FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

lunes, 15 de abril de 2013

La jueza y la música eran muy amigas.


Ahora resulta que la jueza y la música eran muy amigas. Sí, sí, pero que muy amigas… ¿Significa que una mujer juez es amiga de una mujer que, por ejemplo, toca el clarinete o quizás que a dicha mujer juez le encanta la música? La “modernez” fulmina la precisión del lenguaje.
Vengo escuchando reiteradamente ambas, a mi juicio, tonterías, y ¡cómo no! otras de semejante calibre. Pero hoy voy a centrarme en estas dos, ya que me resultan especialmente irritantes y además malsonantes, aunque la de música, para la señora que a ello se dedica, la haya aceptado la RAE y la de jueza, también. Pero a mí no me gusta, aunque lo autorice la RAE.
Primero, no me gusta decir jueza, porque no digo juezo. La zeta, que yo sepa,  nunca indica género, y si añadimos una “a” si la juez es una señora, pues por la misma regla de tres añadamos una “o” si el juez es varón, ¿no? Veo ridículo e innecesario decir jueza, a no ser que empecemos a decir juezo, lo cual veo más ridículo e innecesario aún.
Y en segundo lugar, nunca se ha llamado música a la mujer que se dedica a tan noble y bello arte, pues música es precisamente el nombre de dicho arte. Sin embargo la RAE nos dice que en este caso la “o” sí indica masculino, por lo tanto a la mujer que se dedica a la música le podemos llamar música, pero queda tan mal... Me suena igual, aunque no es lo mismo, que si al futbolista varón, le llamo futbolisto, o al dentista, dentisto. ¿No es mejor usar el artículo en estos casos?
A ver, ¿qué os suena mejor?
Versión A. Políticamente correcta, comprometida con la lucha por la igualdad de la mujer, progresista…"La jueza sentenció al dentisto (a este paso esto llegará pronto) a pagarle una indemnización a la música por arrancarle una muela equivocada".
Versión B. Antigua, retrógrada, machista, intolerante, sin talante, fea de narices… "La juez sentenció al dentista a pagarle una indemnización a la músico por arrancarle una muela equivocada".
        Me quedo con la B asumiendo las consecuencias. La lucha por la necesaria y justa igualdad entre hombres y mujeres no creo que exija romper algo tan hermoso como es la lengua castellana, aunque sea la propia RAE quien lo haga.

Liria. Cerro del Lobo. Antes del fuego...


Eran los montes de Liria y Alcublas una verdadera maravilla. Libres de protecciones oficiales, que es la mejor manera de estar protegidos. Muy cuidados, recorridos por una buena red de caminos y umbrosos senderos, nos ofrecían rincones preciosos y amplios e inesperados panoramas. Los campos de olivos centenarios y algarrobos, de higueras y almendros, se combinaban con un espeso pinar denso en aromas mediterráneos como el tomillo, el espliego, o el romero. A finales del invierno y en primavera, el brezo, las aliagas, las amapolas, las minúsculas orquídeas y multitud de otras flores adornaban el monte convirtiéndolo en una fiesta de vida y color.
Insectos, reptiles, aves y pequeños mamíferos vivían en aquellos montes, y no era difícil sorprenderlos si andabas con respeto y discreción.
El incendio iniciado en Andilla en julio de 2012, arrasó estos parajes tras haber calcinado ya más de 40.000 hectáreas. Y aquí redondeó la cifra acercándose a las 50.000. Aquí acabó porque no había mucho más que quemar.
Hice esta excursión con mis buenos amigos Jesús y Paz cuando este mundo aún estaba vivo. Y os la propongo para que si os atrevéis a hacerla, podáis imaginar lo hermosa que fue esta tierra, y os indignéis. Sí, es duro pero hay que ir. Y más ahora, en primavera, cuando resulta conmovedor  ver cómo la vida, humildemente, a duras penas, intenta regresar.
Si queréis el track de esta excursión pulsad Liria. Cerro del Lobo. 15 de mayo de 2011.

