza que dan color al mundo y lo salvan del egoísmo ciego que lo envuelve, la vanidad que lo envenena y la insensibilidad que lo esteriliza.

Un poema de Jorge Luis Borges, Los Justos, ilustra este pensamiento que comparto esta tarde caldeada de junio.

Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.

El que agradece que en la tierra haya música.

El que descubre con placer una etimología.

Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.

El ceramista que premedita un color y una forma.

Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.

Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.

El que acaricia a un animal dormido.

El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.

El que agradece que en la tierra haya Stevenson.

El que prefiere que los otros tengan razón.

Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

            Observad.

El que trata su vida, y a todos y todo lo que la envuelve y la sustenta, con el mimo del que cuida  un jardín con respeto, perseverancia, delicadeza y paciencia, sin excesos ni estridencias.

El que se sabe en deuda con la música, como ese lenguaje universal que no conoce fronteras y que trasciende las palabras.

El que goza de la maravillosa complejidad del lenguaje, que da carne al pensamiento en una estructura asombrosa y bellísima.

El que cuida la amistad como un encuentro en el tiempo y el espacio entre dos personas y que no necesita ni de palabras para ser. Juegan en silencio.

Quien busca la belleza desde lo hondo de sí mismo, la sueña, la acaricia, la crea y la entrega como un regalo al mundo.

Quien trabaja bien, más allá incluso de que su trabajo le guste, o incluso que le vea pleno sentido, pero es su trabajo.

Quien en pareja comparte un canto, arte, música, literatura, vida y gozan juntos de ello sin alardes ni ostentaciones.

Quien acaricia a un ser vivo que se le ofrece confiado, que se pone en sus manos con la absoluta certeza de no temer ningún mal.

El que se niega a responder con la misma moneda cuando esta le ha hecho daño, y lo hace con la paz del que perdona porque se siente perdonado.

Quien encuentra en la literatura una forma vivir y ver el mundo por el que estar infinitamente agradecido. Borges admiraba profundamente a Stevenson.

Quien vive desde la humildad de no creerse dueño y señor de ninguna verdad, porque a la verdad llegamos entre todos, o no llegamos.

            Sí, toda esa gente pequeña, discreta, callada, y hay mucha, están cada día, sin saberlo ni ellos mismos, salvando el mundo.

Verano y punto.

La atmósfera esta movidita, por lo que la previsión de esta semana es difícil en cuanto a lluvias y tormentas. Puede desde no llover nada, como ha pasado hasta ahora, hasta caer un buen chaparrón o una tormenta. En este momento, los días con más probabilidad serían mañana martes y el fin de semana.

Por lo demás, parecido a la pasada. El calor afloja un poquito, muy poquito, situándose las mínimas entre 18-20 y las máximas entre 28-30. El viento, flojo, seguirá entrando de levante con alguna variación puntual breve, lo que está muy bien, porque aporta humedad y suaviza las máximas. Y el cielo, despejado con nubes que normalmente serán más compactas por las tardes.

En resumen, verano y punto.


viernes, 30 de mayo de 2025

Actualización fin de semana del 1-2 de junio de 2025.

Dos días calcados. Y tórridos. Sol, temperaturas entre 18 y 32 o más, viento de levante flojo y pare usted de contar. No obstante hay que andarse con ojo, porque tierra adentro, hoy mismo por ejemplo, están generándose potentes tormentas a causa del calor y algo de aire frío en altura, alguna de las cuales podría descolgarse por aquí, aunque de momento no se le espera, pero nunca se sabe, de hecho una está ya cerquita. Lo mismo pasará sábado y domingo.

Lo único que este fin de semana nos aliviará un poco es que al soplar levante, con la caída del sol el ambiente será algo más llevadero. También por la mañana. Si fuera poniente, no quiero ni pensarlo.

Mal, muy mal empieza el verano meteorológico. A lo bestia.


¿Qué estamos haciendo con la Casa Común?

