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Cervantes en el Quijote.

lunes, 9 de abril de 2018

El ciprés de Silos..., para hacer justicia.


El día 21 de marzo de este año publiqué una entrada que titulé, estaba fuera de sitio pero es la moda. Un buen amigo de toda la vida me dijo que a él y a alguien más, por lo menos, no les había gustado, resultándoles incluso desagradable, al juntar en un mismo texto la belleza, lo espiritual, con lo soez, lo vulgar.
Le dije que lo había hecho con la intención de destacar lo feo, lo improcedente, evidenciando cómo chirría cuando está tan fuera de lugar como allí estaba aquel individuo. Pero yo, lo que dicen mis amigos siempre lo pienso, aunque me tome mi tiempo. Y creo que parte de razón tenía.
Nuestra visita a Silos, aquellos paisajes, aquellos cielos, las cigüeñas en sus nidos, el monasterio, la misa con los cantos de los monjes, el claustro con su ciprés, no podía quedar en el blog con una entrada como aquella. Y sí, es cierto, en eso tiene mi amigo toda la razón.
Por eso quiero hacer justicia a aquel día compartiendo el poema que Gerardo Diego dedica al ciprés del claustro de Silos. Y no hablando más que de la belleza de todo lo que vimos y vivimos, que queda bien expuesta en las bellísimas palabras del poeta.
Hacía muchísimos años que no iba. Era joven, casi adolescente cuando fui, y recuerdo que me sorprendió aquel claustro con su ciprés, del que me había hablado mi “profe” de literatura. Después, a lo largo de toda mi vida profesional he leído muchas veces a mis alumnos el poema, y les he explicado con él, el poder de la palabra, el poder de la literatura. Gracias a Gerardo Diego, aquel ciprés no es un ciprés cualquiera. Al nombrarlo con un soneto le ha dado un alma singular, como si hubiese sido tocado por la varita mágica de un hada.
Y he de confesar que cuando el otro día entré en el claustro helado, aún con algo de nieve, y lo vi, me emocioné. Ahí estaba, acongojando al cielo con su lanza. Y como el poema me lo sé de memoria lo recitaba interiormente, mientras lo miraba y admiraba con avidez, como queriendo aprehenderlo, hacerlo mío, llevármelo dentro de mí.
Bien, pues aquí lo tenéis. El ciprés de Silos, de Gerardo Diego.

Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.

Mástil de soledad, prodigio isleño,
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llego a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.

Cuando te vi señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales,

como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.







1 comentario:

  1. Magnífico comentario. No fue visita de turista sino de viajero. Su belleza la hiciste carne de tu corazón con la suerte de haber estado en un día frío y sin aglomeraciones en marzo.

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