Amapola.
Pinares hoy reducidos a troncos negros y ceniza.
Este camino resultaba encantador, trascurriendo entre densos pinares.
Las castañuelas, muy frecuentes, daban una nota de color contrastando con el verde.
Nada de esto queda.
Estas ruinas estaban situadas en un encantador rincón del pinar. Era un lugar verde y solitario.

viernes, 12 de abril de 2013

Primera comunión en Chamonix.

Es posible que las nubes y el hielo sucio del glaciar nos oculten el esplendor de la cima. Mont Blanc 4807 m.

Ahora que se acercan las primeras comuniones y observo “la movida” familiar y social que se organiza alrededor del evento, no puedo evitar que me venga a la cabeza aquella primera comunión a la que asistimos sin esperarlo Isabel, José Luis y yo, el 23 de julio de 2011, en Chamonix, en los Alpes franceses, al pie del Mont Blanc.
Fue así. Un día lluvioso y frío, como casi todos los de aquel verano. Era domingo, y fuimos por la tarde a misa, a un encantador pueblecito cercano llamado Les Praz de Chamonix. La iglesia del pueblo es de cuento, y el entorno también, aunque aquella tarde no se veían más que nubes y brumas bajo una fina y persistente llovizna.
Cuando entramos, el templo, no muy grande, estaba ya lleno pero al vernos, nos invitaron a pasar al primer banco, donde había sitio. Empezó la eucaristía y uno de los sacerdotes, había dos, dijo que era una misa especial porque, alguien, no recuerdo yo el nombre, iba a tomar su primera comunión. Busqué al marinero de rigor o a la novia en miniatura pero no los vi. En su lugar, sentado también en el primer banco, al otro lado del pasillo central, estaba un chaval de unos catorce años, ¡ojo al dato!, con vaqueros, camisa y jersey,  pero muy aseado, junto a los que debían ser sus padres.
La eucaristía trascurrió con normalidad, y en el momento de comulgar,  el sacerdote que la presidía, le dio la comunión primero a este chico y a su familia. Después a todos los demás. Luego, al acabar, ambos celebrantes les felicitaron personalmente.
Al salir, ya en el jardín que rodea la iglesia, vimos cómo les daban la enhorabuena otras personas. Besos y abrazos. Muy francés. Volvió a llover con intensidad y nos fuimos todos refugiándonos bajo los paraguas. Suponemos que se irían a cenar  para celebrarlo.
Y hasta aquí. No quiero decir nada más. Lo que no puedo evitar es que, el contraste entre aquí y allí, me haga pensar si aquí no deberíamos considerar la posibilidad de que la tradición, la presión social, la costumbre, estén ocultando lo que realmente es para un cristiano compartir el pan y el vino, en el seno de la Iglesia, por primera vez.
           ¿Son ellos los que no lo hacen bien, somos nosotros, o lo hacemos todos bien pero de maneras distintas? No lo sé; lo único que digo es que lo nuestro, a veces, no siempre, me da grima, y sin embargo aquello me gustó. Nos gustó mucho. Nos pareció todo mucho más limpio de polvo y paja, más coherente, más próximo a lo esencial.

jueves, 11 de abril de 2013

¿Y si continúan los ponientes?

Como el régimen de vientos de poniente que nos acompaña desde diciembre se alargue mucho más...