A través de la grandeza y la belleza de las criaturas se conoce por analogía al autor. Sb.13,5.


Esta sexta entrada dedicada al papa Francisco (me planteé escribir siete, de momento) la voy a dedicar a su preocupación por lo que llamaba la Casa Común, la creación, la naturaleza, el medio ambiente. Llamémosle como le llamemos, en el fondo, hablamos de lo mismo.

Lo que ocurre es que el concepto casa común permite ilustrar de un modo sencillo y muy directo el problema para abordarlo mejor. Si reducimos el planeta Tierra a una gran casa con amplios jardines, rodeada de bosques, tierra fértil, un río…, y a todos sus habitantes a una gran familia que habita esa casa, es muy fácil dibujar lo que hemos hecho y seguimos haciendo con nuestro mundo.

En esa gran casa hay sitio y recursos para todos los miembros de esa familia. Y si se repartieran con justicia, todos podrán vivir bien. Pero la realidad dista mucho de esa deseable situación.

En esa casa, algunos miembros de la familia se han quedado con las mejores estancias. Han dejado a otros rincones confortables, para que no se rebelen, pero solo eso. Y a otros muchos les han dejado viviendo a la intemperie, mejor dicho malviviendo. Además todo lo que producen los campos de la casa es consumido directamente por los primeros, que dejan los restos y a menudo nada a los últimos, los descartados, diría el Papa.

También sucede que, como los privilegiados cada día quieren más y más, fuerzan las cosechas, esquilman los ríos, talan los bosques que rodean la casa para aprovechar la madera, remueven y rompen la tierra para sus juegos y divertimentos, arrojan sus basuras lejos de sus habitaciones lujosas y sus terrazas…

Podríamos seguir con esta analogía que resulta, cuanto menos curiosa. Pero demos un paso más. Esta casa no es propiedad de ninguno de los miembros de esta familia. Alguien se la ha regalado con la condición de que la cuiden y todos sean en ella felices. Todos. ¿Qué estamos haciendo con ese regalo? ¿Qué podremos decirle al dueño cuando nos pida cuenta de lo que hemos hecho con su regalo?

Desde esta perspectiva es muy fácil ver por qué el papa Francisco vincula tan estrechamente el cuidado de la naturaleza con la justicia social. No son dos cuestiones paralelas, sino las dos caras de la misma moneda. No se puede cuidar de la casa sin cuidar de quienes la habitan, y viceversa.

Y hay un asunto más. Explotar la casa y sus recursos, sus campos, sus bosques, su río, en favor de unos pocos acabará haciéndola toda inhabitable. “No hay mañana si destruimos el medio ambiente que nos sostiene”, dice en su autobiografía.

Siempre he sido un enamorado de la naturaleza. Desde que tengo uso de razón. Recuerdo entre las brumas de la infancia, días azules en el monte, el olor del campo tras la tormenta, el sonido del río, de la lluvia en las hojas, el silencio de una cumbre solitaria, el cielo nocturno cuajado de estrellas…, y la sensación de sentirme siempre en ella protegido y libre.

Por eso, cuando aquel arzobispo argentino fue elegido Papa y eligió el nombre de Francisco, por san Francisco de Asís, me sentí enseguida muy cerca de él. Y el paso de los años ha ido acercándome más y más. Su preocupación por la Casa Común es la mía. Y es real, tangible. No es un sentimiento romántico. Me duelen cada día y en carne propia, desde los que tiran el bote por la ventanilla del coche, o rompen senderos y laderas con sus bicis, pasando por los temidos incendios forestales, hasta las aberraciones de multinacionales y políticos que esquilman la tierra en favor de unos pocos, o que preparan y hacen la guerra como lo más natural del mundo.

Es en su encíclica Laudato Si’, publicada en Roma, el 24 de mayo de 2015, tercer año de su pontificado, día de Pentecostés, donde expresa su forma de ver el cómo y el por qué hemos de cuidar la Casa Común.

