FRASES PARA PENSAR.

SE DARÁ TIEMPO AL TIEMPO,
QUE SUELE DAR DULCE SALIDA A MUCHAS AMARGAS DIFICULTADES.

Cervantes en el Quijote.

sábado, 7 de noviembre de 2020

Sí se puede hacer montaña.


La foto que encabeza esta entrada, hecha el año pasado, dio la vuelta al mundo. Y la cosa sigue, colas para coronar el Everest, y no sólo el Everest sino el Mont Blanc, el Aneto, El Monte Perdido… Todas las montañas más altas y prestigiosas, si no tienen excesivas dificultades técnicas, se han convertido en lugar de multitudes.

El asunto merece un análisis profundo, pero no es lo que voy a hacer aquí hoy. Hoy voy a decir algo bueno; quien de verdad quiera hacer montaña puede seguir haciéndola.

Sólo hay que huir de los circuitos comerciales y turísticos que se han apropiado de ciertas montañas, gracias a la insaciable búsqueda de mucha gente de números y nombres. Es decir, buscar en la montaña sólo la montaña, pura y dura.

Por decirlo de otra forma; sólo quien se libere del prestigio de los nombres y los números, podrá prescindir del negocio en que han convertido al alpinismo y al montañismo en general. Y entonces, sólo entonces, será libre para encontrarse con una montaña libre.

Hace tiempo descubrí esto, y empecé a evitar montañas famosas, horarios normales y rutas marcadas y publicitadas. Y ahí sigue la aventura, la soledad, el riesgo asumido. Se puede hacer una ruta por el Pirineo, en agosto, sin encontrarse con casi nadie, o nadie. Llegar a una cima y pasarse horas arriba sin más compañía que la de quien haya subido contigo.

Pero claro, luego no puedes decir por ahí que has estado en el Pico Escorvets, por ejemplo, porque no es muy conocido, y además no llega a los tresmil. Pero el desnivel es de más de 1700 metros desde el pueblo, el itinerario largo y espectacular, y el panorama, desde la cima, prodigioso.

Hay quien me dice, ¡claro, esto lo dices porque tú ya has hecho todas las importantes! No, no las he hecho todas, desde luego, pero sí muchas. Y reconozco que algo de razón tienen. Pero nací cuando nací, y eso me permitió gozar durante años, los de la juventud, de un Pirineo libre y limpio. Y esto ha sido un privilegio del que “no tengo la culpa”.

El problema es que acercarse a la montaña por intereses ajenos a ella misma, los meramente deportivos lo son, la degrada y la vulgariza, y además nos perdemos lo mejor que puede aportarnos.

¿Y qué es eso? No puedo responder a esta pregunta, porque yo sé lo que a mí me aportó y me aporta. No puedo saber lo que a otro que se acerque y se encuentre de verdad con ella, le aportará.

Sí sé de amigos que me lo han dicho. Y esos momentos de compartir lo que cada uno hemos encontrado allí, son inolvidables. Conversaciones en la cima; en un alto en el camino; en la tienda, oyendo la lluvia; en el pueblo, tras una buena cena…

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