Parece que por fin va a cambiar el tiempo, parece. A ver si se acaban los ponientes de una vez, y aunque no llueva, al menos entra el levante. Y ya veremos lo que dura.
Sí, ya sabemos que es una situación anómala. Que las montañas están muy nevadas, con riesgo de aludes, que viene un severo deshielo, y que los ríos que ya bajan bravos, con riesgo de inundaciones, se embravecerán más todavía…agua, agua, mucha agua, y el agua es vida, el agua es verde, aunque temporalmente nos vaya a crear problemas.
Pero, ¿y aquí? Porque el exceso de agua no es su problema. Su problema, sus problemas son otros. Yo solo le digo una cosa. Como el régimen de vientos de poniente que nos ha acompañado desde diciembre se alargue mucho más, los únicos pinos verdes que quedarán en octubre serán los que tengamos en casa en macetas, o los de los parques urbanos. ¡Ah!, y los de las fotos, claro.
¿Han previsto esta contingencia? De verdad estoy preocupado. Fue muy grande el desastre del verano pasado. No podemos permitirnos otro igual. ¿Qué están haciendo, qué van a hacer?

Montañas del Pla de Beret. Azul y blanco. Abril de 2013.


¡Cómo estaban los Pirineos esta semana pasada! Nunca los había visto con semejante cantidad de nieve. En el valle de Arán, donde estábamos, casi cualquier ascensión exigía, para poder iniciar propiamente el ataque a la cima, un pateo larguísimo por pistas forestales muy nevadas y por tanto intransitables para vehículos como no fueran motos de nieve.
Por eso, siguiendo un muy sabio consejo de Isabel, nos fuimos al Pla de Beret, y desde el parking de la estación nos sumergimos inmediatamente en la alta montaña, trazando un bonito y sencillo itinerario, en el que enlazamos cuatro humildes cimas en un recorrido de ensueño. Nieve virgen, cielo azul, amplios panoramas, suaves laderas, vertiginosas paredes, elegantes cornisas, soledad casi absoluta…Fue una gozada.
Ha sido ésta una de esas excursiones en las que no hollamos cima alguna “con nombre”. Al Tuc deth Miei, el Tuc de Castarjás, el Cap dels Closos y el Tuc de Pedescaus no los conoce ni su padre. La cima más alta,  solo 2416 metros. Fue por esto una excursión pura en alta montaña, exenta de la vanidad de los nombres y las cotas, de su tiranía. ¡Qué maravilla de excursión! El amor a la montaña en estado puro. El placer íntimo de estar allí, allá arriba. No hacía falta más.
Si quieres ver una selección de fotos de la excursión pulsa el enlace siguiente: Montañas del Pla de Beret. Azul y blanco. Y si quieres el track pulsa Track de montañas del Pla de Beret. Azul y blanco.

La Entecada desde Benós al amanecer.
Tuc de Barlonguera o Mill desde el Tuc deth Miei.
Jose ante las cornisas del Cap dels Closos, de 2416 metros, la cima más alta que ascendimos.
Jesús y Paz caminan sobre nieve virgen.
El macizo de Posests con teleobjetivo, desde el Tuc de Castarjás.
El Aneto con teleobjetivo desde el Tuc de Castarjás.
Panorama al oeste desde la cresta entre Castarjás y el Cap dels Closos.
Jose se asoma al valle de Parrós. ¡Qué tentación!
Descendemos de nuevo al Pla de Beret por un vallecito  colmado de nieve.


domingo, 7 de abril de 2013

Receta.Caldereta de cordero.


Esta pasada Pascua, tras celebrar la Vigilia Pascual, con el hambre que se tiene hacia la una o las dos de la madrugada si no se ha cenado todavía, disfrutamos de una caldereta de cordero que habíamos guisado tranquilamente durante la tarde. Entró muy bien, y además, como había reposado y con las horas le habíamos "hecho sitio", pues entró mejor todavía. Ahí va la receta.

Ingredientes para 6 personas.

Dos paletillas de cordero. (Pídase en la carnicería que las troceen para caldereta).
Unos doscientos gramos de jamón con tocino y corteza.
Un bote de tomate triturado.
Una cebolla.
Una cabeza de ajos.
Medio litro de vino blanco.
Una cucharada de harina.
Aceite de oliva.
Pimienta en polvo.
Tres o cuatro pastillas de caldo de carne.
Dos o tres hojas de laurel.