Acabo compartiendo textualmente uno de los últimos puntos de la encíclica, el 243. Porque como también dice “que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten el gozo de la esperanza”. Y este punto está henchido de esperanza.

"Al final nos encontraremos cara a cara frente a la infinita belleza de Dios (cf. 1 Co 13,12) y podremos leer con feliz admiración el misterio del universo, que participará con nosotros de la plenitud sin fin. Sí, estamos viajando hacia el sábado de la eternidad, hacia la nueva Jerusalén, hacia la casa común del cielo. Jesús nos dice: « Yo hago nuevas todas las cosas » (Ap 21,5). La vida eterna será un asombro compartido, donde cada criatura, luminosamente transformada, ocupará su lugar y tendrá algo para aportar a los pobres definitivamente liberados".


miércoles, 28 de mayo de 2025

Emaús, de Ernestina de Champourcín.


Comparto esta tarde un hermoso poema de Ernestina de Champourcín. Es esta una poetisa de la Generación del 27 poco conocida, probablemente por el hecho de ser mujer. Procedente de una familia aristocrática afincada en Vitoria, recibió una educación culta y refinada en un ambiente católico.

Casada en noviembre de 1936 con Juan José Domenchina, también poeta y secretario personal de Manuel Azaña, siguió el camino del exilio, Valencia, Barcelona, Toulouse y París, para acabar en Méjico donde murió su esposo. De regreso a España, en 1972, siguió escribiendo hasta su muerte, en Madrid, en 1999.

El poema, con algunas variaciones, ha sido integrado como himno en la liturgia de las horas, en el rezo de vísperas. Desde que lo descubrí, hace ya mucho tiempo, es uno de mis preferidos.

Sencillo, como toda su poesía, profundo a la vez, trasmite paz, serenidad. Parece escrito para ser leído con las últimas luces del día, al filo de la noche, en soledad o buena compañía.

Se titula Emaús.

 

Porque es tarde, Dios mío,

porque anochece ya,

y se nubla el camino;

porque temo perder

las huellas que he seguido,

no me dejes tan sola

y quédate conmigo.

 

Porque he sido rebelde

y he buscado el peligro,

y escudriñé curiosa

las cumbres y el abismo,

perdóname, Señor,

y quédate conmigo.

 

Porque ardo en sed de Ti

y en hambre de tu trigo,

ven, siéntate a mi mesa,

bendice el pan y el vino.

¡Qué aprisa cae la tarde...!

¡Quédate al fin conmigo!

 

A continuación la adaptación a la liturgia de las horas.

 

Porque anochece ya,

porque es tarde, Dios mío,

porque temo perder

las huellas del camino,

no me dejes tan solo

y quédate conmigo.

 

Porque he sido rebelde

y he buscado el peligro,

y escudriñé curioso

las cumbres y el abismo,

perdóname, Señor,

y quédate conmigo.

 

Porque ardo en sed de ti

y en hambre de tu trigo,

ven, siéntate a mi mesa,

bendice el pan y el vino.

¡Qué aprisa cae la tarde!

¡Quédate al fin conmigo! Amén

domingo, 25 de mayo de 2025

Empieza el verano.

Se despide el mes de mayo y la primavera meteorológica con una semanita estival. Las temperaturas serán las protagonistas, pasando las mínimas de los a los 15 a los 18, y las máximas de los 27 hasta los 30, 31  o incluso más, el fin de semana. Subida pues, paulatina y contundente.

El cielo estará despejado y el viento entrará de levante todos los días, lo que junto a las temperaturas, creará un ambiente pesadote y bascoso a mediodía y primeras horas de la tarde. Sin embargo, a la caída del sol, por la noche y de buena mañana se estará muy bien.

En resumen, el verano meteorológico empieza siendo verano puro y duro. Desde el principio, sin concesiones. Si acaso, las noches aún serán soportables y hasta agradables.

Empieza la estación del año que menos me gusta, y a la que más miedo tengo. Veremos qué pasa este año.