            Caliéntese el aceite y dórense los ajos. Sáquense luego y resérvense. Añádanse al aceite los trozos de cordero hasta que queden también doraditos y suelten parte de sus deliciosos jugos. Entonces sáquense y resérvense.
            Añádase ahora al aceite calentito y jugoso, la cebolla picada, el tomate, y el jamón troceadito y sofríanse bien. Cuando ya estén bien sofrititos, introdúzcanse los ajos y la carne que habíamos reservado.
Tras removerlo todo, espolvoréese con harina, y añádase el vino y el agua hasta cubrir la carne. Es este el momento de añadir las pastillas de caldo, la pimienta y el laurel.
Cuézase removiendo de vez en cuando hasta que reduzca y quede un caldito espeso y… delicioso. Una hora más o menos a fuego medio.
Es importante que repose un buen rato antes de comérselo. Y otra cosa; yo suelo hacer este guiso con fuego de leña. Es más “rústico”. Pero sale muy bueno de cualquier otro modo.

Con buen pan (el caldito hay que “sucarlo”) y buen vino, el plato es exquisito.

¡Buen provecho!

...y cuando llegue el día azul.

Estamos recién llegaditos del valle de Arán donde hemos visto al Pirineo como nunca lo habíamos visto. Hace muchos, muchos años que no nevaba tanto, y las montañas tenían una belleza, una grandeza, difícil de describir con palabras. Había que verlo. El martes y el miércoles gozamos de inmensas laderas vírgenes y cimas de ensueño, bajo un cielo azul. El jueves y el viernes nevó, nevó hasta muy abajo, y las montañas se ocultaron en la bruma.
Dejamos el valle, ayer sábado, bajo una intensa nevada. Mejor así. Duele menos. Pero entonces pensaba en cómo estará el valle cuando, pasada la borrasca, amanezca un día azul. Los bosques, las montañas, los ríos… ¡Cómo estará , Dios mío, cómo estará!
Y me da rabia. Sí, me da rabia no poder estar allí para verlo. Y me hace pensar en lo mal que nos lo hemos montado los humanos. Rematadamente mal. Y eso que yo me puedo considerar un privilegiado. Pero me da mucha rabia ver cómo tantos y tantos días los perdemos en trivialidades, tonterías, vanidades, actos inútiles, estériles, anodinos, pero parece ser, según nos dicen, que necesarios, mientras la belleza, la vida, quedan sólo para muy pocos, a menudo para nadie.
Y es que nada ni nadie nos debería separar a las personas de aquello que amamos. Y la belleza, igual que la vida, están para ser gozadas y amadas. A fin de cuentas son el gran regalo de Dios. Quien nos separa de ellas en nombre de lo que sea o de quien sea, no tiene ningún derecho a hacerlo. Ninguno.



Y saber esto, me ayuda a poner las cosas en su sitio. Me ayuda a volver a lo esencial. Me hace fuerte ante la terrible fuerza de lo anecdótico.
Cuántas veces acosado por el aburrimiento de la acción estéril, por el agobio de las relaciones sociales sin alma, por las horas perdidas sin sentido, he cerrado los ojos y volado a aquellas soledades, aferrándome a ellas, como un náufrago a su tabla…

El martes por la mañana llegamos al Col de Baretja. El espectáculo es soberbio. La nieve, virgen.
Sorprende la gran cantidad de nieve. Estamos ya en abril.
Jose se acerca a las cornisas de la cara sur del Cap de Crodos, una de las cimas que ascendimos el miércoles.
Hacia el norte, el Barlonguera, totalmente nevado, se recorta sobre el cielo azul.
Y el jueves llega el temporal. Todo se viste de blanco. Las montañas se envuelven en bruma. Se hacen lejanas.
La nieve, poco a poco, lo cubre todo. Es tiempo de reposo, de refugio, de buen comer y charla junto al fuego.
Y nos vamos, viendo a ratos las montañas, entre la bruma y la nieve que cae pausada. Cuando llegue el día azul...